Asesinos genocidas que miran desde un despacho, manejan drones desde una sala, juegan a la guerra, macabro juego. Exterminan, disparan, matan y arrebatan. Deshumanizan al otro. Como si el otro no mereciese ser, vivir, existir. Como si el otro fuese realmente "otro", otra cosa. No un ser humano, mas un ente que destruir, un sobrante. Un error de la biosfera que suprimir para supremacía demostrar. Vidas que deshumanizan vidas, incluida sin saberlo, la propia; almas inertes.
Y luego somos tú y yo. Afortunados, ociosos, entretenidos y, sólo a ratos, preocupados. Con problemas que problemas no son; y aún así, agobiados y angustiados. Consumiendo. Funcionando. Ajenos. Evitando no estar con uno mismo para no pensar demasiado, para no plantearse lo que a otros negamos. Vidas, sueños, futuros...y así los días pasamos, nos conformamos. Vidas que pasan, sin más, almas indiferentes.
Y así: culpables, víctimas y colaboracionistas por pura ignorancia u omisión entrelazan sus almas. Heladas, rotas y distraídas. Almas inertes, inermes e indeferentes. Que hacen que la historia se repita y no enseñe, sino que más bien se ensañe. Que se ensañe con los últimos, con los de siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario