miércoles

El feminismo que gusta a los hombres machistas

Acabar con la violencia de género contra las mujeres es cosa de hombres. Parece de perogrullo, una obviedad tan patente que roza la ridiculez de quien la dice, pero nada más lejos de la realidad. El otro día en un acto teatral por el día mundial de la eliminación de violencia contra la mujer pude observar lo mismo de siempre: los hombres éramos minoría en esta clase de actos. Evidenciando que afirmaciones como la anterior son necesarias todavía.

Nada mejor que el lenguaje para engañar o de estereotipos para mantener el estado de las cosas. Hace unos meses leí un artículo de opinión del Washintong Post cuya autora defendía que se vuelve a manifestar el feminismo que gusta a los hombres, es decir, el feminismo más radical y transgresivo como el de las Femen (odiado a veces incluso por las propias mujeres) o aquel que identifica el ser feminista con una especie de guerrera andrógina que sólo quiere llamar la atención. Que esta percepción se comparta por la mayor parte de la sociedad ya es un fracaso en el punto de partida.

Pero hablamos de violencia, de la abolición de la misma. La desigualdad puede causar creencias de superioridad o inferioridad de unas personas sobre otras pero no nos equivoquemos, la desigualdad es natural; no somos iguales, no es una igualdad lo necesario o lo que los defensores del feminismo pedimos, sino la equidad, esto es: igualdad legal, social, laboral, económica teniendo en cuenta los particulares propios del género de esa persona.

Cuando se piensa en maltrato se piensa en maridos y exnovios, en extracomunitarios, en alcoholismo, en machismo... pero nadie piensa en hijas, en madres o en amigas, en silencios cómplices, o en sistemas políticos que ya de inicio discriminan, es mejor no pensarlo, a muchos hombres les conviene que sólo se vea lo radical, lo visceral de todo esto. Hasta el punto de equiparar machismo y feminismo como extremos, pero sin buscar realmente el término medio, donde el mejor movimiento es no cambiar nada. Una opción, el feminismo, de una minoría poco representativa, equiparable a ser ecologista, una simple elección de unos pocos cuando es la lógica y natural elección, más en los tiempos que corren; meteorológicos incluídos.

En gran parte esta lacra social no se solucionará hasta que no lo tomemos en serio o al menos lo dimensionemos de verdad y no solo como un baile de cifras más. Sin pararnos en banalidades como el sexismo de la flexión de género en el lenguaje o el aspecto físico de quien protesta, no nos quedemos en la forma sino en el contenido real de la misma. Los hombres debemos tener la empatía suficiente para personalizar cada una de las injusticias socialmente aceptadas contra las mujeres en nuestras madres, hermanas y amigas más cercanas. Que nos duela, pero de verdad, que el maltrato no sea una noticia más en la tele, o una indignación políticamente correcta de café y cigarrillo hasta volver a hablar de la última aplicación para iPhone y olvidarlo todo. En definitiva, hace falta que los hombres nos tomemos la equidad social en serio, pero sobre todo, es necesario que hagan lo propio las mismas mujeres.

viernes

El ser humano del siglo XXI

Selectiva, totalmente selectiva. Esa es la palabra (o palabras) clave para entender nuestra mente. En todas sus partes: percepción, atención, memoria...todo es selectivo. Pero dicha selectividad no es sinónimo de aleatoriedad, ni mucho menos, la mente calcula incluso lo que parece arbitrario. Por este motivo, un dolor de muelas que nos asustó hace dos meses, puede ser que no lo tengamos presente hoy. En parte no queremos recordarlo, por ello nuestra mente lo inhibirá la mayor parte del tiempo. Otro ejemplo es la reacción de mi cuerpo desconectándose en el momento en que una aguja atraviesa mi piel, esta reacción de "hacerse el muerto", como otras que se dan, no es más que una fobia, un reflejo instintivo de supervivencia; un vestigio animal. Pero que, controversialmente sólo contiene una mente desarrollada como la humana. Con el desarrollo de nuestra inteligencia, también se intensificaron los efectos de nuestros vestigios animales.

