Vende. Como quieras, pero vende. Comunica pero vende. Con buen diseño pero vende. ¿Entiendes?
No importa, la situación del ciudadano; el ciudadano es un cliente. No son la audiencia son clientes. Ellos nos pagan sonrientes. Son nuestra razón de ser.
Comunica, con buen diseño si quieres, que se entienda y se perciba, letra legal en cursiva, más pequeña de lo normal. Alimenta. Esta industria se alimenta. Es la que a ti te da las rentas. El sistema se perpetúa, tiene tu mente como ofrenda y tú lo sabes bien.
Vende. Y recuerda la santa triada: facturado, margen y útil. Del resto no importa nada. Sólo el cliente, si se vende. Por ende, vende. Y que sonrían jerifaltes, que sigan siendo gigantes, esclavizados desde lactantes por la sociedad que les tocó vivir.
Tú que me lees, compra. No se te olvide. Compra. Necesitas tantas cosas, sin esos objetos no podrías vivir. Que la cadena no se rompa. Sé un cliente feliz. Felicidad febril.
sábado
lunes
Autoretrato del niño dentro de la piel del oso
A veces creo no estar preparado para la vida adulta, no son pocas las ocasiones en las que la idea de rutina aparece dolorosa, como mil alfileres por toda la piel. La vida era más fácil cuando era un juego, un juego en el que divertirse, divertirse que era vivir; una vida que divertía. No son las responsibilidades, sino la actitud lo que importa. Realmente estoy preparado aunque a veces crea lo contrario, solo que la mente vuela a cotas de altura que la razón desconoce.
Temblor social sin epicentro aparente, derroche de nervios a flor de piel y estándares contradictorios, como caminos de albero que no llevan a más que a la polvareda que se levanta al caminar por ellos. A veces la interacción cuesta, también cuesta creer que se vaya a peor, que se degraden lazos, que se intimidiscan miradas, que buscan un trasfondo, que husmean un horizonte cristalino y no encuentran más que rutilante parsimonia, con algún sobresalto puntual, en su mayoría en forma de desafío, como reminiscencia del juego perdido.
La vida deja de ser juego, o al menos, pierde un poco esa característica, o bien invierte marcha con el horizonte tras las cortinas. Se cierran ventanas y se abren puertas hacia una habitación minúscula pero con amplios pasillos. La vida adulta te permite ir por el centro y llamar la atención del resto, creando envidia y admiración a partes iguales. O ir pegado a un lado o al otro del mismo, correr, saltar, detenerte peligrosamente o arrastrarte. Pero es siempre un pasillo, amplio, pero con límites.
La imaginación desborda como consecuencia lógica, la escritura materializa los mundos que en ella se intuyen. Ríos de tinta y lagos de bytes. Sin ningún objetivo más que relajar una mente que no para, que no sabe dejar de volar y que aprovecha el ansía del día a día como catalizador.
Socialmente no es fácil compatibilizar la enorme actividad interna con una aparente tranquilidad que roza lo aburrido. No hay nada más aburrido que un hombre que no se aburre. El aburrimiento mata, pero tiene un rigor post-mortem que obnubila los sentidos. Sin hastío no habría nada que lo remediara, el binomio funciona también aquí, el niño sale de la piel del oso para volver dentro con fuerza. No por prisas, ni por necesidad; es por obedecer su naturaleza más íntima. La que le define, por la que jamás nadie le habría definido.
No hay sombras ni traumas, ni pasados ni presentes, sólo pueriles deseos de jugar. De que la vida adulta sea también juego. La vida sigue siendo maravillosa, cada vez más. corazón, mente y manos están pletóricos, no es esa la cuestión. Volvamos a lanzar los dados y pasar horas divagando sin presión. Juguemos la vida (una vez más).
Temblor social sin epicentro aparente, derroche de nervios a flor de piel y estándares contradictorios, como caminos de albero que no llevan a más que a la polvareda que se levanta al caminar por ellos. A veces la interacción cuesta, también cuesta creer que se vaya a peor, que se degraden lazos, que se intimidiscan miradas, que buscan un trasfondo, que husmean un horizonte cristalino y no encuentran más que rutilante parsimonia, con algún sobresalto puntual, en su mayoría en forma de desafío, como reminiscencia del juego perdido.
La vida deja de ser juego, o al menos, pierde un poco esa característica, o bien invierte marcha con el horizonte tras las cortinas. Se cierran ventanas y se abren puertas hacia una habitación minúscula pero con amplios pasillos. La vida adulta te permite ir por el centro y llamar la atención del resto, creando envidia y admiración a partes iguales. O ir pegado a un lado o al otro del mismo, correr, saltar, detenerte peligrosamente o arrastrarte. Pero es siempre un pasillo, amplio, pero con límites.
La imaginación desborda como consecuencia lógica, la escritura materializa los mundos que en ella se intuyen. Ríos de tinta y lagos de bytes. Sin ningún objetivo más que relajar una mente que no para, que no sabe dejar de volar y que aprovecha el ansía del día a día como catalizador.
Socialmente no es fácil compatibilizar la enorme actividad interna con una aparente tranquilidad que roza lo aburrido. No hay nada más aburrido que un hombre que no se aburre. El aburrimiento mata, pero tiene un rigor post-mortem que obnubila los sentidos. Sin hastío no habría nada que lo remediara, el binomio funciona también aquí, el niño sale de la piel del oso para volver dentro con fuerza. No por prisas, ni por necesidad; es por obedecer su naturaleza más íntima. La que le define, por la que jamás nadie le habría definido.
No hay sombras ni traumas, ni pasados ni presentes, sólo pueriles deseos de jugar. De que la vida adulta sea también juego. La vida sigue siendo maravillosa, cada vez más. corazón, mente y manos están pletóricos, no es esa la cuestión. Volvamos a lanzar los dados y pasar horas divagando sin presión. Juguemos la vida (una vez más).
martes
Entretener, formar (opiniones sesgadas), desinformar. Informativos que amplían el concepto de telebasura.
No hace mucho, en 2011, cuando vine a vivir a Italia, declaré que no veía los telediarios españoles porque me hacía daño, ver la situación que se vivía y como podría ser evitable y como el ciudadano de a pie fue el único que sufría (y sufre) la crisis, siendo además responsabilizado por ello. Una especie de víctima y verdugo al mismo tiempo.
El otro día vi por primera vez en mucho tiempo un informativo de la uno RTVE. Decir que es un panfletín ideológico es hacerle un favor, sinceramente no sabría si el telediario era de España o de Corea del Norte. No suelo entrar en descalificativos y respeto enormemente la profesión del periodismo; es por esto mismo, que me veo en la obligación moral de alzar la voz cuando veo que se pierde el rumbo. Y lo que es más grave, que se pierde sin que los receptores se den cuenta.
La televisión no es un medio más, sino el medio rey. No me importa la penetración de los medios online, vivimos en una población demográficamente envejecida; por lo que la televisión mantiene su hegemonía en el plano general. Creo, entonces, que es importante que una televisión pública nacional revise los conceptos de rigor periodístico, criterios de noticiabilidad o deontología de la profesión, en la realización de sus servicios informativos.
Se abre el informativo y con él una noticia que ocupará más minutos de lo razonablemente normal: El PP cambia a algunos de sus portavoces. Las siguientes dos noticias tratarán de las reacciones de unos y otros con la noticia anterior. Como noticia internacional, se nos da una sesgada crónica (y digo bien crónica, porque parecía más opinión que noticia, o al menos una combinación de ambas) de las negociaciones del Eurogrupo con el gobierno griego.
Volvemos a España, la siguiente noticia nos habla del aumento de la presencia policial en zonas turísticas este verano. No solo nos intenta vender un estado policial con la propia publicidad institucional, sino que nos meten una especie de publirreportaje donde "gente de la calle" opina, siempre positivamente, sobre el aumento (no siempre justificado) de más presencia policial.
Como segunda noticia internacional y, ojo porque está sobrepasa lo ridículo, las imágenes de una joven borracha encima de uno de los leones de mármol de Santa Croce en Florencia. Una noticia que difícilmente ha tenido difusión en Toscana (la región donde se encuentra Florencia) parece ser suficientemente relevante para un informativo en España. Nacional. De la televisión pública. En fin...
Tras los panfletines del PP y sus cambios políticas, de lo mal que les va a Grecia por querer cambiar las cosas con Tsipras, de lo seguros que vamos a estar este verano con más presencia policial y de saber que alguien se ha subido a un monumento en otro país, pasamos a los sucesos.
En este punto, el de los sucesos, la televisión (como medio, no solo la pública) hace ya unos años que parece haber aprendido de programas como Impacto TV. Esto es, hablar con testigos, conocidos, la viuda de alguien asesinado que llora o reconstrucciones innecesarias de los hechos; hacen las delicias de todo morboso. En esta ocasión hablaban de los ahogamientos de niños en piscinas.
Después deportes. Y eso fue todo. Ese fue el telediario. Nada sobre el drama de los inmigrantes en la frontera Francia-Italia. Quizás porque las devoluciones en caliente no son noticia ya en un país que las practica a diario en Ceuta o Melilla, o porque España es uno de los países que se opone al sistema de cuotas de refugiados. De personas que escapan de la guerra, de la miseria, de la muerte. Como nosotros cuando nos exiliamos en Francia o Sudamérica durante la guerra. ¿Tan difícil es de entender?
