viernes
Patrones sin barco
sábado
El culto al monstruo
Cinismo ilustrado
miércoles
Exit Poll
viernes
Edades de éste y otros veranos
miércoles
Mygoma
Clínicos y asépticos. Mera estadística. A veces, incluso cínicos. Hablo de los números que no por útiles son menos fríos. Meros instrumentos estadísticos, la semplificación necesaria de lo real en elementos sintéticos y compartidos por y para la humanidad; cuyo deseo inmemorial es mantener categorizados al máximo los diversos mimbres que componen el tejido del mundo que nos circunda, natural y antrópico.
50 es uno de esos números, incluso "al menos 5 decenas", que le quita hierro al asunto (como si eso fuera posible). Pero antes de abordarlo, doy un paso atrás. No hace falta ser padre o madre para saber la importancia di un niño. Cada niño es un universo, maravilloso y cansado; pero maravilloso una vez más. Los seres humanos podemos ser fascinantes, pero es en nuestra edad temprana cuando la exponencialidad de nuestro crecimiento fascina, se crean las hormas de nuestros futuros zapatos. Explosión de vida, belleza infinita.
Pero lo infinito a veces se ve truncado por lo irracional. Lo irracional de un virus, una bacteria, una enfermedad o una malformación. O, seguramente, el más irracional de nuestros males: la guerra. Alguien definió una vez la guerra como un enfrentamiento entre ricos que se conocen muy bien pero donde se matan entre sí pobres desconocidos. En una guerra no muere sólo quien lucha. En una guerra muere quien vive. Y los niños, llenos de vida, dejan un hueco y zozobra en el alma que ninguna paz lejana podrá reparar.
Ahora sí, al menos cincuenta, cincuenta niños, contados así como estadística. Como si cada uno de ellos no fuese un maravilloso universo. Una cincuentena, al menos, ha muerto en el orfanato de Mygoma desde que empezó la guerra civil en Sudan. "Víctimas colaterales" según informa Reuters.
Muertos no por la artillería, pero sí por sus consecuencias. Muertos por infecciones que no pueden curar porque no llegan los fármacos o no queda personal mèdico. Muertos por hambre o deshidratación. Porque quien los cuidaba huyió o está luchando una guerra fraticida, o por los cortes contínuos de energía que impiden funcionar ventiladores y otros aparatos médicos.
Los 50 (al menos) niños del orfanato de Mygoma en Khartoum, son "sólo" una cifra más que encierra dentro de sí decenas de universos truncados. Un dolor silenciado por la irracionalidad humana. Una pequeña noticia de un sexto de página de cualquier periódico, mientras la muerte de uno de los mayores mafiosos de Europa, con glosas a su dudosa figura, ocupa toda la portada.
domingo
Problemas de primer mundo
Lo peor ya ha pasado, el huracán se aleja. Pero tras él ¿qué es lo que deja? Microroturas de lo habitual, minidesgarros de lo que antes era intuitivo, disrupciones ínfimas sobre el concepto de verdad y en la concepción misma de ser vital actual, de cómo percibir, cómo percibimos, cómo percibirnos.
Caminamos por la calle felices por ir sin mascarilla pero nunca fuimos más enmascarados; el alma quedó absorta y nuestro ánimo obnubilado. Como esperando que la paz se rompa, que llegue la siguiente urgencia, que se acabe lo medio bueno y volver al conocido y siempre malo...
Consultar con compulsión en el móvil, la situación actual, si algo ha cambiado. Buscando el mal menor, esperando que el mal mayor sea cosa del pasado. Implosión de expectativas que explota en nuestro ánimo. Ganas superlativas de evadirnos con torpor con cualquier banal vicio mundano: Netflix, Disney, el fútbol, Instagram, Twitch o cualquier otra cosa para distraer la mirada mientras nuestra mente se preocupa incluso cuando vegeta en un espacio aparentamente vano.
Y así continuamos, pensando en el hoy y el mañana, pero no en dentro de un mes ni aprendiendo del mes pasado. Avanzamos tras las cifras de la pandemia, a mirar cifras de guerra. Continuamos a esperar que la gran nueva crisis venga. Nuestro primer mundo se desmorona a nuestro paso, a causa de acontecimientos reales, mas con problemas de primer mundo inventados. Y así avanzamos, la vida pasa, y cuando sea tarde diremos que, al menos, lo hemos intentado.
