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domingo

Inermes, inertes e indiferentes

Gritos y horror, sangre y ceniza. Puro terror y dolor. Inocentes, víctimas de genocidio. Sufren, mueren, perecen. Se hunden en el mar o se hielan en el Darién. Como si sus vidas no fuesen o sus sueños o proyectos de futuro no existiesen. Vidas de paso sin futuro ni presente. Vidas que no son vida, almas inermes.

Asesinos genocidas que miran desde un despacho, manejan drones desde una sala, juegan a la guerra, macabro juego. Exterminan, disparan, matan y arrebatan. Deshumanizan al otro. Como si el otro no mereciese ser, vivir, existir. Como si el otro fuese realmente "otro", otra cosa. No un ser humano, mas un ente que destruir, un sobrante. Un error de la biosfera que suprimir para supremacía demostrar. Vidas que deshumanizan vidas, incluida sin saberlo, la propia; almas inertes.

Y luego somos tú y yo. Afortunados, ociosos, entretenidos y, sólo a ratos, preocupados. Con problemas que problemas no son; y aún así, agobiados y angustiados. Consumiendo. Funcionando. Ajenos. Evitando no estar con uno mismo para no pensar demasiado, para no plantearse lo que a otros negamos. Vidas, sueños, futuros...y así los días pasamos, nos conformamos. Vidas que pasan, sin más, almas indiferentes.

Y así: culpables, víctimas y colaboracionistas por pura ignorancia u omisión entrelazan sus almas. Heladas, rotas y distraídas. Almas inertes, inermes e indeferentes. Que hacen que la historia se repita y no enseñe, sino que más bien se ensañe. Que se ensañe con los últimos, con los de siempre.

martes

Solucionemos el mundo en seis párrafos

Pese a no recordarlo con exactitud, creo que no hará ni dos meses de aquella noche. Una noche más, en la que nos reunimos para cenar en casa de unos amigos españoles. Como siempre las risas acompañaron la cena y las bebidas, abundantes, continuaron siéndolo en la postcena. Así, con un estado de embriaguez dicharachero y dilatándonos sin reparos en el tiempo, empezamos a divagar, a expresar nuestras opiniones; ese momento de intoxicación etílica en el que decides arreglar el mundo.

No obstante la evidente banalidad del asunto; esta noche tuvo dos repercusiones que la hacen ser recordada: en primer lugar, esa noche comencé a hablar del estado de las cosas, del ser humano en sociedad, basándome en teorías como la distropía (defendida por autores como Orwell o Huxley) y que ha inspirado mi cuarto artículo (saldrá publicado en febrero) para la revista universitaria italiana Schegge. La segunda razón por la que publico este post es el haber encontrado un trozo de papel con reflexiones que escribí al llegar a casa de madrugada y que leídas mucho tiempo después me han parecido interesantes (ya que yo no las recordaba, razón por la que creo que las escribí. Un poco de lucidez dentro de la borrachera de aquel día)

El texto comienza así: "Egoísmo. Podemos embellecerlo o maldecirlo; al final, sólo queda el propio concepto, lo que designa. Muchos lo llaman independencia, yo prefiero llamar a las cosas por su nombre. Es egoísmo, nos define, individualmente y como especie. No es de extrañar que tras pensar durante un tiempo, uno llegue a la conclusión de que ese egoísmo que en tantos ejemplos cotidianos vemos reflejado no sea más que un vestigio animal en la lucha por la supervivencia. Del individuo y de los miembros afines al mismo, llámese comunidad, familia o manada."

"No hay nada más estable que la segura inestabilidad de la vida, que es la muerte, el hecho inexorable de que acabará. Da estabilidad porque es justicia, ataca a todos por igual, el único requisito para morir es haber vivido. La vida es fugaz y escapa a cada segundo, por ello todo afán de perpetuidad por parte de los mortales parece justificada, ser inmortal, escapar a esa igualdad. Queremos destacar sobre nuestros iguales, sobrevivir a la selección natural; pero cuando la vida no depende de la propia naturaleza o de posibles ataques de un predador; la ambición del hombre le lleva a inventarse algo para propiciar una selección innatural. Por ello, hemos inventado el dinero."

