Todo tiene un color. El color lo es todo, no es sólo visible a los ojos: se piensa, se siente, nos mueve y conmueve; nos inunda y connota. Su cotidianidad nos hace no verlo, pero todo tiene un color. Incluso hay quien prefiere vivir en los extremos, en blanco y negro.
Pero no sólo es el color, todo es relativo, también la intensidad, la luminosidad, la saturación...cuentan. Muchos prefieren enaltecer la intensidad, en todos sus puntos, olvidando el contraste, tan importante en el tiempo de infoxicación cromática que nos circunda.
No es sólo color, ni luz, ni sombra; es actitud, aptitud, percepción e interpretación. Es la vida. La vida es color.
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miércoles
martes
Solucionemos el mundo en seis párrafos
Pese a no recordarlo con exactitud, creo que no hará ni dos meses de aquella noche. Una noche más, en la que nos reunimos para cenar en casa de unos amigos españoles. Como siempre las risas acompañaron la cena y las bebidas, abundantes, continuaron siéndolo en la postcena. Así, con un estado de embriaguez dicharachero y dilatándonos sin reparos en el tiempo, empezamos a divagar, a expresar nuestras opiniones; ese momento de intoxicación etílica en el que decides arreglar el mundo.
No obstante la evidente banalidad del asunto; esta noche tuvo dos repercusiones que la hacen ser recordada: en primer lugar, esa noche comencé a hablar del estado de las cosas, del ser humano en sociedad, basándome en teorías como la distropía (defendida por autores como Orwell o Huxley) y que ha inspirado mi cuarto artículo (saldrá publicado en febrero) para la revista universitaria italiana Schegge. La segunda razón por la que publico este post es el haber encontrado un trozo de papel con reflexiones que escribí al llegar a casa de madrugada y que leídas mucho tiempo después me han parecido interesantes (ya que yo no las recordaba, razón por la que creo que las escribí. Un poco de lucidez dentro de la borrachera de aquel día)
El texto comienza así: "Egoísmo. Podemos embellecerlo o maldecirlo; al final, sólo queda el propio concepto, lo que designa. Muchos lo llaman independencia, yo prefiero llamar a las cosas por su nombre. Es egoísmo, nos define, individualmente y como especie. No es de extrañar que tras pensar durante un tiempo, uno llegue a la conclusión de que ese egoísmo que en tantos ejemplos cotidianos vemos reflejado no sea más que un vestigio animal en la lucha por la supervivencia. Del individuo y de los miembros afines al mismo, llámese comunidad, familia o manada."
"No hay nada más estable que la segura inestabilidad de la vida, que es la muerte, el hecho inexorable de que acabará. Da estabilidad porque es justicia, ataca a todos por igual, el único requisito para morir es haber vivido. La vida es fugaz y escapa a cada segundo, por ello todo afán de perpetuidad por parte de los mortales parece justificada, ser inmortal, escapar a esa igualdad. Queremos destacar sobre nuestros iguales, sobrevivir a la selección natural; pero cuando la vida no depende de la propia naturaleza o de posibles ataques de un predador; la ambición del hombre le lleva a inventarse algo para propiciar una selección innatural. Por ello, hemos inventado el dinero."
"El dinero como equilibrio y como ruptura de la entropía al mismo tiempo. En el fondo, da razones a una especie para perpetuarse, para creerse superior, los que sobreviven a esta selección innatural sentirán orgullo (otro derivado de la combinación de dos cualidades ya mencionadas: egoísmo y ambición) de haber vencido. No escaparon a un predador, se adaptaron mejor al sistema, a este sistema donde la muerte nos iguala y el dinero rompe la balanza"
"A pesar de poseer una mente racional y ser un animal social, el ser humano no puede aceptar la igualdad, no en términos generales o desde un punto de vista holístico. Esto se deba a la cuarta y última cualidad que nos define y por la que el sistema capitalista se sigue aceptando: miedo. Si confiamos todo a la igualdad que nos viene dada simplemente por el hecho de estar vivos, sin aditivos, correremos el riesgo de que alguien que se crea por encima nos querrá aplastar."
miércoles
Sueños retóricos de una noche de octubre
No necesariamente siempre se va adelante cuando se avanza, ni siquiera si la dirección es justa, no es sinónimo de haber crecido, saber o detener en sí el concepto de haber aprendido lo que se sabe que años atrás querría tener aprendido. Una virtud nueva, algo que te eleve sobre los chavales nuevos, una experiencia que sea un grado, un grado que sea tangible, una prueba de que crecer no ha sido en vano y de que se puede hacer la diferencia.
Un constante demostrar cuanto se es independiente, cuando no hay mayor dependencia que sentirse en la obligación moral de demostrar lo contrario. El agravio de ver que nada cambia, si nada cambias. El sollozo mudo que ensordece tus sentidos y confunde tu mente que, jalonada entre fantasías, cree saber más de lo que la propia mente cree que sabe. El sentido de ser eterno en lo perecedero, la necesidad humana de ser recordado o reconocido, dar un apellido adecuado a un gran nombre como vida. Dar un sentido al dolor, al dolor que produce el paso del tiempo. Entender el significado en un Tic para desaprenderlo en un Tac.
Después vienen tiritas y corazas, megalomanías recurrentes, que no son más que parte de lo mismo. Lo orgánico, el equipo y cada uno de sus individuos. La cercada visión del detalle pero en un contexto global, holístico. Tampoco es imprescindible entender el porqué o el cómo, ni sentirse en el derecho de tener una opinión sobre cada cosa. Cada persona es ella misma y sus circunstancias, con la cotidiana pseudo obligación a amar las cosas y usar a las personas. La historia es ignorante, pero también arrogante. Nuestra mente y recuerdo selectivo, y el corazón silencioso.