Hay tantas noticias internacionales ignoradas, Reino Unido quiere cambiar su declaración de derechos humanos, los Rohingya siguen en mitad del mar rechazados por toda una nobel de la paz como Aung San Suu Kyi, mientras se encarcelan opiniones contra el sistema y avanza el neonacismo en Europa y escasea la tolerancia en general. Pero nada de esto importa, porque todos somos Charlie cuando nos interesa y elegimos que lo no noticiable debe marcar nuestra agenda.
Novedad, imprevisibilidad, grado de importancia o gravedad, relevancia de sus protagonistas, proximidad geográfica...son sólo algunos de los criterios que la teoría de la comunicación aplica a un hecho para identificarlo como noticiable o no. Desgraciadamente, ninguno de ellos parece cumplirse en el telediario apenas descrito. Los objetivos de un medio de comunicación deberían ser: informar, formar y entretener. Parecen haber mutado en lo que reporta el título de este post.
El otro día vi por primera vez en mucho tiempo un informativo de la uno RTVE. Decir que es un panfletín ideológico es hacerle un favor, sinceramente no sabría si el telediario era de España o de Corea del Norte. No suelo entrar en descalificativos y respeto enormemente la profesión del periodismo; es por esto mismo, que me veo en la obligación moral de alzar la voz cuando veo que se pierde el rumbo. Y lo que es más grave, que se pierde sin que los receptores se den cuenta.
La televisión no es un medio más, sino el medio rey. No me importa la penetración de los medios online, vivimos en una población demográficamente envejecida; por lo que la televisión mantiene su hegemonía en el plano general. Creo, entonces, que es importante que una televisión pública nacional revise los conceptos de rigor periodístico, criterios de noticiabilidad o deontología de la profesión, en la realización de sus servicios informativos.
Se abre el informativo y con él una noticia que ocupará más minutos de lo razonablemente normal: El PP cambia a algunos de sus portavoces. Las siguientes dos noticias tratarán de las reacciones de unos y otros con la noticia anterior. Como noticia internacional, se nos da una sesgada crónica (y digo bien crónica, porque parecía más opinión que noticia, o al menos una combinación de ambas) de las negociaciones del Eurogrupo con el gobierno griego.
Volvemos a España, la siguiente noticia nos habla del aumento de la presencia policial en zonas turísticas este verano. No solo nos intenta vender un estado policial con la propia publicidad institucional, sino que nos meten una especie de publirreportaje donde "gente de la calle" opina, siempre positivamente, sobre el aumento (no siempre justificado) de más presencia policial.
Como segunda noticia internacional y, ojo porque está sobrepasa lo ridículo, las imágenes de una joven borracha encima de uno de los leones de mármol de Santa Croce en Florencia. Una noticia que difícilmente ha tenido difusión en Toscana (la región donde se encuentra Florencia) parece ser suficientemente relevante para un informativo en España. Nacional. De la televisión pública. En fin...
Tras los panfletines del PP y sus cambios políticas, de lo mal que les va a Grecia por querer cambiar las cosas con Tsipras, de lo seguros que vamos a estar este verano con más presencia policial y de saber que alguien se ha subido a un monumento en otro país, pasamos a los sucesos.
En este punto, el de los sucesos, la televisión (como medio, no solo la pública) hace ya unos años que parece haber aprendido de programas como Impacto TV. Esto es, hablar con testigos, conocidos, la viuda de alguien asesinado que llora o reconstrucciones innecesarias de los hechos; hacen las delicias de todo morboso. En esta ocasión hablaban de los ahogamientos de niños en piscinas.
Después deportes. Y eso fue todo. Ese fue el telediario. Nada sobre el drama de los inmigrantes en la frontera Francia-Italia. Quizás porque las devoluciones en caliente no son noticia ya en un país que las practica a diario en Ceuta o Melilla, o porque España es uno de los países que se opone al sistema de cuotas de refugiados. De personas que escapan de la guerra, de la miseria, de la muerte. Como nosotros cuando nos exiliamos en Francia o Sudamérica durante la guerra. ¿Tan difícil es de entender?
Hay tantas noticias internacionales ignoradas, Reino Unido quiere cambiar su declaración de derechos humanos, los Rohingya siguen en mitad del mar rechazados por toda una nobel de la paz como Aung San Suu Kyi, mientras se encarcelan opiniones contra el sistema y avanza el neonacismo en Europa y escasea la tolerancia en general. Pero nada de esto importa, porque todos somos Charlie cuando nos interesa y elegimos que lo no noticiable debe marcar nuestra agenda.
