El humano es un ser racional, a veces, y social, por necesidad autoimpuesta. Así pues, bajo estas premisas, inicia nuestra designación como seres sociales. Ya en el neolítico, vimos (plural mayeustático permitiendo) que un asentamiento necesita de una organización, que no todos somos igualmente fuertes para sobrevivir por nuestros propios medios; y que, por tanto, al débil y al fuerte debía corresponder atenciones equitativas, sino iguales. Nace así la mera noción de justicia social.
Es obvio que el párrafo anterior no es más que un ejercicio de imaginación, no soy antropólogo ni arqueólogo (ni lo pretendiere), pero me vale de trampolín para el párrafo siguiente, que es éste, las líneas que estáis recorriendo ahora. Pues bien, metalingüísticas aparte, esa justicia social es aceptada por todos hoy día, al menos de boquilla. "Es justo que tengamos iguales oportunidades y que exista una igualdad ante la ley" es una frase que podríamos atribuirnos todos, aun a riesgo de parecer bienpensantes o bienquedas, pero el hecho es que teóricamente todos lo aceptamos y compartimos, en gran medida.
Pero vayamos a la práctica, descarguemos a tierra toda esta lluvia teórica. Dejemos de un lado el olimpo volcánico de la política institucional, que bastante hemos tratado ya. Quisiera guiarme por dos lugares colectivos, protosociedades si se quiere, en los que todos hemos cohabitado. Me centraré en la escuela y el trabajo, dos mundos (el escolar y el laboral) en los que analizaré la (no) presencia de democracia, en el sentido en que la entendemos y compartimos según lo ya escrito.
Es obvio que una escuela no es un lugar democrático, más bien noocrático, donde los sabios gobiernan, el poder está de la parte de quien ostenta los conocimientos. Aunque para Platón fuese la mejor forma de gobierno no es democrático. Y es que los criterios para ser considerado sabio o parte de la plebe son bastante subjetivos, llegando a ser casi arbitrarios. En segundo lugar, es un sistema basado en no considerar preparados a los que no cupan la cúspide y por tanto no escucharlos. Dar la espalda a la mayoría, se parece en este caso más a una oligarquía (cambiando criterios económicos por culturales para llegar a la cima de la pirámide) que a una democracia.
Entiendo que los alumnos son menores, que los profesores son educadores y están preparados para ello, que existen consejos de clase y algunos elementos de participación estudiantil (o ciudadana si continuamos con el símil). No pretendo criticar nuestro sistema educativo, solo dejar claro que no es democrático. Y así lo aceptamos, no pasa nada por decirlo.
Sigamos adelante, crezcamos. Ahora ya somos mayores de edad y tenemos la suerte de ser remunerados por ocupar nuestro tiempo y capacidades para un fin más o menos ajeno a nosotros. Entramos en el mundo laboral. Creo que nadie se lleva las manos a la cabeza si digo que en el mundo laboral la jerarquía piramidal es el sistema.
Aceptamos que el salario incremente en base a la ascensión en dicha pirámide o de la antigüedad, presuponemos una cierta meritocracia, una cierta igualdad de oportunidades para subir en la jerarquía. Mi experiencia me dice que ésta en casi todos los casos brilla por su ausencia, y aun existiendo, siendo su finalidad subir en la pirámide para mandar sobre el resto, se parece en más a la tiranía que a una democracia. En conclusión, en el mundo laboral tampoco practicamos la democracia, lo aceptamos con mayor reparo, luchamos con nuestras armas, pero el sistema es el que es.
Cabría preguntarse por qué pretendemos que todo un sistema social sea democrático cuando aceptamos que no lo sea en microsistemas más cercanos como la escuela o el trabajo. Y sobre todo, y no menos importante, ¿existen alternativas al menos en el mundo laboral, donde ya somos adultos todos, para cambiar esto?
Yo creo que sí, que pueden existir, y que hay casos alentadores, viajemos juntos a Argentina. Hace 15 años, el BCE y FMI provocaron una crisis muy parecida a la vivida en el resto del mundo en estos últimos años desembocando en el conocido corralito, algo que merece ser estudiada con mayor detenimiento. Os aconsejo para ello este libro de Naomi Klein.