Somos hijos del tiempo que nos ha tocado, nuestro Zeitgeist nos ha dejado marcados. Nada más se pudo hacer y nos tuvimos autoengañados. Pero el entretenimiento no faltó nunca, tampoco el ego exacerbado. Mientras que el sentido de la comunidad se desvanece, desaparece sin dejar rastro. Pues su huella nunca hemos marcado, como nunca nos ha preocupado.
Lo peor nunca habrá pasado mientras nos quedemos mirando el móvil y esperando. Lo mejor que se puede hacer es hablar, comunicarse, organizarse. No será la solución, pero todo principio de solución empieza siempre por hacer algo.
viernes
Un día en el nuevo mundo
Amanece con el sabor a ceniza en las entrañas, la pereza y la apatía solo se ve superada por la aplastante rutina, la homologación y la esperanza de que algo cambie. En la calle poco cambia: el tiempo está detinido, las conversaciones son idénticas desde meses, como guionizadas; los actores saben como y cuando cambiar sus caretas: cuando toca esperanza, cuando preocupación, cuando condescendencia y sobretodo como de paternalista ha de ser el discurso.
La hora de comer se sazona con el irremediable deporte de masa: infoxicarse de titulares, que no noticias. Fagocitar y facilitar la tendencia clickbait de titulares impactantes basados en estudios parciales o no verificados del todo. Hipótesis que se transforman en lapidarios titulares y así un día creo una cosa y al otro la contraria.
Polarización de sobremesa. Negacionistas del Covid contra negacionistas de los efectos adversos de las vacunas. Y en medio a ellos, el razonamiento lógico de cada uno, con elementos verificables se ve aplastado. Deducciones gratuitas e inducciones ad personam que se pierden con el viento. Viento que se va, cada día y se lleva el tiempo en sus brazos. Ese rutinario constructo perdido en este día entre desesperación por un mundo inmerso en un caos sin futuro y la última banalidad mundial a la que prestar atención y desechar al dìa siguiente. El entretenimiento nunca fue tan de masa. La falsa libertad de elección del streaming o las redes sociales hacen el efecto del burro con orejeras. Y pido disculpas a los burros.
Atardece en plena región del cansancio. El hastío supera la apatía, tanto que parecieren almas gemelas. Por fin tiempo libre para ser libre y recomponer la falsa libertad desperdiciada antes. Aquí gana quien sabe buscar sonrisas y encuentra abrazos. Quien, cómplice con el rojizo atardecer, sabe esperar para disfrutar de la iluminada muesca burlona lunar.
La sobremesa de cena, la sobrecena. Zona para valientes. El sueño sustituye al hastío pero el tempus fugit cataliza nuestra energía. Hay tanto en que pensar que el pensamiento desborda; hay tanto que escribir que la pereza asola. No es miedo a la hoja en blanco, es parálisis a la abundancia de ideas y la escasez de estímulos. Y el ser consciente de que el día se acaba, y de que el siguiente no será igual, que no dejará las misma sensaciones. Que irá mejor. Relativizar. Respirar. Dormir.
Después amanece, que no es poco. Y la acumulación de amaneceres hace macerar en el alma las ganas de transpirar lo que todo tu ser te pide, y con el sol o con la lluvia, llega el momento en que la mente fluye; y los dedos responden; y la pereza y la apatía no ganan. Y la vida sigue y seguirá, siempre y día a día siendo merecedora de ser vivida con el máximo de energía mental.
Vuelvo a escribir. O mejor dicho, vuelvo a publicar aquí. El 90% seguirá sólo escrito a mano en alguno de mis cuadernos; pero esto quiero externalizarlo. Me doy la bienvenida de nuevo a este espacio: Brainsploiding. Nunca debí abandonarlo.
martes
Cronología del devenir de nuestra historia futura
Nos atacan, nos defienden y esperamos a que suceda quién sabe qué. Siento que pertenezco a una generación que, con suerte, no vivirá los horrores de una guerra en sus carnes, pero que sufrirá una situación de posguerra psicológica continuada.
