Debió ser alguien muy importante e influyente, o agraciado con el gran don de la palabra, la primera persona que comenzase a usar el símil (posteriormente popularizado) de echar raíces como establecer tu espacio vital en un lugar confortable, un hogar, un punto de inicio, donde realmente tu esencia se encuentra y se desarrolla a su debido tiempo. Tu espacio en el que el tiempo no es más que una variable absurda.
No es algo nuevo el uso de este tipo de metáforas, basta recordar como grandes autores como Manrique han preferido metaforizar la vida humana con un río en curso que inevitablemente va a desembocar al mar, que es el morir.
Volviendo a lo planteado en el primer párrafo, el concepto de echar raíces he de decir que no me identifico en absoluto con lo que representa esta línea de pensamiento. En mi opinión personal, es cada contexto e instante de tu vida y la forma de interpretarlo y afrontarlo, el plantearse unos objetivos y no otros y el cumplirlos...todo esto determinan el modo y grado en que tu esencia se desarrolla. Sin estar necesariamente en el mismo espacio vital, ni te reporte la misma sensación. El contexto cambia, pero la esencia es inmutable. A la vez que dinámica, como lo infinito.
No por mucho viajar a distintos lugares puedes comenzar a sentirte que perteneces a ellos en el sentido político literal; pero tampoco calificarte como alguien desarraigado por el mismo hecho. Probablemente, en cada una de las situaciones e interpretaciones de lo real de los distintos espacios, desarrollas ciertos límites y pones coto al desarrollo de tu ego, en el sentido más etimológico: tu yo personal y tu yo social. Es decir, soy siempre la misma persona, no es un discurso sobre la hipocresía, el aparentar o la falsedad del querer ser; no obstante, muestro diversas dimensiones de lo que soy, de lo que mi esencia representa en cada uno de mis gestos como reflejo de las correspondientes sinapsis cerebrales que los coordinan. Estas dimensiones que muestro, serán obviamente percibidas de diferente manera por distintas personas, con sus propios filtros o criterios, con las que cruce la mirada, charle, conviva o me enamore.
Es por ello que concluyo mi reflexión con un símil con el que me siento más identificado personalmente. En mi caso prefiero hablar de esquejes ,dependiendo del ambiente en que se inserten proliferan de diferente forma o ni tan siquiera lo hacen. Pero si lo hacen, mejor o peor, siempre mantienen la misma esencia, creciendo del mismo modo que si hubieran nacido en ese lugar, como expelidos por una semilla plantada. Así que basta de hablar de echar raíces o no hacerlo en distintos espacios, en mi caso, siguiendo con el símil botánico, prefiero ser un esqueje.
viernes
jueves
Todo ser humano es corruptible hasta que se demuestre lo contrario
¿Hasta cuándo vamos a ser capaz de aguantar esta farsa? ¿Este desatinado y desafortunado sainete que ni tan siquiera llega a entremés? El partido en el cargo del ejecutivo, el Partido Popular ha quedado retratado por su extesorero que ha demostrado documentalmente entre otras cosas malversaciones, sobresueldos, financiación ilegal del partido durante algo más de veinte años...en otras palabras que lo corrupto, marchito y podrido predomina en su entramado. Mientras tanto, ¿cuál es la reacción política? UPyD en su línea se desmarca por la abstención, ni condena ni absuelve. IU permanece en su estado perpetúo de crítica pero con nula notoriedad para la opinión pública y el líder de la oposición, del Partido Socialista se aferra en, ojo al dato, la amenaza a proceder de manera oficial con una serie de medidas cuyos trámites desembocan en cuestionar la ideonidad del gobierno, que siendo aprobada por una mayoría, provocaría que el gobierno se plantease dimitir. Todo ello, claro está, se llevaría a cambio en tiempos prolongados y con la retórica por delante, como siempre.
Visto lo ridículo del mundo político, ¿es que no vamos a hacer nada como ciudadanos? La pasividad y resignación con la que el ciudadano medio recibe golpes día tras día sin apenas defenderse es apabullante, pero sobre todo es preocupante el escenario de indulgencia que nos inunda o pasividad en el mejor de los casos, dantesco.
Si algo define a los españoles es su solidariedad (como demuestra la Plataforma Stop Desahucios entre otras iniciativas) y su dinamismo social (aunque Mariano Rajoy elogie a su "supuesta mayoría que no se manifiesta"). No obstante somos un pueblo demasiado indulgente, ridículamente comprensivos con quien no merece esta referencia. Algo que todos podemos llegar a entender en época de bonanza, aunque no justificar; pero que en momentos como este, escapan a todo tipo de juicio racional posible.
Solo así se explica que, en un contexto de abdicaciones monárquicas y tras la corrupción demostrada por varios de sus miembros, la institución de los Borbones siga ahí en pie. Los Saboya tuvieron que huir de Italia porque los ciudadanos los mataban a palos y en Francia ahorcaron a este estamento elitista y represor, de otro tiempo, literalmente medieval. Parece ser que, a pesar del cabreo que mostramos en cada conversación de bar, preferimos seguir con lo que tenemos, nos da un cierto confort. Si se va la monarquía, alguien deberá ocupar el puesto de presidente de la república. Alguien que seguramente chupa del bote. Por lo que concluimos en aplicar el refrán convertido máxima en este país (solo así se explican algunos resultados electorales): "Más vale malo conocido que bueno por conocer"
Es entonces cuando uno se da cuenta de que existe un principio que todo español reconoce en todo personaje que accede a una cierta parcela de poder. Una presunción cuya aceptación está en la base de la resignación con la que cada día nos vemos desalentados. Esta presunción es la de que "todo ser humano es corrupto (o mejor dicho corruptible) hasta que no se demuestre lo contrario" Un asunto del que cabría más de una reflexión por nuestra parte pero sobre todo, una reacción. Porque nuestro tanque de gasolina ya está llena, no nos faltan razones para arrancar, para explotar, simplemente falta la chispa que produzca el incendio, y en este caso, parece ser que la toma de contacto aun se encuentra en manos equivocadas, o lo que es peor, en nuestras propias manos pero nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de cambiar las cosas.
Visto lo ridículo del mundo político, ¿es que no vamos a hacer nada como ciudadanos? La pasividad y resignación con la que el ciudadano medio recibe golpes día tras día sin apenas defenderse es apabullante, pero sobre todo es preocupante el escenario de indulgencia que nos inunda o pasividad en el mejor de los casos, dantesco.
