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sábado

Cinismo ilustrado

Que no hemos cambiado tanto, ni mucho menos, como seres humanos de Hobbes. Que seguimos amordazados y adormecidos, deprimidos con la careta sonriente. Hordas de resilientes estériles, intoxicados por el humo de un incendio que tácitamente continuamos a justificar.

Que el control social ya no se da por represión, sino por entretenimiento autocomplaciente. La heroicidad de disfrazar de cultural el cinismo. Cinismo ilustrado. Sé, creo saber, estoy infoxicado y pasemos a otra cosa.

30 años desde el asedio, la negación de ayuda humanitaria, la "zona segura" con desarme civil por la ONU y el posterior genocidio. Hablo de Srebreinica. Horror total, hoy asistimos cada día al peor de los genocidios en directo streaming. A las nuevas fuerzas de Herodes, que niegan la vida, el presente y, masacrando niños y escuelas, destruyendo también el futuro.

¿Y nosotros? nos vemos acorralados y empujados a combatirnos entre pobres en guerras en las que nadie gana, porque nada hay en juego. Al menos para quienes la combaten.

Mientras se pulen las botas: pan y circo, deshumanización del otro, cinismo para uno mismo. Relaciones standard, dudas, ¿has visto Adolescence?, un par de stories, 125 scrolls y a la cama. 

domingo

Inermes, inertes e indiferentes

Gritos y horror, sangre y ceniza. Puro terror y dolor. Inocentes, víctimas de genocidio. Sufren, mueren, perecen. Se hunden en el mar o se hielan en el Darién. Como si sus vidas no fuesen o sus sueños o proyectos de futuro no existiesen. Vidas de paso sin futuro ni presente. Vidas que no son vida, almas inermes.

Asesinos genocidas que miran desde un despacho, manejan drones desde una sala, juegan a la guerra, macabro juego. Exterminan, disparan, matan y arrebatan. Deshumanizan al otro. Como si el otro no mereciese ser, vivir, existir. Como si el otro fuese realmente "otro", otra cosa. No un ser humano, mas un ente que destruir, un sobrante. Un error de la biosfera que suprimir para supremacía demostrar. Vidas que deshumanizan vidas, incluida sin saberlo, la propia; almas inertes.

Y luego somos tú y yo. Afortunados, ociosos, entretenidos y, sólo a ratos, preocupados. Con problemas que problemas no son; y aún así, agobiados y angustiados. Consumiendo. Funcionando. Ajenos. Evitando no estar con uno mismo para no pensar demasiado, para no plantearse lo que a otros negamos. Vidas, sueños, futuros...y así los días pasamos, nos conformamos. Vidas que pasan, sin más, almas indiferentes.

Y así: culpables, víctimas y colaboracionistas por pura ignorancia u omisión entrelazan sus almas. Heladas, rotas y distraídas. Almas inertes, inermes e indeferentes. Que hacen que la historia se repita y no enseñe, sino que más bien se ensañe. Que se ensañe con los últimos, con los de siempre.

miércoles

Belleza y guerra

Belleza, amo la belleza de la normalidad. Normalidad entendida como cotidiana, no como banal. Donde otros pasan de largo, yo me entretengo y veo luces de maravillosa y ordinaria belleza. Momentos preciosos de instantes que no acaban, porque el recuerdo los mantiene vivos. El detalle es detalle y no la clave que sólo a ojos del observador obcecado parece. No existe excusa para justificar una visión obtusa, no se puede respetar, no es posible. El hombre que va contra el hombre, va contra toda forma de respeto, y por consiguiente, de la belleza en sentido pleno.

Guerra sobre guerra la historia se repite. No hay guerra buena ni necesaria. No se puede hacer guerra por la paz. No se puede dignificar un asesinato, a nadie se le ocurriría; entonces, por qué un asesinato de masas debería ser algo digno. No se gana una guerra porque no es un juego, no existen héroes sólo asesinos a sueldo; ni trofeos de guerra sólo conciencias manchadas de sangre, de crimen, de horror, de la falta absoluta de piedad, de humanidad y cerrando el círculo, de respeto.

No existe espacio, ni físico ni mental, para resguardar todo el miedo generado, todo el odio que están alimentando, sin dar posibilidad a una legítima defensa; no asegurará nada más que penurias, hambrunas, venganza y atrocidades. Una vez alguien dijo que quien no protesta de frente a las injusticias, automáticamente pasa al bando opresor. Es cierto, se peca por acción y omisión. El colonialismo no acabó nunca. Europa abrió el camino, América lo sufrió en sus propias venas, sangrantes como nos recuerda Galeano, y continua en Medio Oriente. La espiral de violencia no para. Hablo de Israel pero también de las miles de guerras silenciosas en el mundo.

El exceso de ruido ensordece, como siempre los extremos se tocan paradójicamente. La atención mediática elige el pan de cada día, la indignación de cada día, al más puro estilo del Minuto de Odio Orwelliano. Hablo de Nigeria, Centroafrica o Tailandia, pero también de Ucrania, Siria o Libia. También de estados convertidos en campos de trabajo "legales" con nuestra tácita connivencia , con ciudadanos sometidos, en las regiones del Sudeste asiático, este de Europa y China.

Empecé hablando de belleza y el discurso parece haber derivado hacia todo lo contrario. Precisamente ese es el valor de apreciar la belleza de la pequeñas cosas, en un mundo con grandes monstruosidades, lo que hace la vida todavía merecedora de ser vivida. Quizás la unica evolución humana respecto al valle de lágrimas que representaba el vivir en plena Edad Media.