En el contexto de aquella argentina y sobre todo como consecuencia de ello, muchos trabajadores cuyas empresas declaraban bancarrota, decidieron organizarse constituirse en cooperativas y seguir trabajando. Todos con igual salario, todos con horarios más libres; es obvio que no sin dificultades, pero todos haciendo de su lugar de trabajo algo más democrático. El Hotel Bauen de Buenos Aires es uno de entre cientos de casos de estas empresas recuperadas, como se ha llamado al fenómeno.También en la región en la que vivo: Emilia-Romagna tiene muchos ejemplos de estas cooperativas.
Como conclusión, el trabajo cooperativo aun no siendo la solución al problema de la falta de democracia en el ámbito laboral, es un paso adelante. No es la panacea y requiere de atención contínua, pero con esfuerzo es una bocanada de aire democrático (he trabajado dos años en una y os aseguro que es totalmente distinto al resto de trabajos que he conocido).
¿Y haciendo más democrático nuestro lugar de trabajo consiguiremos una democracia real? Pues quizás no directamente, pero es un primer paso. Porque parafraseando una cita atribuida a Einstein (una de tantas) la locura sería pretender resultados diferentes haciendo siempre las mismas cosas.
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lunes
domingo
Cuando la precariedad pasa de excepción a norma o conclusiones tras una experiencia personal en Italia
Cuando decidí comenzar este blog personal, hubo dos especies de dogma autoimpuestos: el primero era el de no poner en tela de juicio ninguno de los textos con los que explotaría metafóricamente en cada post y el segundo, escribir sólo entre semana, de lunes a viernes y nunca en fin de semana, dosificando ese placer que es para mí escribir, aunque no sepa muy bien por qué. Incumplí mi propia norma hace poco en un post escrito en sábado y hoy lo vuelvo a hacer.
El párrafo anterior a pesar de las apariencias, no es para nada obsoleto al tema que hoy me ocupa y es que en un 90% de los casos, las entradas de este blog venían escritas durante el horario laboral, como válvula de escape, buscaba la manera de acabar mis tareas de manera productiva para poder tener ese tiempo de escribir un poco, tiempo proporcional al que el resto de mis compañeros invertían en salir a fumar.
Lo importante de todo esto y recapitulando sobre porqué he decidido transgredir ahora mi propia ley, es que ahora trabajo desde casa y solo voy a la oficina para presentar proyectos y filmar vídeos que después edito en casa. Por ello, la concepción de día laboral o fin de semana ha desaparecido un poco de mi mente en mi caso. No me puedo quejar, a pesar de que apenas me da para sobrevivir, ni me quejo. Pero es obvio que siempre estoy atento a nuevas ofertas de trabajo.
La semana pasada me llegó la respuesta a una oferta a la que me inscribí hace un tiempo y concertamos una entrevista de trabajo. La empresa en sí era muy extraña, ya que en su página no quedaba muy claro que hacían, hablaban de clientes, marketing y estudios de mercado, pero por otro lado de otras cosas que no eran más que palabras de relleno. La entrevista era en Florencia, ciudad a la que tenía que ir de todas formas esa semana por lo que acepté a pesar de mis sospechas iniciales, sede que no estaba publicitada en ningún lugar de su web o redes sociales, algo que ya hace dudar aun más de su legitimidad: una agencia que se dedica a marketing online y offline y no sabe publicitarse a sí misma, ¿cómo pretende llegar a un cliente potencial?.
Llegó el día de la entrevista y la oficina no podía ser más cutre, no tenían ningún tipo de equipamiento informático, el supuesto manager que entrevistaba era un chavalillo de mi edad con traje y habían concertado a 30 personas a la misma hora, las 17.30, por lo que seriedad cero.
Una vez me llaman para ser entrevistado, a mí y a otro tipo de Roma (entrevistaban por parejas), el "manager" nos contó que era una empresa canadiense con más de 500 sedes en Reino Unido, España y Portugal y que ahora llegaba a Italia, donde preveían muchos clientes y más frases fruto más de una labia inconclusa que de reales hechos constatables. El caso es que te vendía la idea de que en 6 meses llegabas a lo más alto pero, claro, tenías que empezar por abajo; he aquí el truco: en la captación de clientes puerta a puerta y por las calles. Además no te hablaban de dinero a cambio de tu trabajo, sólo si estabas entre los 12 escogidos (de los 30 iniciales) te hacían una segunda entrevista para profundizar.