Novedad, imprevisibilidad, grado de importancia o gravedad, relevancia de sus protagonistas, proximidad geográfica...son sólo algunos de los criterios que la teoría de la comunicación aplica a un hecho para identificarlo como noticiable o no. Desgraciadamente, ninguno de ellos parece cumplirse en el telediario apenas descrito. Los objetivos de un medio de comunicación deberían ser: informar, formar y entretener. Parecen haber mutado en lo que reporta el título de este post.
lunes
Cruce de lenguas: dos maneras de afrontar el mestizaje lingüístico
La supremacía de la vista es algo más que consabido, el ser humano es, prevalentemente, un ser visual; y como tal, prioriza o , mejor dicho, filtra todo aquello que percibe a través del tamiz de la visión. Sin embargo, uno de los mayores símbolos identitarios de las comunidades humanas se basa en otro sentido, concretamente el oído. Estoy hablando del lenguaje.
Nuestro lenguaje quizás no defina lo que somos, pero sí lo que parecemos ser. No son pocas las veces que he sentido que el español es una lengua caliente, mientras que el portugués retrae al oyente una sensación de tristeza. Es una de las formas de comunicación que nos distingue del resto de animales, somos animales sociales, a veces racionales; pero siempre hablantes.
No existe nada más identitario para una colectividad que un código común compartido. Es algo tangible en la península ibérica donde el euskera o el catalán, el valenciano o el gallego, el aranés o el bable son señas de identidad fortísimas, tanto como para sembrar una cierta (y lógica) duda sobre el concepto de nación en sus hablantes. Aquí en Italia, cada región tiene su propia lengua, algo que un europeo que viva fuera del país jamás esperaría. Y es que, aunque para ellos son dialectos, creedme cuando os digo que son auténticas lenguas que poco o nada tienen que ver con el italiano. El napolitano, el genovés, el romagnolo o el sardo, tiene estructuras gramaticales, léxicos y vocabularios que no tienen absolutamente nada que ver con la lengua oficial del país.
Salvo contados casos como es el euskera, cuyo origen es ignoto y las lenguas nórdicas; todas las lenguas occidentales derivan del llamado latín vulgar, denominándose así lenguas romance. Esto es algo que todos sabemos. Por consiguiente, no existe una lengua (permitanme el término) genuina al 100%.
Es decir, toda lengua romance está formada por numerosos préstamos de otras lenguas, romance o no. Modulados en función al propio léxico, adaptándose o bien, respetando la forma de la lengua de la que procede.
Precisamente, en el campo de los préstamos, suele existir una controversia; especialmente con los anglicanismos. El tratamiento diferente de los extranjerismos no puede ser explicado desde el punto de vista meramente lingüístico, en mi opinión la cultura y sociología del país receptor tienen mucho que ver. Como trabajador en el sector del marketing (que ya denota su tendencia desde el propio nombre) veo cada día como los calendarios son timings, la fecha máxima de entrega es la deadline, la ventana emergente en web es un overlay o la zona dentro a la sangría en un diseño se transforma en la safe area. Saliendo de este ámbito, las cosas cambian si comparamos Italia y España.
En muchos de los ejemplos del párrafo anterior está justificado el uso del extranjerismo, en otros algo menos. Yo personalmente no me opongo a su uso, es más, si el usarlos sirve para sintetizar y economizar el discurso, creo que está justificado su empleo. Aún cuando exista en castellano una palabra que defina el mismo concepto. En España, la tendencia al respecto me parece en consonancia con la mía.
En cambio, la lengua italiana usa e incorpora numerosos extranjerismos conservando su grafía y pronuciación original (aun cuando existe la palabra en italiano y sin presentar ninguna de las características antes descritas al discurso) a diario. Basta abrir un periódico italiano para leer en sus titulares palabras como: blitz, flop, hit, cross, diktat, jobs act, business, leader, black block, bomber, press, match, escalation o weekend. Entre muchos otros términos.
Es aquí donde yo me pregunto ¿Por qué existe esta diferencia tan abismal entre los dos países? Dejando a un lado la existencia en España de una cierta vergüenza a pronunciar palabras extranjeras (especialmente en inglés) o de atribuir su pronunciación correcta a un tipo de persona esnobista, y sirva como ejemplo de esto la palabra Youtube y como viene pronunciada en España, o la palabra Wi-Fi; en castellano se tiende a adaptar a nuestro lenguaje los préstamos lingüísticos.
En Italia, sin embargo, como hemos visto, se evita a toda costa italianizar los nuevos términos procedentes de lengua extranjera. La persona que defiende que esto debiera hacerse, el adaptar las palabras al italiano, no es vista de manera positiva. La razón principal para dicha percepción es el fascismo y su influencia en el lenguaje.