Pero hablemos de personas, como humanidad, y de su facilidad para reprimir, omitir y suprimir información y sentimientos según convenga, quiero creer que por acción y consecuencia de su mente por lo descrito en el párrafo anterior. Pues bien, esta semana tras la tragedia humanitaria de Lampedusa, parece ser la semana de plantearse una ley de inmigración menos severa, e incluso el presidente Letta, dijo en el funeral de estado que esos inmigrantes "a partir de hoy son ciudadanos italianos", imagino que se refería a los muertos, porque los supervivientes (de este y de miles de barcazas más) se encuentran hacinados en recintos que poco tienen que envidiar a los campos de concentración nazi.

Una vez más, olvidamos la verdadera pregunta ¿por qué?, ¿qué lleva a alguien a abandonar su país, su familia, al fin y al cabo, su vida para arriesgarla en el mar y, en el caso de sobrevivir, ser tratado como un delincuente toda la vida? La gran mayoría eran eritreos, país que lleva en guerra más de 30 años contra los etíopes. Guerras entre dos países africanos, sí, pero provocadas por europeos. Fueron los mismos italianos, junto con Putin, los que establecieron los acuerdos económicos por el crudo. Por recursos, África sería el continente más rico, el que más materias primas posee, y lo es, pero en manos extranjeras.

Continuando con mi tesis sobre nuestra capacidad de olvidar, de indignarnos sólo de puertas para fuera, de cara a la galería mientras el asunto está candente en los medios de comunicación. ¿Es que nadie recuerda la tragedia de Bangladesh del Rana Plaza? Donde murieron centenares de personas por el derrumbe de un edificio donde explotaban a trabajadores en la confección de ropa. Con marcas como Primark, Benneton o Zara implicadas. ¿Nadie recuerda la indignación y el boicot que se les iba a hacer? Pues bien, a día de hoy, ninguna de las implicadas ha pensado ni en resarcir a las familias de las víctimas ni en mejorar las condiciones de trabajo y humanitarias en que obligan a sobrevivir a sus esclavos. Esto también se nos parece haber olvidado con una facilidad pasmosa.

La corrupción española es un lastre tremendo, corrupción desde la monarquía hasta la misma presidencia del gobierno. Pero que no se nos tapen los ojos ante la permisividad de Eurovegas y las indemnizaciones multimillonarias, frente a la población que casi en un 40% vive de la pensión de sus mayores. En el mundo actual hay más guerra que paz, más injusticia que justicia; no hemos avanzado nada. No pretendo hacer el moralista, sino el humanista, pienso que sea de sentido común. Estamos librando una guerra contínua contra nuestro propio ecosistema, ganándole batallas de una guerra que sabemos que vamos a perder, pero nada más ignorante que la ambición humana.

Olvidamos todo con facilidad, la inmediatez de nuestros (con un "nosotros" mayestático, ya que yo no tengo) smartphones parece estar instaurada en nuestro cerebro, no soy fan de condenar a los medios sino el uso que se hace de ellos. Al igual que hace 20 años con la "caja tonta" creo que tanta gente de mi generación vive obsesionada y anestesiada ante la realidad, sumergida entre aplicaciones, redes sociales, memes... Siempre pensé que si viniera a la tierra un extraterrestre, lo que más le sorprendería es que tenemos en nuestros bolsillos acceso a todo el saber humano desde que el mundo es mundo, pero preferimos entretenernos fotografiando nuestra cena y publicándola, para hacerla ver a gente a la que no le interesa lo más mínimo. Pero supongo que esto también es culpa de la mente humana y si, como he dicho anteriormente me defino humanista no puedo rehusarlo con la máxima vehemencia, o al menos, no con toda la que cuerpo y alma me piden de hacerlo.

miércoles

Sueños retóricos de una noche de octubre

No necesariamente siempre se va adelante cuando se avanza, ni siquiera si la dirección es justa, no es sinónimo de haber crecido, saber o detener en sí el concepto de haber aprendido lo que se sabe que años atrás querría tener aprendido. Una virtud nueva, algo que te eleve sobre los chavales nuevos, una experiencia que sea un grado, un grado que sea tangible, una prueba de que crecer no ha sido en vano y de que se puede hacer la diferencia.