El tedio se transforma en hastío cuando la primavera pasa, porque muchas veces nada avanza precisamente por el hecho de hacerlo en círculos. Echar la vista atrás es un sinsentido, una droga que nos acecha. Queremos demostrar cosas que no entendemos, aprehender la inmensidad del infinito en cifras enteras, vivir arrogantes con humildad en la coraza. Dar pasos en el vacío pensando en avanzar al son del compás que marca el tiempo. Tiempo arbitrario y caprichoso que nos hace caer en tópicos huecos pero de piel maciza. Para al final, descubrir asperezas en una realidad que se suponía sedosa o, al menos, eso quisimos haber aprendido.
Un constante demostrar cuanto se es independiente, cuando no hay mayor dependencia que sentirse en la obligación moral de demostrar lo contrario. El agravio de ver que nada cambia, si nada cambias. El sollozo mudo que ensordece tus sentidos y confunde tu mente que, jalonada entre fantasías, cree saber más de lo que la propia mente cree que sabe. El sentido de ser eterno en lo perecedero, la necesidad humana de ser recordado o reconocido, dar un apellido adecuado a un gran nombre como vida. Dar un sentido al dolor, al dolor que produce el paso del tiempo. Entender el significado en un Tic para desaprenderlo en un Tac.
Después vienen tiritas y corazas, megalomanías recurrentes, que no son más que parte de lo mismo. Lo orgánico, el equipo y cada uno de sus individuos. La cercada visión del detalle pero en un contexto global, holístico. Tampoco es imprescindible entender el porqué o el cómo, ni sentirse en el derecho de tener una opinión sobre cada cosa. Cada persona es ella misma y sus circunstancias, con la cotidiana pseudo obligación a amar las cosas y usar a las personas. La historia es ignorante, pero también arrogante. Nuestra mente y recuerdo selectivo, y el corazón silencioso.
El tedio se transforma en hastío cuando la primavera pasa, porque muchas veces nada avanza precisamente por el hecho de hacerlo en círculos. Echar la vista atrás es un sinsentido, una droga que nos acecha. Queremos demostrar cosas que no entendemos, aprehender la inmensidad del infinito en cifras enteras, vivir arrogantes con humildad en la coraza. Dar pasos en el vacío pensando en avanzar al son del compás que marca el tiempo. Tiempo arbitrario y caprichoso que nos hace caer en tópicos huecos pero de piel maciza. Para al final, descubrir asperezas en una realidad que se suponía sedosa o, al menos, eso quisimos haber aprendido.
viernes
Vivir no es sólo respirar
Todo es relativo, la realidad es el resultado de nuestra percepción, tras la previa y correspondiente atención, y ambas (lo ha demostrado la psicología) son selectivas, por tanto relativas, subjetivas. Estas son afirmaciones que leeréis mas de una vez por este blog. En este caso son premisa de una larga conversación mantenida ayer con las compañeras de trabajo de una amiga que trabajan en una residencia de ancianos.
Además de la absolutamente admirable paciencia y capacidad específica que requiere este tipo de trabajos cuidando a personas que, por una razón u otra, se encuentran solas allí. Me llamó la atención la visión de la vida que tenían al estar tan cerca de la muerte a diario, no por experiencia propia pero sí en terceras personas muy cercanas a ellas. Sobre todo me llamo la atención la excesiva aunque comprensible desdramatización en cuanto a la muerte. Llegando a límites macabramente absurdos y censurables como apostar cada primero de año con los compañeros de trabajo quien moriría ese año.
No es una visión con la que esté especialmente de acuerdo o no, pero es algo que no te deja indiferente. Una de ellas me comentaba que ellas no son mas que las ultimas compañeras de viaje de estas personas, que les acompañan en la etapa en la que enfilan el camino hacia un final de vida en paz, dejémosnos de eufemismos: hacia la muerte. Si hay algo que no comparto con esta visión, dentro del respeto a la misma, es el hecho de ver la realidad desde el punto de vista de la muerte y no el de la vida, no es lo importante el fin sino el camino que se sigue a diario.
Fue allí, entre copas de sangría, donde debatimos acerca de la longevidad. Parecía ser que una mayoría de nosotros no quería llegar a la vejez en esos términos, siendo una carga y sin estar como se suele decir “en sus cabales”, prefiriendo antes la muerte. Es cierto que una persona la cual ha perdido su mente, su cabeza, autoconsciencia y es incapaz de generar nuevos recuerdos vive prácticamente por inercia orgánica, ya no es quien fue en algún día, se hace visible solo con mirar sus ojos, sus miradas...es triste pero es así.
Entrando en lo personal, no sé que preferiría (si es que se pudiera elegir), visto que las enfermedades degenerativas cada vez proliferan mas (nos guste o no es un gran negocio el hecho de que no tengan cura para la industria farmacéutica) y aunque se alargue la esperanza de vida cada vez mas, lo hace con las mínimas garantías en cuanto a calidad de vida, es decir, una muerte mas lejana no quiere decir una mayor calidad de vida (volvemos a la percepción desde el camino y no desde el fin inexorable de éste). Esta ha sido pensado muchas veces, así en el extremo de aquellos que valoran el placer del camino sobre todo (creo que en exceso porque sobrepasan los limites al afectar a su alrededor) cito la frase: “vive rápido, diviértete y deja un bonito cadáver”. En mi opinión lo ideal es una ponderación entre ambas posturas; ni lo uno ni lo otro. Si llegase a los 70 años me gustaría tener la cabeza como para poder recordar que un día escribí esto, cuando aun sabia vivir al día, improvisando; porque amigos, vivir no es sólo respirar.
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