No es extraño cuando alguien toca este tema con un autóctono italiano, que el interlocutor responda que el último que luchaba por decir términos exclusivamente italianos se apedillaba Mussolini. De hecho, el regimen fascista italiano prohibió por ley en 1940 el uso de términos extranjeros por considerarlos anti-italianos, so pena de cárcel. Así se hablaba de Carlo Marx, tassì en lugar de taxi o Tuttochesivede en lugar de panorama.
Esta extrema cruzada lingüística del fascismo italiano, no deja de impresionarme como hablante español. Dado que el franquismo no creo pusiera tanto énfasis en este aspecto, quizás también por razones geográficas respecto al resto de Europa.
Concluyo pensando que gracias al rechazo posterior al régimen autoritario italiano del pasado siglo XX, el utilizo de extranjerismos en Italia es tan exacerbado para el oyente español, relativizando así causas superfluas como el ser una moda el inglés o pensar que sea algo reciente. Algo más que comprensible, por otro lado. Este es otro ejemplo de que las lenguas son dinámicas, evolucionan y viven junto a sus hablantes. Pero también tienen memoria.
Nuestro lenguaje quizás no defina lo que somos, pero sí lo que parecemos ser. No son pocas las veces que he sentido que el español es una lengua caliente, mientras que el portugués retrae al oyente una sensación de tristeza. Es una de las formas de comunicación que nos distingue del resto de animales, somos animales sociales, a veces racionales; pero siempre hablantes.
No existe nada más identitario para una colectividad que un código común compartido. Es algo tangible en la península ibérica donde el euskera o el catalán, el valenciano o el gallego, el aranés o el bable son señas de identidad fortísimas, tanto como para sembrar una cierta (y lógica) duda sobre el concepto de nación en sus hablantes. Aquí en Italia, cada región tiene su propia lengua, algo que un europeo que viva fuera del país jamás esperaría. Y es que, aunque para ellos son dialectos, creedme cuando os digo que son auténticas lenguas que poco o nada tienen que ver con el italiano. El napolitano, el genovés, el romagnolo o el sardo, tiene estructuras gramaticales, léxicos y vocabularios que no tienen absolutamente nada que ver con la lengua oficial del país.
Salvo contados casos como es el euskera, cuyo origen es ignoto y las lenguas nórdicas; todas las lenguas occidentales derivan del llamado latín vulgar, denominándose así lenguas romance. Esto es algo que todos sabemos. Por consiguiente, no existe una lengua (permitanme el término) genuina al 100%.
Es decir, toda lengua romance está formada por numerosos préstamos de otras lenguas, romance o no. Modulados en función al propio léxico, adaptándose o bien, respetando la forma de la lengua de la que procede.
Precisamente, en el campo de los préstamos, suele existir una controversia; especialmente con los anglicanismos. El tratamiento diferente de los extranjerismos no puede ser explicado desde el punto de vista meramente lingüístico, en mi opinión la cultura y sociología del país receptor tienen mucho que ver. Como trabajador en el sector del marketing (que ya denota su tendencia desde el propio nombre) veo cada día como los calendarios son timings, la fecha máxima de entrega es la deadline, la ventana emergente en web es un overlay o la zona dentro a la sangría en un diseño se transforma en la safe area. Saliendo de este ámbito, las cosas cambian si comparamos Italia y España.
En muchos de los ejemplos del párrafo anterior está justificado el uso del extranjerismo, en otros algo menos. Yo personalmente no me opongo a su uso, es más, si el usarlos sirve para sintetizar y economizar el discurso, creo que está justificado su empleo. Aún cuando exista en castellano una palabra que defina el mismo concepto. En España, la tendencia al respecto me parece en consonancia con la mía.
En cambio, la lengua italiana usa e incorpora numerosos extranjerismos conservando su grafía y pronuciación original (aun cuando existe la palabra en italiano y sin presentar ninguna de las características antes descritas al discurso) a diario. Basta abrir un periódico italiano para leer en sus titulares palabras como: blitz, flop, hit, cross, diktat, jobs act, business, leader, black block, bomber, press, match, escalation o weekend. Entre muchos otros términos.
Es aquí donde yo me pregunto ¿Por qué existe esta diferencia tan abismal entre los dos países? Dejando a un lado la existencia en España de una cierta vergüenza a pronunciar palabras extranjeras (especialmente en inglés) o de atribuir su pronunciación correcta a un tipo de persona esnobista, y sirva como ejemplo de esto la palabra Youtube y como viene pronunciada en España, o la palabra Wi-Fi; en castellano se tiende a adaptar a nuestro lenguaje los préstamos lingüísticos.