No nos atacan y nos defendemos como podemos. Esperamos un salvador externo, algunos, un click que nos devuelva a la vida de 2019; los otros. Miramos nerviosamente el teléfono, noticias y evasión. Hasta que gana la evasión y mandamos hacia adelante lo que hemos o queremos realmente hacer. Hasta más ver, hasta lo que espere cada uno, salvador o click, en un eterno purgatorio.
Respiramos preocupados, vivimos en tensión y odiamos por entretenimiento. Tememos el confinamiento de nuevo, pero, llamadme loco, observo como en lo más profundo de muchos, de algún modo, lo esperan (e incluso desean). Adictos a que sea obligatorio lo excepcional y que lo que debería ser excepcional sea cotidiano.
Entre tanto, TODOS, y perdón por las mayúsculas, buscan medidas al corto plazo. Todos piensan en la economía cortoplacista, en llevar el plato de comida hoy. CASI NADIE (mis disculpas) gasta un minuto de su tiempo en pensar en el futuro, incluso inmediato. La dispersión y fracaso escolar no pueden que aumentar en este contexto. ¿Alguien ha pensado en la infancia nefasta que tendrán las próximas generaciones con el prolungarse de este status quo? ¿Qué clase de adultos saldrán? ¿Qué potencialidad, enriquecimiento mutuo y poder de jugar primero e imaginar después les estamos negando?
Siento que estamos en una burbuja a la que buscamos la linde, creyendo que en septiembre todo cambia o quizás con la llegada de 2021 todo será solo un mal recuerdo. Puede que sea un refugio psicológico, pero ese pensamiento carece mucho de un futuro no ya mejor, sino, al menos parecido, a lo vivido por nosotros en el pasado.
No sé la solución, porque no la hay. Sé que la estrategia para llegar a algo parecido debe pasar por el futuro y no sólo por reaccionar a expensas de lo que pase mañana. Partiendo de ahí las tácticas son más claras: intentar escapar de la burbuja de atemporalidad y que la educación y la escuela sean prioritarios. No puedo entender que el turismo y el ocio nocturno, ambos importantes en el corto plazo en la mentalidad anterior a 2020, prevalgan sobre lo que realmente vale y valdrá para nuestro futuro como sociedad, en primera instancia; como especie, en última.
Por si fuera poco, en pleno 2020 no nos nutrimos con energías renovables y continuamos a romper el subsuelo de parajes naturales en busca de energías que no pueden hacer otra cosa que empeorar la situación.
Nos atacamos, no nos defendemos y esperamos estar entretenidos al máximo cuando el apocalipsis finalmente llegue hasta nosotros.
lunes
El demos que hay en la kratos de cada día
Es obvio que el párrafo anterior no es más que un ejercicio de imaginación, no soy antropólogo ni arqueólogo (ni lo pretendiere), pero me vale de trampolín para el párrafo siguiente, que es éste, las líneas que estáis recorriendo ahora. Pues bien, metalingüísticas aparte, esa justicia social es aceptada por todos hoy día, al menos de boquilla. "Es justo que tengamos iguales oportunidades y que exista una igualdad ante la ley" es una frase que podríamos atribuirnos todos, aun a riesgo de parecer bienpensantes o bienquedas, pero el hecho es que teóricamente todos lo aceptamos y compartimos, en gran medida.
Pero vayamos a la práctica, descarguemos a tierra toda esta lluvia teórica. Dejemos de un lado el olimpo volcánico de la política institucional, que bastante hemos tratado ya. Quisiera guiarme por dos lugares colectivos, protosociedades si se quiere, en los que todos hemos cohabitado. Me centraré en la escuela y el trabajo, dos mundos (el escolar y el laboral) en los que analizaré la (no) presencia de democracia, en el sentido en que la entendemos y compartimos según lo ya escrito.
Es obvio que una escuela no es un lugar democrático, más bien noocrático, donde los sabios gobiernan, el poder está de la parte de quien ostenta los conocimientos. Aunque para Platón fuese la mejor forma de gobierno no es democrático. Y es que los criterios para ser considerado sabio o parte de la plebe son bastante subjetivos, llegando a ser casi arbitrarios. En segundo lugar, es un sistema basado en no considerar preparados a los que no cupan la cúspide y por tanto no escucharlos. Dar la espalda a la mayoría, se parece en este caso más a una oligarquía (cambiando criterios económicos por culturales para llegar a la cima de la pirámide) que a una democracia.
