Comenzamos 2014 con la sensación general y el anhelo de que no sea mejor sino menos malo que el año precedente. Parece lógico, el ser humano como especie no puede ser más decadente. Si hay algo ineludible y que da justicia a este circo es la muerte. Es la única certeza de la vida y escapa a nuestro control, tratando a todos los animales por igual.
Es por ello que desde los primeros asentamientos humanos, cuando dejamos de ser nómadas, las personas ancianas (adaptando tal concepto a la esperanza de vida de cada época) han sido en su mayoría receptoras del respeto de la comunidad e incluso veneradas. Y aún hoy día muchas culturas lo siguen haciendo.
Fueron dos reportajes en días diferentes en la televisión italiana los que me hicieron verlo tan claro. En el primero se retrataba la vida de uno de los países "en vías de desarrollo" del África occidental, donde está desapareciendo la cultura gastronómica propia amen de las multinacionales con sus centros comerciales. No obstante, en estas culturas relegan un papel sino protagonista sí decisivo a las personas ancianas, ninguna decisión de la comunidad puede ser tomada sin tener en cuenta el parecer de los ancianos. En algo hemos fallado los que creemos vivir en una "sociedad moderna", ¿verdad?
En este contexto y tras mi positiva sorpresa por la forma de vida que tenían vi el segundo reportaje. Era un acto solidario, o más bien de buenismo institucionalizado. Ya se sabe, la navidad da mucho marketing. El alcalde y concejales de un pueblo toscano decidieron rendir homenaje a los ancianos que tantas veces pasan estas fiestas (y también el resto del año) en la más absoluta soledad. La chispa de ignición para mi atención sobre tal reportaje fue el tratamiento de la vejez y la soledad en la misma como una enfermedad. Con una especie de pragmatismo físico exacerbado identificaban esa soledad como una enfermedad, algo propio de la tercera edad.
En ese momento y tras ver varias entrevistas y lágrimas de cocodrilo, fue cuando pensé en que sí se puede tratar como enfermedad, pero no de los ancianos, sino de la concepción y trato de la sociedad hacia ellos. Si ni siquiera existe respeto imaginemonos veneración. Los Simpsons se supone una serie sarcástica de lo peor de la cultura occidental, no una hoja de ruta. Dejar aparcados (literalmente) a nuestros mayores en centros geriátricos es algo deleznable y cobarde con la componente enfermiza de la aceptación social.
Hemos llegado a un punto en el que consideramos que las personas "ya no sirven" o "son un estorbo", todo esto, paradójicamente en el periodo histórico en el que más amamos los objetos materiales. Piensa cada noche con cuantas personas reales has interactuado ese día y con cuantos objetos inanimados; te sorprenderá el resultado. Porque avanzar es una maldición si es en el rumbo equivocado, creo que deberíamos mirar un poco atrás o a lo que consideramos "abajo" de nuestras sociedades. Porque tenemos mucho que aprender (más que de enseñar) del tristemente llamado continente olvidado.
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viernes
miércoles
El feminismo que gusta a los hombres machistas
Acabar con la violencia de género contra las mujeres es cosa de hombres. Parece de perogrullo, una obviedad tan patente que roza la ridiculez de quien la dice, pero nada más lejos de la realidad. El otro día en un acto teatral por el día mundial de la eliminación de violencia contra la mujer pude observar lo mismo de siempre: los hombres éramos minoría en esta clase de actos. Evidenciando que afirmaciones como la anterior son necesarias todavía.
Nada mejor que el lenguaje para engañar o de estereotipos para mantener el estado de las cosas. Hace unos meses leí un artículo de opinión del Washintong Post cuya autora defendía que se vuelve a manifestar el feminismo que gusta a los hombres, es decir, el feminismo más radical y transgresivo como el de las Femen (odiado a veces incluso por las propias mujeres) o aquel que identifica el ser feminista con una especie de guerrera andrógina que sólo quiere llamar la atención. Que esta percepción se comparta por la mayor parte de la sociedad ya es un fracaso en el punto de partida.
Pero hablamos de violencia, de la abolición de la misma. La desigualdad puede causar creencias de superioridad o inferioridad de unas personas sobre otras pero no nos equivoquemos, la desigualdad es natural; no somos iguales, no es una igualdad lo necesario o lo que los defensores del feminismo pedimos, sino la equidad, esto es: igualdad legal, social, laboral, económica teniendo en cuenta los particulares propios del género de esa persona.
Cuando se piensa en maltrato se piensa en maridos y exnovios, en extracomunitarios, en alcoholismo, en machismo... pero nadie piensa en hijas, en madres o en amigas, en silencios cómplices, o en sistemas políticos que ya de inicio discriminan, es mejor no pensarlo, a muchos hombres les conviene que sólo se vea lo radical, lo visceral de todo esto. Hasta el punto de equiparar machismo y feminismo como extremos, pero sin buscar realmente el término medio, donde el mejor movimiento es no cambiar nada. Una opción, el feminismo, de una minoría poco representativa, equiparable a ser ecologista, una simple elección de unos pocos cuando es la lógica y natural elección, más en los tiempos que corren; meteorológicos incluídos.
En gran parte esta lacra social no se solucionará hasta que no lo tomemos en serio o al menos lo dimensionemos de verdad y no solo como un baile de cifras más. Sin pararnos en banalidades como el sexismo de la flexión de género en el lenguaje o el aspecto físico de quien protesta, no nos quedemos en la forma sino en el contenido real de la misma. Los hombres debemos tener la empatía suficiente para personalizar cada una de las injusticias socialmente aceptadas contra las mujeres en nuestras madres, hermanas y amigas más cercanas. Que nos duela, pero de verdad, que el maltrato no sea una noticia más en la tele, o una indignación políticamente correcta de café y cigarrillo hasta volver a hablar de la última aplicación para iPhone y olvidarlo todo. En definitiva, hace falta que los hombres nos tomemos la equidad social en serio, pero sobre todo, es necesario que hagan lo propio las mismas mujeres.
Nada mejor que el lenguaje para engañar o de estereotipos para mantener el estado de las cosas. Hace unos meses leí un artículo de opinión del Washintong Post cuya autora defendía que se vuelve a manifestar el feminismo que gusta a los hombres, es decir, el feminismo más radical y transgresivo como el de las Femen (odiado a veces incluso por las propias mujeres) o aquel que identifica el ser feminista con una especie de guerrera andrógina que sólo quiere llamar la atención. Que esta percepción se comparta por la mayor parte de la sociedad ya es un fracaso en el punto de partida.
Pero hablamos de violencia, de la abolición de la misma. La desigualdad puede causar creencias de superioridad o inferioridad de unas personas sobre otras pero no nos equivoquemos, la desigualdad es natural; no somos iguales, no es una igualdad lo necesario o lo que los defensores del feminismo pedimos, sino la equidad, esto es: igualdad legal, social, laboral, económica teniendo en cuenta los particulares propios del género de esa persona.
Cuando se piensa en maltrato se piensa en maridos y exnovios, en extracomunitarios, en alcoholismo, en machismo... pero nadie piensa en hijas, en madres o en amigas, en silencios cómplices, o en sistemas políticos que ya de inicio discriminan, es mejor no pensarlo, a muchos hombres les conviene que sólo se vea lo radical, lo visceral de todo esto. Hasta el punto de equiparar machismo y feminismo como extremos, pero sin buscar realmente el término medio, donde el mejor movimiento es no cambiar nada. Una opción, el feminismo, de una minoría poco representativa, equiparable a ser ecologista, una simple elección de unos pocos cuando es la lógica y natural elección, más en los tiempos que corren; meteorológicos incluídos.
En gran parte esta lacra social no se solucionará hasta que no lo tomemos en serio o al menos lo dimensionemos de verdad y no solo como un baile de cifras más. Sin pararnos en banalidades como el sexismo de la flexión de género en el lenguaje o el aspecto físico de quien protesta, no nos quedemos en la forma sino en el contenido real de la misma. Los hombres debemos tener la empatía suficiente para personalizar cada una de las injusticias socialmente aceptadas contra las mujeres en nuestras madres, hermanas y amigas más cercanas. Que nos duela, pero de verdad, que el maltrato no sea una noticia más en la tele, o una indignación políticamente correcta de café y cigarrillo hasta volver a hablar de la última aplicación para iPhone y olvidarlo todo. En definitiva, hace falta que los hombres nos tomemos la equidad social en serio, pero sobre todo, es necesario que hagan lo propio las mismas mujeres.