En Italia, sin embargo, como hemos visto, se evita a toda costa italianizar los nuevos términos procedentes de lengua extranjera. La persona que defiende que esto debiera hacerse, el adaptar las palabras al italiano, no es vista de manera positiva. La razón principal para dicha percepción es el fascismo y su influencia en el lenguaje.
No es extraño cuando alguien toca este tema con un autóctono italiano, que el interlocutor responda que el último que luchaba por decir términos exclusivamente italianos se apedillaba Mussolini. De hecho, el regimen fascista italiano prohibió por ley en 1940 el uso de términos extranjeros por considerarlos anti-italianos, so pena de cárcel. Así se hablaba de Carlo Marx, tassì en lugar de taxi o Tuttochesivede en lugar de panorama.
Esta extrema cruzada lingüística del fascismo italiano, no deja de impresionarme como hablante español. Dado que el franquismo no creo pusiera tanto énfasis en este aspecto, quizás también por razones geográficas respecto al resto de Europa.
Concluyo pensando que gracias al rechazo posterior al régimen autoritario italiano del pasado siglo XX, el utilizo de extranjerismos en Italia es tan exacerbado para el oyente español, relativizando así causas superfluas como el ser una moda el inglés o pensar que sea algo reciente. Algo más que comprensible, por otro lado. Este es otro ejemplo de que las lenguas son dinámicas, evolucionan y viven junto a sus hablantes. Pero también tienen memoria.
viernes
Pensamientos en claroscuro
Ayer fue un día negro, cuyo matiz grisácio se percibe aún en el ambiente. Ha muerto un compañero de trabajo en un accidente de tráfico, apenas superaba la cuarentena de edad y deja tres hijas; la mayor con 8 años. La muerte siempre es dura y omnipresente, al fin y al cabo es la única certeza de la vida; pero cuando se le ven las fauces, cuando la crudeza de su tez asoma, deja una sensación de ceniza en la garganta perenne. Un trago amargo que rebota en el corazón y quita el aliento.
Hoy es uno de esos días en los que vuelves a recordar algo que ya aprendiste hace mucho: que el mundo no se para por nadie. No quisiera ser cínico, dadas las muertes contínuas y evitables en el que es el mayor cementerio del mundo, como es el Mediterráneo. Pero cuando caes en la cuenta que esa persona a la que dijiste "hasta luego" un viernes no volverá el lunes, es realmente duro. La cercanía de la persona en estos casos cataliza el dolor.
En semanas como ésta, incluso me gustaría creer en algún dios, algo que permita aliviar el dolor y dar un sentido; pero no puedo, sería además un camino demasiado fácil e incluso, en mi humilde opinión, una creencia que rezumaría ignorancia e hipocresía por mi parte.
No creo que exista un destino para cada uno de nosotros, el destino lo escribimos, casi siempre de manera involuntaria, en nuestras pequeñas decisiones del día a día. Nuestra concepción lineal y separada del tiempo (pasado-presente-futuro) nos impide comprenderlo, aunque podemos imaginarlo.
Como padre, la peor pesadilla es sobrevivir a un hijo; pero faltarle tan pronto no lo es menos, desde luego. Ser feliz en la vida independientemente de las circunstancias se transforma en algo casi dogmático, no opcional. Por eso hay que llenar de vida los días.
Este texto no pretende llegar a una conclusión, ni siquiera es un homenaje. Este post no es más que pura reflexión libre. Es por entradas como ésta, que este blog se llama Brainsploiding.
Hoy es uno de esos días en los que vuelves a recordar algo que ya aprendiste hace mucho: que el mundo no se para por nadie. No quisiera ser cínico, dadas las muertes contínuas y evitables en el que es el mayor cementerio del mundo, como es el Mediterráneo. Pero cuando caes en la cuenta que esa persona a la que dijiste "hasta luego" un viernes no volverá el lunes, es realmente duro. La cercanía de la persona en estos casos cataliza el dolor.
En semanas como ésta, incluso me gustaría creer en algún dios, algo que permita aliviar el dolor y dar un sentido; pero no puedo, sería además un camino demasiado fácil e incluso, en mi humilde opinión, una creencia que rezumaría ignorancia e hipocresía por mi parte.
No creo que exista un destino para cada uno de nosotros, el destino lo escribimos, casi siempre de manera involuntaria, en nuestras pequeñas decisiones del día a día. Nuestra concepción lineal y separada del tiempo (pasado-presente-futuro) nos impide comprenderlo, aunque podemos imaginarlo.
Como padre, la peor pesadilla es sobrevivir a un hijo; pero faltarle tan pronto no lo es menos, desde luego. Ser feliz en la vida independientemente de las circunstancias se transforma en algo casi dogmático, no opcional. Por eso hay que llenar de vida los días.