Entiendo que los alumnos son menores, que los profesores son educadores y están preparados para ello, que existen consejos de clase y algunos elementos de participación estudiantil (o ciudadana si continuamos con el símil). No pretendo criticar nuestro sistema educativo, solo dejar claro que no es democrático. Y así lo aceptamos, no pasa nada por decirlo.
Sigamos adelante, crezcamos. Ahora ya somos mayores de edad y tenemos la suerte de ser remunerados por ocupar nuestro tiempo y capacidades para un fin más o menos ajeno a nosotros. Entramos en el mundo laboral. Creo que nadie se lleva las manos a la cabeza si digo que en el mundo laboral la jerarquía piramidal es el sistema.
Aceptamos que el salario incremente en base a la ascensión en dicha pirámide o de la antigüedad, presuponemos una cierta meritocracia, una cierta igualdad de oportunidades para subir en la jerarquía. Mi experiencia me dice que ésta en casi todos los casos brilla por su ausencia, y aun existiendo, siendo su finalidad subir en la pirámide para mandar sobre el resto, se parece en más a la tiranía que a una democracia. En conclusión, en el mundo laboral tampoco practicamos la democracia, lo aceptamos con mayor reparo, luchamos con nuestras armas, pero el sistema es el que es.
Cabría preguntarse por qué pretendemos que todo un sistema social sea democrático cuando aceptamos que no lo sea en microsistemas más cercanos como la escuela o el trabajo. Y sobre todo, y no menos importante, ¿existen alternativas al menos en el mundo laboral, donde ya somos adultos todos, para cambiar esto?
Yo creo que sí, que pueden existir, y que hay casos alentadores, viajemos juntos a Argentina. Hace 15 años, el BCE y FMI provocaron una crisis muy parecida a la vivida en el resto del mundo en estos últimos años desembocando en el conocido corralito, algo que merece ser estudiada con mayor detenimiento. Os aconsejo para ello este libro de Naomi Klein.
En el contexto de aquella argentina y sobre todo como consecuencia de ello, muchos trabajadores cuyas empresas declaraban bancarrota, decidieron organizarse constituirse en cooperativas y seguir trabajando. Todos con igual salario, todos con horarios más libres; es obvio que no sin dificultades, pero todos haciendo de su lugar de trabajo algo más democrático. El Hotel Bauen de Buenos Aires es uno de entre cientos de casos de estas empresas recuperadas, como se ha llamado al fenómeno.También en la región en la que vivo: Emilia-Romagna tiene muchos ejemplos de estas cooperativas.
Como conclusión, el trabajo cooperativo aun no siendo la solución al problema de la falta de democracia en el ámbito laboral, es un paso adelante. No es la panacea y requiere de atención contínua, pero con esfuerzo es una bocanada de aire democrático (he trabajado dos años en una y os aseguro que es totalmente distinto al resto de trabajos que he conocido).
¿Y haciendo más democrático nuestro lugar de trabajo consiguiremos una democracia real? Pues quizás no directamente, pero es un primer paso. Porque parafraseando una cita atribuida a Einstein (una de tantas) la locura sería pretender resultados diferentes haciendo siempre las mismas cosas.
martes
Eppur si muove
Larga vida a la escritura, a los relatos y rimas. A mi mundo entre comillas, el epílogo no lo conozco ni seré yo quien lo escriba. Que la inspiración venza al belicismo de batallas perdidas. Una letra en cada sitio en que la musa de turno decida. Es así, párrafo a párrafo, que mi mundo interior gira.
viernes
La canción cíclica de los tiempos
miércoles
Belleza y guerra
Guerra sobre guerra la historia se repite. No hay guerra buena ni necesaria. No se puede hacer guerra por la paz. No se puede dignificar un asesinato, a nadie se le ocurriría; entonces, por qué un asesinato de masas debería ser algo digno. No se gana una guerra porque no es un juego, no existen héroes sólo asesinos a sueldo; ni trofeos de guerra sólo conciencias manchadas de sangre, de crimen, de horror, de la falta absoluta de piedad, de humanidad y cerrando el círculo, de respeto.
