Emprende, aprende, prueba, entiende, siente...nada viene regalado, esto progresará, ilusiónate, dalo todo por el proyecto, estamos interesados en ti, buen trabajo, sinceramente me sorprenden tus ideas, tienes solamente 23 años y das mil vueltas a gente con el doble de experiencia. Más palabras vacías y promesas inconclusas.
Nos han engañado, estafado, trufado. Toda una generación está frustrada, vacía, desangelada; al igual que ilusa fue la anterior en creer en un progreso infinito, y algo ignorante por querer vivir dicha r-evolución a través de sus hijos.
Que la meritocracia no existe, aunque sí una palabra con la que comparte raíz: meretriz. Auténticos meretrices laborales, que ven pasar a profesionales que lo dan todo, y esperan poder pagarles nada (literalmente). Prostituyendo unos ideales que seguramente se prometieron a sí mismos al convertirse en madames. Contribuyendo a echar un poco más de mierda encima de todo este circo que hemos creado entre todos.
Mi fuerza y mi espíritu patean esa desfachatez, no puede derrumbarme nada ni nadie. Me levantaré otra vez porque es mi forma de hacer las cosas, porque no hay quien me pare cuando empiezo a crecer. Soy agradecido, sé de donde vengo y aunque no sé a donde voy, si los finales de cada etapa del camino que recorro. Lo triste de todo esto no es mi desazón o el microinfarto de uno más, ni siquiera tiene la más mínima relevancia la pesadumbre con la que me expreso; lo peor viene cuando no se valora precisamente lo que este mundo más necesita: personas que amen lo que hacen. ¿Cuál es el ejemplo que dejamos a las generaciones futuras, si tiramos por la borda la oportunidad de las presentes?
Conciencia tranquila, saldremos de ésta, de una manera u otra. Otros seguirán buscando la gallina de los huevos de oro, sin darse cuenta de que precisamente han hecho eso: montar un corral y encerrarse en él, cuando su pasión de un principio era el extenso campo que rodea a dicho corral. Y así parece que será siempre.
Porque parecemos olvidar que un jefe no es un ser superior, sino que debe coordinar y ayudar a subir al resto. Basta de alardear absurdamente de un poder tan inmetarial como incongruente, menos llenar salas VIPs mientras mantienes un personal descontento. ¿En qué cojones nos estamos convirtiendo, a dónde deriva todo esto? ¿Cual es la máxima aspiración? ¿El crecimiento infinito? ¿El poseer tanto como para no poder relacionarte con el resto de los mortales? Individualismo llevado al absurdo...¡Qué razón tenía Hobbes! El hombre es un lobo para el hombre, con perdón de los lobos, por supuesto.
lunes
martes
La Cosa Vostra...
Tenía pensado hablar de algún otro tema, para escapar del asunto político italiano. No obstante, la importancia y el peso de lo que ayer sucedió aquí, me lo impide. Así pues, se cierra (aparentemente) la etapa tecnocrática de Monti, la de la austeridad. Aparte de ésto, los resultados de estas elecciones han dejado varias cosas más en evidencia.
La primera, es la demostración práctica del dicho popular “los italianos son ingobernabiles” como demuestra la composición de su Senado tras los comicios. En segundo lugar, la superioridad del partido-movimiento de Grillo, siendo el más votado de toda Italia, más aun que el partido de un Berlusconi al que, curiosamente, nadie vota o reconoce votar pero que luego obtiene votos de casi 10 millones de italianos. El tercer hecho, era algo esperado, el pueblo rechaza al tecnócrata saliente. Sin embargo, respecto a este punto, no creo que Monti se presentara para ganar, sino para dividir al electorado de derecha y asi evitar (como lo ha hecho) una mayoría de il Cavaliere. Como cuarto punto u observación, me llama la atención personalmente que no se pueda votar por correo, obligando a todos los italianos a moverse a su lugar de residencia familiar, lo cual solo puede provocar abstenciones (especialmente en universitarios) y que los erasmus italianos, directamente, no pudieran votar.