viernes
Los nuevos pobres
"No sirvo para estudiar. Eso es así, es un hecho. No sé si por pereza o incapacidad, lo que está claro es que mi relación con los libros es de amor-odio, pero sin el amor. No es el fin del mundo, no todos podemos ser titulados, médicos o arquitectos. Un ejemplo es la generación anterior: mi padre es pintor (de brocha gorda) mientras que mi tío, su hermano, es cardiólogo. Ambos felices y especialistas en lo suyo. Estudiar no te hace más inteligente ni capacitado, ni dejar de estudiar lo contrario. Así es como comenzó, a mis 16 años, me zambullía en el duro trabajo de la obra, aunque a final de mes me daba cuenta de que merecía la pena. Precisamente, pena era aquello que no existía, ¡llegué a cobrar más que mi madre! Mucho de lo que percibía no estaba estipulado, en negro sobre blanco, en ningún contrato ni documento contractual, aunque no hacía falta. Era época de bonanza, al menos en el sector. En estos periodos nadie se pregunta de dónde salen los recursos, simplemente se elucubra a sus promotores como dioses mundanos. Poco a poco y gracias a duras horas de trabajo, sí, pero exponencialmente, mi poder adquisitivo comenzó a incrementarse. ¿Por qué conformarse con el coche antiguo de mi padre si puedo pagar uno nuevo y mejor?, el otro que se lo quede mi hermana pequeña. Es momento de labrarse un futuro, de estabilizarse, tener una casa y formar una familia. El trabajo no nos falta y parece que no nos faltará, ¡si cada año vienen más turistas! El término "nuevo rico" no me molesta especialmente, aunque sí el desprecio con el que algunos que se autoproclaman intelectuales lo exhalan a los cuatro vientos. Un "nuevo rico" es un niño estúpido que ha heredado una fortuna sin dar un palo al agua, yo me lo he trabajado y lo merezco. Merezco acumular esa riqueza, independientemente de lo rápido que suceda"
"La cosa comenzó a cambiar a mediados de este año, esto no depende de política ni de ecologismo, es otra cosa. Los sueldos se comienzan a estancar, cada vez hay menos trabajo y ya asciende a media docena el número de compañeros despedidos. No nos alarmemos, llevo muchos años en esto, en esta profesión; no pueden prescindir de un encofrador profesional así como así; de la noche a la mañana, sería absurdo, como una carta de suicidio de la empresa. En el caso de hacerlo no tendría problemas para levantar el interés de alguna otra. No he tenido tiempo, literalmente entre chapuzas a domicilio para pagar la hipoteca, de mirar qué empresas hay a mi alrededor que puedan estar interesadas en mí. O directamente, saber si alguna empresa del sector sigue en pie...el desempleo afecta a muchos, el exilio forzado es algo notable, sí, pero nadie es tan esclavo como yo. A muchos universitarios les han robado el futuro que les prometieron, a mí me han robado también el presente. Independientemente de la velocidad con la que todo ha sucedido, soy un "nuevo pobre" como muchos otros tantos"
Podría haber escogido cualquier otra profesión o historia personal para ilustrar mi reflexión de hoy. Ficticia, porque no me baso en nadie concreto; pero con la que muchos se podrían identificar. Creo que debería de ser un fenómeno social, igual de preocupante, sino más, que el de los llamados "niñatos con cochazos" de hace un lustro. El problema de los nuevos pobres, que no han vivido por encima de sus posibilidades y han actuado con la honestidad requerida y ahora sufren para subsistir. España es socialmente solidaria (para lo bueno y para lo malo), y gracias al apoyo de familiares y amigos el clima social no es tan tenso como podría; pero no podemos obviar la realidad. Los nuevos pobres existen y cada vez son más numerosos, directamente proporcional a las cifras del paro. No sé si será cierto eso de que el trabajo dignifica, pero sí estoy completamente seguro de que su ausencia indigna.
"La cosa comenzó a cambiar a mediados de este año, esto no depende de política ni de ecologismo, es otra cosa. Los sueldos se comienzan a estancar, cada vez hay menos trabajo y ya asciende a media docena el número de compañeros despedidos. No nos alarmemos, llevo muchos años en esto, en esta profesión; no pueden prescindir de un encofrador profesional así como así; de la noche a la mañana, sería absurdo, como una carta de suicidio de la empresa. En el caso de hacerlo no tendría problemas para levantar el interés de alguna otra. No he tenido tiempo, literalmente entre chapuzas a domicilio para pagar la hipoteca, de mirar qué empresas hay a mi alrededor que puedan estar interesadas en mí. O directamente, saber si alguna empresa del sector sigue en pie...el desempleo afecta a muchos, el exilio forzado es algo notable, sí, pero nadie es tan esclavo como yo. A muchos universitarios les han robado el futuro que les prometieron, a mí me han robado también el presente. Independientemente de la velocidad con la que todo ha sucedido, soy un "nuevo pobre" como muchos otros tantos"
Podría haber escogido cualquier otra profesión o historia personal para ilustrar mi reflexión de hoy. Ficticia, porque no me baso en nadie concreto; pero con la que muchos se podrían identificar. Creo que debería de ser un fenómeno social, igual de preocupante, sino más, que el de los llamados "niñatos con cochazos" de hace un lustro. El problema de los nuevos pobres, que no han vivido por encima de sus posibilidades y han actuado con la honestidad requerida y ahora sufren para subsistir. España es socialmente solidaria (para lo bueno y para lo malo), y gracias al apoyo de familiares y amigos el clima social no es tan tenso como podría; pero no podemos obviar la realidad. Los nuevos pobres existen y cada vez son más numerosos, directamente proporcional a las cifras del paro. No sé si será cierto eso de que el trabajo dignifica, pero sí estoy completamente seguro de que su ausencia indigna.