Si algo define a los españoles es su solidariedad (como demuestra la Plataforma Stop Desahucios entre otras iniciativas) y su dinamismo social (aunque Mariano Rajoy elogie a su "supuesta mayoría que no se manifiesta"). No obstante somos un pueblo demasiado indulgente, ridículamente comprensivos con quien no merece esta referencia. Algo que todos podemos llegar a entender en época de bonanza, aunque no justificar; pero que en momentos como este, escapan a todo tipo de juicio racional posible.
Solo así se explica que, en un contexto de abdicaciones monárquicas y tras la corrupción demostrada por varios de sus miembros, la institución de los Borbones siga ahí en pie. Los Saboya tuvieron que huir de Italia porque los ciudadanos los mataban a palos y en Francia ahorcaron a este estamento elitista y represor, de otro tiempo, literalmente medieval. Parece ser que, a pesar del cabreo que mostramos en cada conversación de bar, preferimos seguir con lo que tenemos, nos da un cierto confort. Si se va la monarquía, alguien deberá ocupar el puesto de presidente de la república. Alguien que seguramente chupa del bote. Por lo que concluimos en aplicar el refrán convertido máxima en este país (solo así se explican algunos resultados electorales): "Más vale malo conocido que bueno por conocer"
Es entonces cuando uno se da cuenta de que existe un principio que todo español reconoce en todo personaje que accede a una cierta parcela de poder. Una presunción cuya aceptación está en la base de la resignación con la que cada día nos vemos desalentados. Esta presunción es la de que "todo ser humano es corrupto (o mejor dicho corruptible) hasta que no se demuestre lo contrario" Un asunto del que cabría más de una reflexión por nuestra parte pero sobre todo, una reacción. Porque nuestro tanque de gasolina ya está llena, no nos faltan razones para arrancar, para explotar, simplemente falta la chispa que produzca el incendio, y en este caso, parece ser que la toma de contacto aun se encuentra en manos equivocadas, o lo que es peor, en nuestras propias manos pero nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de cambiar las cosas.
martes
La gran responsabilidad que conlleva el cuarto poder o una oda al respeto hacia la profesión del periodista
Probablemente no hayan oído ni hablar remotamente en su entorno de las 5 uves dobles del periodismo, no sepan como contrastar una fuente y aquello de la deontología periodística les suena a medicación extraña, a tecnicismo, no va con ellos, demasiado snob. Y el señor Lasswell no les dice nada. Estoy hablando de una tendencia, creciente, en expansión desde hace años y que, a un enfermo terminal como la profesión del periodismo, provoca hemorragias contínuas; me refiero al denominado Citizen Journalism.
Cierto, existen ventajas innegables en cuanto a comunicación (a bajo coste), pero eso no es periodismo. La tecnología ha avanzado, te permite comunicar con una audencia masiva que absorberá pasivamente el mensaje, es como la vuelta al concepto de masa, o mejor que comunicar, esputar tu información, sin necesidad de demostrar ni contrastar nada, independientemente de lo sesgada que esté. Este es el verdadero peligro. Las redes sociales son geniales para estar al día de algo que sucede en un sitio en el que físicamente no puedes estar, pero de ahí a canonizar periodistas ciudadanos y decir que hoy en día cualquiera puede convertirse en periodista improvisado, me parece una falta de respeto profunda hacia una profesión, los que la ejercen consecuentemente, meritoria de nuestra admiración y cuya preparación va más allá de saber usar los filtros de Instagram, os lo aseguro.
Un Smartphone te proporciona comunicaciones inmediatas, fotos de una calidad aceptable; pero no inteligencia ni capacidades o aptitudes. Todos sabemos informar unilateralmente de algo, bastantes comunicar, pero, sinceramente, muy pocos son capaces de aplicar los filtros objetivos necesarios con la debida contrastación como para verdaderamente cumplir las funciones del periodismo: informar, formar y entretener, y hacerlo buscando la veracidad. Veracidad y no verdad, la verdad siempre es relativa en función del observador.
Imaginemos una aplicación para iPhone que permita tomar el pulso y auscultar con precisión. A pesar de ello, sería absolutamente ridículo e impensable hablar de citizen doctors sería como intentar obtener un diagnóstico médico buscando vía Google o Yahoo Respuestas. ¿Por qué, entonces, hemos dejado que suceda con el periodismo?
Este intrusismo sucede, en menor grado pero sucede, en mi profesión. Afortunadamente cada vez menos habitual, pero no es de extrañar ver el puesto de diseñador gráfico ocupado por el hijo del presidente porque sabe manejar Photoshop. Existe otro ejemplo que todos entenderéis, puedes tener una cámara réflex colgada en el cuello y sí, las fotos son fabulosas comparadas con las de una compacta; en automático la nitidez es fabulosa y los parámetros de luz y obstruración apabullantes, perfecta para tener en casa o en Facebook. Pero no, eso no te convierte en fotógrafo. Fotos perfectas, no profesionales. Ser fotógrafo es más que eso, es saber componer una foto, tener en cuenta el peso visual y la anisotropía, saber que objetivo usar, regular la ISO...como decía un profesor mío de fotografía: "Lo más aburrido para un fotógrafo es presionar el botón para hacer la foto, ya que todo el trabajo es anterior, es mental. Debe tener la foto perfectamente en su cabeza antes de pulsar el botoncito". No creo que haga falta añadir más.
La actualidad se cuela de lleno en este asunto, aunque indirectamente. Dada la situación de penuria económica y social (por no hablar del desdén político), la austeridad europea ha arrebatado al pueblo griego (al que debemos entre otras cosas la noción de la palabra democracia) su canal de televisión pública. Noticia que, a veces, pasa inadvertida pero cuya gravedad es incalculable. Manejar e interpretar la información para ser comunicada, es un poder, el cuarto poder. Y como todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad.
Cierto, existen ventajas innegables en cuanto a comunicación (a bajo coste), pero eso no es periodismo. La tecnología ha avanzado, te permite comunicar con una audencia masiva que absorberá pasivamente el mensaje, es como la vuelta al concepto de masa, o mejor que comunicar, esputar tu información, sin necesidad de demostrar ni contrastar nada, independientemente de lo sesgada que esté. Este es el verdadero peligro. Las redes sociales son geniales para estar al día de algo que sucede en un sitio en el que físicamente no puedes estar, pero de ahí a canonizar periodistas ciudadanos y decir que hoy en día cualquiera puede convertirse en periodista improvisado, me parece una falta de respeto profunda hacia una profesión, los que la ejercen consecuentemente, meritoria de nuestra admiración y cuya preparación va más allá de saber usar los filtros de Instagram, os lo aseguro.