No existe espacio, ni físico ni mental, para resguardar todo el miedo generado, todo el odio que están alimentando, sin dar posibilidad a una legítima defensa; no asegurará nada más que penurias, hambrunas, venganza y atrocidades. Una vez alguien dijo que quien no protesta de frente a las injusticias, automáticamente pasa al bando opresor. Es cierto, se peca por acción y omisión. El colonialismo no acabó nunca. Europa abrió el camino, América lo sufrió en sus propias venas, sangrantes como nos recuerda Galeano, y continua en Medio Oriente. La espiral de violencia no para. Hablo de Israel pero también de las miles de guerras silenciosas en el mundo.
El exceso de ruido ensordece, como siempre los extremos se tocan paradójicamente. La atención mediática elige el pan de cada día, la indignación de cada día, al más puro estilo del Minuto de Odio Orwelliano. Hablo de Nigeria, Centroafrica o Tailandia, pero también de Ucrania, Siria o Libia. También de estados convertidos en campos de trabajo "legales" con nuestra tácita connivencia , con ciudadanos sometidos, en las regiones del Sudeste asiático, este de Europa y China.
Empecé hablando de belleza y el discurso parece haber derivado hacia todo lo contrario. Precisamente ese es el valor de apreciar la belleza de la pequeñas cosas, en un mundo con grandes monstruosidades, lo que hace la vida todavía merecedora de ser vivida. Quizás la unica evolución humana respecto al valle de lágrimas que representaba el vivir en plena Edad Media.
domingo
Cuando la participación no es el problema, o no el más significativo. Sobre las elecciones europeas 2014.
No me considero de ninguna opción política, sí filántropo con criterios, pero mi opinión hacia la democracia y su malograda salud, temas ya tratados desde el Times hasta The Economist pasando por círculos de opinión de todo el mundo donde la espiral del silencio ha dejado de imperar, es bastante radical,en su sentido más etimológico. No existe la democracia y probablemente, tal cosa nunca existió, forma parte de la utopía ideológica humana.
Desde su platónico paradigma en Grecia (que recuerdo era una sociedad esclavista y clasista) hasta nuestros días, la palabra democracia ha sido siempre una idea, un objetivo o un concepto, nunca una realidad. Es democracia cuando se permiten ciertas libertades, ciertos derechos y muy determinadas formas de participación ciudadano, dentro de un marco de lo políticamente correcto, en resumen, es democracia comparada con la tiranía, la oligarquía, la dictadura o el gobierno de guerrilla militar. Pero no es el gobierno del pueblo, nunca lo ha sido.
En plena crisis de valores, económicos y sociales, no nos coge de sorpresa que nuestro egoísmo más animal e instintivo saque a pasear sus feroces garras; corrupción y explotación son solo dos arañazos más dentro del entramado que forman los oscuros sótanos de nuestra esencia. No se puede mejorar la democracia cuando el ser humano está en plena denigración. La democracia está más enferma que nunca, el ideal de democracia, porque en la práctica no existe.
Veamos un particular más, la guerra ucraniana actual (y sí, es una guerra civil aunque no se quiera decir). Rusia impera con total impunidad, ese adalid democrático que son las Naciones Unidas impone sanciones muy duras para frenarlo (perdón por el exceso de sarcasmo). Sanciones que Rusia puede impugnar en todo momento, o como se dice en la jerga, vetar. Básicamente, no acatar el castigo internacional por invadir otro país, con la pueril justificación de no querer hacerlo. Y esto sucede en la era de la democracia.
Pero no hace falta ir a los extremos, ni demonizar aun más al ex KGB. Una cosa tan socialmente aceptada como el G8, me resulta la cosa más aberrante en cuanto a justicia social y democracia. ¿Qué sentido tiene que un conjunto de países decida las reglas del juego? ¿Qué tiene de democrático? No obstante a todos resulta natural dicha jerarquía.
Hoy son las elecciones al parlamento europeo. La fiesta de la democracia continental. Pero la población no elegirá al próximo presidente del Consejo, solo dará su opinión. Serán el conjunto de jefes de Estado quien decidan, sin estar obligados a acatar la decisión del pueblo, quien gobernará dicho organismo. Menos mal que vivimos en democracia...
miércoles
Sinestesia circunstancial
Pero no sólo es el color, todo es relativo, también la intensidad, la luminosidad, la saturación...cuentan. Muchos prefieren enaltecer la intensidad, en todos sus puntos, olvidando el contraste, tan importante en el tiempo de infoxicación cromática que nos circunda.
