Cuando decidí comenzar este blog personal, hubo dos especies de dogma autoimpuestos: el primero era el de no poner en tela de juicio ninguno de los textos con los que explotaría metafóricamente en cada post y el segundo, escribir sólo entre semana, de lunes a viernes y nunca en fin de semana, dosificando ese placer que es para mí escribir, aunque no sepa muy bien por qué. Incumplí mi propia norma hace poco en un post escrito en sábado y hoy lo vuelvo a hacer.
El párrafo anterior a pesar de las apariencias, no es para nada obsoleto al tema que hoy me ocupa y es que en un 90% de los casos, las entradas de este blog venían escritas durante el horario laboral, como válvula de escape, buscaba la manera de acabar mis tareas de manera productiva para poder tener ese tiempo de escribir un poco, tiempo proporcional al que el resto de mis compañeros invertían en salir a fumar.
Lo importante de todo esto y recapitulando sobre porqué he decidido transgredir ahora mi propia ley, es que ahora trabajo desde casa y solo voy a la oficina para presentar proyectos y filmar vídeos que después edito en casa. Por ello, la concepción de día laboral o fin de semana ha desaparecido un poco de mi mente en mi caso. No me puedo quejar, a pesar de que apenas me da para sobrevivir, ni me quejo. Pero es obvio que siempre estoy atento a nuevas ofertas de trabajo.
La semana pasada me llegó la respuesta a una oferta a la que me inscribí hace un tiempo y concertamos una entrevista de trabajo. La empresa en sí era muy extraña, ya que en su página no quedaba muy claro que hacían, hablaban de clientes, marketing y estudios de mercado, pero por otro lado de otras cosas que no eran más que palabras de relleno. La entrevista era en Florencia, ciudad a la que tenía que ir de todas formas esa semana por lo que acepté a pesar de mis sospechas iniciales, sede que no estaba publicitada en ningún lugar de su web o redes sociales, algo que ya hace dudar aun más de su legitimidad: una agencia que se dedica a marketing online y offline y no sabe publicitarse a sí misma, ¿cómo pretende llegar a un cliente potencial?.
Llegó el día de la entrevista y la oficina no podía ser más cutre, no tenían ningún tipo de equipamiento informático, el supuesto manager que entrevistaba era un chavalillo de mi edad con traje y habían concertado a 30 personas a la misma hora, las 17.30, por lo que seriedad cero.
Una vez me llaman para ser entrevistado, a mí y a otro tipo de Roma (entrevistaban por parejas), el "manager" nos contó que era una empresa canadiense con más de 500 sedes en Reino Unido, España y Portugal y que ahora llegaba a Italia, donde preveían muchos clientes y más frases fruto más de una labia inconclusa que de reales hechos constatables. El caso es que te vendía la idea de que en 6 meses llegabas a lo más alto pero, claro, tenías que empezar por abajo; he aquí el truco: en la captación de clientes puerta a puerta y por las calles. Además no te hablaban de dinero a cambio de tu trabajo, sólo si estabas entre los 12 escogidos (de los 30 iniciales) te hacían una segunda entrevista para profundizar.
Las conclusiones eran claras: nunca pasarás de la primera fase, te pondrán una cuota mínima de nuevos clientes para ascender y te aburrirás/arruinarás (seguramente pagaban por comisión) antes de llegar a ella. ¿Qué gana la empresa? los pocos clientes que les hayas conseguido tú y el resto de pobres diablos que tengan la ilusión de llegar alto con la empresa. Una estafa manifiesta. Por cierto, la empresa en cuestión es ésta.
Esta experiencia me llevó a pensar que el mercado laboral, sobre todo en los jóvenes pero no sólo, está así de mal. En el 75% de las ofertas de trabajo (y quizás me quedo corto) hay algún truco o engaño, parece que sea la empresa la que te haga el favor al contratarte y no al contrario, como realmente debería ser. El modelo alemán de minijobs de 400 euros al mes se está imponiendo, pero además de manera errónea, pagando 400 y 500 euros al mes por trabajos fulljob (es decir de 40 horas a la semana o más) para gente altamente cualificada y sobradamente preparada, porque se desborda la demanda, hay tantos parados que alguno seguro aceptará siempre aunque el salario deje el calificativo miserable a la altura de sus tobillos.
Se pasa del becario (sin beca, al menos económica) al precario. Como alternativa, se promueve la absurda utopía de "cada persona es una empresa" y toda la literatura acerca de ser freelance y sus supuestas ventajas, que cualquiera que conozca a alguien en esa situación sabrá que es uno de los mayores engaños de nuestra época. Y aquí nos vemos, paralizados u obligados a inventarnos un puesto, a vendernos al mejor postor aunque ello suponga apenas poder pagar el alquiler de tu piso a cambio de un trabajo que debería ser valorado por encima de los 1000 euros al mes. En España no es distinto, ni mucho menos, tengo amigos que venían "pagados" con un abono de transportes al mes. Creo que no haga falta añadir más...
Me suelen preguntar acerca de las prospectivas de futuro , sobre como veo que evolucionará esto, si volveré algún día a España. Respondo que seguramente lo haga, pero si fuese en el corto plazo sería para mí una derrota porque no son esos los planes que tengo. Y es que, sinceramente, aunque creo que la pésima situación actual, con mucha demanda y oferta escasa y precaria, cambiará, no lo hará necesariamente de manera positiva (o no todo lo positivo que debiere). Creo que aumentará la cantidad de oferta y no así la calidad, es decir, más oferta pero igual de precaria.
Lo anteriormente dicho aliñado con noticias como las que nos llegan desde Suiza, referente en democracia directa y participativa con referendos casi semanales, donde el pueblo ha decidido con un rotundo No sobre la cuestión de limitar el salario a los altos directivos, que sólo pudiera ser 12 veces superior al del trabajador base; son caldo de cultivo de un cóctel social explosivo.
A modo de conclusión, pienso que poco o nada cambiará nuestra precariedad laboral en el corto y medio plazo, no obstante, podemos encontrar algo muy positivo en todo esto, a la vez que primordial: nuestra manera de afrontarlo.
domingo
jueves
It's all about the concept
La vida está llena de contradicciones e incertidumbres, derivando así que la ausencia de las mismas provoquen los pequeños cambios que realmente importan y que nos hacen movernos, provocando la ruptura de la inercia estática que caracteriza nuestra economía (en sentido amplio y no monetario) de acción y reacción. Porque al fin y al cabo, y he aquí una nueva paradoja, la estabilidad que tanto buscamos no es más que el punto medio entre el éxito y el fracaso. Y es que es en el límite exterior de tu zona de confort (entorno conocido y en el que el status quo es perpetuo) donde las cosas que cuentan suceden de verdad. Teoría que ya mantienen de hace tiempo diversos expertos.
En una de esas contradicciones puede insertarse uno de los tipos de crisis creativa que más me golpean en el día a día: el paradójico hecho de verse paralizado, dejar lo que se está haciendo, dejar de crear, no por falta de recursos o ideas, sino por el exceso de las mismas. Por lo que no es un problema de imaginación o creatividad propiamente dicha, sino algo a nivel logístico, tan simple como complicado escapar de ello, obligándote a salir de tu propia inopia autogestionada y afrontar que no puedes pretender crear cosas nuevas sin cambiar el método utilizado para obtenerlas.