Un Smartphone te proporciona comunicaciones inmediatas, fotos de una calidad aceptable; pero no inteligencia ni capacidades o aptitudes. Todos sabemos informar unilateralmente de algo, bastantes comunicar, pero, sinceramente, muy pocos son capaces de aplicar los filtros objetivos necesarios con la debida contrastación como para verdaderamente cumplir las funciones del periodismo: informar, formar y entretener, y hacerlo buscando la veracidad. Veracidad y no verdad, la verdad siempre es relativa en función del observador.
Imaginemos una aplicación para iPhone que permita tomar el pulso y auscultar con precisión. A pesar de ello, sería absolutamente ridículo e impensable hablar de citizen doctors sería como intentar obtener un diagnóstico médico buscando vía Google o Yahoo Respuestas. ¿Por qué, entonces, hemos dejado que suceda con el periodismo?
Este intrusismo sucede, en menor grado pero sucede, en mi profesión. Afortunadamente cada vez menos habitual, pero no es de extrañar ver el puesto de diseñador gráfico ocupado por el hijo del presidente porque sabe manejar Photoshop. Existe otro ejemplo que todos entenderéis, puedes tener una cámara réflex colgada en el cuello y sí, las fotos son fabulosas comparadas con las de una compacta; en automático la nitidez es fabulosa y los parámetros de luz y obstruración apabullantes, perfecta para tener en casa o en Facebook. Pero no, eso no te convierte en fotógrafo. Fotos perfectas, no profesionales. Ser fotógrafo es más que eso, es saber componer una foto, tener en cuenta el peso visual y la anisotropía, saber que objetivo usar, regular la ISO...como decía un profesor mío de fotografía: "Lo más aburrido para un fotógrafo es presionar el botón para hacer la foto, ya que todo el trabajo es anterior, es mental. Debe tener la foto perfectamente en su cabeza antes de pulsar el botoncito". No creo que haga falta añadir más.
La actualidad se cuela de lleno en este asunto, aunque indirectamente. Dada la situación de penuria económica y social (por no hablar del desdén político), la austeridad europea ha arrebatado al pueblo griego (al que debemos entre otras cosas la noción de la palabra democracia) su canal de televisión pública. Noticia que, a veces, pasa inadvertida pero cuya gravedad es incalculable. Manejar e interpretar la información para ser comunicada, es un poder, el cuarto poder. Y como todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad.
lunes
La nueva "Doha" de ruta humana
Me encanta la revista Internazionale. No tenéis porque conocerla o haber oído hablar de ella. Es italiana. Una revista de prensa mundial, es decir, recoge noticias de todos los diarios del mundo y las subdivide en secciones que van desde lo geográfico (Asia y Pacífico, África, Centroamérica, Europa...) al mero criterio según contenido (actualidad, dossier, investigación, ciencia...). Permite leer artículos que independientemente sería difícil sino imposible, dado que veo complicado poder leer un periódico del Kirghistán sin conocer la lengua, por ejemplo. Un recurso semanal óptimo para informarse, una especie de Presseurop pero en ámbito mundial.
Si algo adoro de dicha publicación, es la manera en que da pie a sacar tus propias conclusiones. Tras un breve análisis y lectura de varios números, en Europa todo son corruptelas e indignación, algunos detenidos injustos pero pocas muertes. Sin embargo, en las noticias correspondientes a África y Medio Oriente los muertos se cuentan por millares, y países como Etiopía o Eritrea permiten la existencia de la esclavitud o la caza y matanza de "brujas".
Si esto no nos hace meditar, mal comenzamos. Hace unos números se hablaba en profundidad de Qatar (o Catar) y de sus inversiones mundiales. Del 100% de su población, solo el 10% es considerado ciudadano, y por tanto millonario, el resto son inmigrantes que sólo trabajan y no tiene derecho a casi nada (recordemos, en mitad de un desierto). Para obtener la ciudadanía debes haber residido y trabajado allí más de 45 años y no son pocos los que fueron engañados con un contrato que al llegar resultó ser falso y se ven encarcelados en una prisión de oro, oro negro en este caso. Pero miremos de puertas para fuera, porque es obvio que este país es autoritario, ya que es un clan familiar quien gobierna. Pero internacionalmente, ¿qué papel está desempeñando?
Además de sus poderosas y conocidas inversiones en el mundo del fútbol de élite, me ha sorprendido descubrir que sostienen económicamente gobiernos como el de Túnez, esto debería de ser grave para la mayoría de países democráticos, aunque a nadie parezca importarle. Acaba de crearse un ejército, algo no prioritario dadas las bases de Estados Unidos en su territorio. De hecho, Estados Unidos no necesita intervenir en Siria porque ya lo está haciendo, a través de Doha, quien se lava las manos enviando emisarios de la vecina Arabia Saudí, país al que por otro lado España vende armas y munición por doquier, es nuestro cliente estrella.
En Doha nadie camina, prefieren moverse en cochazos. Regodearse en el lujo, efímero probablemente, del crudo y el gas natural. Apoyando a Irán cuando convenía y repudiándolo cuando choca con sus intereses (no olvidemos que Irán y Rusia apoyan al régimen siriano). Esto es Qatar. Tras algunas críticas, decidieron hacer un poco de marketing y a la mujer del emir (la segunda mujer, tiene tres) le vino regalada la Qatar Foundation que no se sabe muy bien qué hace, pero se presupone, sino solidaria, al menos con tintes filantrópicos.
Es una gran metáfora. Es lo más deleznable del carácter humano ante nuestros ojos. Ambición, egoísmo e ignorancia. El no mirar a ciudadanos que mueren de hambre por tus calles mientras saboreas tu Möet en el Jacuzzi. Y aún así, pocos se negarían a pasar la vida allí, una vida de jeque, a cuerpo de sultán. Esto es lo que más me entristece. Catar representa para mí la penumbra, la degradación total de lo conceptualmente humano como especie. La cara B del planeta con cuyo son bailaría a placer más de uno y de dos. El mundo seguirá girando y mañana será otra la capital de la opulencia, pero las sensaciones probablemente sean las mismas de hoy, que ya se repitieron muchas veces ayer. Por desgracia, la historia se repite, pero no enseña.