Un constante demostrar cuanto se es independiente, cuando no hay mayor dependencia que sentirse en la obligación moral de demostrar lo contrario. El agravio de ver que nada cambia, si nada cambias. El sollozo mudo que ensordece tus sentidos y confunde tu mente que, jalonada entre fantasías, cree saber más de lo que la propia mente cree que sabe. El sentido de ser eterno en lo perecedero, la necesidad humana de ser recordado o reconocido, dar un apellido adecuado a un gran nombre como vida. Dar un sentido al dolor, al dolor que produce el paso del tiempo. Entender el significado en un Tic para desaprenderlo en un Tac.

Después vienen tiritas y corazas, megalomanías recurrentes, que no son más que parte de lo mismo. Lo orgánico, el equipo y cada uno de sus individuos. La cercada visión del detalle pero en un contexto global, holístico. Tampoco es imprescindible entender el porqué o el cómo, ni sentirse en el derecho de tener una opinión sobre cada cosa. Cada persona es ella misma y sus circunstancias, con la cotidiana pseudo obligación a amar las cosas y usar a las personas. La historia es ignorante, pero también arrogante. Nuestra mente y recuerdo selectivo, y el corazón silencioso.

El tedio se transforma en hastío cuando la primavera pasa, porque muchas veces nada avanza precisamente por el hecho de hacerlo en círculos. Echar la vista atrás es un sinsentido, una droga que nos acecha. Queremos demostrar cosas que no entendemos, aprehender la inmensidad del infinito en cifras enteras, vivir arrogantes con humildad en la coraza. Dar pasos en el vacío pensando en avanzar al son del compás que marca el tiempo. Tiempo arbitrario y caprichoso que nos hace caer en tópicos huecos pero de piel maciza. Para al final, descubrir asperezas en una realidad que se suponía sedosa o, al menos, eso quisimos haber aprendido.

lunes

Sin beca no hay paraíso

No podía ser más oportuno el tema, a pesar de que llevo días queriendo plasmarlo en mi blog, por experiencia personal y por ese derecho tan absurdo como inexorable al simple pataleo. Hoy el mismo Arturo Pérez-Reverte publica en su web "El calvario de ser becario". Pues bien, yo os quiero hablar de la tortura de ni siquiera poder pasar por dicho calvario.

Hoy precisamente, se han conocido los presupuestos para el próximo año, estampando en nuestras caras atónitas una gran ración de realidad, mayor austeridad en lo que ya está mal: educación, sanidad y servicios sociales. Quizás nos digan que estamos dejando atrás la recesión en lo económico, mientras en lo social se hace todo lo contrario, no se deja nada atrás. Estamos en regresión.

En este contexto, no parece nada fácil acceder a cualquier beca o ayuda del estado (y doy fe de que no lo es) por lo que muchas personas no podrán estudiar o en el caso de los titulados, tener una experiencia laboral. Y es que hace unas semanas he recibido la notificación de parte de la Fundación Universidad-Empresa de la Región de Murcia (como ya recibí en su momento de Ingalicia o Universidad-Empresa de Valencia, entre otras) de la negativa a acogerme a su programa Leonardo Da Vinci, a pesar de tener ya un acuerdo con una empresa de la zona e incluso el alojamiento encontrado e incluso ahorrarles el billete de avión de ida.

Lo peor de esto son las supuestas razones, la curiosa espiral en que me encuentro. Al haber trabajado casi dos años ya en agencia de publicidad, me dicen que tengo demasiada experiencia para ser becario; que es becario aquel que no ha tenido experiencia en su campo. Esto me parecería del todo lógico si fuera en línea con el pensamiento de los empresarios, es decir, si para ellos fuera una opción el contrato y no sólo decirme que sí cuando les salgo gratis.

Así pues, una nueva pescadilla que se muerde la cola. Demasiada experiencia para ser becario y demasiada poca para ser contratado, pero de mientras tengo que seguir viviendo y no creo que esos mismos "emprendedores" que te pretenden explotar hayan llegado donde están trabajando gratis precisamente. Me recuerda, manteniendo las obvias distancias, a la ley de extranjería española. Sin papeles no es posible tener contrato de trabajo, pero a su vez no te pueden dar los papeles sin tener trabajo. Un juego burocrático cruel, y lo peor, legal.

