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jueves

Podéis llamarme Postromántico

Feliz post-semana de los enamorados. San Valentín, esa fecha siempre controvertida y que, dado el incremento del uso de los medios sociales, ha provocado ríos de pixel entre favorables y detractores. Tanto, que parece que haya pasado una eternidad desde la fecha, cuando realmente ha sido sólo una semana.

Que si es comercial, que si yo me acuerdo siempre de mi pareja y no solo ese día o aquel otro argumento de, como me acuerdo de mi pareja todos los días porque no regalar hoy que es un día como otro cualquiera. Simples clichés, pero no voy a criticar desde el cliché del anti-todo, parece absurdo criticar un elemento, usándolo en sentido opuesto, aunque en publicidad funcione.

Obviamente, desde mi punto de vista, estos esfuerzos son interesantes desde un punto de vista sociológico y antropológico. Hablo de algo tan biológico como buscar pareja. Nuestras propias células dedican cantidades ingentes de ATP y ADP (su “gasolina”) en reproducirse; si no fuera así no se multiplicarían formando tejidos y nosotros no existiriamos tal y como somos.

Lejos del hedonismo o el placer corporal de darse a la lujuria, aunque sea difícil alejarse de ello, creedme; estamos biológicamente programados a perpetuar nuestra especie y la misma invención humana de los apellidos da bena cuenta de ello. Pero se requiere una cantidad de energía y una ruta de casualidades impresionantes para lograrlo, aunque a veces no seamos conscientes.

Es obvio lo falso de la creencia de que necesitamos encontrar a nuestra otra mitad, a alguien que nos complete. No es completar, sino complementar el concepto; el ser plenos debería ser un punto de partida y no un fin. No obstante, a lo largo de nuestras vidas pasamos por distintos momentos, puesto que, queramos o no, el contexto nos influye. Puedes haberte cruzado no con uno, sino con más de una docena de personas que podrían ser la justa para ti; solo que en momentos inadecuados, ni mejores ni peores, simplemente no era el momento. Respecto a eso, mejor olvidarlo, en este terreno no existen segundas oportunidades, o al menos; no con final feliz.

Entonces, ¿qué es el amor?. ¿Lo reducimos al hecho natural de reproducción, a la necesidad de crear una familia, parafraseamos una frase de hip hop y decimos que es el hecho de abandonar a tu madre para hacer madre a otra mujer o le damos un sentido metafórico a todo?. Las metáforas embellecen todo, correctamente formuladas, pueden hacer olvidar incluso el ente al que se refieren, casi por yuxtaposición. Así pues, hablemos de amor, convirtamos detalles amistosos y de cariño en actos de amor y por consiguiente, los propios regalos en detalles de esa complicidad. Conectemos al máximo con las miradas y la sonrisa y olvidemos nuestro lado más animal, o al menos reservémoslo. Separemos amor de sexo, es más, distingamos entre sexo y hacer el amor.

Sé que esta entrada es extraña, en estructuración y contenido, pero es difícil poner en orden concepciones que no entiendes como lo es entender algo que apenas concibes. En cualquier caso, asumo la responsabilidad, podéis llamarme Postromántico.

miércoles

Identidad expresada en bytes y datos binarios

Una simple (quizás no tan simple) viñeta lo comenzó todo. Me explico. En ella aparecía una pareja paseando de la mano por la playa, un escenario bastante idílico, bucólico y edulcorante para una cita con alguien especial; y, entonces, uno de ellos le decía al otro: "No veo la hora de conocer tu identidad virtual". Lejos de la sonrisa más o menos fácil que pueda provocar este chascarrillo, tiene un trasfondo; no en si mismo, aunque sí en la realidad en que se basa y que designa y usa como referente un fenómeno sociológico que se empieza a dar cada vez con mas regularidad en la actualidad, algo tan cotidiano que permite identificarse a quien lo lee por su dosis de realidad; y es por eso que es humor. 

La identidad virtual. El problema (si lo hubiera) ya no es el anonimato de la red que tanto preocupaba a discográficas y dirigentes políticos, sino todo lo contrario. Es la creación de una identidad fuera de la realidad común y la adicción autoprovocada a vivir virtualmente lo que no se puede en la realidad, y que por tanto se convertiría en frustración. Por supuesto, no pretendo unirme a la opinión de grupos de exaltados que ensalzan que todo esto es provocado por la herramienta (progreso tecnológico, Internet...), como en el caso de las descargas ilegales. Demonizar la herramienta no es ni mucho menos la solución (aunque no pretenda serlo) ni siquiera es verdad; porque es el uso que se hace y la manera de ser interpretada que se hace de la citada herramienta.

No pretendo hacer demagogia con este tema, ni mucho menos cuando precisamente comunico esto desde un blog: medio online de difusión y/o comunicación (en el caso de feedback) por antonomasia. Pero sí, dar cuenta de que ésto puede comenzar a ser un problema sociologico. Ya hace mucho tiempo, intelectuales por los que profeso admiración como Noam Chomsky, nos hablaban del proceso de atontamiento o de adormecimiento de conciencias que provocaba sobre la sociedad la televisión; mucho se ha escrito sobre ello y, de hecho, grandes y aceptadas teorías como la agenda-setting, el gatekeeper, la espiral del silencio o la teoría de usos y gratificaciones, entre muchas otras, tocan de manera más directa o indirecta el ámbito que rodea a esta creencia.

Una vez más, no es la televisión sino su uso; y sobre todo, la actitud del receptor (no olvidemos que siendo un medio de comunicación, el papel de receptor es, o debe ser, tan importante como el del emisor) las principales causas que provocan este efecto en ocasiones negativo. El progreso tecnológico es fantástico (a pesar de la doble moral de estas palabras, ya que medio mundo no tiene ni siquiera agua y alimentos básicos para subsistir), pero: tenemos tal infoxicación que no sabemos como discriminar y buscar en torno a nuestros intereses; la sociedad se encuentra tan motivada con las nuevas tecnologías, que olvida que la tecnología siempre ha sido, es y será un medio y nunca un fin en si mismo. Como en muchos casos, falta una educación de base. Porque cada vez más, percibimos gente que ni siquiera puede afrontar algo tan natural como una comunicación cara a cara de más de 20 minutos, el excesivo uso de este tipo de herramientas que te dan una identidad virtual sin necesidad de interactuar a través de los cinco sentidos, está creando verdaderos casos de fobia social. Personas que, estando en una situación social directa, desean llegar a casa para "conectarse" o que, simplemente nunca deja de estarlo gracias a los smartphones.

De todas formas, no retrato esta situación (que observo de una manera totalmente subjetiva, me baso en mi experiencia directa) por alarmismo, ni siquiera creo que sea algo tan generalizado como para ser preocupante; tiene tintes de tendencia, y como toda tendencia va y viene, arrastrando solo a quien tiene menos personalidad. Pero, qué os voy a contar, cuando este que os "habla" considera incluso frío el hablar por teléfono, y siempre prefiere hablar mirando a unos ojos. No existe controversia en mi caso; soy el mismo escribiendo aquí, que tomando una cerveza. Ni mucho menos digo que sea lo mejor, pero sí lo mas coherente para mí. No pretendo dar lecciones de nada, ni hacerme ver como modélico (como si en algún caso pudiera serlo...), simplemente es una opinión vertida en mi pequeño espacio de pensamiento libre, sin más. Porque las designaciones identidad virtual e identidad real dan que pensar, ¿no creéis?.