A pesar de que estos argumentos son plúmbeos como para aglutinar ríos de tinta y de pixels acerca de cada uno de ellos; en esta ocasión, me detengo en el segundo punto por parecerme relevante. Y es que, el Movimiento 5 Stelle ha sido el partido más votado, me parece notable porque es un claro símbolo del hartazgo y hastío de la población hacia la casta política, la austeridad y el bipartidismo CentroDestra-CentroSinistra. Es un paso importante, no comulgo con el contenido del movimiento, ya que es de caliz claramente populista y su organización es cuanto menos jerárquica y piramidal, pero sí con las formas, el partido anti-todos cuyo eslogan era literalemente: “Mándalos a todos a casa” ha sido el partido más votado, aunque la ley electoral y los juegos políticos de las coaliciones, no traduzcan este resultado en poder político real.
En España, nos echamos a la calle cada vez que algo nos indigna, algo por lo que se nos admira. En Italia han tomado el camino “legal”. El resultado para ambos es igual de negativo. Una revolución, ni se hace en dos días ni sólo con palabras. Ni siquiera en la Revolución Francesa bastaron, tomaron la Bastilla por ser el mayor polvorín de la ciudad y no por simbolismo. Es necesario dar un paso más y no sólo filmar la represion policial, sino combatirla.
Como conclusión, repito que no me considero fan de Beppe Grillo y su movimiento por su alto contenido populista. Ya que sigue el camino de Berlusconi, éste usa sus numerosos canales de televisión (e incluso las entrevistas en el terreno deportivo) para lanzar sus mensajes propagandísticos y Grillo, por su parte, se niega a aparecer en medios tradicionales (e impide al resto de su movimiento hacerlo, algo no va bien sin esta libertad de expresión) y sólo habla mediante su blog, twitter, facebook, streaming y en las plazas. Cambian los medios y probablemente el público, pero el populismo es el mismo.
No sé como acabara esto porque nadie lo sabe aun. La conclusión más palpable, además de la vergüenza reconocida de su propio país por los ciudadanos jóvenes, es la constatación de un cliché que, tristemente se comprueba hoy: la imposibilidad de gobernar al pueblo italiano.
jueves
Podéis llamarme Postromántico
Feliz post-semana de los enamorados. San Valentín, esa fecha siempre controvertida y que, dado el incremento del uso de los medios sociales, ha provocado ríos de pixel entre favorables y detractores. Tanto, que parece que haya pasado una eternidad desde la fecha, cuando realmente ha sido sólo una semana.
Que si es comercial, que si yo me acuerdo siempre de mi pareja y no solo ese día o aquel otro argumento de, como me acuerdo de mi pareja todos los días porque no regalar hoy que es un día como otro cualquiera. Simples clichés, pero no voy a criticar desde el cliché del anti-todo, parece absurdo criticar un elemento, usándolo en sentido opuesto, aunque en publicidad funcione.
Obviamente, desde mi punto de vista, estos esfuerzos son interesantes desde un punto de vista sociológico y antropológico. Hablo de algo tan biológico como buscar pareja. Nuestras propias células dedican cantidades ingentes de ATP y ADP (su “gasolina”) en reproducirse; si no fuera así no se multiplicarían formando tejidos y nosotros no existiriamos tal y como somos.
Lejos del hedonismo o el placer corporal de darse a la lujuria, aunque sea difícil alejarse de ello, creedme; estamos biológicamente programados a perpetuar nuestra especie y la misma invención humana de los apellidos da bena cuenta de ello. Pero se requiere una cantidad de energía y una ruta de casualidades impresionantes para lograrlo, aunque a veces no seamos conscientes.
Es obvio lo falso de la creencia de que necesitamos encontrar a nuestra otra mitad, a alguien que nos complete. No es completar, sino complementar el concepto; el ser plenos debería ser un punto de partida y no un fin. No obstante, a lo largo de nuestras vidas pasamos por distintos momentos, puesto que, queramos o no, el contexto nos influye. Puedes haberte cruzado no con uno, sino con más de una docena de personas que podrían ser la justa para ti; solo que en momentos inadecuados, ni mejores ni peores, simplemente no era el momento. Respecto a eso, mejor olvidarlo, en este terreno no existen segundas oportunidades, o al menos; no con final feliz.
Entonces, ¿qué es el amor?. ¿Lo reducimos al hecho natural de reproducción, a la necesidad de crear una familia, parafraseamos una frase de hip hop y decimos que es el hecho de abandonar a tu madre para hacer madre a otra mujer o le damos un sentido metafórico a todo?. Las metáforas embellecen todo, correctamente formuladas, pueden hacer olvidar incluso el ente al que se refieren, casi por yuxtaposición. Así pues, hablemos de amor, convirtamos detalles amistosos y de cariño en actos de amor y por consiguiente, los propios regalos en detalles de esa complicidad. Conectemos al máximo con las miradas y la sonrisa y olvidemos nuestro lado más animal, o al menos reservémoslo. Separemos amor de sexo, es más, distingamos entre sexo y hacer el amor.
