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martes

La gran responsabilidad que conlleva el cuarto poder o una oda al respeto hacia la profesión del periodista

Probablemente no hayan oído ni hablar remotamente en su entorno de las 5 uves dobles del periodismo, no sepan como contrastar una fuente y aquello de la deontología periodística les suena a medicación extraña, a tecnicismo, no va con ellos, demasiado snob. Y el señor Lasswell no les dice nada. Estoy hablando de una tendencia, creciente, en expansión desde hace años y que, a un enfermo terminal como la profesión del periodismo, provoca hemorragias contínuas; me refiero al denominado Citizen Journalism.

Cierto, existen ventajas innegables en cuanto a comunicación (a bajo coste), pero eso no es periodismo. La tecnología ha avanzado, te permite comunicar con una audencia masiva que absorberá pasivamente el mensaje, es como la vuelta al concepto de masa, o mejor que comunicar, esputar tu información, sin necesidad de demostrar ni contrastar nada, independientemente de lo sesgada que esté. Este es el verdadero peligro. Las redes sociales son geniales para estar al día de algo que sucede en un sitio en el que físicamente no puedes estar, pero de ahí a canonizar periodistas ciudadanos y decir que hoy en día cualquiera puede convertirse en periodista improvisado, me parece una falta de respeto profunda hacia una profesión, los que la ejercen consecuentemente, meritoria de nuestra admiración y cuya preparación va más allá de saber usar los filtros de Instagram, os lo aseguro.

Un Smartphone te proporciona comunicaciones inmediatas, fotos de una calidad aceptable; pero no inteligencia ni capacidades o aptitudes. Todos sabemos informar unilateralmente de algo, bastantes comunicar, pero, sinceramente, muy pocos son capaces de aplicar los filtros objetivos necesarios con la debida contrastación como para verdaderamente cumplir las funciones del periodismo: informar, formar y entretener, y hacerlo buscando la veracidad. Veracidad y no verdad, la verdad siempre es relativa en función del observador.

Imaginemos una aplicación para iPhone que permita tomar el pulso y auscultar con precisión. A pesar de ello, sería absolutamente ridículo e impensable hablar de citizen doctors sería como intentar obtener un diagnóstico médico buscando vía Google o Yahoo Respuestas. ¿Por qué, entonces, hemos dejado que suceda con el periodismo?

Este intrusismo sucede, en menor grado pero sucede, en mi profesión. Afortunadamente cada vez menos habitual, pero no es de extrañar ver el puesto de diseñador gráfico ocupado por el hijo del presidente porque sabe manejar Photoshop. Existe otro ejemplo que todos entenderéis, puedes tener una cámara réflex colgada en el cuello y sí, las fotos son fabulosas comparadas con las de una compacta; en automático la nitidez es fabulosa y los parámetros de luz y obstruración apabullantes, perfecta para tener en casa o en Facebook. Pero no, eso no te convierte en fotógrafo. Fotos perfectas, no profesionales. Ser fotógrafo es más que eso, es saber componer una foto, tener en cuenta el peso visual y la anisotropía, saber que objetivo usar, regular la ISO...como decía un profesor mío de fotografía: "Lo más aburrido para un fotógrafo es presionar el botón para hacer la foto, ya que todo el trabajo es anterior, es mental. Debe tener la foto perfectamente en su cabeza antes de pulsar el botoncito". No creo que haga falta añadir más.

La actualidad se cuela de lleno en este asunto, aunque indirectamente. Dada la situación de penuria económica y social (por no hablar del desdén político), la austeridad europea ha arrebatado al pueblo griego (al que debemos entre otras cosas la noción de la palabra democracia) su canal de televisión pública. Noticia que, a veces, pasa inadvertida pero cuya gravedad es incalculable. Manejar e interpretar la información para ser comunicada, es un poder, el cuarto poder. Y como todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad.

lunes

La nueva "Doha" de ruta humana

Me encanta la revista Internazionale. No tenéis porque conocerla o haber oído hablar de ella. Es italiana. Una revista de prensa mundial, es decir, recoge noticias de todos los diarios del mundo y las subdivide en secciones que van desde lo geográfico (Asia y Pacífico, África, Centroamérica, Europa...) al mero criterio según contenido (actualidad, dossier, investigación, ciencia...). Permite leer artículos que independientemente sería difícil sino imposible, dado que veo complicado poder leer un periódico del Kirghistán sin conocer la lengua, por ejemplo. Un recurso semanal óptimo para informarse, una especie de Presseurop pero en ámbito mundial.

