Recuerdo cada detalle de aquel
14 de septiembre de un año extraño, como lo fue el 2020. Recuerdo tus leggings y mascarilla de tela rosas, tus nervios por el primer día, los selfies en el espejo del ascensor, nuestros juegos y tonterías... pero, sobre todo,
tu sonrisa aquel día.
Yo no estaba menos nervioso. Lo reconozco. En mi cabeza mil pensamientos me asaltaban: "es un gran paso", "¿se adaptará bien?" o "Espero que las maestras sean buenas" y por encima de todos ellos "¡qué grande te me has hecho mi ninfa y qué orgulloso estoy de ti!".
Ese último pensamiento se mantiene intacto e impertérrito. No importa lo que la vida nos depare, ni tus posibles errores y discusiones conmigo, ni los míos, ni los nuestros. Mi amor hacía ti no es negociable, es incondicional, mi orgullo por ti, Nerea, sempiterno, que crece a cada conversación, con cada paseíllo juntos, con cada juego, con cada lágrima, con cada sonrisa.
Mañana, bueno hoy ya, es 6 de junio de 2025. Último día de escuela primaria. Tú estarás nerviosa, a ratos melancólica. Sabes que estás colindando un cambio grande y que dejas atrás cinco años maravillosos.
Y yo, mi ninfa, te acompaño y crezco contigo como padre. Deleitándome al ver como floreces, como iluminas mis días y los de tu madre y hermana; qué suerte tengo de formar parte de esta preciosa familia.
Observo como la vida puede ser muchas cosas, en su frenético día a día, pero su esencia, lo que nos salva y mantiene a flote, lo más importante, es el amor, AMOR CON MAYÚSCULAS. Y eso, quizás lo sabía ya desde antes, pero desde que naciste lo compruebo junto a ti cada día.
Te quiero mucho, Nerea. Hoy es el último día de primaria, primer día de otro momento de crecimiento importante en tu vida. Y
cuando me necesites, a tu lado para lo que quieras siempre estaré, mi ninfa.