No es sólo color, ni luz, ni sombra; es actitud, aptitud, percepción e interpretación. Es la vida. La vida es color.
lunes
La frontera de enfrente
No celebremos nuestra apertura mental, no todavía. No nos creamos civilizados o al menos no más que el resto de animales, al menos ellos obedecen su instinto. No engullamos los mensajes de intolerancia, no nos dejemos distraer y si ya estamos distraídos, no olvidemos lo obvio.
De nada sirve perderse en discursos del tipo ningún ser humano es ilegal mientras a nadie le parecen mal las barreras, fronteras, alambre espinado, muros...paredones, al fin y al cabo. Rechazamos la cruenta ocupación israelí o el maltrato constante en la frontera mexicana con los Estados Unidos. O los abusos de los derechos humanos en la frontera entre Corea del Norte y China. Lo del ojo ajeno no es paja, ni mucho menos, pero nuestra viga no es de menos tamaño, ni relevancia. Antes de comenzar a hablar o escribir, de versar el más mínimo comentario sobre estos temas, recuerde el lector nuestras vallas en Melilla, con cuchillas o sin ellas, recuerde la simple legitimación de esas vallas, la aceptación general y consensuada de su existencia, de esa prohibición manifiesta; como recordando a los más pobres que nunca dejarán de serlo y que nuestro esfuerzo en esa dirección parece no desfallecer. Y si, por un error del sistema, consiguieran escapar libremente (triste antítesis donde las haya) toda una sociedad cargada de prejuicios se encargará del resto.
martes
Solucionemos el mundo en seis párrafos
Taedium vitae
Genera mil y uno sentimientos de culpa, autocríticas y no menos excusas o autocomplacencias. Somos condescendientes con nosotros mismos y volvemos a caer. El ocio como peor enemigo, entretenimientos que aburren y tiempos libres que no llevan a nada. También el proceso creativo tiene algo de aburrido, cuando crear es una obligación da un efecto similar al leer por orden de un profesor de escuela; no eres completamente libre a la hora de hacerlo y por tanto no lo disfrutas tanto. Por otro lado, no sabes si por tu cuenta y riesgo lo harías igual, algo que justifica esa falta de libertad.
Nada nos divierte en general. Sorprende como lo que peor sabemos manejar es de lo que más tenemos, de lo poco gratuito y de mayor valor que el ser humano posee. El tiempo. No perder el tiempo. Pasa a todos, debéis saber que grandes directivos y gente de muchos recursos invierten mucho en cursos donde enseñan a gestionarlo. De ahí mi uso del plural. Es una enfermedad social, como ya vaticinaba el mismo Asimov: "En 2014 (y desde antes) la especie humana sufrirá la terrible enfermedad del aburrimiento".
Es algo coyuntural, queremos tanto ocio que no podemos gestionarlo. Paradójicamente, el hecho de escribir este blog para mí es una manera de transformar esa presión de no hacer nada en algo útil, útil a mí en un primer momento y en potencia respecto a un posible lector que agradezca mis textos. Por ello, debo decir que en su justa medida el aburrimiento es sano, las mejores ideas vienen rara vez en momentos de actividad, al menos laboral; mejora el nivel de introspección y es una oportunidad única para salir de tu zona de confort y dar el salto hacia lo que quieres, una intimidad sin cabida a la deseabilidad social y su consecuente presión. Incluso existen repercusiones positivas en aburrirse, psicológicamente demostradas, pero como en todo (incluso en los placeres), los excesos hacen el efecto contrario. No olvidemos que un exceso de algo supone un defecto o carencía de lo justamente contrario. De ahí su negatividad.