Si algo adoro de dicha publicación, es la manera en que da pie a sacar tus propias conclusiones. Tras un breve análisis y lectura de varios números, en Europa todo son corruptelas e indignación, algunos detenidos injustos pero pocas muertes. Sin embargo, en las noticias correspondientes a África y Medio Oriente los muertos se cuentan por millares, y países como Etiopía o Eritrea permiten la existencia de la esclavitud o la caza y matanza de "brujas".

Si esto no nos hace meditar, mal comenzamos. Hace unos números se hablaba en profundidad de Qatar (o Catar) y de sus inversiones mundiales. Del 100% de su población, solo el 10% es considerado ciudadano, y por tanto millonario, el resto son inmigrantes que sólo trabajan y no tiene derecho a casi nada (recordemos, en mitad de un desierto). Para obtener la ciudadanía debes haber residido y trabajado allí más de 45 años y no son pocos los que fueron engañados con un contrato que al llegar resultó ser falso y se ven encarcelados en una prisión de oro, oro negro en este caso. Pero miremos de puertas para fuera, porque es obvio que este país es autoritario,  ya que es un clan familiar quien gobierna. Pero internacionalmente, ¿qué papel está desempeñando?

Además de sus poderosas y conocidas inversiones en el mundo del fútbol de élite, me ha sorprendido descubrir que sostienen económicamente gobiernos como el de Túnez, esto debería de ser grave para la mayoría de países democráticos, aunque a nadie parezca importarle. Acaba de crearse un ejército, algo no prioritario dadas las bases de Estados Unidos en su territorio. De hecho, Estados Unidos no necesita intervenir en Siria porque ya lo está haciendo, a través de Doha, quien se lava las manos enviando emisarios de la vecina Arabia Saudí, país al que por otro lado España vende armas y munición por doquier, es nuestro cliente estrella.

En Doha nadie camina, prefieren moverse en cochazos. Regodearse en el lujo, efímero probablemente, del crudo y el gas natural. Apoyando a Irán cuando convenía y repudiándolo cuando choca con sus intereses (no olvidemos que Irán y Rusia apoyan al régimen siriano). Esto es Qatar. Tras algunas críticas, decidieron hacer un poco de marketing y a la mujer del emir (la segunda mujer, tiene tres) le vino regalada la Qatar Foundation que no se sabe muy bien qué hace, pero se presupone, sino solidaria, al menos con tintes filantrópicos.

Es una gran metáfora. Es lo más deleznable del carácter humano ante nuestros ojos. Ambición, egoísmo e ignorancia. El no mirar a ciudadanos que mueren de hambre por tus calles mientras saboreas tu Möet en el Jacuzzi. Y aún así, pocos se negarían a pasar la vida allí, una vida de jeque, a cuerpo de sultán. Esto es lo que más me entristece. Catar representa para mí la penumbra, la degradación total de lo conceptualmente humano como especie. La cara B del planeta con cuyo son bailaría a placer más de uno y de dos. El mundo seguirá girando y mañana será otra la capital de la opulencia, pero las sensaciones probablemente sean las mismas de hoy, que ya se repitieron muchas veces ayer. Por desgracia, la historia se repite, pero no enseña.

Un paseo por una mente obligada a renovarse. Sinónimo, sin ánimo.

Debe haber pocas cosas peores que la propia consciencia de saberse inútil, inservible o incapaz para realizar una tarea que te gustaría, una especie de derrotismo anticipado por la satírica percepción de uno mismo. No obstante, sí que existe algo peor, no en cuanto a su gravedad, pero sí en cuanto a la impotencia que genera. Esta sensación de la que hablo es la de pensar, sentir y haber comprobado ser totalmente capaz de ello, pero no tener la oportunidad para cercionar esta cualidad. Dicho en otras palabras: no ser inútil, pero que no te permitan demostrar lo contrario.

Cuando las cosas no dependen de ti, ese es el tema. Entiéndase cosas en su más amplio sentido, como la realidad multiforme que esta palabra designa por antonomasia. Ante situaciones como éstas , en las que, hasta el más fuerte optimismo puede verse erosionado, compuestas de momentos en los que reciclarse nunca es suficiente, por la radicación constante de una especie de religión dogmática y exhaustiva hacia lo cuantitavo, que ha desplazado lo cualitativo a límites marginales; arrinconando su importancia a la mera anécdota, a la foto para la galería o al triste diploma presuntuoso, valedor de saberes enlatados.

Como animales sociales, que somos (más sociales que racionales en tantas ocasiones), el colectivismo puede ayudarnos, no hablo de salvación en ninguna de sus acepciones, ni de la fuerza que hace la unión u otras formulas ya superadas. Hablo de soporte sociológico. Pero nada más lejos de la realidad; el individualismo, de tener un rostro, apareceria en la portada del Times como el personaje de la década.
Dado este contexto, en el que, lo que llamamos modernidad tantas veces es sinónimo de aislamiento humano y sublimes reclamos a ser ilustres ignorantes, no es de extrañar que la sensación descrita en el primer párrafo sea poco más que creciente, y extienda sus ramas por cada uno de los componentes de los estratos sociales (en el caso de existir) cual planta trepadora.

"¿Qué tiene de malo? Es de todos sabido y en la actualidad obtiene su mayor constatación, que la ignorancia es la felicidad." Puede pensar algún lector con la osadía suficiente como para llegar al cuarto párrafo de un blog que ni su propio autor podría describir de manera loable. Debo negar esta afirmación (valga el contraste entre el verbo y sustantivo usados) con toda vehemencia: no es cierto que la ignorancia sea la felicidad. Lo cierto es que el conocimiento tampoco lo es, la inteligencia es un arma de doble filo: cuanto más viene cultivada más aumenta su percepción de los vastos conocimientos que le quedan por aprehender. Es por eso, que el que más hable, opine y argumente no es siempre el más culto (ni mucho menos), de hecho la afirmación socrática es el punto de partida de todo no ignorante. Obviamente me refiero al "solo sé que no sé nada"

Por otro lado, está el conocimiento de lo puramente antropológico. El otro día leía que alguien que haya vivido toda su vida de manera racional, no puede acabarla sino de una manera: odiando a toda la raza humana y deseando su total extinción. Debo decir que es cierto. Profundizar en los conocimientos de las comunidades humanas es reflejarse en un océano de codicias, engaños e hipocresías. Desde el país que consideren más respetable al que consideren "fundamentalista", todos y cada uno de ellos se mueven por los mismos intereses, escondidos con eufemismos o no. Ni siquiera los animales son tan gregarios y sectoriales, matan ante una amenaza a los suyos o para cubrir sus necesidades básicas, pero no dejan morir de hambre para poder hacer un brunch en un locar glamouroso de decoración étnica en el centro de la insalubre jungla humana que son las grandes ciudades. Eso es meramente humano.

Hágase un ejemplo práctico, vea cualquier documental sobre animales: sus migraciones, como alimentan a las crias, como cazan...acto seguido, abran la portada online de cualquier periodico español y analicen comportamientos y razones para los mismos; hasta el punto de interpretar cuál es la humanidad y cuál la animalada. Sólo codiciosos animales como los humanos, podrían ignorar y pagar a poderosos lobbies para desmentir lo evidente, nos estamos cargando el ecosistema, nuestro ecosistema; el planeta seguirá existiendo pero sin nosotros. No creo que la raza humana dure mas 150 años y, sinceramente, me parece incluso un alivio. Nos sentimos dueños de un mundo en el que hemos llegado últimos. En este caso sí, podemos desgraciadamente confirmar un viejo cliché como aquel de que los últimos siempre seran los primeros...

martes

El click silencioso de la inexistente masa

Sirve para designar un famoso personaje de cómic, aunque no es más que una feliz coincidencia. Desde los albores de lo que conocemos como época moderna (no modernista), aquella época que ha visto nacer y morir dictaduras, sistemas neoliberales y democracias que no lo son tanto, una preocupación siempre ha recorrido la mente de sociólogos y comunicólogos (en el caso de existir): el concepto de la masa.

