viernes

La altiva voz interior del vacío

El grande cuervo mira, observando su próxima presa. Durante minutos, horas y días se dedica a contemplarla. En silencio, de noche, vigila su absurda cáscara, mientras piensa en devorar sus entrañas. Su presa no es su víctima, será víctima de otra fiera. El grande cuervo no cazará, ni será el primero en probarla. Su víctima no es suya, pero una vez muerta, los restos, su caroña, lo que queda, será su banquete. Bajo la luz de la luna, será su coartada.

Esa coartada, en la sabana, pasa inadvertida. Como una cadena trófica que se concluye, como una estrella fugaz que desaparece en la nada. En el infinito absoluto del universo, que de infinito que es cuesta imaginarlo. Por tanto, para nosotros es como la nada.

En ese dualismo nos movemos. Entre conjunto vacío e infinito. Infinito universo en el que predomina la nada. Entre la responsabilidad de lo colectivo y el egoísmo de carroñera causa. Entre el efímero placer perecedero y el merecido descanso tras la labranza. El sol se pondrá de nuevo y la luna saldrá a su madrugada. El mundo seguirá girando y aquí no habrá pasado nada.

Habrá, sin duda alguna, quien lance la voz de alarma. Como el gallo en la mañana, alertando de que se acerca una gran esfera dorada. Apresurándose y coloreando lo que queda de noche estelada. Pasará todo esto y mucho más, y al mismo tiempo; no pasará nada.

El cuervo volverá a su agujero, la presa seguirá siendo devorada. La luna será testigo y la noche esconderá nuestras caras. Luego cantará el gallo y nos daremos cuenta de no tener nada. Porque confundimos tener con ser, porque devoramos toda esperanza. Perdimos el norte en la duda, de si buscarnos y dejarnos guiar. Cuando pase el vendaval, la polvareda se depositará en nuestras casas.

Y antes de dar el primer paso, mucho antes de pensar en dejar tu morada. Piensa en tu naturaleza, piensa en el tiempo que pasa, busca un lugar que sea tuyo. Ni seguro ni de escapada. Piensa si quieres ser un grande cuervo o si la presa observada. Pienses lo que pienses, actúa. Si no actúas, lo que hayas pensado, no servirá para nada. 

miércoles

Historia de la creatividad humana en torno al gran fuego

El origen es, en su mayor parte, una gran incógnita. Y me parece justo que así lo sea. Un accidente con probabilidades ínfimas de éxito provocó la vida y un sistema interconectado habitable, la adaptación y evolución de las especies hizo el resto.

Marzo de 2020, Italia. En pleno confinamiento por el coronavirus, hemos encontrado preocupaciones que ni sospechábamos pero también tiempo que no recordábamos que teníamos. Con ese tiempo, uno puede escribir y leer más. Y pensar mucho antes de actuar. Existir más allá de la vida cotidiana.

Estos días, me hallo inmerso en la lectura de un maravilloso ensayo regalado por mi querida hermana: Los orígenes  de la creatividad humana del biólogo y entomólogo Edward O. Wilson.
En el capítulo del nacimiento del Homo Sapiens como animal puramente social hubo algo que me sorprendió. Partimos de un origen común que desemboca, por un lado, en los actuales chimpancés y sus hermanos algo más avanzados los bonobos. En la otra ramificación, la que nos interesa y ocupa por razones obvias se suceden: Homo habilis, Homo erectus o Austrolopithecus, que son algunos de los teloneros del grupo principal, hasta el momento: el Homo Sapiens de hoy.

Los cazadores-recolectores, nómadas por naturaleza hasta el nacimiento de la agricultura, vivían en una sociedad poco cohesionada hasta el advenimiento de dos grandes factores. El primero fue el paso a una dieta prevalentemente carnivora (lo siento por los veganos), pues nada cohesiona más que enfrentarse a un enemigo común, en este caso, a una presa común.

El segundo y, probablemente más importante, es el descubrimiento y posterior control del fuego. Estudios actuales en tribus aun existentes en la actualidad avalan la tesis que expongo: durante el día las conversaciones entre miembros de la tribu eran impersonales y meramente técnicas en lo inherente al mero hecho de cazar. Sin embargo, durante la tarde y noche, alrededor de un fuego, las conversaciones empezaban a ser más personales y metafísicas. Más narrativas. Leyendas de grandes cazadores y epopeyas que se narraban y repetían en forma de canciones, nacieron y se quedaran entre nosotros.

Alrededor de un fuego se gestó el nacimiento del arte. Yo creo que no gracias al fuego, sino gracias al límite que el mismo fuego suponía en ese momento. Esta última afirmación es conclusión mía personal. Y me explico. El fuego servía para espantar a las bestias y mantener los cuerpos calientes. Se encontraban los miembros de la tribu relajados, alrededor del mismo, con este fin pragmático.

Pero es, entonces, que de un límite nace la creatividad. Dando un salto evolutivo a nuestros días, el gran Ignatius Farray defiende que los límites, en su caso, los límites del humor deben existir. Pues, una vez sabidos estos límites, el oficio del humorista será acariciarlos y hacer equilibrios sobre tales límites, sobrepasándolos a veces en ciertos contextos. Si no los hubiera no podría existir el humor, tal y como lo entendemos.

A pesar de no estar del todo de acuerdo, pensándolo bien, uno de los principales motores de la vida es su único y gran límite. Si no existiera la muerte pienso que muchos procrastinarían aún mas. Si fuésemos inmortales, quizás no encontraríamos sentido en vivir el momento, en amar a los demás o en crear arte.