Las conclusiones eran claras: nunca pasarás de la primera fase, te pondrán una cuota mínima de nuevos clientes para ascender y te aburrirás/arruinarás (seguramente pagaban por comisión) antes de llegar a ella. ¿Qué gana la empresa? los pocos clientes que les hayas conseguido tú y el resto de pobres diablos que tengan la ilusión de llegar alto con la empresa. Una estafa manifiesta. Por cierto, la empresa en cuestión es ésta.
Esta experiencia me llevó a pensar que el mercado laboral, sobre todo en los jóvenes pero no sólo, está así de mal. En el 75% de las ofertas de trabajo (y quizás me quedo corto) hay algún truco o engaño, parece que sea la empresa la que te haga el favor al contratarte y no al contrario, como realmente debería ser. El modelo alemán de minijobs de 400 euros al mes se está imponiendo, pero además de manera errónea, pagando 400 y 500 euros al mes por trabajos fulljob (es decir de 40 horas a la semana o más) para gente altamente cualificada y sobradamente preparada, porque se desborda la demanda, hay tantos parados que alguno seguro aceptará siempre aunque el salario deje el calificativo miserable a la altura de sus tobillos.
Se pasa del becario (sin beca, al menos económica) al precario. Como alternativa, se promueve la absurda utopía de "cada persona es una empresa" y toda la literatura acerca de ser freelance y sus supuestas ventajas, que cualquiera que conozca a alguien en esa situación sabrá que es uno de los mayores engaños de nuestra época. Y aquí nos vemos, paralizados u obligados a inventarnos un puesto, a vendernos al mejor postor aunque ello suponga apenas poder pagar el alquiler de tu piso a cambio de un trabajo que debería ser valorado por encima de los 1000 euros al mes. En España no es distinto, ni mucho menos, tengo amigos que venían "pagados" con un abono de transportes al mes. Creo que no haga falta añadir más...
Me suelen preguntar acerca de las prospectivas de futuro , sobre como veo que evolucionará esto, si volveré algún día a España. Respondo que seguramente lo haga, pero si fuese en el corto plazo sería para mí una derrota porque no son esos los planes que tengo. Y es que, sinceramente, aunque creo que la pésima situación actual, con mucha demanda y oferta escasa y precaria, cambiará, no lo hará necesariamente de manera positiva (o no todo lo positivo que debiere). Creo que aumentará la cantidad de oferta y no así la calidad, es decir, más oferta pero igual de precaria.
Lo anteriormente dicho aliñado con noticias como las que nos llegan desde Suiza, referente en democracia directa y participativa con referendos casi semanales, donde el pueblo ha decidido con un rotundo No sobre la cuestión de limitar el salario a los altos directivos, que sólo pudiera ser 12 veces superior al del trabajador base; son caldo de cultivo de un cóctel social explosivo.
A modo de conclusión, pienso que poco o nada cambiará nuestra precariedad laboral en el corto y medio plazo, no obstante, podemos encontrar algo muy positivo en todo esto, a la vez que primordial: nuestra manera de afrontarlo.
El párrafo anterior a pesar de las apariencias, no es para nada obsoleto al tema que hoy me ocupa y es que en un 90% de los casos, las entradas de este blog venían escritas durante el horario laboral, como válvula de escape, buscaba la manera de acabar mis tareas de manera productiva para poder tener ese tiempo de escribir un poco, tiempo proporcional al que el resto de mis compañeros invertían en salir a fumar.
Lo importante de todo esto y recapitulando sobre porqué he decidido transgredir ahora mi propia ley, es que ahora trabajo desde casa y solo voy a la oficina para presentar proyectos y filmar vídeos que después edito en casa. Por ello, la concepción de día laboral o fin de semana ha desaparecido un poco de mi mente en mi caso. No me puedo quejar, a pesar de que apenas me da para sobrevivir, ni me quejo. Pero es obvio que siempre estoy atento a nuevas ofertas de trabajo.