Dependiendo del momento se le ha dado mayor o menor importancia, se le ha considerado activa o pasiva e incluso se ha intentado ignorar este concepto en días como hoy, no obstante, es un tema aun en boga. Su evolución ha ido de la mano de los medios de información (en ocasiones también de comunicación) o viceversa, ya que el entramado causa-efecto entre ambos elementos es, cuánto menos, difusa. 

Con el nacimiento de los periódicos, las radios e incluso los primeros canales de televisión (en su mayoría estatales y por tanto poco numerosos) se consideraba a la audencia como una amalgama pasiva, que engullía sin más todos y cada uno de los contenidos a los que se exponía. Teorías como la aguja hipodérmica o la bala única, sostienen este paradigma.

Sin embargo, con el aumento de los llamados impactos publicitarios (piensa si no, en cuanta publicidad percibes al día, incluyendo televisión, radio, vallas e internet) se comenzó a considerar, que esa masa no era tan pasiva; sino que elegía a qué atender y a qué no, lo que se denomina atención selectiva en psicología. Un ejemplo de ello es la teoría de usos y gratificaciones. 

En línea con todo lo anterior y buscando un término medio entre masa pasiva y audiencia activa, aparecieron los tan de actualidad, gracias a las redes sociales y blogs, líderes de opinión. Personas destacadas por tener la potestad de procesar e interpretar la información que a su vez pasaban al resto de los mortales, una vez más, un concepto de masa poco activa. En este modelo se basa gran parte de la publicidad de Internet. 

Y es aquí donde quiero hacer el punto: en la publicidad en Internet. En particular la que nos aparece en Facebook, que supone una nueva forma de entenderla, según creo muy inteligente. Seguramente os parezca algo extraño visto que os aseguro que ni yo, ni vosotros y casi nadie que conozcáis hace click en esos enlaces (sin contar los clicks por error); por lo que puedo entender cierto escepticismo respecto a este formato publicitario. Sobre todo, en contraposición a Google y su sistemas AdWords o SEM.

No obstante, en mi opinión y según he podido constatar en un estudio reciente que he leído en la revista italiana Internazionale, este tipo de publicidad es más que efectiva sin necesidad de tener clicks. Y es aquí donde quiero daros mi visión sobre la masa. Según creo, la masa existe, sí, pero está compuesta de personas y no podemos considerarla siempre dentro a un mismo grupo sino que a medida que pasa el tiempo, el cambio de sus variables demográficas y psicográficas, lo hacen migrar de un grupo social al otro; por lo que es definitivamente más complicado que la burda generalización. Al igual que acepto que existan líderes de opinión, pero no que estos puedan modular a su audencia, si acaso a algunas minorías de la misma.

Volviendo al tema de la publicidad en Facebook; es cierto que la mayor pesquisa para aceptar su efectividad es el hecho de recibir pocos clicks y, por tanto, poca atención. Pero no sólo existe la reconocida atención selectiva, ya que, basándome en varios estudios psicológicos, cuando un determinado mensaje (publicitario o no) tiene toda nuestra atención (alta implicación) absorbemos la mayor parte de lo que nos dice inmediatamente. Lo sorprendente, es que cuando la implicación es baja, también los absorbemos. 
Es el principio en el que se basan radio y televisión, si conduces mientras oyes la radio, no te encuentras especialmente implicado (y especialmente si sabes que es publicidad) pero sin darte cuenta estás recibiendo el mensaje; lo mismo sucede si ves la televisión mientras cenas y hablas con alguien mientras la publicidad se emite sin mirarla. 

Por esta misma razón la publicidad en Facebook no obtiene casi ningún click (ni falta que le hace) pero dada su estudiada posición, es observada por el público objetivo (que gracias a tener todos nuestros datos es más segmentado que nunca) aunque sea sólo durante 10 nanosegundos y ni siquiera le hayas prestado atención. La publicidad en la red para muchos es sólo Google y aún camina en pañales, no obstante con la evolución del concepto de "masa", es una herramienta cargada de futuro, sobretodo, si atendemos a su enorme efectividad presente.