Así pues, cada una de las entradas que escribo sigue un proceso creativo distinto, no existe ninguna ecuación o fórmula que las rige. Ni siquiera una documentación o al menos, no una activa de los temas a tratar; pero tampoco pasiva, mas bien reactiva y, a su modo, proactiva. Por lo que es en mi mente, en la combinación de lo percibido, de lo más o menos memorizado y lo sinceramente comprendido donde viene una luz incandescente, una luz en bruto, que ilumina pero cuyos destellos aun no me permiten ver lo que le circunscribe. Es abstracto, lo más abstracto del mundo, más aún que el propio término abstracto pero, una vez codificado por nuestra mente, puede llegar a niveles de concreción nunca imaginados. Es la piedra angular de todo esto y probablemente la mayor diferencia entre mente humana y la del resto de los animales: Todo depende del concepto.
No estoy proponiendo nada nuevo, en absoluto, no es nada que la semiótica de la mano de Roland Barthes y sus colegas no haya ya estudiado. El concepto flor contiene todas las flores del universo y sus representaciones (mentales y físicas: dibujos, fotos...) e incluso símbolos que aducen a ella como por ejemplo el símbolo de la ciudad de Florencia o flor de Lis. Por este motivo, alumbrar un concepto es la matriz de la que pueden desarrollarse las alas que te permitirán sobrevolar sobre tus objetivos. Al fin y al cabo, una idea no es más que una vertiente, o mejor dicho, un afluente del concepto que vehicula todo, le da sentido, pero que es inestable en su nacimiento por genérico o por abstracto. Saber llegar al concepto adecuado, llevarlo al zénit, hará que las ideas y las modulaciones de las mismas puedan llegar a ser infinitas. Por hacer un símil con la microbiología es como la célula madre, capaz de transformarse en cualquier otro tipo de célula (epitelial, nerviosa, ósea...). Tiene un gran poder y estabilidad cuando viene desarrollada correctamente, pero una fragilidad extraordinaria en caso contrario. Podemos decir que el concepto es muy poderoso, pero solo potencialmente, energía en potencia a la que sólo la fuente de ignición apropiada le hará estallar y transformar su energía en algo más efectivo y/o tangible.
A pesar de que a nivel denotativo el concepto es estable, a nivel connotativo y de mito (entendido según Barthes) es más bien dinámico. No hace demasiado leía un interesante artículo sobre como hemos cambiado (en un nosotros mayestático, como sociedad occidental) el concepto de matrimonio. Hace no muchos años, casarse era el modo natural de proceder, contando con un total consenso social. En la actualidad, se considera como un símbolo de estatus socioeconómico, un atributo añadido que hace ver que esa pareja necesita ciertos derechos o quiere hacer un costoso homenaje a lo bien que les van las cosas, pero ya no es una condición necesaria culturalmente hablando, es una inversión que no todos se pueden permitir, relegando el concepto matrimonio a una ceremonia demostrativa del compromiso entre dos personas y denostando el resto de conceptos, hasta hace muy poco, compartidos por todos.
Cotidianamente, los conceptos nos impregnan. También en la literatura o en el arte, la existencia de figuras literaria, poéticas y tropos dice mucho de esto. Se inmiscuye en el humor, un ejemplo es el Ultrashow de Miguel Noguera, donde la disonancia que desencadena la risa no está codificada sino en bruto. Son conceptos, en bruto o mínimamente orientados hacia una idea, contados con una retórica especial que los hace tremendamente poderosos para sus seguidores (me incluyo) ya que al ser conceptos no están cerrados y potencian varias desembocaduras en la imaginación que hacen el tipo de humor más valioso que he conocido nunca, muy por encima (al menos intelectualmente) del clásico humor de monologuista que funciona más por identificación de parte del público que por el poder de los propios conceptos.
Cabe decir que toda cara tiene su cruz. Los conceptos pueden por supuesto ser negativos, no por naturaleza sino por concepción. Así nacen los estereotipos que, no son necesariamente negativos y sin los que nos sería difícil relacionarnos, pero cuyo uso e interpretaciones pueden llevar a clichés ofensivos y discriminatorios. Mi campo, el de la publicidad, usa y abusa de estereotipos continuamente: los cuerpos atléticos de un anuncio deportivo, la barba hipster de los coches destinados a un público joven, la sonrisa de un joven africano en un anuncio que pretende integración, la madre protectora de la salud y alimentación de su familia...y así podríamos continuar ad infinitum. Son tremendamente útiles como recurso metonímico en publicidad, solo el contexto cultural y moral limitan (afortunadamente) su uso, en mi opinión, dicho uso es necesariamente exacerbado.
El problema viene cuando ese concepto viene mal descodificado por el receptor, quizás por el uso de canal o códigos erróneos por parte del emisor, o errores con el referente o contexto. Así pues un inmigrante ghanés en España sufrirá la categoría inmigrante por encima de la de cirujano, a pesar de que sea uno de los mejores cirujanos que existen; un caso similar sucedería con un abogado rom, por ejemplo.
El topless, la iconografía de cada uno de los estilos musicales, las interacciones sociales...todo se mantiene en denotaciones y connotaciones de lo considerado realidad, y es que todo depende de las ideas que transformamos, interpretamos y compartimos o no, que a su vez derivan de un concepto matriz. Todo depende del concepto.
En una de esas contradicciones puede insertarse uno de los tipos de crisis creativa que más me golpean en el día a día: el paradójico hecho de verse paralizado, dejar lo que se está haciendo, dejar de crear, no por falta de recursos o ideas, sino por el exceso de las mismas. Por lo que no es un problema de imaginación o creatividad propiamente dicha, sino algo a nivel logístico, tan simple como complicado escapar de ello, obligándote a salir de tu propia inopia autogestionada y afrontar que no puedes pretender crear cosas nuevas sin cambiar el método utilizado para obtenerlas.
Así pues, cada una de las entradas que escribo sigue un proceso creativo distinto, no existe ninguna ecuación o fórmula que las rige. Ni siquiera una documentación o al menos, no una activa de los temas a tratar; pero tampoco pasiva, mas bien reactiva y, a su modo, proactiva. Por lo que es en mi mente, en la combinación de lo percibido, de lo más o menos memorizado y lo sinceramente comprendido donde viene una luz incandescente, una luz en bruto, que ilumina pero cuyos destellos aun no me permiten ver lo que le circunscribe. Es abstracto, lo más abstracto del mundo, más aún que el propio término abstracto pero, una vez codificado por nuestra mente, puede llegar a niveles de concreción nunca imaginados. Es la piedra angular de todo esto y probablemente la mayor diferencia entre mente humana y la del resto de los animales: Todo depende del concepto.
No estoy proponiendo nada nuevo, en absoluto, no es nada que la semiótica de la mano de Roland Barthes y sus colegas no haya ya estudiado. El concepto flor contiene todas las flores del universo y sus representaciones (mentales y físicas: dibujos, fotos...) e incluso símbolos que aducen a ella como por ejemplo el símbolo de la ciudad de Florencia o flor de Lis. Por este motivo, alumbrar un concepto es la matriz de la que pueden desarrollarse las alas que te permitirán sobrevolar sobre tus objetivos. Al fin y al cabo, una idea no es más que una vertiente, o mejor dicho, un afluente del concepto que vehicula todo, le da sentido, pero que es inestable en su nacimiento por genérico o por abstracto. Saber llegar al concepto adecuado, llevarlo al zénit, hará que las ideas y las modulaciones de las mismas puedan llegar a ser infinitas. Por hacer un símil con la microbiología es como la célula madre, capaz de transformarse en cualquier otro tipo de célula (epitelial, nerviosa, ósea...). Tiene un gran poder y estabilidad cuando viene desarrollada correctamente, pero una fragilidad extraordinaria en caso contrario. Podemos decir que el concepto es muy poderoso, pero solo potencialmente, energía en potencia a la que sólo la fuente de ignición apropiada le hará estallar y transformar su energía en algo más efectivo y/o tangible.