Si algo adoro de dicha publicación, es la manera en que da pie a sacar tus propias conclusiones. Tras un breve análisis y lectura de varios números, en Europa todo son corruptelas e indignación, algunos detenidos injustos pero pocas muertes. Sin embargo, en las noticias correspondientes a África y Medio Oriente los muertos se cuentan por millares, y países como Etiopía o Eritrea permiten la existencia de la esclavitud o la caza y matanza de "brujas".
Si esto no nos hace meditar, mal comenzamos. Hace unos números se hablaba en profundidad de Qatar (o Catar) y de sus inversiones mundiales. Del 100% de su población, solo el 10% es considerado ciudadano, y por tanto millonario, el resto son inmigrantes que sólo trabajan y no tiene derecho a casi nada (recordemos, en mitad de un desierto). Para obtener la ciudadanía debes haber residido y trabajado allí más de 45 años y no son pocos los que fueron engañados con un contrato que al llegar resultó ser falso y se ven encarcelados en una prisión de oro, oro negro en este caso. Pero miremos de puertas para fuera, porque es obvio que este país es autoritario, ya que es un clan familiar quien gobierna. Pero internacionalmente, ¿qué papel está desempeñando?
Además de sus poderosas y conocidas inversiones en el mundo del fútbol de élite, me ha sorprendido descubrir que sostienen económicamente gobiernos como el de Túnez, esto debería de ser grave para la mayoría de países democráticos, aunque a nadie parezca importarle. Acaba de crearse un ejército, algo no prioritario dadas las bases de Estados Unidos en su territorio. De hecho, Estados Unidos no necesita intervenir en Siria porque ya lo está haciendo, a través de Doha, quien se lava las manos enviando emisarios de la vecina Arabia Saudí, país al que por otro lado España vende armas y munición por doquier, es nuestro cliente estrella.
En Doha nadie camina, prefieren moverse en cochazos. Regodearse en el lujo, efímero probablemente, del crudo y el gas natural. Apoyando a Irán cuando convenía y repudiándolo cuando choca con sus intereses (no olvidemos que Irán y Rusia apoyan al régimen siriano). Esto es Qatar. Tras algunas críticas, decidieron hacer un poco de marketing y a la mujer del emir (la segunda mujer, tiene tres) le vino regalada la Qatar Foundation que no se sabe muy bien qué hace, pero se presupone, sino solidaria, al menos con tintes filantrópicos.
Es una gran metáfora. Es lo más deleznable del carácter humano ante nuestros ojos. Ambición, egoísmo e ignorancia. El no mirar a ciudadanos que mueren de hambre por tus calles mientras saboreas tu Möet en el Jacuzzi. Y aún así, pocos se negarían a pasar la vida allí, una vida de jeque, a cuerpo de sultán. Esto es lo que más me entristece. Catar representa para mí la penumbra, la degradación total de lo conceptualmente humano como especie. La cara B del planeta con cuyo son bailaría a placer más de uno y de dos. El mundo seguirá girando y mañana será otra la capital de la opulencia, pero las sensaciones probablemente sean las mismas de hoy, que ya se repitieron muchas veces ayer. Por desgracia, la historia se repite, pero no enseña.
viernes
Los nuevos pobres
"No sirvo para estudiar. Eso es así, es un hecho. No sé si por pereza o incapacidad, lo que está claro es que mi relación con los libros es de amor-odio, pero sin el amor. No es el fin del mundo, no todos podemos ser titulados, médicos o arquitectos. Un ejemplo es la generación anterior: mi padre es pintor (de brocha gorda) mientras que mi tío, su hermano, es cardiólogo. Ambos felices y especialistas en lo suyo. Estudiar no te hace más inteligente ni capacitado, ni dejar de estudiar lo contrario. Así es como comenzó, a mis 16 años, me zambullía en el duro trabajo de la obra, aunque a final de mes me daba cuenta de que merecía la pena. Precisamente, pena era aquello que no existía, ¡llegué a cobrar más que mi madre! Mucho de lo que percibía no estaba estipulado, en negro sobre blanco, en ningún contrato ni documento contractual, aunque no hacía falta. Era época de bonanza, al menos en el sector. En estos periodos nadie se pregunta de dónde salen los recursos, simplemente se elucubra a sus promotores como dioses mundanos. Poco a poco y gracias a duras horas de trabajo, sí, pero exponencialmente, mi poder adquisitivo comenzó a incrementarse. ¿Por qué conformarse con el coche antiguo de mi padre si puedo pagar uno nuevo y mejor?, el otro que se lo quede mi hermana pequeña. Es momento de labrarse un futuro, de estabilizarse, tener una casa y formar una familia. El trabajo no nos falta y parece que no nos faltará, ¡si cada año vienen más turistas! El término "nuevo rico" no me molesta especialmente, aunque sí el desprecio con el que algunos que se autoproclaman intelectuales lo exhalan a los cuatro vientos. Un "nuevo rico" es un niño estúpido que ha heredado una fortuna sin dar un palo al agua, yo me lo he trabajado y lo merezco. Merezco acumular esa riqueza, independientemente de lo rápido que suceda"
"La cosa comenzó a cambiar a mediados de este año, esto no depende de política ni de ecologismo, es otra cosa. Los sueldos se comienzan a estancar, cada vez hay menos trabajo y ya asciende a media docena el número de compañeros despedidos. No nos alarmemos, llevo muchos años en esto, en esta profesión; no pueden prescindir de un encofrador profesional así como así; de la noche a la mañana, sería absurdo, como una carta de suicidio de la empresa. En el caso de hacerlo no tendría problemas para levantar el interés de alguna otra. No he tenido tiempo, literalmente entre chapuzas a domicilio para pagar la hipoteca, de mirar qué empresas hay a mi alrededor que puedan estar interesadas en mí. O directamente, saber si alguna empresa del sector sigue en pie...el desempleo afecta a muchos, el exilio forzado es algo notable, sí, pero nadie es tan esclavo como yo. A muchos universitarios les han robado el futuro que les prometieron, a mí me han robado también el presente. Independientemente de la velocidad con la que todo ha sucedido, soy un "nuevo pobre" como muchos otros tantos"
Podría haber escogido cualquier otra profesión o historia personal para ilustrar mi reflexión de hoy. Ficticia, porque no me baso en nadie concreto; pero con la que muchos se podrían identificar. Creo que debería de ser un fenómeno social, igual de preocupante, sino más, que el de los llamados "niñatos con cochazos" de hace un lustro. El problema de los nuevos pobres, que no han vivido por encima de sus posibilidades y han actuado con la honestidad requerida y ahora sufren para subsistir. España es socialmente solidaria (para lo bueno y para lo malo), y gracias al apoyo de familiares y amigos el clima social no es tan tenso como podría; pero no podemos obviar la realidad. Los nuevos pobres existen y cada vez son más numerosos, directamente proporcional a las cifras del paro. No sé si será cierto eso de que el trabajo dignifica, pero sí estoy completamente seguro de que su ausencia indigna.