Sé que esta entrada es extraña, en estructuración y contenido, pero es difícil poner en orden concepciones que no entiendes como lo es entender algo que apenas concibes. En cualquier caso, asumo la responsabilidad, podéis llamarme Postromántico.
miércoles
A mi abuela
Recordaré siempre esa mirada impertérrita al paso del tiempo, que parecía mirarte directamente al alma, a través de esos ojos a caballo entre azules, verdes y el color de la miel. "Hay tiempo para todo. Para lo serio y para las chalauras" solía decir cuando en una situación, correspondía mantener la compostura. Hablo de una mujer, para mí, estandarte de la fortaleza interior y con un sentido del humor intachable, que se desvivía por su familia y recordaba su infancia con una ilusión que transmitía mediante sus recuerdos a quien le escuchaba. Como su orgullo por haber nacido a las faldas de la Peña de los Enamorados o su eterno aprecio por la vida en el campo. Resistió con la máxima entereza malos tragos, como la muerte del amor de su vida o como, lo que debe ser la peor de las amarguras en esta vida, la pérdida de uno de sus hijos. Me encanta recordarla en un día como hoy, aunque siempre la tengo presente. Con esa mirada y con esa sonrisa; y, a pesar de que el porqué de estas líneas sea triste, puedo esbozar una sonrisa porque ya descansa en paz junto a mi abuelo. Pero sobre todo, porque sigue viva dentro de cada uno de sus hijos y nietos. Hay personas que dejan huella en tí, pero la suya además tiene la peculiaridad de ser imborrable, como la intensidad de su densa mirada.
Hoy es un día en el que pesa la distancia geográfica más que nunca. Te echaré mucho de menos, abuela.
Hoy es un día en el que pesa la distancia geográfica más que nunca. Te echaré mucho de menos, abuela.
viernes
Sobre la publicidad (reflexiones tras un buen café)
Me encanta desayunar fuera de casa, es un hecho; siempre y cuando disponga de cierto tiempo. El miércoles era un día de esos, en que, antes de una importante entrevista de trabajo, dispuse de una hora completa. Esto no es más que el contexto en el cual, tras mi café espresso y mi cornetto di Nutella me imbuí, mientras vaciaba a pequeños sorbos lo que quedaba de café y el posterior "chupito" de agua, en la lectura de un conocido periódico italiano. En el mismo, para mi sorpresa, entre noticias de políticas económicas o economistas disfrazados de políticos y politólogos; encontré un artículo tan breve como interesante sobre el mundo publicitario, cuya autora era una de las más destacadas creativas y copywritter de Italia, y profesora en la actualidad de la Universidad Bocconi: Anna Maria Testa. Que pradójicamente comparte apellido con Armando Testa (publicista de relieve internacional y con importante agencia publicitaria homónima) sin ser ni hija ni pariente de éste.
En el artículo, hablaba de cómo la publicidad ha ido evolucionando a lo largo de las décadas: pasando de presentar escenarios de ensueño en los 80 a intentar mostrar modelos de conducta a los potenciales consumidores durante los 90. Para llegar a esta década y en especial desde 2008, en la que el receptor de la publicidad rechaza toda clase de mundo onírico en una época difícil y convulsa como la actual; y es aquí cuándo escribía la frase que, para mí, resumía el concepto de todo el artículo: "Estamos creando publicidad que va dirigida a un modelo de consumidor (de la misma) que ya no existe en la actualidad y que rechaza la publicidad aspiracional. Hace más falta publicidad inspiracional, esto es, mayor creatividad"
Obviamente, no soy nadie para juzgar y ni mucho menos tachar estas palabras. No obstante, sí quiero matizar mi opinión sobre ellas. Según creo, nuestro concepto de receptor es lo que ha quedado anquilosado. Es algo, a todas luces, tan patente como lógico: en muy poco tiempo ha cambiado la manera de comunicarse y sobre todo, el uso de los medios de comunicación. Sé que suena a rancio y repetitivo, pero es que es así. Hoy día, más que nunca, el boca a boca es la mayor herramienta publicitaria y para ello no basta sólo con estar presente con el consumidor a través del medio predominante, actualmente Internet; sino tener la creatividad para interactuar con él sin resultar un intruso o una molestia. Y en esto, como pasaba y pasa en televisión, sigue siendo necesario un buen estratega de comunicación, la repetición excesiva o demasiada presencia de nuestro anuncio genera siempre rechazo hacia el anunciante.
Estoy de acuerdo con que una publicidad que nos muestre un escenario idílico no identifica al consumidor, sin embargo, otra en la que se muestre un modelo de conducta, por así decirlo "austero", tampoco. Por ejemplo, nadie se siente identificado con los anuncios de compresas con sus escenarios de ensueño, ni tampoco lo hacen con los anuncios de quitamanchas para la ropa, a pesar de mostrar un contexto más realista. A pesar de lo que pueda parecer, esto no es mala sino buena noticia. Si la publicidad fuera perfecta, este oficio no tendría más futuro.
Con esto quiero decir que, aunque las nuevas generaciones cada vez exijan más para ser sorprendidos por una acción publicitaria, eso no quiere decir que no se siga necesitando a auténticos profesionales de la comunicación. Porque sí, hoy día cualquiera hace un blog y una fanpage en Facebook, y su sobrino que sabe Photoshop (algo que se está convirtiendo en el mínimo en las nuevas generaciones, como imagino que sería para mi generación el manejo de pack office o mecanografía para las anteriores) le hace un cartel genial; todo a coste cero. Hace unos años, si querías aparecer en un medio nacional debías comprar el espacio, en Internet el espacio existe desde antes y ya es gratis, la comunicación continúa y el boca a boca lo hace todo, y no hace falta más.
Como decía, este escenario no es desolador sino todo lo contrario. Que una persona haga lo antes mencionado a coste cero, no lo convierte en una campaña ni en comunicación, y ni mucho menos, en una comunicación eficaz. Porque más importante en una campaña que la idea, su alcance y que la propia creatividad es aún la eficacia. Sin ella, pierde su razón de ser. Ese es el valor añadido de un profesional de la comunicación o el diseño.
En fin, después de este largo análisis sólo puedo concluir que lo que muestre cada publicidad se deberá a los objetivos de comunicación, target e insights de la marca anunciante, porque como siempre, no se puede generalizar en un tipo de comunicación a la que aspirar para llegar a la perfección, sencillamente no existe de forma absoluta. Y en suma, debemos amoldarnos a lo que caracteriza nuestra época: la desaparición de la comunicación de masas tal y como venía concebido en el anterior siglo; para poder anticiparnos a lo siguiente. En cuanto al futuro de la publicidad, es difícil profetizarlo, cuando apenas no sabemos que decir acerca del propio presente.
En el artículo, hablaba de cómo la publicidad ha ido evolucionando a lo largo de las décadas: pasando de presentar escenarios de ensueño en los 80 a intentar mostrar modelos de conducta a los potenciales consumidores durante los 90. Para llegar a esta década y en especial desde 2008, en la que el receptor de la publicidad rechaza toda clase de mundo onírico en una época difícil y convulsa como la actual; y es aquí cuándo escribía la frase que, para mí, resumía el concepto de todo el artículo: "Estamos creando publicidad que va dirigida a un modelo de consumidor (de la misma) que ya no existe en la actualidad y que rechaza la publicidad aspiracional. Hace más falta publicidad inspiracional, esto es, mayor creatividad"
Obviamente, no soy nadie para juzgar y ni mucho menos tachar estas palabras. No obstante, sí quiero matizar mi opinión sobre ellas. Según creo, nuestro concepto de receptor es lo que ha quedado anquilosado. Es algo, a todas luces, tan patente como lógico: en muy poco tiempo ha cambiado la manera de comunicarse y sobre todo, el uso de los medios de comunicación. Sé que suena a rancio y repetitivo, pero es que es así. Hoy día, más que nunca, el boca a boca es la mayor herramienta publicitaria y para ello no basta sólo con estar presente con el consumidor a través del medio predominante, actualmente Internet; sino tener la creatividad para interactuar con él sin resultar un intruso o una molestia. Y en esto, como pasaba y pasa en televisión, sigue siendo necesario un buen estratega de comunicación, la repetición excesiva o demasiada presencia de nuestro anuncio genera siempre rechazo hacia el anunciante.