La semana pasada me llegó la respuesta a una oferta a la que me inscribí hace un tiempo y concertamos una entrevista de trabajo. La empresa en sí era muy extraña, ya que en su página no quedaba muy claro que hacían, hablaban de clientes, marketing y estudios de mercado, pero por otro lado de otras cosas que no eran más que palabras de relleno. La entrevista era en Florencia, ciudad a la que tenía que ir de todas formas esa semana por lo que acepté a pesar de mis sospechas iniciales, sede que no estaba publicitada en ningún lugar de su web o redes sociales, algo que ya hace dudar aun más de su legitimidad: una agencia que se dedica a marketing online y offline y no sabe publicitarse a sí misma, ¿cómo pretende llegar a un cliente potencial?.
Llegó el día de la entrevista y la oficina no podía ser más cutre, no tenían ningún tipo de equipamiento informático, el supuesto manager que entrevistaba era un chavalillo de mi edad con traje y habían concertado a 30 personas a la misma hora, las 17.30, por lo que seriedad cero.
Una vez me llaman para ser entrevistado, a mí y a otro tipo de Roma (entrevistaban por parejas), el "manager" nos contó que era una empresa canadiense con más de 500 sedes en Reino Unido, España y Portugal y que ahora llegaba a Italia, donde preveían muchos clientes y más frases fruto más de una labia inconclusa que de reales hechos constatables. El caso es que te vendía la idea de que en 6 meses llegabas a lo más alto pero, claro, tenías que empezar por abajo; he aquí el truco: en la captación de clientes puerta a puerta y por las calles. Además no te hablaban de dinero a cambio de tu trabajo, sólo si estabas entre los 12 escogidos (de los 30 iniciales) te hacían una segunda entrevista para profundizar.
Las conclusiones eran claras: nunca pasarás de la primera fase, te pondrán una cuota mínima de nuevos clientes para ascender y te aburrirás/arruinarás (seguramente pagaban por comisión) antes de llegar a ella. ¿Qué gana la empresa? los pocos clientes que les hayas conseguido tú y el resto de pobres diablos que tengan la ilusión de llegar alto con la empresa. Una estafa manifiesta. Por cierto, la empresa en cuestión es ésta.
Esta experiencia me llevó a pensar que el mercado laboral, sobre todo en los jóvenes pero no sólo, está así de mal. En el 75% de las ofertas de trabajo (y quizás me quedo corto) hay algún truco o engaño, parece que sea la empresa la que te haga el favor al contratarte y no al contrario, como realmente debería ser. El modelo alemán de minijobs de 400 euros al mes se está imponiendo, pero además de manera errónea, pagando 400 y 500 euros al mes por trabajos fulljob (es decir de 40 horas a la semana o más) para gente altamente cualificada y sobradamente preparada, porque se desborda la demanda, hay tantos parados que alguno seguro aceptará siempre aunque el salario deje el calificativo miserable a la altura de sus tobillos.
Se pasa del becario (sin beca, al menos económica) al precario. Como alternativa, se promueve la absurda utopía de "cada persona es una empresa" y toda la literatura acerca de ser freelance y sus supuestas ventajas, que cualquiera que conozca a alguien en esa situación sabrá que es uno de los mayores engaños de nuestra época. Y aquí nos vemos, paralizados u obligados a inventarnos un puesto, a vendernos al mejor postor aunque ello suponga apenas poder pagar el alquiler de tu piso a cambio de un trabajo que debería ser valorado por encima de los 1000 euros al mes. En España no es distinto, ni mucho menos, tengo amigos que venían "pagados" con un abono de transportes al mes. Creo que no haga falta añadir más...
Me suelen preguntar acerca de las prospectivas de futuro , sobre como veo que evolucionará esto, si volveré algún día a España. Respondo que seguramente lo haga, pero si fuese en el corto plazo sería para mí una derrota porque no son esos los planes que tengo. Y es que, sinceramente, aunque creo que la pésima situación actual, con mucha demanda y oferta escasa y precaria, cambiará, no lo hará necesariamente de manera positiva (o no todo lo positivo que debiere). Creo que aumentará la cantidad de oferta y no así la calidad, es decir, más oferta pero igual de precaria.