"No hay nada más aburrido que un hombre que no se aburre" decía un conocido cantante de hip-hop en uno de sus temas, y en parte es cierto. Es imposible no aburrirse, es aburrido tener siempre algo que hacer y no poder hacer crecer las alas del soñar despierto, del planear onírico o añadir magia transformando acontecimientos en momentos en la realidad cotidiana. Cada uno debe buscar sus propias vías para paliarlo y aprovecharlo, pero no evitarlo. Para mí, esa vía significa llevar siempre conmigo algún tipo de papel y boli, para poder apuntar ideas, conceptos o simplemente dibujar. Buscad la vuestra y veréis como la debilidad del aburrimiento como concepto está sólo asociada a las consecuencias de cómo se reacciona ante el mismo. Probad sin miedo, al fin y al cabo, no habréis perdido el tiempo.
jueves
Saltemos al vacío: la reflexión de los 28 plurales mayestáticos
No miremos atrás, las distancias en el retrovisor pueden engañar, al igual que las dimensiones de lo que nos precede, no por quedar atrás fue peor o mejor, simplemente quedó atrás. Como atrás deben quedar las comodidades, un salto supone un riesgo, abandonemos la zona de confort, atrevámonos con lo desconocido, temamos lo cotidiano y adoremos las rupturas, aprendamos que también las hay positivas. Apreciemos lo que tenemos y de lo que adolecemos, tan nuestro como temporal y efímero, lo que permanece es la actitud: mantengámosla.
Todo salto tiene una caída, recordemos que un golpe no duele menos porque lo esperemos pero nos predispone a levantarnos valorando lo que hicimos mientras estábamos en pleno vuelo. Olvidemos parámetros de otros, en sentido amplio, de otros lugares, tiempos o individuos; reaprendamos sin llegar a reeducarnos, preparémonos para que cada salto sea si no más alto sí más agil, la técnica es importante pero solo con la marca se gana. No olvidemos que lo material tiene la importancia justa, el vacío lo compone todo, a pesar de la flagrante antítesis, por eso (entre otras infinitas razones) y porque otra opción no nos es relevante: Saltemos al vacío.
viernes
La enfermedad de los que curaban
Es por ello que desde los primeros asentamientos humanos, cuando dejamos de ser nómadas, las personas ancianas (adaptando tal concepto a la esperanza de vida de cada época) han sido en su mayoría receptoras del respeto de la comunidad e incluso veneradas. Y aún hoy día muchas culturas lo siguen haciendo.
Fueron dos reportajes en días diferentes en la televisión italiana los que me hicieron verlo tan claro. En el primero se retrataba la vida de uno de los países "en vías de desarrollo" del África occidental, donde está desapareciendo la cultura gastronómica propia amen de las multinacionales con sus centros comerciales. No obstante, en estas culturas relegan un papel sino protagonista sí decisivo a las personas ancianas, ninguna decisión de la comunidad puede ser tomada sin tener en cuenta el parecer de los ancianos. En algo hemos fallado los que creemos vivir en una "sociedad moderna", ¿verdad?
En este contexto y tras mi positiva sorpresa por la forma de vida que tenían vi el segundo reportaje. Era un acto solidario, o más bien de buenismo institucionalizado. Ya se sabe, la navidad da mucho marketing. El alcalde y concejales de un pueblo toscano decidieron rendir homenaje a los ancianos que tantas veces pasan estas fiestas (y también el resto del año) en la más absoluta soledad. La chispa de ignición para mi atención sobre tal reportaje fue el tratamiento de la vejez y la soledad en la misma como una enfermedad. Con una especie de pragmatismo físico exacerbado identificaban esa soledad como una enfermedad, algo propio de la tercera edad.
En ese momento y tras ver varias entrevistas y lágrimas de cocodrilo, fue cuando pensé en que sí se puede tratar como enfermedad, pero no de los ancianos, sino de la concepción y trato de la sociedad hacia ellos. Si ni siquiera existe respeto imaginemonos veneración. Los Simpsons se supone una serie sarcástica de lo peor de la cultura occidental, no una hoja de ruta. Dejar aparcados (literalmente) a nuestros mayores en centros geriátricos es algo deleznable y cobarde con la componente enfermiza de la aceptación social.
Hemos llegado a un punto en el que consideramos que las personas "ya no sirven" o "son un estorbo", todo esto, paradójicamente en el periodo histórico en el que más amamos los objetos materiales. Piensa cada noche con cuantas personas reales has interactuado ese día y con cuantos objetos inanimados; te sorprenderá el resultado. Porque avanzar es una maldición si es en el rumbo equivocado, creo que deberíamos mirar un poco atrás o a lo que consideramos "abajo" de nuestras sociedades. Porque tenemos mucho que aprender (más que de enseñar) del tristemente llamado continente olvidado.