A pesar de que a nivel denotativo el concepto es estable, a nivel connotativo y de mito (entendido según Barthes) es más bien dinámico. No hace demasiado leía un interesante artículo sobre como hemos cambiado (en un nosotros mayestático, como sociedad occidental) el concepto de matrimonio. Hace no muchos años, casarse era el modo natural de proceder, contando con un total consenso social. En la actualidad, se considera como un símbolo de estatus socioeconómico, un atributo añadido que hace ver que esa pareja necesita ciertos derechos o quiere hacer un costoso homenaje a lo bien que les van las cosas, pero ya no es una condición necesaria culturalmente hablando, es una inversión que no todos se pueden permitir, relegando el concepto matrimonio a una ceremonia demostrativa del compromiso entre dos personas y denostando el resto de conceptos, hasta hace muy poco, compartidos por todos.
Cotidianamente, los conceptos nos impregnan. También en la literatura o en el arte, la existencia de figuras literaria, poéticas y tropos dice mucho de esto. Se inmiscuye en el humor, un ejemplo es el Ultrashow de Miguel Noguera, donde la disonancia que desencadena la risa no está codificada sino en bruto. Son conceptos, en bruto o mínimamente orientados hacia una idea, contados con una retórica especial que los hace tremendamente poderosos para sus seguidores (me incluyo) ya que al ser conceptos no están cerrados y potencian varias desembocaduras en la imaginación que hacen el tipo de humor más valioso que he conocido nunca, muy por encima (al menos intelectualmente) del clásico humor de monologuista que funciona más por identificación de parte del público que por el poder de los propios conceptos.
Cabe decir que toda cara tiene su cruz. Los conceptos pueden por supuesto ser negativos, no por naturaleza sino por concepción. Así nacen los estereotipos que, no son necesariamente negativos y sin los que nos sería difícil relacionarnos, pero cuyo uso e interpretaciones pueden llevar a clichés ofensivos y discriminatorios. Mi campo, el de la publicidad, usa y abusa de estereotipos continuamente: los cuerpos atléticos de un anuncio deportivo, la barba hipster de los coches destinados a un público joven, la sonrisa de un joven africano en un anuncio que pretende integración, la madre protectora de la salud y alimentación de su familia...y así podríamos continuar ad infinitum. Son tremendamente útiles como recurso metonímico en publicidad, solo el contexto cultural y moral limitan (afortunadamente) su uso, en mi opinión, dicho uso es necesariamente exacerbado.
El problema viene cuando ese concepto viene mal descodificado por el receptor, quizás por el uso de canal o códigos erróneos por parte del emisor, o errores con el referente o contexto. Así pues un inmigrante ghanés en España sufrirá la categoría inmigrante por encima de la de cirujano, a pesar de que sea uno de los mejores cirujanos que existen; un caso similar sucedería con un abogado rom, por ejemplo.
El topless, la iconografía de cada uno de los estilos musicales, las interacciones sociales...todo se mantiene en denotaciones y connotaciones de lo considerado realidad, y es que todo depende de las ideas que transformamos, interpretamos y compartimos o no, que a su vez derivan de un concepto matriz. Todo depende del concepto.
miércoles
El feminismo que gusta a los hombres machistas
Acabar con la violencia de género contra las mujeres es cosa de hombres. Parece de perogrullo, una obviedad tan patente que roza la ridiculez de quien la dice, pero nada más lejos de la realidad. El otro día en un acto teatral por el día mundial de la eliminación de violencia contra la mujer pude observar lo mismo de siempre: los hombres éramos minoría en esta clase de actos. Evidenciando que afirmaciones como la anterior son necesarias todavía.
Nada mejor que el lenguaje para engañar o de estereotipos para mantener el estado de las cosas. Hace unos meses leí un artículo de opinión del Washintong Post cuya autora defendía que se vuelve a manifestar el feminismo que gusta a los hombres, es decir, el feminismo más radical y transgresivo como el de las Femen (odiado a veces incluso por las propias mujeres) o aquel que identifica el ser feminista con una especie de guerrera andrógina que sólo quiere llamar la atención. Que esta percepción se comparta por la mayor parte de la sociedad ya es un fracaso en el punto de partida.
Pero hablamos de violencia, de la abolición de la misma. La desigualdad puede causar creencias de superioridad o inferioridad de unas personas sobre otras pero no nos equivoquemos, la desigualdad es natural; no somos iguales, no es una igualdad lo necesario o lo que los defensores del feminismo pedimos, sino la equidad, esto es: igualdad legal, social, laboral, económica teniendo en cuenta los particulares propios del género de esa persona.
Cuando se piensa en maltrato se piensa en maridos y exnovios, en extracomunitarios, en alcoholismo, en machismo... pero nadie piensa en hijas, en madres o en amigas, en silencios cómplices, o en sistemas políticos que ya de inicio discriminan, es mejor no pensarlo, a muchos hombres les conviene que sólo se vea lo radical, lo visceral de todo esto. Hasta el punto de equiparar machismo y feminismo como extremos, pero sin buscar realmente el término medio, donde el mejor movimiento es no cambiar nada. Una opción, el feminismo, de una minoría poco representativa, equiparable a ser ecologista, una simple elección de unos pocos cuando es la lógica y natural elección, más en los tiempos que corren; meteorológicos incluídos.
En gran parte esta lacra social no se solucionará hasta que no lo tomemos en serio o al menos lo dimensionemos de verdad y no solo como un baile de cifras más. Sin pararnos en banalidades como el sexismo de la flexión de género en el lenguaje o el aspecto físico de quien protesta, no nos quedemos en la forma sino en el contenido real de la misma. Los hombres debemos tener la empatía suficiente para personalizar cada una de las injusticias socialmente aceptadas contra las mujeres en nuestras madres, hermanas y amigas más cercanas. Que nos duela, pero de verdad, que el maltrato no sea una noticia más en la tele, o una indignación políticamente correcta de café y cigarrillo hasta volver a hablar de la última aplicación para iPhone y olvidarlo todo. En definitiva, hace falta que los hombres nos tomemos la equidad social en serio, pero sobre todo, es necesario que hagan lo propio las mismas mujeres.
Nada mejor que el lenguaje para engañar o de estereotipos para mantener el estado de las cosas. Hace unos meses leí un artículo de opinión del Washintong Post cuya autora defendía que se vuelve a manifestar el feminismo que gusta a los hombres, es decir, el feminismo más radical y transgresivo como el de las Femen (odiado a veces incluso por las propias mujeres) o aquel que identifica el ser feminista con una especie de guerrera andrógina que sólo quiere llamar la atención. Que esta percepción se comparta por la mayor parte de la sociedad ya es un fracaso en el punto de partida.
Pero hablamos de violencia, de la abolición de la misma. La desigualdad puede causar creencias de superioridad o inferioridad de unas personas sobre otras pero no nos equivoquemos, la desigualdad es natural; no somos iguales, no es una igualdad lo necesario o lo que los defensores del feminismo pedimos, sino la equidad, esto es: igualdad legal, social, laboral, económica teniendo en cuenta los particulares propios del género de esa persona.