Lo anteriormente dicho aliñado con noticias como las que nos llegan desde Suiza, referente en democracia directa y participativa con referendos casi semanales, donde el pueblo ha decidido con un rotundo No sobre la cuestión de limitar el salario a los altos directivos, que sólo pudiera ser 12 veces superior al del trabajador base; son caldo de cultivo de un cóctel social explosivo.
A modo de conclusión, pienso que poco o nada cambiará nuestra precariedad laboral en el corto y medio plazo, no obstante, podemos encontrar algo muy positivo en todo esto, a la vez que primordial: nuestra manera de afrontarlo.
lunes
Sin beca no hay paraíso
No podía ser más oportuno el tema, a pesar de que llevo días queriendo plasmarlo en mi blog, por experiencia personal y por ese derecho tan absurdo como inexorable al simple pataleo. Hoy el mismo Arturo Pérez-Reverte publica en su web "El calvario de ser becario". Pues bien, yo os quiero hablar de la tortura de ni siquiera poder pasar por dicho calvario.
Hoy precisamente, se han conocido los presupuestos para el próximo año, estampando en nuestras caras atónitas una gran ración de realidad, mayor austeridad en lo que ya está mal: educación, sanidad y servicios sociales. Quizás nos digan que estamos dejando atrás la recesión en lo económico, mientras en lo social se hace todo lo contrario, no se deja nada atrás. Estamos en regresión.
En este contexto, no parece nada fácil acceder a cualquier beca o ayuda del estado (y doy fe de que no lo es) por lo que muchas personas no podrán estudiar o en el caso de los titulados, tener una experiencia laboral. Y es que hace unas semanas he recibido la notificación de parte de la Fundación Universidad-Empresa de la Región de Murcia (como ya recibí en su momento de Ingalicia o Universidad-Empresa de Valencia, entre otras) de la negativa a acogerme a su programa Leonardo Da Vinci, a pesar de tener ya un acuerdo con una empresa de la zona e incluso el alojamiento encontrado e incluso ahorrarles el billete de avión de ida.
Lo peor de esto son las supuestas razones, la curiosa espiral en que me encuentro. Al haber trabajado casi dos años ya en agencia de publicidad, me dicen que tengo demasiada experiencia para ser becario; que es becario aquel que no ha tenido experiencia en su campo. Esto me parecería del todo lógico si fuera en línea con el pensamiento de los empresarios, es decir, si para ellos fuera una opción el contrato y no sólo decirme que sí cuando les salgo gratis.
Así pues, una nueva pescadilla que se muerde la cola. Demasiada experiencia para ser becario y demasiada poca para ser contratado, pero de mientras tengo que seguir viviendo y no creo que esos mismos "emprendedores" que te pretenden explotar hayan llegado donde están trabajando gratis precisamente. Me recuerda, manteniendo las obvias distancias, a la ley de extranjería española. Sin papeles no es posible tener contrato de trabajo, pero a su vez no te pueden dar los papeles sin tener trabajo. Un juego burocrático cruel, y lo peor, legal.
Pero no crean que España es culpable de esto en exclusiva, de hecho la beca Leonardo viene financiada por la Unión Europea. Sí, aquellos que nos van a "salvar" de la crisis. Una crónica de algo que me ha sucedido a mí, pero también a otros muchos. Porque ser becario puede ser un calvario y cobrar más de 500 euros al mes una quimera convertida al improviso en objetivo inalcanzable. Pero una cosa queda clara para una de las generaciones, como la nuestra, más preparada (y menospreciada a partes iguales) de las que han debido emigrar fuera de España: sin beca no hay paraíso. Ni tan siquiera el calvario del que habla Reverte. Nos vemos, pues, obligados a vagar eternamente en el limbo.
Hoy precisamente, se han conocido los presupuestos para el próximo año, estampando en nuestras caras atónitas una gran ración de realidad, mayor austeridad en lo que ya está mal: educación, sanidad y servicios sociales. Quizás nos digan que estamos dejando atrás la recesión en lo económico, mientras en lo social se hace todo lo contrario, no se deja nada atrás. Estamos en regresión.