"La cosa comenzó a cambiar a mediados de este año, esto no depende de política ni de ecologismo, es otra cosa. Los sueldos se comienzan a estancar, cada vez hay menos trabajo y ya asciende a media docena el número de compañeros despedidos. No nos alarmemos, llevo muchos años en esto, en esta profesión; no pueden prescindir de un encofrador profesional así como así; de la noche a la mañana, sería absurdo, como una carta de suicidio de la empresa. En el caso de hacerlo no tendría problemas para levantar el interés de alguna otra. No he tenido tiempo, literalmente entre chapuzas a domicilio para pagar la hipoteca, de mirar qué empresas hay a mi alrededor que puedan estar interesadas en mí. O directamente, saber si alguna empresa del sector sigue en pie...el desempleo afecta a muchos, el exilio forzado es algo notable, sí, pero nadie es tan esclavo como yo. A muchos universitarios les han robado el futuro que les prometieron, a mí me han robado también el presente. Independientemente de la velocidad con la que todo ha sucedido, soy un "nuevo pobre" como muchos otros tantos"
Podría haber escogido cualquier otra profesión o historia personal para ilustrar mi reflexión de hoy. Ficticia, porque no me baso en nadie concreto; pero con la que muchos se podrían identificar. Creo que debería de ser un fenómeno social, igual de preocupante, sino más, que el de los llamados "niñatos con cochazos" de hace un lustro. El problema de los nuevos pobres, que no han vivido por encima de sus posibilidades y han actuado con la honestidad requerida y ahora sufren para subsistir. España es socialmente solidaria (para lo bueno y para lo malo), y gracias al apoyo de familiares y amigos el clima social no es tan tenso como podría; pero no podemos obviar la realidad. Los nuevos pobres existen y cada vez son más numerosos, directamente proporcional a las cifras del paro. No sé si será cierto eso de que el trabajo dignifica, pero sí estoy completamente seguro de que su ausencia indigna.
jueves
La paradoja más lógica
Es un famoso recurso estilístico, embellece el lenguaje semánticamente, sin duda, de los más admirados por mí cuando el autor sabe usarlo correctamente, junto con la ironía, la aliteración y el calambur: hablo de la paradoja. No obstante, ésta, nos acompaña si traspasamos las lindes de lo meramente lingüístico o literario, llegando a resultar paradójico la no existencia de paradojas, en cada una de las parcelas de lo real.
Podemos ir desde lo más microscópico hasta el infinito más ingente presente en el universo, micro y macro se comportan análogamente. Por supuesto, me refiero a la física. Si existe algo vastamente aceptado es la Teoría de la Relatividad de Einstein, y lo comprobamos en la cotidianidad de los días: así dos horas con la chica a la que amas pasarán como diez minutos y diez minutos en la cola del baño te parecerán dos horas. Aquí encuentro la primera paradoja, el hecho de que todo sea relativo, que no exista nada absoluto, sino que todo lo cuantificable o cualificable de lo real se obtenga a través de símiles atendiendo a los más variopintos criterios; precisamente, que todo sea relativo, es algo que se cumple tan exhaustivamente que se convierte en un dogma, algo absoluto, categórico. Paradójico cuando lo que se reafirma es la relatividad de las cosas.
Pero las personas no somos sólo materia, también energía. Entremos pues en el terreno de la química y las fuerzas de unión de las partículas elementales. Algo que siempre ha traído de cabeza a tantos investigadores y cuya incertidumbre constituye un principio del estudio científico: Descubrir algo te abre las puertas a conocerlo, pero sobre todo, te hace plantearte más cosas de las que te cuestionabas antes, es decir, conforme más sabes más eres consciente de tu ignorancia (hablando de paradojas) al comprender la desmesurada amplitud de lo que nos rodea conceptualmente y a todos los niveles. Lo curioso de todo esto, es que conforme nos acercamos al núcleo de lo que nos rodea, a la materia en su esencia más absoluta, comprobamos que su gran mayoría está formada de vacío. Muchos son los nombres que se han dado: antimateria, materia oscura... pero responden a lo mismo "no materia" imprescindible para que la materia sea formada. Paradoja magistral que se cumple también en los confines de nuestro universo, en ese universo paralelo que constituyen los agujeros negros.
Dejando lo aséptico de cuanto nos rodea a un lado y volviendo a lo antropológico, existe un campo, cuasi exclusivamente humano, en el que las paradojas son el pan de cada día: hablo de la psicología. Si algo sorprende, especialmente en psicología cognitiva, o sea, la percepción que tenemos del mundo es el terreno de la atención. Nuestra atención es selectiva, digo aquí una obviedad, lógicamente no podemos percibir todos y cada uno de los estímulos que invaden nuestros sentidos, y de hacerlo no podríamos procesarlos, no conscientemente. La gran paradoja en este campo es la relación de la atención con la implicación. Si veo un estímulo que me motiva, tendré alta implicación por lo que pondré mi atención. Hasta aquí algo que cualquier hijo de vecino podría decir sin despeinarse. El jugo del asunto viene cuando, tras estudios en el campo de la psicología publicitaria, se observa que la baja implicación también favorece la atención. Razón por la que al salir del coche cantas una canción que hace un rato has escuchado en la radio sin darte cuenta. Ecco la paradoja: si algo te motiva le prestas tu atención, pero si lo ignoras por completo, también.
Esto es sólo una reflexión, una opinión personal. No pretendo ser objetivo, ni justificarme en estas líneas. Este blog nació para ser alimentado de inquietudes como las que forman parte de este post. Concluyendo, pues, se me ocurre otro ejemplo para ilustrar lo dicho en los párrafos anteriores. Y es que la única seguridad que tenemos, todos los seres vivos, una vez salimos del vientre de nuestras madres es la muerte, cuna de todo tipo de miedos, fobias e inseguridades. Lo único seguro en la vida es la muerte. Probablemente la mayor paradoja jamás contada...