miércoles
El ego social de cada generación como denominador común social
Es curioso, pero creo que sea algo que une a cada generación y que probablemente siga ocurriendo, la creencia de que obviamente el tiempo en que se vive es el mejor y es mejor aprovechado, es ley de supervivencia del propio ego. Así pues, cada generación cree ser la primera en hacer ciertas cosas o descubrirlas y tiende a datar los avances sucedidos en su época de juventud como algo propio. Siempre se cree mucho mas avanzada que la anterior generación y mucho mas experimentada que la siguiente, y por ello un paso por encima. Curiosamente, esto sucede así, pero por qué.
Puede ser que simplemente por satisfacer la conciencia de pertenencia a un colectivo que nos da identidad y desde luego aquí es donde entra el ego personal reflejado en ese ego colectivo o yo social del que tanto se ha escrito en tratados de psicología de grupos y sociología. Nuestra mente tiende por ello a hilar argumentaciones en muchos casos contradictorias, basándose en su juventud respecto a las anteriores y a su experiencia respecto a las posteriores, para remarcar su superioridad. Existen cambios de hábitos y estilos de vida por inercia histórica en cada generación, aunque suele suceder de forma cíclica lo cual resta bastante en su carácter de exclusividad. Yo mismo me incluyo en lo que describo, ya al hablar de la generación Erasmus (cuando la venidera lo será aun más y con mayor apertura mental) o de la generación de padres separados, estoy diversificando en colectivos que realmente no existe. Las generalizaciones inductivas y categorizaciones son tan injustas e inexactas como necesarias para ayudar a los seres humanos a entender lo que les rodea, parcelando aun cuando no existe tal acotación de lo real.
Es curioso, pero quizás (con todo lo hipotético que se puede denotar del término) seamos de las primeras generaciones en las que, lo normal es que tus padres estén separados. Obviamente, depende de donde vivas y no es para nada resultado de un estudio exhaustivo; pero de la gente española que conozco de mi generación, el 80 % tienen padres separados, incluso con otras parejas. Es una circunstancia que se ha naturalizado muchísimo (como no podía ser de otra manera) en relativamente poco tiempo y que en cierto modo condiciona a la predisposición al matrimonio de sus hijos, quienes si no lo conciben como algo negativo, sí lo hacen como algo que pensarse mucho por su volatilidad observada en algunos casos y las largas consecuencias que acarrea una separación.
Hace poco leí que el número de divorcios ya superaba el de los matrimonios en España, y no es de extrañar, es un cambio generacional propiciado por el contexto y un cambio en la concepción cultural. Sinceramente y cambiando de tema, espero que suceda una unión de todos (independientemente de la generación) para olvidar nuestros egos e instaurar una nueva democracia real (que creo que puede estar sucediendo), no olvidemos que no existe cambio político sino hay cambio social y para ello se necesita cierta unión. Desde luego que no seríamos los primeros en realizar esto, como decía en la introducción que se tiende a pensar en cada generación. Ni desgraciadamente los últimos...
lunes
So lonely, so lonely, so lonely...
Creo que jamas entenderé como funciona mi mente a la hora de gestionar los recuerdos, algo divertido y a la vez inquietante, y es que, sin motivo alguno; hoy me ha venido a la cabeza una conversación mantenida allá por diciembre con un amigo en la que comentábamos nuestra opinión acerca de desentrañar de esa condición de rareza o ese aura como de algo extraño, al hecho de ver a una persona, por ejemplo comiendo en un restaurante, sola.