Este texto no pretende llegar a una conclusión, ni siquiera es un homenaje. Este post no es más que pura reflexión libre. Es por entradas como ésta, que este blog se llama Brainsploiding.
jueves
El eterno pasante entre dos penínsulas
Entre dos penínsulas, con cuatro mares de testigo, el permanente estar de paso parece ser destino. No es algo para celebrar, ni tampoco un castigo; es lo que es, lo que hemos elegido, el amor mantiene a flote lo que distancia y tiempo podría haber hundido.
Familiares, amigos y familiares de amigos, me recuerdan el milagro del que soy testigo, no son minutos ni horas, ni kilómetros ni millas, ni conversaciones de menos ni palabras de más. Que no eran vacaciones sino mucho más que eso, que he dejado medio corazón en casa y el otro medio en el vestíbulo, pues corazón no falta cuando tantos te lo mantienen lleno.
No hay queja ni reproche, de felicidad reboso, tengo dos niñas perfectas a mi lado y millones de sonrisas que le ponen el broche. Tengo suerte, de la que se busca, de la que se anhela, de la que se obtiene pero no se posee, que si se detenta no aumenta; suerte que se valoriza a cada paso, que nos recuerda que el éxito no es más que no temer al fracaso.
Hace años decidí cotizar en escribir mi propia historia y tal práctica ahora parece estar en alza. Es por eso que entre dos penínsulas vivo, es en dos lenguas que pienso y por todos vosotros, y aquí quiero que os sintáis aludidos, por los que sueño.
Familiares, amigos y familiares de amigos, me recuerdan el milagro del que soy testigo, no son minutos ni horas, ni kilómetros ni millas, ni conversaciones de menos ni palabras de más. Que no eran vacaciones sino mucho más que eso, que he dejado medio corazón en casa y el otro medio en el vestíbulo, pues corazón no falta cuando tantos te lo mantienen lleno.
No hay queja ni reproche, de felicidad reboso, tengo dos niñas perfectas a mi lado y millones de sonrisas que le ponen el broche. Tengo suerte, de la que se busca, de la que se anhela, de la que se obtiene pero no se posee, que si se detenta no aumenta; suerte que se valoriza a cada paso, que nos recuerda que el éxito no es más que no temer al fracaso.
Hace años decidí cotizar en escribir mi propia historia y tal práctica ahora parece estar en alza. Es por eso que entre dos penínsulas vivo, es en dos lenguas que pienso y por todos vosotros, y aquí quiero que os sintáis aludidos, por los que sueño.
martes
Eppur si muove
No me dedicaré a contar los lunares de la tierra quemada dejada atrás, tampoco pasaré mis días impregnados en memorias de alquitrán. No fui nunca pirómano de recuerdos ni artificiero de futura realidad, nunca busqué un aplauso en la metrópolis ni una placa en el valle del homenaje. Cada letra es un viaje, con más que paradas: paraje.
Quise ir de vacaciones a Urano sin considerar Saturno y Neptuno, me equivoqué, no en vano. Por tener consecuentemente los pies sobre este mundo; para caminar sin más sandalia que la callosidad de la experiencia. Pues con el tizne bien reciente y las tintas recargadas, pergaminos de translúcida mirada me encuentro una vez en cada intento de estocada. Con estoico esfuerzo, la tinta desparramada.
Quiero componer y compongo la obra más perfecta. La intención es lo que cuenta excepto en amor, alquimia o ciencia. Pues de lo primero se trata hacia realidades diversas, combinadas en amor de padre y el amor a la acuarela que con pintura mental se expresa y mundos velados al lector refleja.
Hoy como tiempo metafísico no empieza nada, nada que no haya empezado. No se desvela la trama, no se acrecentan los rasgos, no se describen penurias de la sílaba perdida en el éter de una crisis creativa, no hacen falta siete días ni un domingo de trabajo. Nada de brujería, pero sí un mágico encanto. Un encuentro con la rima que se desnuda a cada paso.
Empezó un verano extraño con un regusto esotérico que deja el paladar estimulado, para continuar en la excepción que a la norma fecunda, ahora no hay quien lo pare, ni la pereza más absurda. La abstracción obligada tras la mirada de los mil metros, no es más que otra manera más de hacer del despertar un verbo que su etimología merezca. Bienvenidos a la prefacción, a la anatomía del discurso, a la canalización en la tinta en mis mundos mudos, bienvenidos al suburbio de la burda realidad cambiante, a los sonetos inconformes. Obligado a no obligarme que en plena época de obligatoria excitación, sea ésta quien sucumbe.