En este contexto, no parece nada fácil acceder a cualquier beca o ayuda del estado (y doy fe de que no lo es) por lo que muchas personas no podrán estudiar o en el caso de los titulados, tener una experiencia laboral. Y es que hace unas semanas he recibido la notificación de parte de la Fundación Universidad-Empresa de la Región de Murcia (como ya recibí en su momento de Ingalicia o Universidad-Empresa de Valencia, entre otras) de la negativa a acogerme a su programa Leonardo Da Vinci, a pesar de tener ya un acuerdo con una empresa de la zona e incluso el alojamiento encontrado e incluso ahorrarles el billete de avión de ida.
Lo peor de esto son las supuestas razones, la curiosa espiral en que me encuentro. Al haber trabajado casi dos años ya en agencia de publicidad, me dicen que tengo demasiada experiencia para ser becario; que es becario aquel que no ha tenido experiencia en su campo. Esto me parecería del todo lógico si fuera en línea con el pensamiento de los empresarios, es decir, si para ellos fuera una opción el contrato y no sólo decirme que sí cuando les salgo gratis.
Así pues, una nueva pescadilla que se muerde la cola. Demasiada experiencia para ser becario y demasiada poca para ser contratado, pero de mientras tengo que seguir viviendo y no creo que esos mismos "emprendedores" que te pretenden explotar hayan llegado donde están trabajando gratis precisamente. Me recuerda, manteniendo las obvias distancias, a la ley de extranjería española. Sin papeles no es posible tener contrato de trabajo, pero a su vez no te pueden dar los papeles sin tener trabajo. Un juego burocrático cruel, y lo peor, legal.
Pero no crean que España es culpable de esto en exclusiva, de hecho la beca Leonardo viene financiada por la Unión Europea. Sí, aquellos que nos van a "salvar" de la crisis. Una crónica de algo que me ha sucedido a mí, pero también a otros muchos. Porque ser becario puede ser un calvario y cobrar más de 500 euros al mes una quimera convertida al improviso en objetivo inalcanzable. Pero una cosa queda clara para una de las generaciones, como la nuestra, más preparada (y menospreciada a partes iguales) de las que han debido emigrar fuera de España: sin beca no hay paraíso. Ni tan siquiera el calvario del que habla Reverte. Nos vemos, pues, obligados a vagar eternamente en el limbo.
jueves
Observando la lluvia de madrugada tras la ventana
Que no muera el deseo, ni cesen las fuerzas. No falte el ahínco ni se ausenten en la mente las esperanzas. Que luchar sea una constante, no en el sentido de competir, sino en el de aprovechar cada oportunidad; que procrastinar no sea más que otro vocablo conocido, pero no definitorio.
Que llegue el punto en que la probabilidad cambie estos deseos del subjuntivo al futuro, y que sea el presente quien decida cual cumplir y en qué grado. Que no es la peor situación, ni en las peores condiciones, que el contexto externo no ayuda pero tampoco dificulta. Que el mundo es vasto, como vastas son sus oportunidades; pero no existe ningún imán para las mismas.
Que de ésta se sale, que existen buenas intenciones y calibrados objetivos, que el apoyo y cariño de los tuyos es manifiesto y superlativo. Que sí, es cierto, no tienes trabajo, y que, a pesar de las horas invertidas en buscarlo y el empleo del tiempo en seguir estudiando la lengua; siempre parece ser insuficiente o al menos, poco para el ideal. Porque su aprovechamiento no nos hace exentos al fluir del tiempo, fugándose antes nuestra certera impotencia. Porque nunca dejaste de ser positivo, pero los días fríos y lluviosos, como hoy; te confieren ese especial y traicionero estado de melancolía.
Que llegue el punto en que la probabilidad cambie estos deseos del subjuntivo al futuro, y que sea el presente quien decida cual cumplir y en qué grado. Que no es la peor situación, ni en las peores condiciones, que el contexto externo no ayuda pero tampoco dificulta. Que el mundo es vasto, como vastas son sus oportunidades; pero no existe ningún imán para las mismas.
