Todo es relativo, la realidad es el resultado de nuestra percepción, tras la previa y correspondiente atención, y ambas (lo ha demostrado la psicología) son selectivas, por tanto relativas, subjetivas. Estas son afirmaciones que leeréis mas de una vez por este blog. En este caso son premisa de una larga conversación mantenida ayer con las compañeras de trabajo de una amiga que trabajan en una residencia de ancianos.
Además de la absolutamente admirable paciencia y capacidad específica que requiere este tipo de trabajos cuidando a personas que, por una razón u otra, se encuentran solas allí. Me llamó la atención la visión de la vida que tenían al estar tan cerca de la muerte a diario, no por experiencia propia pero sí en terceras personas muy cercanas a ellas. Sobre todo me llamo la atención la excesiva aunque comprensible desdramatización en cuanto a la muerte. Llegando a límites macabramente absurdos y censurables como apostar cada primero de año con los compañeros de trabajo quien moriría ese año.
No es una visión con la que esté especialmente de acuerdo o no, pero es algo que no te deja indiferente. Una de ellas me comentaba que ellas no son mas que las ultimas compañeras de viaje de estas personas, que les acompañan en la etapa en la que enfilan el camino hacia un final de vida en paz, dejémosnos de eufemismos: hacia la muerte. Si hay algo que no comparto con esta visión, dentro del respeto a la misma, es el hecho de ver la realidad desde el punto de vista de la muerte y no el de la vida, no es lo importante el fin sino el camino que se sigue a diario.
Fue allí, entre copas de sangría, donde debatimos acerca de la longevidad. Parecía ser que una mayoría de nosotros no quería llegar a la vejez en esos términos, siendo una carga y sin estar como se suele decir “en sus cabales”, prefiriendo antes la muerte. Es cierto que una persona la cual ha perdido su mente, su cabeza, autoconsciencia y es incapaz de generar nuevos recuerdos vive prácticamente por inercia orgánica, ya no es quien fue en algún día, se hace visible solo con mirar sus ojos, sus miradas...es triste pero es así.
Entrando en lo personal, no sé que preferiría (si es que se pudiera elegir), visto que las enfermedades degenerativas cada vez proliferan mas (nos guste o no es un gran negocio el hecho de que no tengan cura para la industria farmacéutica) y aunque se alargue la esperanza de vida cada vez mas, lo hace con las mínimas garantías en cuanto a calidad de vida, es decir, una muerte mas lejana no quiere decir una mayor calidad de vida (volvemos a la percepción desde el camino y no desde el fin inexorable de éste). Esta ha sido pensado muchas veces, así en el extremo de aquellos que valoran el placer del camino sobre todo (creo que en exceso porque sobrepasan los limites al afectar a su alrededor) cito la frase: “vive rápido, diviértete y deja un bonito cadáver”. En mi opinión lo ideal es una ponderación entre ambas posturas; ni lo uno ni lo otro. Si llegase a los 70 años me gustaría tener la cabeza como para poder recordar que un día escribí esto, cuando aun sabia vivir al día, improvisando; porque amigos, vivir no es sólo respirar.
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