La mente del ser humano es tan compleja que ni siquiera puede llegar a ser autocomprendida, al menos, no completamente. No pretendo ser lapidario con la anterior frase, pero sí creo ser resolutivo al decirla, ya que gran parte de nuestras vidas buscamos como enriquecer lo mas preciado que tenemos: la mente.
La mente no es sólo inteligencia ni tampoco conocimiento científico o epistemológico, ni siquiera se debe relacionar de manera exclusiva con la capacidad de abstracción o agilidad mental. Para mí, existen dos hechos, como otros tantos, que denotan de una gran mente: el humor y la capacidad de adaptación.
El humor, el que lo es de verdad, me parece una de las cosas mas inteligentes e interesantes de lo meramente humano. Si algo nos une es la incertidumbre, no seré yo quien os descubra esto; las omnipresentes preguntas de “¿Quiénes somos, adonde vamos y de donde venimos?” están en la conscencia colectiva. Debido a ello es muy astuto, siempre según mi pensamiento, vivir la vida con humor, si hay pocas cosas mejores que liberar serotonina en nuestro cerebro: ¿Por qué quitarnos ese placer?
La capacidad de adaptación, tanto física como contextual o situacional, ese saber simplemente por intuición en el preciso lapso espacio-tiempo con quién se comparte y comunicar adaptándose a todo ello, teniendo siempre en cuenta lo efímero del momento en una realidad múltiple y cambiante. Siempre, no sin cierta estrategia, me parece una capacidad envidiable.
Lejos de todo esto, o quizas menos de lo que a priori se podria creer, esta aquello banal; no todo es leer, ser melómano o la pasión por el arte en todas sus formas. Veo necesario también reivindicar lo banal, sino jamás valorarás lo enriquecedor, no es una justificación sintética pero sí razonable. No quiero decir que lo banal no pueda llegar a enriquecer como personas, de hecho es un excelente conector social, sino que lo hace por otros derroteros. Varias son las discusiones internas que me hago acerca de ver productos audiovisuales de humor fácil o encefalograma plano, o ver un deporte televisado, como en mi caso el fútbol; como algo demasiado banal, hasta el punto de sentir perder el tiempo por ello, no obstante creo que es necesario a veces lo accesorio, lo lateral, debe estar ahi, complementando, o no.
Por supuesto no se debe abusar ni de lo uno ni de lo otro. No soy partidario de las frases absolutas que constituyen generalizaciones de dudosa legitimidad pero normalmente en un término medio se encuentra la virtud. Yo matizaría diciendo que este término medio nunca se encuentra en el mismo punto, he aquí de nuevo la capacidad de adaptación. Lo banal existe, divierte, entretiene y es necesario, no nos mintamos, pero cultivar la mente es uno de los mejores “deportes” (si se me permite el símil) que existen, al cual debemos despojar de esa capa de culturetismo (gafapastil para ser mas actuales) o tedio del que se suele revestir normalmente, y recordar a los clásicos: “Mens sana in corpore sano”
No hay comentarios:
Publicar un comentario