Podemos ir desde lo más microscópico hasta el infinito más ingente presente en el universo, micro y macro se comportan análogamente. Por supuesto, me refiero a la física. Si existe algo vastamente aceptado es la Teoría de la Relatividad de Einstein, y lo comprobamos en la cotidianidad de los días: así dos horas con la chica a la que amas pasarán como diez minutos y diez minutos en la cola del baño te parecerán dos horas. Aquí encuentro la primera paradoja, el hecho de que todo sea relativo, que no exista nada absoluto, sino que todo lo cuantificable o cualificable de lo real se obtenga a través de símiles atendiendo a los más variopintos criterios; precisamente, que todo sea relativo, es algo que se cumple tan exhaustivamente que se convierte en un dogma, algo absoluto, categórico. Paradójico cuando lo que se reafirma es la relatividad de las cosas.
Pero las personas no somos sólo materia, también energía. Entremos pues en el terreno de la química y las fuerzas de unión de las partículas elementales. Algo que siempre ha traído de cabeza a tantos investigadores y cuya incertidumbre constituye un principio del estudio científico: Descubrir algo te abre las puertas a conocerlo, pero sobre todo, te hace plantearte más cosas de las que te cuestionabas antes, es decir, conforme más sabes más eres consciente de tu ignorancia (hablando de paradojas) al comprender la desmesurada amplitud de lo que nos rodea conceptualmente y a todos los niveles. Lo curioso de todo esto, es que conforme nos acercamos al núcleo de lo que nos rodea, a la materia en su esencia más absoluta, comprobamos que su gran mayoría está formada de vacío. Muchos son los nombres que se han dado: antimateria, materia oscura... pero responden a lo mismo "no materia" imprescindible para que la materia sea formada. Paradoja magistral que se cumple también en los confines de nuestro universo, en ese universo paralelo que constituyen los agujeros negros.
Dejando lo aséptico de cuanto nos rodea a un lado y volviendo a lo antropológico, existe un campo, cuasi exclusivamente humano, en el que las paradojas son el pan de cada día: hablo de la psicología. Si algo sorprende, especialmente en psicología cognitiva, o sea, la percepción que tenemos del mundo es el terreno de la atención. Nuestra atención es selectiva, digo aquí una obviedad, lógicamente no podemos percibir todos y cada uno de los estímulos que invaden nuestros sentidos, y de hacerlo no podríamos procesarlos, no conscientemente. La gran paradoja en este campo es la relación de la atención con la implicación. Si veo un estímulo que me motiva, tendré alta implicación por lo que pondré mi atención. Hasta aquí algo que cualquier hijo de vecino podría decir sin despeinarse. El jugo del asunto viene cuando, tras estudios en el campo de la psicología publicitaria, se observa que la baja implicación también favorece la atención. Razón por la que al salir del coche cantas una canción que hace un rato has escuchado en la radio sin darte cuenta. Ecco la paradoja: si algo te motiva le prestas tu atención, pero si lo ignoras por completo, también.
Esto es sólo una reflexión, una opinión personal. No pretendo ser objetivo, ni justificarme en estas líneas. Este blog nació para ser alimentado de inquietudes como las que forman parte de este post. Concluyendo, pues, se me ocurre otro ejemplo para ilustrar lo dicho en los párrafos anteriores. Y es que la única seguridad que tenemos, todos los seres vivos, una vez salimos del vientre de nuestras madres es la muerte, cuna de todo tipo de miedos, fobias e inseguridades. Lo único seguro en la vida es la muerte. Probablemente la mayor paradoja jamás contada...
lunes
Cuando lo odioso no es la comparación
Escasas o prácticamente inexistentes son las referencias en mis posts a periodos temporales precisos. De hecho, es un ejemplo de ello, el no fechar cada uno de ellos y simplemente dejar constancia del día de la semana en que fueron escritos; un detalle demasiado nimio para poder ser un criterio categorizador, pero imprescindible para llevar un cierto orden en las caóticas dinámicas de todo pensamiento que atraviesa y recorre mi mente dejando su impronta en forma de palabras que vienen transformadas en este espacio traducidas en bits de información, opinión, reflexión...
Si he comenzado con este párrafo aclaratorio, respondiendo a algo que nadie me ha cuestionado, es porque en esta entrada sí me basaré en una fecha precisa. Como una excepción que, no confirmando ninguna regla, es especialmente significativa; al menos para mí. Así pues, ayer, dos de junio fue día festivo en Italia. Un festivo fútil, aquel como el de ayer, por el hecho de caer en domingo y por consiguiente, ya festivo por sí mismo.
Dejando de un lado el día de la semana, lo que se celebraba y celebró es el dia de la República de Italia, lo que con cierta ñoñería en España nos tratan de vender como "La Gran Fiesta Nacional", mayúsculas incluidas. No sin menos relevancia o respeto patriótico aunque sí con un mayor sentido común, este año se han hecho ciertos recortes en los actos de festejo.
Para comenzar, el mensaje del presidente ha sido dado por televisión (algo que sucede también en España) en lugar de mediante un costoso recibimiento en el Palacio del jefe del Estado. Por otro lado, en el desfile se han suprimido las caballerías y los aviones que dibujaban la bandera italiana surcando los cielos. Una celebración low cost, consecuente con el paupérrimo estado de las cuentas públicas.
Como prometía el título, el jugo de este post es la comparación. Por un momento, imaginemos una cosa similar en España, pais en el que el cinismo y el "postureo" son el pan de cada día. Obviando la opinión de los sectores ultraconservadores (Paco Marhuenda & co.), el español medio incluso criticaría dicho recorte, estoy completamente seguro y es que la abstracta marca España, su imagen, siempre ha importado más que el propio sentido común. Incluso en época de máxima especulación urbanística, de la burbuja inmobiliaria, en España existía un problema de ocupación respecto a la media europea. Pero esta euforia de "crecimiento" sin límites hizo que la imagen fuera de opulencia, de país en la Champions League de la economía mundial.
El saber popular, tan sabio (valga la redundancia) en tantas ocasiones, nos dicta lo odioso de la comparación. Cierto es, siempre dependiendo de los términos de comparación que en estos cosas, constituyen una realidad (odiosa o no) por sí solos. Póngase por ejemplo la supuesta línea roja que de ser traspasada en Siria, promovería que Estados Unidos actuara. Si no fuera poco con la matanza de miles de civiles inocentes a diario, Obama decide que el uso de armas químicas sería el detonante, lo "realmente grave". Algo que lleva ocurriendo mucho tiempo y desde hace poco, está documentalmente demostrado.