Pero no crean que España es culpable de esto en exclusiva, de hecho la beca Leonardo viene financiada por la Unión Europea. Sí, aquellos que nos van a "salvar" de la crisis. Una crónica de algo que me ha sucedido a mí, pero también a otros muchos. Porque ser becario puede ser un calvario y cobrar más de 500 euros al mes una quimera convertida al improviso en objetivo inalcanzable. Pero una cosa queda clara para una de las generaciones, como la nuestra, más preparada (y menospreciada a partes iguales) de las que han debido emigrar fuera de España: sin beca no hay paraíso. Ni tan siquiera el calvario del que habla Reverte. Nos vemos, pues, obligados a vagar eternamente en el limbo.

sábado

Las olimpiadas del hambre

Vender la piel del oso antes de haberlo cazado, nada más castizo para explicar (no justificar) el enésimo tropezón con la enésima piedra. Sacar pecho y querer dar lecciones de como debieran o debiesen hacerse las cosas es una afición que mantiene como asiduos ingentes cantidades de nuestros políticos y diplomáticos; aquellos a los que se le llena la boca con la marca España y hablan de Europa como de estar en casa (recuérdense las declaraciones de González-Pons a este respecto)

Un país que ambiciona lo que no puede tener usando medios que no tiene y que, fracaso tras fracaso, tira balones fuera, dejando entrever la burda sombra de sospecha de tintes conspiranoicos. Así pues, no era suficiente con gastar millones de euros en salvar bancos, ni con dejar a estudiantes sin ayudas, de recortar la ley de la dependencia o vender nuestro país en pos de Las Vegas de Europa; era además necesario gastar millones de euros en promover una tercera candidatura para unos juegos olímpicos en Madrid. Los medios que no se tienen o mejor dicho, aquellos usados mediante un criterio de prioridades que se alejan bien poco a las de gobiernos como el de Corea del Norte, para querer obtener esos Juegos Olímpicos, que no puede tener por razones obvias, que hemos comprendido con bochorno internacional incluido.

Que no se supiera responder a cuestiones capitales como el dopaje, es de delito para un Comité Olímpico que lleva casi una década esperando este momento; que somos el peor país de Europa en hablar inglés es algo que sabíamos, pero que además nos jactemos de ello es de vergüenza nacional. Cuando leía titulares hablando de complot y de "¿por qué?" nos han denegado (ahora sí, "nos") la candidatura, me resulta una broma de mal gusto, sería más fácil e interesante un artículo enumerando las razones por las que no deberíamos ni siquiera de habernos presentado o que defendiera por qué deberían confiar en un país de pandereta como el nuestro.

Así pues, entre discursos ridículos, corruptelas diarias y cortinas de humo varias (que si Gibraltar, que si Cataluña) nos encontramos con un resultado nefasto que nadie ha querido comentar. No, no es sobre la prima de riesgo, ni del FMI. El informe es de UNICEF. En España la malnutrición infantil, y hago énfasis: infantil, ya supera el 27% o lo que es lo mismo, casi 2 millones y medio de menores de edad malnutridos.

Pero hemos bajado el paro en 31 personas, a pesar de que la migración española de estos cinco últimos años ya sobrepasa, y con creces, a la de los años sesenta. La actitud parece ser esperar a que pase este mal periodo, a que se "vaya saliendo" de la crisis, curiosa construcción hirientemente pasiva. Se podrán hacer discursos del tipo "salimos de la crisis" o "hemos pagado la deuda" algún día; pero todos los derechos sociales perdidos y en este caso, la malnutrición infantil actual, que comienza a ser un problema preocupante; seguirán patentes o al menos, habrán dejado secuelas más que patentes. La historia es cíclica dicen los expertos, y el hombre la ignora, no se aprende nunca de los errores pasados. Debe ser verdad, volvemos a una situación de postguerra, pero de una batalla que aun sin querer librar, hemos perdido desde el inicio. Pero no se preocupen, siempre nos quedará Berlín...

miércoles

¿Por qué la fusión y nacimiento de Publicis Omnicom nos debería importar? Reflexiones de un joven publicitario

"Se trata de una unión de iguales", no podían ser otras las palabras para definirlo. A menos que se quisiera provocar una polémica mediática, desde luego, nada recomendable. Dos gigantes de la publicidad, no tanto en términos creativos como en cifras y cotizaciones. No es una decisión de Mad men (parafraseando la famosa y fabulosa serie de televisión) sino de Math men, puro negocio y estadística. Un intento más de hacer valedero aquello de que la unión hace el poder. Probablemente, especialmente si pertenecéis al mundo (y submundos) de la comunicación, conozcáis la noticia a la que me refiero: la francesa Publicis y la norteamericana Omnicom han anunciado su fusión. Una fusión transoceánica que desbancaría a la británica WPP como el mayor conglomerado publicitario. No obstante, tras la aparente inocencia de simplemente querer facturar más, yace oculta la alargada sombra de un cambio en el mundo publicitario, como reacción inmediata o anticipada (según como se mire) al inminente cambio cultural que estamos viviendo. Algo que afectará a publicitarios (como yo) y a no publicitarios.

Para comenzar, expliquemos mejor el hecho. Maurice Lèvy, 71 años y sin sucesor a la cabeza de Publicis Group y John Wren, 58 y CEO de Omnicom han realizado un acuerdo de fusión. Para no generar controversias respecto a quien ha fagocitado a quien, ambas mantendran sus sedes y la presidencia del naciente imperio publicitario será por turnos de dos años y medio. Tras los cinco primeros años iniciales, Lèvy se retiraría del mando operativo (siendo algo así como un presidente de honor) y tomaría dicho mando Wren.

Entre todo el debate de los costes o ahorros de dicha fusión, de los puestos de trabajo que se crearían o dejarían de crear; muchos medios han parecido olvidar una gran variable del proceso, que es en realidad su sustento y razón de ser: los clientes. Aunque presumiblemente mantendrán sus cuentas en las respectivas agencias de cada uno de los componentes de la fusión, anunciantes rivales como Coca-cola y PepsiCo, con cuentas en Publicis y Omnicom, respectivamente, podrían mostrar ciertas reticiencias al ser al fin y al cabo tratados por distintos brazos correspondientes al mismo cuerpo, o mejor dicho a la misma cabeza. Un riesgo que deberán asumir y que en la mayor parte de los casos será limado sin pasar a mayores pérdidas.

Por otro lado, está el peligro de generar una situación de monopolio. Es algo cíclico como la historia publicitaria misma, a una etapa de expansión, diversificación y especialización, le sigue siempre otra de aglutinamiento y concentración en grandes holdings. Toda agencia crediticia que se precie (en términos puramente de retorno de la inversión), pertenece, directa o indirectamente, a uno de los hasta hace poco seis grandes holdings: WPP, Interpublic, Omnicom, Publicis, Havas y Dentsu Aegis. La tendencia continua así concentrándolos en cinco manos.

La cuestión de fondo, y lo verdaderamente importante, no es sólo competir con el resto de holdings o conseguir el sueño de tener una compañía de ultramar; nada más lejos de la realidad. El verdadero rival a batir, la competencia real y para muchos desleal, eran los hasta hace poco considerados simples medios digitales: Google, Facebook y compañía. Así como pasara hace unas décadas con el nacimiento de las Centrales de Medios, desprendiéndose de las agencias (aunque actualmente sean compañeras de un mismo holding) y especializándose para competir con agencias con departamente de compra de medios interno, los grandes de la comunicación en internet y en las redes sociales han dejado ya de ser un medio o espacio de comunicación, transformándose en vendedores de dicho espacio e incluso creando las propias comunicaciones en gran parte de los casos.

En este contexto, la agencia de publicidad se transforma en un intermediario en ocasiones innecesario. En mi experiencia profesional en agencia, he vivido sesiones de brainstorming para buscar una manera de vender un presupuesto de creatividad online, es decir, por qué un cliente debería pagarme como agencia por hacerle un banner, un perfil corporativo de Facebook y otro de Twitter, cuando hoy en día, todos sabemos hacerlo y los mismos desarrolladores te ofrecen ayuda para facilitarlo y contabilizar las visitas e interacciones. Solo nos quedaría la estrategia o el hecho de monitorar y ser expertos en comunicación, de tener un equipo de gráficos y copywriters profesionales para atender dichas redes. Pero nada más. Muchos clientes ven innecesario el gasto y deciden transformar un dircom en improvisado community manager y así ahorrar en comunicación digital. Obviamente no hablo de grandes clientes.