"El dinero como equilibrio y como ruptura de la entropía al mismo tiempo. En el fondo, da razones a una especie para perpetuarse, para creerse superior, los que sobreviven a esta selección innatural sentirán orgullo (otro derivado de la combinación de dos cualidades ya mencionadas: egoísmo y ambición) de haber vencido. No escaparon a un predador, se adaptaron mejor al sistema, a este sistema donde la muerte nos iguala y el dinero rompe la balanza"

"A pesar de poseer una mente racional y ser un animal social, el ser humano no puede aceptar la igualdad, no en términos generales o desde un punto de vista holístico. Esto se deba a la cuarta y última cualidad que nos define y por la que el sistema capitalista se sigue aceptando: miedo. Si confiamos todo a la igualdad que nos viene dada simplemente por el hecho de estar vivos, sin aditivos, correremos el riesgo de que alguien que se crea por encima nos querrá aplastar."

miércoles

El deseo compartido de ser eternos como respuesta a la angustia existencial

Se produce la noticia, una muerte de un personaje notorio e influyente en la historia reciente. Y llegan las recapitulaciones y valoraciones de una vida y actos por unos y otros, hasta rozar lo absurdo. Muerto el hombre, nace la leyenda. Era de esperar que tras la muerte de Carrillo, mas de uno se acordara del recientemente fallecido Fraga. También, que la gente hablara de Paracuellos cuando; sí, murió mucha gente, aunque no olvidemos que fue un capítulo mas dentro de la barbarie de la Guerra Civil, mucha gente pereció; de ambos bandos, y la única que perdió fue España entera. Como en casi todas las guerras civiles, quien se frota las manos es quien no lucha en ella. Veánse ejemplos en países de toda Africa y algunos de Oriente Próximo, donde por cierto, lo siguiente pasa por Irán.

Dejando de un lado esa doble moral correspondiente a defender los principios de un bando u otro según convenga: con recuentos de víctimas y parangones, cuanto menos inmorales e irrespetuosos, lo que me llama la atención es el anhelo continuo en la raza humana por querer ser recordado, aun después de haber muerto. Permanecer, ser recordado, en definitiva aferrarse a la vida aunque sea en el recuerdo de terceras personas; todo esto no es mas que un derivado de la muerte y el temor humano hacia ella. Paradójicamente, la muerte (y sobre todo la incertidumbre que genera) influye en nuestras vidas, mas aun que la propia vida.

La inmortalidad, como tal, no existe. En el sentido mas estricto, si existe una cierta permanencia o constancia de nuestra esencia. Somos materia (células formadas por atomos) y energía (electromagnética como la neuronal, nuclear fuerte para unir nuestros núcleos atómicos...). Tanto una como la otra, vuelven a formar parte de la naturaleza y en ese sentido siempre se mantiene, transformándose. Respecto la espiritualidad, es un tema del que hablar extensamente en otro post, porque varias ideas como el ser simples "células" de un "tejido" (el humano) que pertenece a un "cuerpo" superior para el que funcionamos como debemos, siendo esta la función de la mente y la inteligencia; u otras como la conciencia final de que, al morir, la única luz que se ve al final del túnel sea la de un nuevo nacimiento; entre otras, me parecen tan apasionantes como subjetivas y por ello difíciles de consensuar. Es aquí donde nacen los consensos sociales usados por el hombre para explicar esa espiritualidad y por qué no, lucrarse con ello. Si, me refiero a las religiones y a la fe en algo que maneja todo, un todo tan complicado que prefiere dejar a los humanos con la incertidumbre y manejarlo todo solo, como una deidad.