Cuando se piensa en maltrato se piensa en maridos y exnovios, en extracomunitarios, en alcoholismo, en machismo... pero nadie piensa en hijas, en madres o en amigas, en silencios cómplices, o en sistemas políticos que ya de inicio discriminan, es mejor no pensarlo, a muchos hombres les conviene que sólo se vea lo radical, lo visceral de todo esto. Hasta el punto de equiparar machismo y feminismo como extremos, pero sin buscar realmente el término medio, donde el mejor movimiento es no cambiar nada. Una opción, el feminismo, de una minoría poco representativa, equiparable a ser ecologista, una simple elección de unos pocos cuando es la lógica y natural elección, más en los tiempos que corren; meteorológicos incluídos.
En gran parte esta lacra social no se solucionará hasta que no lo tomemos en serio o al menos lo dimensionemos de verdad y no solo como un baile de cifras más. Sin pararnos en banalidades como el sexismo de la flexión de género en el lenguaje o el aspecto físico de quien protesta, no nos quedemos en la forma sino en el contenido real de la misma. Los hombres debemos tener la empatía suficiente para personalizar cada una de las injusticias socialmente aceptadas contra las mujeres en nuestras madres, hermanas y amigas más cercanas. Que nos duela, pero de verdad, que el maltrato no sea una noticia más en la tele, o una indignación políticamente correcta de café y cigarrillo hasta volver a hablar de la última aplicación para iPhone y olvidarlo todo. En definitiva, hace falta que los hombres nos tomemos la equidad social en serio, pero sobre todo, es necesario que hagan lo propio las mismas mujeres.
viernes
El ser humano del siglo XXI
Selectiva, totalmente selectiva. Esa es la palabra (o palabras) clave para entender nuestra mente. En todas sus partes: percepción, atención, memoria...todo es selectivo. Pero dicha selectividad no es sinónimo de aleatoriedad, ni mucho menos, la mente calcula incluso lo que parece arbitrario. Por este motivo, un dolor de muelas que nos asustó hace dos meses, puede ser que no lo tengamos presente hoy. En parte no queremos recordarlo, por ello nuestra mente lo inhibirá la mayor parte del tiempo. Otro ejemplo es la reacción de mi cuerpo desconectándose en el momento en que una aguja atraviesa mi piel, esta reacción de "hacerse el muerto", como otras que se dan, no es más que una fobia, un reflejo instintivo de supervivencia; un vestigio animal. Pero que, controversialmente sólo contiene una mente desarrollada como la humana. Con el desarrollo de nuestra inteligencia, también se intensificaron los efectos de nuestros vestigios animales.
Pero hablemos de personas, como humanidad, y de su facilidad para reprimir, omitir y suprimir información y sentimientos según convenga, quiero creer que por acción y consecuencia de su mente por lo descrito en el párrafo anterior. Pues bien, esta semana tras la tragedia humanitaria de Lampedusa, parece ser la semana de plantearse una ley de inmigración menos severa, e incluso el presidente Letta, dijo en el funeral de estado que esos inmigrantes "a partir de hoy son ciudadanos italianos", imagino que se refería a los muertos, porque los supervivientes (de este y de miles de barcazas más) se encuentran hacinados en recintos que poco tienen que envidiar a los campos de concentración nazi.
Una vez más, olvidamos la verdadera pregunta ¿por qué?, ¿qué lleva a alguien a abandonar su país, su familia, al fin y al cabo, su vida para arriesgarla en el mar y, en el caso de sobrevivir, ser tratado como un delincuente toda la vida? La gran mayoría eran eritreos, país que lleva en guerra más de 30 años contra los etíopes. Guerras entre dos países africanos, sí, pero provocadas por europeos. Fueron los mismos italianos, junto con Putin, los que establecieron los acuerdos económicos por el crudo. Por recursos, África sería el continente más rico, el que más materias primas posee, y lo es, pero en manos extranjeras.
Continuando con mi tesis sobre nuestra capacidad de olvidar, de indignarnos sólo de puertas para fuera, de cara a la galería mientras el asunto está candente en los medios de comunicación. ¿Es que nadie recuerda la tragedia de Bangladesh del Rana Plaza? Donde murieron centenares de personas por el derrumbe de un edificio donde explotaban a trabajadores en la confección de ropa. Con marcas como Primark, Benneton o Zara implicadas. ¿Nadie recuerda la indignación y el boicot que se les iba a hacer? Pues bien, a día de hoy, ninguna de las implicadas ha pensado ni en resarcir a las familias de las víctimas ni en mejorar las condiciones de trabajo y humanitarias en que obligan a sobrevivir a sus esclavos. Esto también se nos parece haber olvidado con una facilidad pasmosa.
La corrupción española es un lastre tremendo, corrupción desde la monarquía hasta la misma presidencia del gobierno. Pero que no se nos tapen los ojos ante la permisividad de Eurovegas y las indemnizaciones multimillonarias, frente a la población que casi en un 40% vive de la pensión de sus mayores. En el mundo actual hay más guerra que paz, más injusticia que justicia; no hemos avanzado nada. No pretendo hacer el moralista, sino el humanista, pienso que sea de sentido común. Estamos librando una guerra contínua contra nuestro propio ecosistema, ganándole batallas de una guerra que sabemos que vamos a perder, pero nada más ignorante que la ambición humana.
Olvidamos todo con facilidad, la inmediatez de nuestros (con un "nosotros" mayestático, ya que yo no tengo) smartphones parece estar instaurada en nuestro cerebro, no soy fan de condenar a los medios sino el uso que se hace de ellos. Al igual que hace 20 años con la "caja tonta" creo que tanta gente de mi generación vive obsesionada y anestesiada ante la realidad, sumergida entre aplicaciones, redes sociales, memes... Siempre pensé que si viniera a la tierra un extraterrestre, lo que más le sorprendería es que tenemos en nuestros bolsillos acceso a todo el saber humano desde que el mundo es mundo, pero preferimos entretenernos fotografiando nuestra cena y publicándola, para hacerla ver a gente a la que no le interesa lo más mínimo. Pero supongo que esto también es culpa de la mente humana y si, como he dicho anteriormente me defino humanista no puedo rehusarlo con la máxima vehemencia, o al menos, no con toda la que cuerpo y alma me piden de hacerlo.
Pero hablemos de personas, como humanidad, y de su facilidad para reprimir, omitir y suprimir información y sentimientos según convenga, quiero creer que por acción y consecuencia de su mente por lo descrito en el párrafo anterior. Pues bien, esta semana tras la tragedia humanitaria de Lampedusa, parece ser la semana de plantearse una ley de inmigración menos severa, e incluso el presidente Letta, dijo en el funeral de estado que esos inmigrantes "a partir de hoy son ciudadanos italianos", imagino que se refería a los muertos, porque los supervivientes (de este y de miles de barcazas más) se encuentran hacinados en recintos que poco tienen que envidiar a los campos de concentración nazi.
Una vez más, olvidamos la verdadera pregunta ¿por qué?, ¿qué lleva a alguien a abandonar su país, su familia, al fin y al cabo, su vida para arriesgarla en el mar y, en el caso de sobrevivir, ser tratado como un delincuente toda la vida? La gran mayoría eran eritreos, país que lleva en guerra más de 30 años contra los etíopes. Guerras entre dos países africanos, sí, pero provocadas por europeos. Fueron los mismos italianos, junto con Putin, los que establecieron los acuerdos económicos por el crudo. Por recursos, África sería el continente más rico, el que más materias primas posee, y lo es, pero en manos extranjeras.
Continuando con mi tesis sobre nuestra capacidad de olvidar, de indignarnos sólo de puertas para fuera, de cara a la galería mientras el asunto está candente en los medios de comunicación. ¿Es que nadie recuerda la tragedia de Bangladesh del Rana Plaza? Donde murieron centenares de personas por el derrumbe de un edificio donde explotaban a trabajadores en la confección de ropa. Con marcas como Primark, Benneton o Zara implicadas. ¿Nadie recuerda la indignación y el boicot que se les iba a hacer? Pues bien, a día de hoy, ninguna de las implicadas ha pensado ni en resarcir a las familias de las víctimas ni en mejorar las condiciones de trabajo y humanitarias en que obligan a sobrevivir a sus esclavos. Esto también se nos parece haber olvidado con una facilidad pasmosa.
La corrupción española es un lastre tremendo, corrupción desde la monarquía hasta la misma presidencia del gobierno. Pero que no se nos tapen los ojos ante la permisividad de Eurovegas y las indemnizaciones multimillonarias, frente a la población que casi en un 40% vive de la pensión de sus mayores. En el mundo actual hay más guerra que paz, más injusticia que justicia; no hemos avanzado nada. No pretendo hacer el moralista, sino el humanista, pienso que sea de sentido común. Estamos librando una guerra contínua contra nuestro propio ecosistema, ganándole batallas de una guerra que sabemos que vamos a perder, pero nada más ignorante que la ambición humana.
Olvidamos todo con facilidad, la inmediatez de nuestros (con un "nosotros" mayestático, ya que yo no tengo) smartphones parece estar instaurada en nuestro cerebro, no soy fan de condenar a los medios sino el uso que se hace de ellos. Al igual que hace 20 años con la "caja tonta" creo que tanta gente de mi generación vive obsesionada y anestesiada ante la realidad, sumergida entre aplicaciones, redes sociales, memes... Siempre pensé que si viniera a la tierra un extraterrestre, lo que más le sorprendería es que tenemos en nuestros bolsillos acceso a todo el saber humano desde que el mundo es mundo, pero preferimos entretenernos fotografiando nuestra cena y publicándola, para hacerla ver a gente a la que no le interesa lo más mínimo. Pero supongo que esto también es culpa de la mente humana y si, como he dicho anteriormente me defino humanista no puedo rehusarlo con la máxima vehemencia, o al menos, no con toda la que cuerpo y alma me piden de hacerlo.
miércoles
Sueños retóricos de una noche de octubre
No necesariamente siempre se va adelante cuando se avanza, ni siquiera si la dirección es justa, no es sinónimo de haber crecido, saber o detener en sí el concepto de haber aprendido lo que se sabe que años atrás querría tener aprendido. Una virtud nueva, algo que te eleve sobre los chavales nuevos, una experiencia que sea un grado, un grado que sea tangible, una prueba de que crecer no ha sido en vano y de que se puede hacer la diferencia.
Un constante demostrar cuanto se es independiente, cuando no hay mayor dependencia que sentirse en la obligación moral de demostrar lo contrario. El agravio de ver que nada cambia, si nada cambias. El sollozo mudo que ensordece tus sentidos y confunde tu mente que, jalonada entre fantasías, cree saber más de lo que la propia mente cree que sabe. El sentido de ser eterno en lo perecedero, la necesidad humana de ser recordado o reconocido, dar un apellido adecuado a un gran nombre como vida. Dar un sentido al dolor, al dolor que produce el paso del tiempo. Entender el significado en un Tic para desaprenderlo en un Tac.
Después vienen tiritas y corazas, megalomanías recurrentes, que no son más que parte de lo mismo. Lo orgánico, el equipo y cada uno de sus individuos. La cercada visión del detalle pero en un contexto global, holístico. Tampoco es imprescindible entender el porqué o el cómo, ni sentirse en el derecho de tener una opinión sobre cada cosa. Cada persona es ella misma y sus circunstancias, con la cotidiana pseudo obligación a amar las cosas y usar a las personas. La historia es ignorante, pero también arrogante. Nuestra mente y recuerdo selectivo, y el corazón silencioso.
El tedio se transforma en hastío cuando la primavera pasa, porque muchas veces nada avanza precisamente por el hecho de hacerlo en círculos. Echar la vista atrás es un sinsentido, una droga que nos acecha. Queremos demostrar cosas que no entendemos, aprehender la inmensidad del infinito en cifras enteras, vivir arrogantes con humildad en la coraza. Dar pasos en el vacío pensando en avanzar al son del compás que marca el tiempo. Tiempo arbitrario y caprichoso que nos hace caer en tópicos huecos pero de piel maciza. Para al final, descubrir asperezas en una realidad que se suponía sedosa o, al menos, eso quisimos haber aprendido.
Un constante demostrar cuanto se es independiente, cuando no hay mayor dependencia que sentirse en la obligación moral de demostrar lo contrario. El agravio de ver que nada cambia, si nada cambias. El sollozo mudo que ensordece tus sentidos y confunde tu mente que, jalonada entre fantasías, cree saber más de lo que la propia mente cree que sabe. El sentido de ser eterno en lo perecedero, la necesidad humana de ser recordado o reconocido, dar un apellido adecuado a un gran nombre como vida. Dar un sentido al dolor, al dolor que produce el paso del tiempo. Entender el significado en un Tic para desaprenderlo en un Tac.
Después vienen tiritas y corazas, megalomanías recurrentes, que no son más que parte de lo mismo. Lo orgánico, el equipo y cada uno de sus individuos. La cercada visión del detalle pero en un contexto global, holístico. Tampoco es imprescindible entender el porqué o el cómo, ni sentirse en el derecho de tener una opinión sobre cada cosa. Cada persona es ella misma y sus circunstancias, con la cotidiana pseudo obligación a amar las cosas y usar a las personas. La historia es ignorante, pero también arrogante. Nuestra mente y recuerdo selectivo, y el corazón silencioso.
El tedio se transforma en hastío cuando la primavera pasa, porque muchas veces nada avanza precisamente por el hecho de hacerlo en círculos. Echar la vista atrás es un sinsentido, una droga que nos acecha. Queremos demostrar cosas que no entendemos, aprehender la inmensidad del infinito en cifras enteras, vivir arrogantes con humildad en la coraza. Dar pasos en el vacío pensando en avanzar al son del compás que marca el tiempo. Tiempo arbitrario y caprichoso que nos hace caer en tópicos huecos pero de piel maciza. Para al final, descubrir asperezas en una realidad que se suponía sedosa o, al menos, eso quisimos haber aprendido.
lunes
Sin beca no hay paraíso
No podía ser más oportuno el tema, a pesar de que llevo días queriendo plasmarlo en mi blog, por experiencia personal y por ese derecho tan absurdo como inexorable al simple pataleo. Hoy el mismo Arturo Pérez-Reverte publica en su web "El calvario de ser becario". Pues bien, yo os quiero hablar de la tortura de ni siquiera poder pasar por dicho calvario.