Que se valore el papel del profesional de la comunicación será importante en esta nueva lucha por la supervivencia de la creatividad publicitaria y persistencia de la agencia de publicidad 360º tradicional. Porque no es cierta la agorera teoría que acecha desde los 90 anunciando el fin del spot como medio publicitario, pero los números están ahí. Sólo en 5 años, de 2006 a 2011, según datos de Zenith Optimedia (que para más información, pertenece a Publicis), la inversión en publicidad online ha crecido de unos 30 billones de dólares hasta casi 80 billones, o lo que es lo mismo, representando en la tarta de la inversión total publicitaria de un 7% a un 16%, más del doble; llegando según previsiones de dicho estudio a representar un 24% de la inversión mundial publicitaria, nada más y nada menos, en 2015.

Una vez con toda la información encima de la mesa, el miedo es lógico pero no justificable si no va seguido de una reacción. La publicidad se caracteriza por reflejar la sociedad en que vive y viceversa. Es algo fundamental en nuestra humanidad, como la necesidad de comunicarnos, una vez satisfechas las necesidades básicas intuidas por Maslow. Los creativos no somos los únicos afectados, en el terreno de la informática cada vez se ven más ninguneados. No obstante, ahora es cuando debemos unirnos (metafóricamente) para ganar el terreno en el mundo publicitario que merecemos, utilizar esa creatividad y originalidad que se nos presupone, aunque siendo un reto de futuro, el briefing en este caso es demasiado difícil de interpretar,o al menos, de una forma ecuánime e inequivoca.

martes

Sin ánimo de hacer spam. ¿Por qué hace Wwoofing? y, ¿por qué no?

Tres últimos días de trabajo, de trabajo voluntario; unas vacaciones diferentes e inolvidables que recomiendo a todo el mundo probar. Probablemente hoy, día de descanso porque hemos trabajado durante el fin de semana construyendo un muro a seco, iremos a Bath, patrimonio de la humanidad de la Unesco. Es genial estar en Gales y disfrutar del verde paisaje, perfecto hacerlo con la persona a la que amas, perfeccionando el inglés y aprendiendo cosas nuevas cada día.

Se trata del programa WWOOFING. Es una forma de voluntariado en granjas (agrícolas y/o ganaderas) biológicas en todo el mundo. El acuerdo es el siguiente, trabajar de cuatro a seis horas diarias de lunes a viernes a cambio de alojamiento y pensión completa. Muy económico, solo debes pagar los vuelos y los viajes que hagas en el fin de semana.

Hace casi un mes que estoy aquí trabajando en el campo y ya quedan sólo seis días para volver a casa. Bueno, a mi casa de Italia (ya sabéis mi teoría de los esquejes) y me da cierta pena dejar de lado la tranquila vida de aquí. Trabajar en el campo cansa, da molestias sobre todo en manos y espalda, pero al final del día no es dolor ni cansancio lo que acumulo sino satisfacción. Es un esfuerzo que gratifica. Tanto que casi no eres consciente de que comienzas a hablar inglés cada vez más fluido con la gente que te hospeda.

Nosotros elegimos Reino Unido, pero el programa está en todo el mundo y no hay límites de tiempo, depende de lo que acuerdes con la familia que te reciba. De hecho, hay gente que se pasa incluso un año haciendo esto. Totalmente recomendable.

En especial si, como es mi caso, os encontráis inmersos en un parón laboral forzado por las circunstancias. Porque para mi el Wwoofing, más allá de ser una excusa para aprender y perfeccionar una lengua o conocer lugares y gente nueva, me ha servido para volver a sentirme útil. Estar en búsqueda de empleo llega a ser frustrante, la sencillez de un voluntariado de este tipo sirve para relajar dicha sensación, relajar trabajando. Una paradoja sólo aparente, porque os aseguro que cada día la siento más cierta. Probad la experiencia, sin ánimo de spam os lo digo. Lo prometo.

miércoles

Chinese democracy

En primer lugar, debo pedir disculpas a aquellos que habéis llegado a este post esperando una crítica relacionada con el último álbum de estudio publicado por Guns N' Roses, aunque si continuáis leyendo veréis que el título no es casual (como en la inmensa mayoría de las entradas de este blog). Como algunos de los que frecuentáis este espacio sabéis, me encuentro en Reino Unido donde estoy viviendo durante todo el mes de Julio. Este dato sería irrelevante si no fuese porque es la fuente de mi reflexión de hoy.