Que de ésta se sale, que existen buenas intenciones y calibrados objetivos, que el apoyo y cariño de los tuyos es manifiesto y superlativo. Que sí, es cierto, no tienes trabajo, y que, a pesar de las horas invertidas en buscarlo y el empleo del tiempo en seguir estudiando la lengua; siempre parece ser insuficiente o al menos, poco para el ideal. Porque su aprovechamiento no nos hace exentos al fluir del tiempo, fugándose antes nuestra certera impotencia. Porque nunca dejaste de ser positivo, pero los días fríos y lluviosos, como hoy; te confieren ese especial y traicionero estado de melancolía.
martes
Concepciones laborales de un neonato
Independientemente de ideologías o creencias particulares, creo que a nadie se le escapa el fenómeno sociológico actual que esta viviendo España en particular y los países mediterráneos en general (por no decir los países occidentales europeos). Es esa una de las razones, si bien mi opción siempre fue la de probar en diversos países, la que hizo que, mochila en mano, probara suerte mas allá de las fronteras de mi país. Gracias a ello, creo me encuentro en la situación privilegiada de tener un contrato en vigor...
No es esto el tema a abordar y de hecho no pretendia hacer de esto un post personal, me sirve como contexto para compartir mis apreciaciones de un mundo laboral en el que he apenas entrado. No pretendo ser apocalíptico, pero he de reconocer que tanto el principio de Peters como la Ley de Parkinson se cumplen en la mayoría de los casos. A continuación explico brevemente en que se basan:
En el primero de ellos, se habla de que una persona va ascendiendo en una empresa hasta llegar a un puesto en el que es totalmente incompetente. Es decir, ganas en "responsabilidad" y en escala de mando, pero no eres nadie sin los de mas abajo que son quienes realmente saben hacer el trabajo posteriormente firmado por ti.
Vivimos en una sociedad basado en el rédito y no en el mérito, en el nombre antes que el hombre; por lo que, no cabría esperar otra cosa que no fuera un sistema laboral basado en las jerarquías y en la eterna competencia, en lugar de en la colaboración o cooperación horizontal y vertical. Quizá sea algo solo intrínseco a la publicidad, aunque no lo creo, pero pienso que la mitad del tiempo no se pierde tanto en hacer el trabajo en sí como en el tedioso protocolo de tener la aprobación de los de arriba. Es conocido que los grandes líderes empresariales han puesto de moda aquello de hacer cursos para la gestión del propio tiempo, el mismo tiempo con el que cuentan el resto de trabajadores de abajo suya y en el que sin embargo hacen el doble que ellos (en algunos casos)
Pero ni mucho menos estoy diciendo que los trabajadores asalariados (o no) sean los que gestionen mejor su tiempo, de hecho en eso se basa la segunda ley: la de Parkinson, que nos cuenta básicamente que un trabajador tenderá a extender las tareas que tenga a todas las horas lectivas. Esto es, con 8 horas de trabajo y 10 tareas para ese día, empleará las 8 horas en tenerlas listas, mientras que, aun teniendo la mitad de tareas, tenderá a tardar lo mismo. Esto realmente se cumple y en muchas ocasiones, en esto se basan los problemas de productividad y eficiencia, tanto arriba como abajo, es un fallo mas del sistema, en este caso en lo laboral.
Es entonces, donde entra en juego la motivación que jalonará posteriormente la implicación en lo corporativo, es la eterna diferencia entre un jefe y un líder. El líder tiene algo de lo que carece un jefe normal, es el carisma, esa quintaesencia que hace escuadra, que hace cooperar, que hace funcionar las cosas; es el engranaje. Si, por méritos (y no por nombre o puesto), tenemos las mismas herramientas compartámoslas por el bien común, es este el concepto que hace falta asumir culturalmente.
No obstante, nada de esto tiene sentido cuando un trabajador por naturaleza propia no quiere hacer nada o un jefe exige imposibles de la peor manera posible, aunque consideraré estos como casos excepcionales. En definitiva, el mundo empresarial esta cargado de psicología, el estado ideal es tener el carisma suficiente para ser simpático y accesible al resto pero al tiempo dar la sensación de que siempre requieres la cooperación del resto para obtener mejores resultados. Esto solo son impresiones de alguien que esta empezando a meter la cabeza en el mundo empresarial, en el que, como decían ya en la Universidad, se libra una lucha diaria que nunca dejará de sorprenderme, el mas puro reflejo del egoísmo y avaricia que componen nuestra condición humana.
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