Retornando a la reflexion principal, derivada de una noticia de actualidad. Desde tiempos prehistóricos, en el antiguo Egipto y así un largo etcétera hasta llegar a la actualidad; el ser humano ha querido dejar constancia de su paso por la Tierra, en muchas ocasiones de su angustia existencial. En la sociedad moderna, hemos creado todo tipo de instrumentos y herramientas para evitar pensarlo en exceso, pero ello no quiere decir que no la tengamos. Si hay algo que nos une a todos es esa angustia existencial y la incertidumbre, el no conocimiento, o mejor dicho, no entendimiento. Y es que no todo se puede aprehender ni aprender, es algo que hay que asumir antes de comenzar, como ya dijo Descartes en su tiempo "sólo sé que no se nada". El "Cogito ergo sum", absolutamente siempre aplicable, porque cuando hablamos de una constante humana de estas dimensiones; incluso el espacio y el tiempo se vuelven simples variables poco relevantes, lo que hace que la vida sólo sea una circunstancia más para ella misma. 

viernes

Vivir no es sólo respirar

Todo es relativo, la realidad es el resultado de nuestra percepción, tras la previa y correspondiente atención, y ambas (lo ha demostrado la psicología) son selectivas, por tanto relativas, subjetivas. Estas son afirmaciones que leeréis mas de una vez por este blog. En este caso son premisa de una larga conversación mantenida ayer con las compañeras de trabajo de una amiga que trabajan en una residencia de ancianos.

Además de la absolutamente admirable paciencia y capacidad específica que requiere este tipo de trabajos cuidando a personas que, por una razón u otra, se encuentran solas allí. Me llamó la atención la visión de la vida que tenían al estar tan cerca de la muerte a diario, no por experiencia propia pero sí en terceras personas muy cercanas a ellas. Sobre todo me llamo la atención la excesiva aunque comprensible desdramatización en cuanto a la muerte. Llegando a límites macabramente absurdos y censurables como apostar cada primero de año con los compañeros de trabajo quien moriría ese año.

No es una visión con la que esté especialmente de acuerdo o no, pero es algo que no te deja indiferente. Una de ellas me comentaba que ellas no son mas que las ultimas compañeras de viaje de estas personas, que les acompañan en la etapa en la que enfilan el camino hacia un final de vida en paz, dejémosnos de eufemismos: hacia la muerte. Si hay algo que no comparto con esta visión, dentro del respeto a la misma, es el hecho de ver la realidad desde el punto de vista de la muerte y no el de la vida, no es lo importante el fin sino el camino que se sigue a diario.

Fue allí, entre copas de sangría, donde debatimos acerca de la longevidad. Parecía ser que una mayoría de nosotros no quería llegar a la vejez en esos términos, siendo una carga y sin estar como se suele decir “en sus cabales”, prefiriendo antes la muerte. Es cierto que una persona la cual ha perdido su mente, su cabeza, autoconsciencia y es incapaz de generar nuevos recuerdos vive prácticamente por inercia orgánica, ya no es quien fue en algún día, se hace visible solo con mirar sus ojos, sus miradas...es triste pero es así.

Entrando en lo personal, no sé que preferiría (si es que se pudiera elegir), visto que las enfermedades degenerativas cada vez proliferan mas (nos guste o no es un gran negocio el hecho de que no tengan cura para la industria farmacéutica) y aunque se alargue la esperanza de vida cada vez mas, lo hace con las mínimas garantías en cuanto a calidad de vida, es decir, una muerte mas lejana no quiere decir una mayor calidad de vida (volvemos a la percepción desde el camino y no desde el fin inexorable de éste). Esta ha sido pensado muchas veces, así en el extremo de aquellos que valoran el placer del camino sobre todo (creo que en exceso porque sobrepasan los limites al afectar a su alrededor) cito la frase: “vive rápido, diviértete y deja un bonito cadáver”. En mi opinión lo ideal es una ponderación entre ambas posturas; ni lo uno ni lo otro. Si llegase a los 70 años me gustaría tener la cabeza como para poder recordar que un día escribí esto, cuando aun sabia vivir al día, improvisando; porque amigos, vivir no es sólo respirar.