Así pues, hace un par de dias (antes del nacimiento del hijo de Guillermo y Kate) la noticia principal con la que abrían cada noticiario y provocaba titulares a carácteres cubitales era el anuncio del primer ministro británico, David Cameron, de luchar por censurar la pornografía de los hogares británicos para proteger a la infancia. Su intención es la de impedir el acceso a la pornografía desde cualquier ordenador del país, filtro que sólo podrá ser deshabilitado mediante petición expresa de la familia al órgano gobernativo competente.

Puede ser un gesto oportunista y populista para obtener un mayor consenso que está perdiendo entre los propios miembros de su partido de cara a las elecciones generales de 2015, es cierto, también hace unas semanas tanteó el terreno con la posibilidad de consultar a la población si salir o no de la Unión Europea. Esta hipótesis (más que loable) puede encontrarse entre las causas o premisas de dicho movimiento, como leí en un artículo de opinión del Sunday Telegraph, pero lo que realmente me interesa es la base, la raíz de esta decisión. En otras palabras, el porqué una decisión como ésta le daría fiabilidad al frente de la política británica, tras varios y notables fiascos como demostraron las revueltas estudiantiles de hace casi un año.

Dentro de lo banal en que puede derivar toda conversación en la que entre en juego pornografía o prostitución (con sus consiguientes risas nerviosas), de fondo observo en este tipo de anuncios uno de los peores tipos de cinismo que existen, y en particular, el que más odio: el buenismo. Hacer una ley políticamente correcta en un territorio tabú y hacerlo declarándose un salvador, en pos de la humanidad, en este caso de la infancia.

Me recuerda a las patéticas censuras de la MTV porque se viera un pezón a Janet Jackson en la final de su torneo deportivo más importante o el modo en el que marcas de lencería componen sus pósters con modelos cuyos pezones son literalmente eliminados digitalmente. Típico cinismo propio de dictaduras tradicionalistas, un querer aparentar ser una persona de moral intacta a través de una ridícula hipérbole, pero que analizado con profundidad deja a la luz su más que clarividente contrasentido.

Existen muchos más casos, por desgracia en Estados Unidos son todos unos expertos en este tipo de cinismo. Un gran ejemplo es Obama y toda la iconografía a su alrededor jalonada y coronada sin duda por el premio Nobel de la Paz más injustificable de la historia, sobre todo teniendo en cuenta que sus drones (o aviones de guerra no pilotados) bombardean a diario dejando ríos de sangre a su paso. En países en guerra o incluso en los que no ha estado declarada (como demuestran los bombardeos en el confín pakistaní). El culmen de este buenismo se vio reflejado en la justificación absurda del espionaje de la privacidad de los ciudadanos en aras de la seguridad nacional.

Pero no nos perdamos en Estados Unidos. En este caso la noticia ha sucedido en Gran Bretaña, pero no son los únicos territorios invadidos de moralismos estúpidos, buenismos y bienquedas. Cabe recordar a este punto, la oleada de repulsión y repudio público que originó el caso de Tiger Woods, impidiéndole incluso seguir trabajando o provocando la retirada de espónsor, simplemente porque le fue infiel a su esposa. Pues perdonen que les diga pero creo que ser infiel a tu pareja no es un delito, pero lo políticamente correcto era criticarlo. Un tsunami de buenismo que invadió cada espacio del planeta aliñado con arengas contínuas en los medios de comunicación.

Hay muchas razones por las que el anuncio de este tipo de medidas es una afrenta a la ciudadanía: por populista, por cínica; pero sobre todo por antidemocrática. No podemos olvidar lo espinoso que es poder controlar lo que puede o no puede ver cada ciudadano en internet. Esto amigos míos es censura, si quieren luchar contra la pornografía infantil ya existen leyes para ello, si quieren proteger a sus hijos de la pornografía existen filtros parentales; no hay razón para tamaña censura, más que el poder controlar todo el flujo de información (semi)libre que es internet. Lo intentaron con las descargas y ahora el porno es su nueva cruzada. Es por todo esto, la censura al acceso a la información en la red en pleno siglo XXI, entre otras cosas, por lo que el título de este post no puede ser más acertado.