Hoy precisamente, se han conocido los presupuestos para el próximo año, estampando en nuestras caras atónitas una gran ración de realidad, mayor austeridad en lo que ya está mal: educación, sanidad y servicios sociales. Quizás nos digan que estamos dejando atrás la recesión en lo económico, mientras en lo social se hace todo lo contrario, no se deja nada atrás. Estamos en regresión.
En este contexto, no parece nada fácil acceder a cualquier beca o ayuda del estado (y doy fe de que no lo es) por lo que muchas personas no podrán estudiar o en el caso de los titulados, tener una experiencia laboral. Y es que hace unas semanas he recibido la notificación de parte de la Fundación Universidad-Empresa de la Región de Murcia (como ya recibí en su momento de Ingalicia o Universidad-Empresa de Valencia, entre otras) de la negativa a acogerme a su programa Leonardo Da Vinci, a pesar de tener ya un acuerdo con una empresa de la zona e incluso el alojamiento encontrado e incluso ahorrarles el billete de avión de ida.
Lo peor de esto son las supuestas razones, la curiosa espiral en que me encuentro. Al haber trabajado casi dos años ya en agencia de publicidad, me dicen que tengo demasiada experiencia para ser becario; que es becario aquel que no ha tenido experiencia en su campo. Esto me parecería del todo lógico si fuera en línea con el pensamiento de los empresarios, es decir, si para ellos fuera una opción el contrato y no sólo decirme que sí cuando les salgo gratis.
Así pues, una nueva pescadilla que se muerde la cola. Demasiada experiencia para ser becario y demasiada poca para ser contratado, pero de mientras tengo que seguir viviendo y no creo que esos mismos "emprendedores" que te pretenden explotar hayan llegado donde están trabajando gratis precisamente. Me recuerda, manteniendo las obvias distancias, a la ley de extranjería española. Sin papeles no es posible tener contrato de trabajo, pero a su vez no te pueden dar los papeles sin tener trabajo. Un juego burocrático cruel, y lo peor, legal.
Pero no crean que España es culpable de esto en exclusiva, de hecho la beca Leonardo viene financiada por la Unión Europea. Sí, aquellos que nos van a "salvar" de la crisis. Una crónica de algo que me ha sucedido a mí, pero también a otros muchos. Porque ser becario puede ser un calvario y cobrar más de 500 euros al mes una quimera convertida al improviso en objetivo inalcanzable. Pero una cosa queda clara para una de las generaciones, como la nuestra, más preparada (y menospreciada a partes iguales) de las que han debido emigrar fuera de España: sin beca no hay paraíso. Ni tan siquiera el calvario del que habla Reverte. Nos vemos, pues, obligados a vagar eternamente en el limbo.
Hoy precisamente, se han conocido los presupuestos para el próximo año, estampando en nuestras caras atónitas una gran ración de realidad, mayor austeridad en lo que ya está mal: educación, sanidad y servicios sociales. Quizás nos digan que estamos dejando atrás la recesión en lo económico, mientras en lo social se hace todo lo contrario, no se deja nada atrás. Estamos en regresión.
En este contexto, no parece nada fácil acceder a cualquier beca o ayuda del estado (y doy fe de que no lo es) por lo que muchas personas no podrán estudiar o en el caso de los titulados, tener una experiencia laboral. Y es que hace unas semanas he recibido la notificación de parte de la Fundación Universidad-Empresa de la Región de Murcia (como ya recibí en su momento de Ingalicia o Universidad-Empresa de Valencia, entre otras) de la negativa a acogerme a su programa Leonardo Da Vinci, a pesar de tener ya un acuerdo con una empresa de la zona e incluso el alojamiento encontrado e incluso ahorrarles el billete de avión de ida.
Lo peor de esto son las supuestas razones, la curiosa espiral en que me encuentro. Al haber trabajado casi dos años ya en agencia de publicidad, me dicen que tengo demasiada experiencia para ser becario; que es becario aquel que no ha tenido experiencia en su campo. Esto me parecería del todo lógico si fuera en línea con el pensamiento de los empresarios, es decir, si para ellos fuera una opción el contrato y no sólo decirme que sí cuando les salgo gratis.
Así pues, una nueva pescadilla que se muerde la cola. Demasiada experiencia para ser becario y demasiada poca para ser contratado, pero de mientras tengo que seguir viviendo y no creo que esos mismos "emprendedores" que te pretenden explotar hayan llegado donde están trabajando gratis precisamente. Me recuerda, manteniendo las obvias distancias, a la ley de extranjería española. Sin papeles no es posible tener contrato de trabajo, pero a su vez no te pueden dar los papeles sin tener trabajo. Un juego burocrático cruel, y lo peor, legal.
Pero no crean que España es culpable de esto en exclusiva, de hecho la beca Leonardo viene financiada por la Unión Europea. Sí, aquellos que nos van a "salvar" de la crisis. Una crónica de algo que me ha sucedido a mí, pero también a otros muchos. Porque ser becario puede ser un calvario y cobrar más de 500 euros al mes una quimera convertida al improviso en objetivo inalcanzable. Pero una cosa queda clara para una de las generaciones, como la nuestra, más preparada (y menospreciada a partes iguales) de las que han debido emigrar fuera de España: sin beca no hay paraíso. Ni tan siquiera el calvario del que habla Reverte. Nos vemos, pues, obligados a vagar eternamente en el limbo.
sábado
Las olimpiadas del hambre
Vender la piel del oso antes de haberlo cazado, nada más castizo para explicar (no justificar) el enésimo tropezón con la enésima piedra. Sacar pecho y querer dar lecciones de como debieran o debiesen hacerse las cosas es una afición que mantiene como asiduos ingentes cantidades de nuestros políticos y diplomáticos; aquellos a los que se le llena la boca con la marca España y hablan de Europa como de estar en casa (recuérdense las declaraciones de González-Pons a este respecto)
Un país que ambiciona lo que no puede tener usando medios que no tiene y que, fracaso tras fracaso, tira balones fuera, dejando entrever la burda sombra de sospecha de tintes conspiranoicos. Así pues, no era suficiente con gastar millones de euros en salvar bancos, ni con dejar a estudiantes sin ayudas, de recortar la ley de la dependencia o vender nuestro país en pos de Las Vegas de Europa; era además necesario gastar millones de euros en promover una tercera candidatura para unos juegos olímpicos en Madrid. Los medios que no se tienen o mejor dicho, aquellos usados mediante un criterio de prioridades que se alejan bien poco a las de gobiernos como el de Corea del Norte, para querer obtener esos Juegos Olímpicos, que no puede tener por razones obvias, que hemos comprendido con bochorno internacional incluido.
Que no se supiera responder a cuestiones capitales como el dopaje, es de delito para un Comité Olímpico que lleva casi una década esperando este momento; que somos el peor país de Europa en hablar inglés es algo que sabíamos, pero que además nos jactemos de ello es de vergüenza nacional. Cuando leía titulares hablando de complot y de "¿por qué?" nos han denegado (ahora sí, "nos") la candidatura, me resulta una broma de mal gusto, sería más fácil e interesante un artículo enumerando las razones por las que no deberíamos ni siquiera de habernos presentado o que defendiera por qué deberían confiar en un país de pandereta como el nuestro.
Así pues, entre discursos ridículos, corruptelas diarias y cortinas de humo varias (que si Gibraltar, que si Cataluña) nos encontramos con un resultado nefasto que nadie ha querido comentar. No, no es sobre la prima de riesgo, ni del FMI. El informe es de UNICEF. En España la malnutrición infantil, y hago énfasis: infantil, ya supera el 27% o lo que es lo mismo, casi 2 millones y medio de menores de edad malnutridos.
