Tiempo, es todo lo que tengo. Garantizo usarlo con mesura, construirme solo los castillos de arena, solo y sólo, ni muy presuntuosos que el viento barriere ni tan ridículos de resultar ridículo denominarlos tales. Y en ello, inmiscuido y mezclado, amalgamado en la brisa de este mar continuo, calmo y a ratos alborado, se vive. Habito el cuerpo que rara vez entiende el alma que lo puebla. Porque poblar y habitar son la sal y la resaca de estos oceánicos lares.
Arena en los ojos y salmastros los labios, que pronuncian estas palabras que leo en voz alta, sin saber cual será la siguiente, ni como se encadenará en el sentido completo de este simple vendaval. Ora la polvareda se hace excesiva, ora la echo de menos.
La vida es tiempo. Y el mejor remedio a su pasar, a su pesar, es el amor. El amor es arena de mar, que brilla al candor del sol, distanciándose de la arena del árido desierto.