Desde el punto de vista lógico hay que naturalizar esta percepción, si nuestra sociedad parece evolucionar hacia algo, es hacia el individualismo mas puro. Poco son los pilares o las relaciones realmente personales, el yo personal antepuesto al yo social. Paradójicamente, la tecnología, tan endiosada en estos tiempos, concentra gran parte de sus esfuerzos en aumentar esa comunicación entre personas sin barreras espacio-temporales, aunque realmente el efecto que provoque sea el contrario y haya incluso quien prefiera comunicarse mediante estos medios tecnológicos aun sin existir las citadas barreras. Por tanto, algo que nos debería llevar un paso mas adelante en nuestra esencia de animal social, nos evoca al individualismo mas absoluto. No es nada extraño ni nuevo, al ser humano siempre le ha abrumado la abundancia y multiplicidad de opciones, sirva como paralelismo el hecho de vivir con el mayor volumen de información a nuestro alcance de la historia y ello no significa que estemos todos mas informados, de hecho suele suceder lo inverso...y es que como dice la sabiduría popular el que mucho quiere abarcar...
Pero retornemos al leitmotiv del post: la soledad y sobre todo el rol que juega en la dimensión social. Sea elegida esta condición o no, aunque haya cambios de percepción si se percibe a un ejecutivo solo a ver a alguien en situación de exclusión o marginalidad social, es algo que nos asombra, porque esta socialmente aceptado ir a pasear solo pero hacer un almuerzo en un restaurante solo se ve como algo triste, quizás sea por el hecho de asociar la comida a motivos de celebración o reunión tan arraigado culturalmente en nosotros.
Antes de caer en lo banal, he de matizar que no hablo de la soledad como únicamente estar físicamente sin compañía, también se puede sentir soledad estando rodeado de gente, lo cual si tiene cierto carácter desalentador acerca de la sociedad, que parece que nos obliga a mirarnos el ombligo continuamente a través de la cultura del capitalismo, del poseer mas es igual a ser mas feliz, haciéndonos entrar en competiciones absurdas, que poco tienen de humano mas que la avaricia y egoísmo que nos aflora. Sin embargo, se pierden valores como la comunicación, el sentido y satisfacción de compartir y, en definitiva, si aceptamos la definición de hombre como animal social, sale perdiendo la propia esencia del ser humano.
Desde el punto de vista lógico hay que naturalizar esta percepción, si nuestra sociedad parece evolucionar hacia algo, es hacia el individualismo mas puro. Poco son los pilares o las relaciones realmente personales, el yo personal antepuesto al yo social. Paradójicamente, la tecnología, tan endiosada en estos tiempos, concentra gran parte de sus esfuerzos en aumentar esa comunicación entre personas sin barreras espacio-temporales, aunque realmente el efecto que provoque sea el contrario y haya incluso quien prefiera comunicarse mediante estos medios tecnológicos aun sin existir las citadas barreras. Por tanto, algo que nos debería llevar un paso mas adelante en nuestra esencia de animal social, nos evoca al individualismo mas absoluto. No es nada extraño ni nuevo, al ser humano siempre le ha abrumado la abundancia y multiplicidad de opciones, sirva como paralelismo el hecho de vivir con el mayor volumen de información a nuestro alcance de la historia y ello no significa que estemos todos mas informados, de hecho suele suceder lo inverso...y es que como dice la sabiduría popular el que mucho quiere abarcar...
Pero retornemos al leitmotiv del post: la soledad y sobre todo el rol que juega en la dimensión social. Sea elegida esta condición o no, aunque haya cambios de percepción si se percibe a un ejecutivo solo a ver a alguien en situación de exclusión o marginalidad social, es algo que nos asombra, porque esta socialmente aceptado ir a pasear solo pero hacer un almuerzo en un restaurante solo se ve como algo triste, quizás sea por el hecho de asociar la comida a motivos de celebración o reunión tan arraigado culturalmente en nosotros.
Antes de caer en lo banal, he de matizar que no hablo de la soledad como únicamente estar físicamente sin compañía, también se puede sentir soledad estando rodeado de gente, lo cual si tiene cierto carácter desalentador acerca de la sociedad, que parece que nos obliga a mirarnos el ombligo continuamente a través de la cultura del capitalismo, del poseer mas es igual a ser mas feliz, haciéndonos entrar en competiciones absurdas, que poco tienen de humano mas que la avaricia y egoísmo que nos aflora. Sin embargo, se pierden valores como la comunicación, el sentido y satisfacción de compartir y, en definitiva, si aceptamos la definición de hombre como animal social, sale perdiendo la propia esencia del ser humano.
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