Pero hemos bajado el paro en 31 personas, a pesar de que la migración española de estos cinco últimos años ya sobrepasa, y con creces, a la de los años sesenta. La actitud parece ser esperar a que pase este mal periodo, a que se "vaya saliendo" de la crisis, curiosa construcción hirientemente pasiva. Se podrán hacer discursos del tipo "salimos de la crisis" o "hemos pagado la deuda" algún día; pero todos los derechos sociales perdidos y en este caso, la malnutrición infantil actual, que comienza a ser un problema preocupante; seguirán patentes o al menos, habrán dejado secuelas más que patentes. La historia es cíclica dicen los expertos, y el hombre la ignora, no se aprende nunca de los errores pasados. Debe ser verdad, volvemos a una situación de postguerra, pero de una batalla que aun sin querer librar, hemos perdido desde el inicio. Pero no se preocupen, siempre nos quedará Berlín...
Un país que ambiciona lo que no puede tener usando medios que no tiene y que, fracaso tras fracaso, tira balones fuera, dejando entrever la burda sombra de sospecha de tintes conspiranoicos. Así pues, no era suficiente con gastar millones de euros en salvar bancos, ni con dejar a estudiantes sin ayudas, de recortar la ley de la dependencia o vender nuestro país en pos de Las Vegas de Europa; era además necesario gastar millones de euros en promover una tercera candidatura para unos juegos olímpicos en Madrid. Los medios que no se tienen o mejor dicho, aquellos usados mediante un criterio de prioridades que se alejan bien poco a las de gobiernos como el de Corea del Norte, para querer obtener esos Juegos Olímpicos, que no puede tener por razones obvias, que hemos comprendido con bochorno internacional incluido.
Que no se supiera responder a cuestiones capitales como el dopaje, es de delito para un Comité Olímpico que lleva casi una década esperando este momento; que somos el peor país de Europa en hablar inglés es algo que sabíamos, pero que además nos jactemos de ello es de vergüenza nacional. Cuando leía titulares hablando de complot y de "¿por qué?" nos han denegado (ahora sí, "nos") la candidatura, me resulta una broma de mal gusto, sería más fácil e interesante un artículo enumerando las razones por las que no deberíamos ni siquiera de habernos presentado o que defendiera por qué deberían confiar en un país de pandereta como el nuestro.
Así pues, entre discursos ridículos, corruptelas diarias y cortinas de humo varias (que si Gibraltar, que si Cataluña) nos encontramos con un resultado nefasto que nadie ha querido comentar. No, no es sobre la prima de riesgo, ni del FMI. El informe es de UNICEF. En España la malnutrición infantil, y hago énfasis: infantil, ya supera el 27% o lo que es lo mismo, casi 2 millones y medio de menores de edad malnutridos.
Pero hemos bajado el paro en 31 personas, a pesar de que la migración española de estos cinco últimos años ya sobrepasa, y con creces, a la de los años sesenta. La actitud parece ser esperar a que pase este mal periodo, a que se "vaya saliendo" de la crisis, curiosa construcción hirientemente pasiva. Se podrán hacer discursos del tipo "salimos de la crisis" o "hemos pagado la deuda" algún día; pero todos los derechos sociales perdidos y en este caso, la malnutrición infantil actual, que comienza a ser un problema preocupante; seguirán patentes o al menos, habrán dejado secuelas más que patentes. La historia es cíclica dicen los expertos, y el hombre la ignora, no se aprende nunca de los errores pasados. Debe ser verdad, volvemos a una situación de postguerra, pero de una batalla que aun sin querer librar, hemos perdido desde el inicio. Pero no se preocupen, siempre nos quedará Berlín...
miércoles
¿Por qué la fusión y nacimiento de Publicis Omnicom nos debería importar? Reflexiones de un joven publicitario
"Se trata de una unión de iguales", no podían ser otras las palabras para definirlo. A menos que se quisiera provocar una polémica mediática, desde luego, nada recomendable. Dos gigantes de la publicidad, no tanto en términos creativos como en cifras y cotizaciones. No es una decisión de Mad men (parafraseando la famosa y fabulosa serie de televisión) sino de Math men, puro negocio y estadística. Un intento más de hacer valedero aquello de que la unión hace el poder. Probablemente, especialmente si pertenecéis al mundo (y submundos) de la comunicación, conozcáis la noticia a la que me refiero: la francesa Publicis y la norteamericana Omnicom han anunciado su fusión. Una fusión transoceánica que desbancaría a la británica WPP como el mayor conglomerado publicitario. No obstante, tras la aparente inocencia de simplemente querer facturar más, yace oculta la alargada sombra de un cambio en el mundo publicitario, como reacción inmediata o anticipada (según como se mire) al inminente cambio cultural que estamos viviendo. Algo que afectará a publicitarios (como yo) y a no publicitarios.
Para comenzar, expliquemos mejor el hecho. Maurice Lèvy, 71 años y sin sucesor a la cabeza de Publicis Group y John Wren, 58 y CEO de Omnicom han realizado un acuerdo de fusión. Para no generar controversias respecto a quien ha fagocitado a quien, ambas mantendran sus sedes y la presidencia del naciente imperio publicitario será por turnos de dos años y medio. Tras los cinco primeros años iniciales, Lèvy se retiraría del mando operativo (siendo algo así como un presidente de honor) y tomaría dicho mando Wren.
Entre todo el debate de los costes o ahorros de dicha fusión, de los puestos de trabajo que se crearían o dejarían de crear; muchos medios han parecido olvidar una gran variable del proceso, que es en realidad su sustento y razón de ser: los clientes. Aunque presumiblemente mantendrán sus cuentas en las respectivas agencias de cada uno de los componentes de la fusión, anunciantes rivales como Coca-cola y PepsiCo, con cuentas en Publicis y Omnicom, respectivamente, podrían mostrar ciertas reticiencias al ser al fin y al cabo tratados por distintos brazos correspondientes al mismo cuerpo, o mejor dicho a la misma cabeza. Un riesgo que deberán asumir y que en la mayor parte de los casos será limado sin pasar a mayores pérdidas.
Por otro lado, está el peligro de generar una situación de monopolio. Es algo cíclico como la historia publicitaria misma, a una etapa de expansión, diversificación y especialización, le sigue siempre otra de aglutinamiento y concentración en grandes holdings. Toda agencia crediticia que se precie (en términos puramente de retorno de la inversión), pertenece, directa o indirectamente, a uno de los hasta hace poco seis grandes holdings: WPP, Interpublic, Omnicom, Publicis, Havas y Dentsu Aegis. La tendencia continua así concentrándolos en cinco manos.
La cuestión de fondo, y lo verdaderamente importante, no es sólo competir con el resto de holdings o conseguir el sueño de tener una compañía de ultramar; nada más lejos de la realidad. El verdadero rival a batir, la competencia real y para muchos desleal, eran los hasta hace poco considerados simples medios digitales: Google, Facebook y compañía. Así como pasara hace unas décadas con el nacimiento de las Centrales de Medios, desprendiéndose de las agencias (aunque actualmente sean compañeras de un mismo holding) y especializándose para competir con agencias con departamente de compra de medios interno, los grandes de la comunicación en internet y en las redes sociales han dejado ya de ser un medio o espacio de comunicación, transformándose en vendedores de dicho espacio e incluso creando las propias comunicaciones en gran parte de los casos.