Larga vida a la escritura, a los relatos y rimas. A mi mundo entre comillas, el epílogo no lo conozco ni seré yo quien lo escriba. Que la inspiración venza al belicismo de batallas perdidas. Una letra en cada sitio en que la musa de turno decida. Es así, párrafo a párrafo, que mi mundo interior gira.
miércoles
Cuatro de marzo de dos mil catorce
Cuatro de marzo. Hoy hace un año del brillo de aquella lágrima, del ronroneo visceral previo al nervio y de las miradas al infinito con abrazos de cariño recíprocos. Silencios eternos y voces temblorosas. Hace exactamente un año, miramos a la vida con valentía, decidimos que éste era el momento, que estábamos preparados. Hace un año, nos encontramos en el umbral de un maravilloso cambio y decidimos traspasarlo. Supimos que nuestra niña venía.
Luego siguieron dudas y más dudas, preocupaciones que hasta ese momento no te planteas y un sólo deseo: salud, salud y más salud, traducido en la banalidad de un "que todo salga bien". Sonrisas y lágrimas siempre por la misma causa: la ilusión, la alegría, la esperanza de una vida cada vez más presente en corazón y mente.
Una nueva vida nos esperaba y mes a mes la espera nos impacientaba aunque al mismo tiempo sabíamos de estar viviendo algo único y en ese ocèano de emociones navegábamos, sin prisa, sin pausa.
Supimos que era Ella. Fue entonces cuando mágicamente las ninfas del mar nos prestaron su inspiración para convertir a Nerea en nuestra musa.
Fueron meses en los que apenas hacía nada que no fuese escribir, en verso y prosa. Manchando y machacando hojas y hojas de cuadernos que aún relleno. Creando probablemente los textos más bellos que jamás hubiera podido concebir. Textos que guardo para mí y para mis niñas. Escritos que conservo con celo y que serán encuadernados algún día.
Y es que una hija es inspiración en su estado más puro. Pura vida pura, la máxima expresión de nuestra plenitud como seres humanos y es por eso que es poco el tiempo que pueda pasar junto a ella, junto a ellas.
Hace cuatro meses ese brillo de ojos se nos reflejó en las sonrisas y nuestro amor llegó. Amor con mayúsculas. Comprendimos lo que es amor incondicional y supimos por primera vez que se puede amar para toda una vida desde el primer instante.
Nada importa más que verla sonreír, nadie nos mira como ella, nadie es más importante. Ni nada ni nadie nos puede quitar nuestra alegría viéndola crecer, nuestro aplauso a cada progreso, nadie te avisa de lo que significa ser padre, entre otras cosas porque es difícil de explicar, son muchas emociones; todas positivas.
Nueve párrafos para nueves meses de espera, para intentar dar a luz a una idea precisa. Miramos atrás y sonreímos. Hoy hace un año que nuestro amor se multiplicó por tres, dando como resultado, el amor de nuestra vida.
Luego siguieron dudas y más dudas, preocupaciones que hasta ese momento no te planteas y un sólo deseo: salud, salud y más salud, traducido en la banalidad de un "que todo salga bien". Sonrisas y lágrimas siempre por la misma causa: la ilusión, la alegría, la esperanza de una vida cada vez más presente en corazón y mente.
Una nueva vida nos esperaba y mes a mes la espera nos impacientaba aunque al mismo tiempo sabíamos de estar viviendo algo único y en ese ocèano de emociones navegábamos, sin prisa, sin pausa.
Supimos que era Ella. Fue entonces cuando mágicamente las ninfas del mar nos prestaron su inspiración para convertir a Nerea en nuestra musa.
Fueron meses en los que apenas hacía nada que no fuese escribir, en verso y prosa. Manchando y machacando hojas y hojas de cuadernos que aún relleno. Creando probablemente los textos más bellos que jamás hubiera podido concebir. Textos que guardo para mí y para mis niñas. Escritos que conservo con celo y que serán encuadernados algún día.
Y es que una hija es inspiración en su estado más puro. Pura vida pura, la máxima expresión de nuestra plenitud como seres humanos y es por eso que es poco el tiempo que pueda pasar junto a ella, junto a ellas.
Hace cuatro meses ese brillo de ojos se nos reflejó en las sonrisas y nuestro amor llegó. Amor con mayúsculas. Comprendimos lo que es amor incondicional y supimos por primera vez que se puede amar para toda una vida desde el primer instante.
Nada importa más que verla sonreír, nadie nos mira como ella, nadie es más importante. Ni nada ni nadie nos puede quitar nuestra alegría viéndola crecer, nuestro aplauso a cada progreso, nadie te avisa de lo que significa ser padre, entre otras cosas porque es difícil de explicar, son muchas emociones; todas positivas.
Nueve párrafos para nueves meses de espera, para intentar dar a luz a una idea precisa. Miramos atrás y sonreímos. Hoy hace un año que nuestro amor se multiplicó por tres, dando como resultado, el amor de nuestra vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)