Estoy de acuerdo con que una publicidad que nos muestre un escenario idílico no identifica al consumidor, sin embargo, otra en la que se muestre un modelo de conducta, por así decirlo "austero", tampoco. Por ejemplo, nadie se siente identificado con los anuncios de compresas con sus escenarios de ensueño, ni tampoco lo hacen con los anuncios de quitamanchas para la ropa, a pesar de mostrar un contexto más realista. A pesar de lo que pueda parecer, esto no es mala sino buena noticia. Si la publicidad fuera perfecta, este oficio no tendría más futuro.
Con esto quiero decir que, aunque las nuevas generaciones cada vez exijan más para ser sorprendidos por una acción publicitaria, eso no quiere decir que no se siga necesitando a auténticos profesionales de la comunicación. Porque sí, hoy día cualquiera hace un blog y una fanpage en Facebook, y su sobrino que sabe Photoshop (algo que se está convirtiendo en el mínimo en las nuevas generaciones, como imagino que sería para mi generación el manejo de pack office o mecanografía para las anteriores) le hace un cartel genial; todo a coste cero. Hace unos años, si querías aparecer en un medio nacional debías comprar el espacio, en Internet el espacio existe desde antes y ya es gratis, la comunicación continúa y el boca a boca lo hace todo, y no hace falta más.
Como decía, este escenario no es desolador sino todo lo contrario. Que una persona haga lo antes mencionado a coste cero, no lo convierte en una campaña ni en comunicación, y ni mucho menos, en una comunicación eficaz. Porque más importante en una campaña que la idea, su alcance y que la propia creatividad es aún la eficacia. Sin ella, pierde su razón de ser. Ese es el valor añadido de un profesional de la comunicación o el diseño.
En fin, después de este largo análisis sólo puedo concluir que lo que muestre cada publicidad se deberá a los objetivos de comunicación, target e insights de la marca anunciante, porque como siempre, no se puede generalizar en un tipo de comunicación a la que aspirar para llegar a la perfección, sencillamente no existe de forma absoluta. Y en suma, debemos amoldarnos a lo que caracteriza nuestra época: la desaparición de la comunicación de masas tal y como venía concebido en el anterior siglo; para poder anticiparnos a lo siguiente. En cuanto al futuro de la publicidad, es difícil profetizarlo, cuando apenas no sabemos que decir acerca del propio presente.
jueves
Observando la lluvia de madrugada tras la ventana
Que no muera el deseo, ni cesen las fuerzas. No falte el ahínco ni se ausenten en la mente las esperanzas. Que luchar sea una constante, no en el sentido de competir, sino en el de aprovechar cada oportunidad; que procrastinar no sea más que otro vocablo conocido, pero no definitorio.
Que llegue el punto en que la probabilidad cambie estos deseos del subjuntivo al futuro, y que sea el presente quien decida cual cumplir y en qué grado. Que no es la peor situación, ni en las peores condiciones, que el contexto externo no ayuda pero tampoco dificulta. Que el mundo es vasto, como vastas son sus oportunidades; pero no existe ningún imán para las mismas.
Que de ésta se sale, que existen buenas intenciones y calibrados objetivos, que el apoyo y cariño de los tuyos es manifiesto y superlativo. Que sí, es cierto, no tienes trabajo, y que, a pesar de las horas invertidas en buscarlo y el empleo del tiempo en seguir estudiando la lengua; siempre parece ser insuficiente o al menos, poco para el ideal. Porque su aprovechamiento no nos hace exentos al fluir del tiempo, fugándose antes nuestra certera impotencia. Porque nunca dejaste de ser positivo, pero los días fríos y lluviosos, como hoy; te confieren ese especial y traicionero estado de melancolía.
Que llegue el punto en que la probabilidad cambie estos deseos del subjuntivo al futuro, y que sea el presente quien decida cual cumplir y en qué grado. Que no es la peor situación, ni en las peores condiciones, que el contexto externo no ayuda pero tampoco dificulta. Que el mundo es vasto, como vastas son sus oportunidades; pero no existe ningún imán para las mismas.