En este contexto, la agencia de publicidad se transforma en un intermediario en ocasiones innecesario. En mi experiencia profesional en agencia, he vivido sesiones de brainstorming para buscar una manera de vender un presupuesto de creatividad online, es decir, por qué un cliente debería pagarme como agencia por hacerle un banner, un perfil corporativo de Facebook y otro de Twitter, cuando hoy en día, todos sabemos hacerlo y los mismos desarrolladores te ofrecen ayuda para facilitarlo y contabilizar las visitas e interacciones. Solo nos quedaría la estrategia o el hecho de monitorar y ser expertos en comunicación, de tener un equipo de gráficos y copywriters profesionales para atender dichas redes. Pero nada más. Muchos clientes ven innecesario el gasto y deciden transformar un dircom en improvisado community manager y así ahorrar en comunicación digital. Obviamente no hablo de grandes clientes.
Que se valore el papel del profesional de la comunicación será importante en esta nueva lucha por la supervivencia de la creatividad publicitaria y persistencia de la agencia de publicidad 360º tradicional. Porque no es cierta la agorera teoría que acecha desde los 90 anunciando el fin del spot como medio publicitario, pero los números están ahí. Sólo en 5 años, de 2006 a 2011, según datos de Zenith Optimedia (que para más información, pertenece a Publicis), la inversión en publicidad online ha crecido de unos 30 billones de dólares hasta casi 80 billones, o lo que es lo mismo, representando en la tarta de la inversión total publicitaria de un 7% a un 16%, más del doble; llegando según previsiones de dicho estudio a representar un 24% de la inversión mundial publicitaria, nada más y nada menos, en 2015.
Una vez con toda la información encima de la mesa, el miedo es lógico pero no justificable si no va seguido de una reacción. La publicidad se caracteriza por reflejar la sociedad en que vive y viceversa. Es algo fundamental en nuestra humanidad, como la necesidad de comunicarnos, una vez satisfechas las necesidades básicas intuidas por Maslow. Los creativos no somos los únicos afectados, en el terreno de la informática cada vez se ven más ninguneados. No obstante, ahora es cuando debemos unirnos (metafóricamente) para ganar el terreno en el mundo publicitario que merecemos, utilizar esa creatividad y originalidad que se nos presupone, aunque siendo un reto de futuro, el briefing en este caso es demasiado difícil de interpretar,o al menos, de una forma ecuánime e inequivoca.
Para comenzar, expliquemos mejor el hecho. Maurice Lèvy, 71 años y sin sucesor a la cabeza de Publicis Group y John Wren, 58 y CEO de Omnicom han realizado un acuerdo de fusión. Para no generar controversias respecto a quien ha fagocitado a quien, ambas mantendran sus sedes y la presidencia del naciente imperio publicitario será por turnos de dos años y medio. Tras los cinco primeros años iniciales, Lèvy se retiraría del mando operativo (siendo algo así como un presidente de honor) y tomaría dicho mando Wren.
Entre todo el debate de los costes o ahorros de dicha fusión, de los puestos de trabajo que se crearían o dejarían de crear; muchos medios han parecido olvidar una gran variable del proceso, que es en realidad su sustento y razón de ser: los clientes. Aunque presumiblemente mantendrán sus cuentas en las respectivas agencias de cada uno de los componentes de la fusión, anunciantes rivales como Coca-cola y PepsiCo, con cuentas en Publicis y Omnicom, respectivamente, podrían mostrar ciertas reticiencias al ser al fin y al cabo tratados por distintos brazos correspondientes al mismo cuerpo, o mejor dicho a la misma cabeza. Un riesgo que deberán asumir y que en la mayor parte de los casos será limado sin pasar a mayores pérdidas.
Por otro lado, está el peligro de generar una situación de monopolio. Es algo cíclico como la historia publicitaria misma, a una etapa de expansión, diversificación y especialización, le sigue siempre otra de aglutinamiento y concentración en grandes holdings. Toda agencia crediticia que se precie (en términos puramente de retorno de la inversión), pertenece, directa o indirectamente, a uno de los hasta hace poco seis grandes holdings: WPP, Interpublic, Omnicom, Publicis, Havas y Dentsu Aegis. La tendencia continua así concentrándolos en cinco manos.
La cuestión de fondo, y lo verdaderamente importante, no es sólo competir con el resto de holdings o conseguir el sueño de tener una compañía de ultramar; nada más lejos de la realidad. El verdadero rival a batir, la competencia real y para muchos desleal, eran los hasta hace poco considerados simples medios digitales: Google, Facebook y compañía. Así como pasara hace unas décadas con el nacimiento de las Centrales de Medios, desprendiéndose de las agencias (aunque actualmente sean compañeras de un mismo holding) y especializándose para competir con agencias con departamente de compra de medios interno, los grandes de la comunicación en internet y en las redes sociales han dejado ya de ser un medio o espacio de comunicación, transformándose en vendedores de dicho espacio e incluso creando las propias comunicaciones en gran parte de los casos.
En este contexto, la agencia de publicidad se transforma en un intermediario en ocasiones innecesario. En mi experiencia profesional en agencia, he vivido sesiones de brainstorming para buscar una manera de vender un presupuesto de creatividad online, es decir, por qué un cliente debería pagarme como agencia por hacerle un banner, un perfil corporativo de Facebook y otro de Twitter, cuando hoy en día, todos sabemos hacerlo y los mismos desarrolladores te ofrecen ayuda para facilitarlo y contabilizar las visitas e interacciones. Solo nos quedaría la estrategia o el hecho de monitorar y ser expertos en comunicación, de tener un equipo de gráficos y copywriters profesionales para atender dichas redes. Pero nada más. Muchos clientes ven innecesario el gasto y deciden transformar un dircom en improvisado community manager y así ahorrar en comunicación digital. Obviamente no hablo de grandes clientes.
Que se valore el papel del profesional de la comunicación será importante en esta nueva lucha por la supervivencia de la creatividad publicitaria y persistencia de la agencia de publicidad 360º tradicional. Porque no es cierta la agorera teoría que acecha desde los 90 anunciando el fin del spot como medio publicitario, pero los números están ahí. Sólo en 5 años, de 2006 a 2011, según datos de Zenith Optimedia (que para más información, pertenece a Publicis), la inversión en publicidad online ha crecido de unos 30 billones de dólares hasta casi 80 billones, o lo que es lo mismo, representando en la tarta de la inversión total publicitaria de un 7% a un 16%, más del doble; llegando según previsiones de dicho estudio a representar un 24% de la inversión mundial publicitaria, nada más y nada menos, en 2015.
Una vez con toda la información encima de la mesa, el miedo es lógico pero no justificable si no va seguido de una reacción. La publicidad se caracteriza por reflejar la sociedad en que vive y viceversa. Es algo fundamental en nuestra humanidad, como la necesidad de comunicarnos, una vez satisfechas las necesidades básicas intuidas por Maslow. Los creativos no somos los únicos afectados, en el terreno de la informática cada vez se ven más ninguneados. No obstante, ahora es cuando debemos unirnos (metafóricamente) para ganar el terreno en el mundo publicitario que merecemos, utilizar esa creatividad y originalidad que se nos presupone, aunque siendo un reto de futuro, el briefing en este caso es demasiado difícil de interpretar,o al menos, de una forma ecuánime e inequivoca.
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