El segundo término de esta comparación lo constituye lo que está acaeciendo en Turquía, donde la defensa pacífica de un parque natural se ha transformado en una batalla campal entre ciudadanos y fuerzas del orden. Haciendo uso estas últimas, de gases lacrimógenos y otros compuestos tóxicos para ser usados contra la población. O lo que es lo mismo, traspasando los límites impuestos por los yanquis a Siria en sólo unas horas.
La respuesta de la comunidad internacional depende del medio que se consulte, el resto de civiles a través de las redes sociales se solidarizan y difunden todo tipo de información y contenidos multimedia de los abusos que se hacen en un estado supuestamente democrático. Los políticos callan, como siempre, prostituyendo el término "prudencia" a zonas limítrofes con una complicidad pérfida y tácita. Los medios: depende de cuáles vengan considerados. Un ejemplo claro es la CNN turca, donde contemporáneamente al desangramiento del país por los cuatro costados, decidían emitir un documental de pingüinos... Los hechos hablan por sí solos y reafirman lo prometido en el título, porque a pesar de no resultar una constante, en ocasiones como las descritas lo odioso no es precisamente la comparación.
Si he comenzado con este párrafo aclaratorio, respondiendo a algo que nadie me ha cuestionado, es porque en esta entrada sí me basaré en una fecha precisa. Como una excepción que, no confirmando ninguna regla, es especialmente significativa; al menos para mí. Así pues, ayer, dos de junio fue día festivo en Italia. Un festivo fútil, aquel como el de ayer, por el hecho de caer en domingo y por consiguiente, ya festivo por sí mismo.
Dejando de un lado el día de la semana, lo que se celebraba y celebró es el dia de la República de Italia, lo que con cierta ñoñería en España nos tratan de vender como "La Gran Fiesta Nacional", mayúsculas incluidas. No sin menos relevancia o respeto patriótico aunque sí con un mayor sentido común, este año se han hecho ciertos recortes en los actos de festejo.
Para comenzar, el mensaje del presidente ha sido dado por televisión (algo que sucede también en España) en lugar de mediante un costoso recibimiento en el Palacio del jefe del Estado. Por otro lado, en el desfile se han suprimido las caballerías y los aviones que dibujaban la bandera italiana surcando los cielos. Una celebración low cost, consecuente con el paupérrimo estado de las cuentas públicas.
Como prometía el título, el jugo de este post es la comparación. Por un momento, imaginemos una cosa similar en España, pais en el que el cinismo y el "postureo" son el pan de cada día. Obviando la opinión de los sectores ultraconservadores (Paco Marhuenda & co.), el español medio incluso criticaría dicho recorte, estoy completamente seguro y es que la abstracta marca España, su imagen, siempre ha importado más que el propio sentido común. Incluso en época de máxima especulación urbanística, de la burbuja inmobiliaria, en España existía un problema de ocupación respecto a la media europea. Pero esta euforia de "crecimiento" sin límites hizo que la imagen fuera de opulencia, de país en la Champions League de la economía mundial.
El saber popular, tan sabio (valga la redundancia) en tantas ocasiones, nos dicta lo odioso de la comparación. Cierto es, siempre dependiendo de los términos de comparación que en estos cosas, constituyen una realidad (odiosa o no) por sí solos. Póngase por ejemplo la supuesta línea roja que de ser traspasada en Siria, promovería que Estados Unidos actuara. Si no fuera poco con la matanza de miles de civiles inocentes a diario, Obama decide que el uso de armas químicas sería el detonante, lo "realmente grave". Algo que lleva ocurriendo mucho tiempo y desde hace poco, está documentalmente demostrado.
El segundo término de esta comparación lo constituye lo que está acaeciendo en Turquía, donde la defensa pacífica de un parque natural se ha transformado en una batalla campal entre ciudadanos y fuerzas del orden. Haciendo uso estas últimas, de gases lacrimógenos y otros compuestos tóxicos para ser usados contra la población. O lo que es lo mismo, traspasando los límites impuestos por los yanquis a Siria en sólo unas horas.
La respuesta de la comunidad internacional depende del medio que se consulte, el resto de civiles a través de las redes sociales se solidarizan y difunden todo tipo de información y contenidos multimedia de los abusos que se hacen en un estado supuestamente democrático. Los políticos callan, como siempre, prostituyendo el término "prudencia" a zonas limítrofes con una complicidad pérfida y tácita. Los medios: depende de cuáles vengan considerados. Un ejemplo claro es la CNN turca, donde contemporáneamente al desangramiento del país por los cuatro costados, decidían emitir un documental de pingüinos... Los hechos hablan por sí solos y reafirman lo prometido en el título, porque a pesar de no resultar una constante, en ocasiones como las descritas lo odioso no es precisamente la comparación.
miércoles
El lado oscuro de la lista Forbes
Entre el vaho y pompas de jabón, reflexionaba, como de costumbre en estos casos, el otro día. En ese espacio de libertad individual y de pensamiento que es el sagrado momento de la ducha. El zénit de la intimidad, la piedra angular de todo aquel que pretende desarrollar algún tipo de trabajo creativo. No la única e imprescindible, pero sí necesaria e inspiradora. El caso es que, a igual modo que una alergia de primavera; sin aviso previo, fui sorprendido por una cuestión que puede resultar pueril pero que, analizada en cierta profundidad puede llevar a un diálogo interno y eterno con escasos precedentes. Mi cuestión fue: ¿Hasta qué punto es legítimo enriquecerse?
A primera vista, la pregunta resulta absurda (o no), desgranemos un poco su sentido. Para comenzar, mediante un ejercicio de relajación y apatía selectiva extrema intentemos obviar lo difícilmente obviable, es decir, dejemos a un lado paraísos fiscales, privatizaciones y corruptelas político-monárquicas. Pensemos en una persona honesta, que trabaja duro y que gracias a su trabajo ha llegado a tener un poder crediticio alto. Digamos que ha obtenido su privilegiada posición gracias al mérito, algo más que aceptable e incluso "dignitoso" (si se me permite el italianismo), sino digno.