Que de ésta se sale, que existen buenas intenciones y calibrados objetivos, que el apoyo y cariño de los tuyos es manifiesto y superlativo. Que sí, es cierto, no tienes trabajo, y que, a pesar de las horas invertidas en buscarlo y el empleo del tiempo en seguir estudiando la lengua; siempre parece ser insuficiente o al menos, poco para el ideal. Porque su aprovechamiento no nos hace exentos al fluir del tiempo, fugándose antes nuestra certera impotencia. Porque nunca dejaste de ser positivo, pero los días fríos y lluviosos, como hoy; te confieren ese especial y traicionero estado de melancolía.
lunes
Buenas Noches
Existen dos tipos de persona a la hora de dormir: los que no soportan el frío rodeando sus pies mientras duermen, y por ello, tienen la imperiosa necesidad de tenerlos cubiertos; y los que, como yo, preferimos la sensación de libertad, manteniendo los pies nudos entre las sábanas. Puede que, por mi desliz al olvidar quitar mis calcetines, o probablemente no. Pero aquella noche parecía especial. Nunca fui insomne, ni me preocupó lo más mínimo ese asunto. No obstante, por alguna desconocida razón, prefería mantener los ojos abiertos, la consciencia despierta, y mi piel alejada del suave y cálido tacto de la franela.
Giré con la, en ese momento, menor torpeza posible la manilla de la puerta. Abriéndola con el sigilo y cautela de quien arropa en su cuna a un neo-nato, que por fin ha caído en una somnolienta tranquilidad. Mientras atravesaba el pasillo, inmerso en la oscuridad, millones de pensamientos aparecían y se esfumaban con la inmediatez de lo efímero; algunos lógicos, otros no tanto. Aunque todos parecían ser tomados en consideración por alguna parte de mi mente. Era extraño estar en esa sala de estar en la que, a la luz del día, es lógico permanecer horas enteras; pero ahora todos duermen, y yo seguía allí, pensativo; preguntándome si al encender la tele el ruido sería demasiado excesivo o lo que pensarían todos si se despertaran y me encontraran aquí en medio, en la sombra y ensimismado en mi propia indecisión.
Después de unos minutos en los que decidí, con la más que notable parsimonia que da un contexto tan raramente silencioso, cual sería la luz más conveniente para encender y no molestar a quien duerme plácidamente y es ajeno a toda esta historia.Veo un bolígrafo al borde de la mesilla y a su lado una pieza de papel. Con total seguridad, habría mil cosas más urgentes que hacer en aquel momento y que había dejado lastradas con el angustioso devenir de los días, sobretodo en este periodo; pero esto era lo que necesitaba hacer. Y ahí estaba. Con la perplejidad con la que se admira algo que siempre se ha deseado, pero que, por una razón u otra, es de lo que más se adolece. Era el momento, en tiempo y lugar perfectos (al menos para mí), para encontrarme nuevamente con el placer inmenso de la escritura nocturna.
Y así sucedió, uno de tantos momentos de este tipo. Aquel que recuerdo por su peculiaridad y que desencadenó una serie de noches en vela en pos de la escritura nocturna, con tiempos diversos y un silencio sepulcral que llama a la concentración más absoluta; la perfecta intimidad entre quien escribe y la hoja en blanco, donde la mente se desliza con las graciosas punciones de la tinta sobre el papel. La auténtica libertad, la mejor manera de volver después a la cama pensando: "...¡y buenas noches!"
Giré con la, en ese momento, menor torpeza posible la manilla de la puerta. Abriéndola con el sigilo y cautela de quien arropa en su cuna a un neo-nato, que por fin ha caído en una somnolienta tranquilidad. Mientras atravesaba el pasillo, inmerso en la oscuridad, millones de pensamientos aparecían y se esfumaban con la inmediatez de lo efímero; algunos lógicos, otros no tanto. Aunque todos parecían ser tomados en consideración por alguna parte de mi mente. Era extraño estar en esa sala de estar en la que, a la luz del día, es lógico permanecer horas enteras; pero ahora todos duermen, y yo seguía allí, pensativo; preguntándome si al encender la tele el ruido sería demasiado excesivo o lo que pensarían todos si se despertaran y me encontraran aquí en medio, en la sombra y ensimismado en mi propia indecisión.
Después de unos minutos en los que decidí, con la más que notable parsimonia que da un contexto tan raramente silencioso, cual sería la luz más conveniente para encender y no molestar a quien duerme plácidamente y es ajeno a toda esta historia.Veo un bolígrafo al borde de la mesilla y a su lado una pieza de papel. Con total seguridad, habría mil cosas más urgentes que hacer en aquel momento y que había dejado lastradas con el angustioso devenir de los días, sobretodo en este periodo; pero esto era lo que necesitaba hacer. Y ahí estaba. Con la perplejidad con la que se admira algo que siempre se ha deseado, pero que, por una razón u otra, es de lo que más se adolece. Era el momento, en tiempo y lugar perfectos (al menos para mí), para encontrarme nuevamente con el placer inmenso de la escritura nocturna.
Y así sucedió, uno de tantos momentos de este tipo. Aquel que recuerdo por su peculiaridad y que desencadenó una serie de noches en vela en pos de la escritura nocturna, con tiempos diversos y un silencio sepulcral que llama a la concentración más absoluta; la perfecta intimidad entre quien escribe y la hoja en blanco, donde la mente se desliza con las graciosas punciones de la tinta sobre el papel. La auténtica libertad, la mejor manera de volver después a la cama pensando: "...¡y buenas noches!"
miércoles
Debe ser lo que toca. Con la navidad como pretexto...
Luces centelleantes, buenismo generalizado, propósitos por doquier y frío exacerbado que cala hasta los huesos haciendo aflorar la sensación de que se deshacen cual terrón de azúcar. Sí, debe ser diciembre, cierto, ya debe ser navidad. Digo navidad y no Navidad, porque este año parece que todo se escriba o deba escribir en minúscula y con la esperanza de no ser demasiado trascendentes. Existe un sentimiento general de planicie mental y visión obcecada, no queremos ver más perspectivas ni prospectivas que el tiempo presente. La inmediatez se ha transformado en dogma, esto no es algo positivo. Ni mucho menos.
Estamos inmersos en una crisis: moral y de autoestima, hasta tal punto que la propia crisis individual se mezcla con la colectiva y viceversa. Es de tal calibre, que incluso ha hecho perder virulencia al propio término crisis. Cada día, observamos con cierta resignación más y más abusos, somos como el protagonista de La Naranja Mecánica: obligados a ver pasar atrocidades ante nuestros ojos y a sentir impotencia, por todo lo que se quisiera hacer para cambiarlo.
La violencia usada por el pueblo llano desligitima (otro asunto es la policial, que "mantiene el orden"), respetar la Constitución (esta sí, con mayúsculas) es respetar el estado de derecho, la monarquía es una institución necesaria porque es la mejor de las embajadas, las promesas electorales no son de obligado cumplimiento y otras idioteces, que se aceptan como tal; sin ser analizadas como si fuesen obviedades.
Es la doctrina del shock, existe tanta rabia e indignación que todo nos parecerá insuficiente. Es difícil tener un mensaje claro o dar un feedback como receptor, si el emisor te ametralla a mensajes y hay mil razones para hacer, no uno, sino mil discursos concretos y no se pueden explicar en la inmediatez, el dogma del que hablaba antes. Y aquí llegamos a lo que viene, ya no es pesimismo, sino algo peor: es indiferencia; es dejarse llevar por la inercia de la vida, por la corriente del río que te lleva al mar que es el morir (en el más puro sentido "Manriquiano") aceptar y resignarse, es olvidar que es lo que te hacia feliz.
Estas navidades, pasarán sin pena ni gloria para mucha gente, como un trámite más; como un meandro más por el que pasar. No queremos nada en específico, porque lo necesitamos todo. Es repugnante ver lo pueril del comportamiento político, ayer observaba un debate político en la televisión pública italiana, donde se echaba en cara a los políticos presentes en el programa, el hecho de cobrar pensión vitalicia de 3.000 euros al mes con la única premisa de haber trabajado dos meses como diputado. Sus respuestas eran del tipo, "es la ley que existe" y cuando le decían pues cambiénla o rechacen la pensión por ser injusta; ellos respondían "la generación anterior a mí también debería rechazarla y aquellos que son posteriores y también la perciben, también" es un juego de patio de colegio, es el "Y tu más". Lo de pan y circo del Imperio Romano actualizado a nuestros días.
Como digo, debe ser navidad o estar cercana. Una época que se presume, pasará con igual trascendencia como la absurda fecha del 21 de diciembre para la gran mayoría. Apáticos y sin perspectivas, pero ultraconectados al mundo y al tiempo, no tanto presente de la realidad física, aunque sí inmediato de la realidad mediada. La teoría de la comunicación de usos y gratificaciones cobra una vigencia extraordinaria. Debe ser navidad, se intuye, aunque sólo por las luces centelleantes, buenismo generalizado, propósitos por doquier...
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