Llegados a este punto, conviene recordar la cuestión del primer párrafo. No hace mucho, un estudio demostraba que en las grandes corporaciones estadounidenses, un miembro directivo podría llegar a ganar hasta 343 veces más que un empleado común. No obstante, no es necesario el viaje transoceánico, en las grandes empresas españolas, tales como Telefónica o Banco Santander, esta brecha muestra una proporción similar nada desdeñable: apróximadamente 17 veces más que sus empleados.
Hace casi un año, leía sobre este tema, una entrevista realizada por el diario La Vanguardia a Christian Felber, el padre del paradigma de la economía del bien común. Pues bien, el titular era, si bien algo diverso en cuanto a términos de comparación, en esencia, parangonable al de este post: "Nadie debe cobrar más de 20 veces el salario mínimo". Da que pensar. Tenemos la "fortuna" de que por ley exista en nuestro país un salario mínimo (y digo "fortuna" porque aunque no lo pueda parecer, en otros como Italia, ni siquiera se te garantiza un salario mínimo por ley), cabe entonces cuestionarse sino sería ético imponer un salario máximo.
Salario máximo. Quiero decir, hasta que punto el sentimiento de humanidad, de un mínimo de solidaridad hace el género humano, no debería ser una obligación. Visto que no lo es espontáneamente y estas cantidades astronómicas pueden verse escusadas y escudadas en lo meramente legal, quizás se deba legislar para controlarlo. Puede parecer demagogía (palabra de moda), pero lo es más cuando los estados dicen que no pueden hacer eso porque sería intervencionismo en la empresa privada, pero sin embargo, acordar un salario mínimo o facilidades para el despido, resulta que no lo sea en absoluto.
Aplaudidos son los deportistas de élite y sobre todo los gladiadores de nuestro tiempo, ergo futbolistas, cuando dedican parte de sus emolumentos (deportivos o publicitarios) a causas solidarias o filantrópicas. No obstante, al tener un poder adquisitivo, en ocasiones del orden de 1000 veces más que un salario mínimo de 600 euros; casi tendrían la responsabilidad de hacerlo. En este punto, no sería una locura una especie de castigo a quien no lo hace; no me refiero a nada vía penal o judicial, pero sí al menos una penalización social.
En conclusión, son harto numerosas las ocasiones en las cuáles nos cuestionamos lo ilícito de enriquecerse según cómo ello se haya producido o la razón por la cual se haya dado dicho aumento de poder salarial. No obstante, parecemos soslayar el hecho en sí, el sustentar una brecha tan grande entre miembros de la misma sociedad (imaginen de otras más precarias), en una sociedad de consumo como la actual, en los que la desigualdad es un mantra a todos los niveles. Forma parte del egoísmo egocentrista más humano, cuyas ramas alcanzan a cualquier hijo de vecino, pero cuyas raíces derivan de un germen común: la creación y percepción de la propiedad humana, el poder poseer objetos, lugares, responsabilidades y, en algunas parte de este mundo, incluso personas...
A primera vista, la pregunta resulta absurda (o no), desgranemos un poco su sentido. Para comenzar, mediante un ejercicio de relajación y apatía selectiva extrema intentemos obviar lo difícilmente obviable, es decir, dejemos a un lado paraísos fiscales, privatizaciones y corruptelas político-monárquicas. Pensemos en una persona honesta, que trabaja duro y que gracias a su trabajo ha llegado a tener un poder crediticio alto. Digamos que ha obtenido su privilegiada posición gracias al mérito, algo más que aceptable e incluso "dignitoso" (si se me permite el italianismo), sino digno.
Llegados a este punto, conviene recordar la cuestión del primer párrafo. No hace mucho, un estudio demostraba que en las grandes corporaciones estadounidenses, un miembro directivo podría llegar a ganar hasta 343 veces más que un empleado común. No obstante, no es necesario el viaje transoceánico, en las grandes empresas españolas, tales como Telefónica o Banco Santander, esta brecha muestra una proporción similar nada desdeñable: apróximadamente 17 veces más que sus empleados.
Hace casi un año, leía sobre este tema, una entrevista realizada por el diario La Vanguardia a Christian Felber, el padre del paradigma de la economía del bien común. Pues bien, el titular era, si bien algo diverso en cuanto a términos de comparación, en esencia, parangonable al de este post: "Nadie debe cobrar más de 20 veces el salario mínimo". Da que pensar. Tenemos la "fortuna" de que por ley exista en nuestro país un salario mínimo (y digo "fortuna" porque aunque no lo pueda parecer, en otros como Italia, ni siquiera se te garantiza un salario mínimo por ley), cabe entonces cuestionarse sino sería ético imponer un salario máximo.
Salario máximo. Quiero decir, hasta que punto el sentimiento de humanidad, de un mínimo de solidaridad hace el género humano, no debería ser una obligación. Visto que no lo es espontáneamente y estas cantidades astronómicas pueden verse escusadas y escudadas en lo meramente legal, quizás se deba legislar para controlarlo. Puede parecer demagogía (palabra de moda), pero lo es más cuando los estados dicen que no pueden hacer eso porque sería intervencionismo en la empresa privada, pero sin embargo, acordar un salario mínimo o facilidades para el despido, resulta que no lo sea en absoluto.
Aplaudidos son los deportistas de élite y sobre todo los gladiadores de nuestro tiempo, ergo futbolistas, cuando dedican parte de sus emolumentos (deportivos o publicitarios) a causas solidarias o filantrópicas. No obstante, al tener un poder adquisitivo, en ocasiones del orden de 1000 veces más que un salario mínimo de 600 euros; casi tendrían la responsabilidad de hacerlo. En este punto, no sería una locura una especie de castigo a quien no lo hace; no me refiero a nada vía penal o judicial, pero sí al menos una penalización social.
En conclusión, son harto numerosas las ocasiones en las cuáles nos cuestionamos lo ilícito de enriquecerse según cómo ello se haya producido o la razón por la cual se haya dado dicho aumento de poder salarial. No obstante, parecemos soslayar el hecho en sí, el sustentar una brecha tan grande entre miembros de la misma sociedad (imaginen de otras más precarias), en una sociedad de consumo como la actual, en los que la desigualdad es un mantra a todos los niveles. Forma parte del egoísmo egocentrista más humano, cuyas ramas alcanzan a cualquier hijo de vecino, pero cuyas raíces derivan de un germen común: la creación y percepción de la propiedad humana, el poder poseer objetos, lugares, responsabilidades y, en algunas parte de este mundo, incluso personas...
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