El arte y la creatividad humana nace para ser inmortal, en un mundo tremendamente mortal. El límite ayuda a una expansión ilimitada e infinita. Una vez más un dualismo platónico de opuestos que se compensan. Y al final, las humanidades se generaron alrededor del fuego, el origen de todo lo humano, desde el punto de vista creativo, tuvo lugar frente al límite espacio-temporal del fuego. Como actualmente lo tiene frente a otros límites, confinamiento anti-pandémico incluso.

Parafraseando el planteamiento de Heráclito de Efeso hace más de 2500 años: El fuego es la materia, el substrato de todas las metamorfosis, la conexión universal.

lunes

El iluminismo nublado

Vivimos en años de lo irracional. Años en los que el nacionalismo arrasa y el individualismo, más. Con poblaciones que se quejan más por la cancelación de una serie en Netflix que por las bombas en Idlib, las chabolas de jornaleros en Murcia, Huelva o Almería o las muertes en el mar.

Lo hemos conseguido, hemos llegado y posiblemente superado el máximo nivel humano de inhumanidad. Asustados por un virus e ignorando el resto del mundo, y así nos va. Diez años, han pasado desde la irrupción más mediática de fascistas violentos en la política europea reciente. Amanecer Dorado, fue el partido, ahora casi desaparecido y judicialmente culpable de muchos delitos. Pero cuya inhumanidad al prójimo debió calar hondo, los derechos humanos están bajo mínimos en todo el mundo.

Como la máquina de fango de Umberto Eco, personas y partidos pasan pero las ideas, como el fango, se quedan. A mancha de leopardo, por desgracia, prosperan. Nada de esto explica, lo que se vivió ayer en Lesbos. Personas que amenazan a voluntarios, que aguardan y apalean a personas que escapan de la guerra. Sobrevivieron a una precaria travesía en el mar y ahora se enfrentan a la tiranía de la violencia ignorante europea. Violencia casi organizada, que a las mafias libias nos recuerda.

Es terrible y temible, que odisea tras odisea, siempre pierdan los mismos. Y aunque la reacción de buenas personas no cesan, desfallece nuestra fe en la tierra y en las personas que lo pueblan. Nos creemos libres por poder elegir nuestro diversivo, en que modo ignorar el sufrimiento ajeno las próximas 24 horas. Es un error y un horror. Un peligroso desierto con una tempesta en calma. Y por desgracia, esta vez, dicen más unas pocas imágenes que 293 palabras.

martes

Alegorías de sangre caliente

Vuestros achaques de inmortalidad os hace vulnerables, os hace desear hacer ruido en lo innecesario y silenciosos en lo importante. Querer escalar posiciones y que la desigualdad os ampare, montar un chiringuito público, sin dejar pasar a nadie.

No buscáis vuestro bien verdadero y, por tanto, el bien de nadie. Solo el epicúreo placer del momento y la enviada de quien os observe. No queréis ser recordados, preferís que nadie os olvide. Que es parecido, pero no lo mismo.

Tenemos nuestra parte de culpa en todo esto. Porque nos es más fácil no pensar, dejarnos llevar, quedarnos en la superficie de las cosas y divulgar la voz de grupo. Confundimos continuamente la mayoría democrática con el pensamiento dominante. La asambleas con mero gregarismo. Sabemos que perdemos más tiempo del necesario en estupideces y tenemos siempre menos tiempo para las cosas que de verdad importan. Ignorancia y felicidad se retroalimentan, aunque solo en apariencia.

¿Quieren cambiar el mundo? Empiecen por su mundo interior, por su percepción y transmitan esto a su entorno. Pero no lo digan solo, al estilo Bucay, para dejarlo en un estado de Instagram. Vivan, abracen y amen, profundicen en lo que merece la pena profundizar y dejen aparcado de una vez tanta distracción banal, tanta superficialidad. Dejen de existir, de hacer pasar el tiempo, que es la vida. Vivan, piensen y sientan. Quizás entonces ustedes sean mejor que nosotros, y vosotros, con vuestros achaques de inmortalidad seréis siempre más y más vulnerables.

Da igual quien creas ser, lo que tengas o en lo que ocupes tu tiempo. No importa tu cargo en la empresa, la gente que te admire o quien te envidie. Lo jefe que seas, lo rico que seas. Da igual. No eres absolutamente NADA sin un hogar al que volver.

jueves

La lucha contra el cambio climático no tiene color político (y lo quiero demostrar)

Alguna que otra vez, durante mis (cada vez más frecuentes) lapsos de insomnio, me entretengo a pensar en la condición humana y sus circunstancias. Es recurrente la fantasía de un mausoleo de la estupidez humana. Efectivamente, la extensión de dicho mausoleo bien podría extenderse a lo largo y ancho de nuestro planeta e incluso traspasar fronteras hacia los límites del universo conocido.

En dicho mausoleo, no faltarían las persecuciones a herejes de la Santa Inquisición, los sistemas esclavistas ni por supuesto, en un puesto de honor, los terraplanistas (en pleno siglo XXI). Tienen su nicho, obviamente, los negacionistas del calentamiento global o cambio climático. Sin olvidar los otros negacionistas ultrarreligiosos de la teoría de evolución, si todavía existieren. En este post me centro en los primeros.

Bueno, más que rebatir los argumentarios de los negacionistas con evidencias científicas, cosa que ya han hecho mil veces gente con autoridad para ello, me voy a centrar en una percepción meramente social. En España, tenemos la rareza histórica de asociar el sistema de República con la izquierda o dejar que la bandera nacional sea apropiada por la derecha; pero compartimos con el resto del mundo una rareza aún mayor: asociar el deseo de conservar vivible nuestro planeta y, por tanto, luchar contra el cambio climático como algo de izquierdas.

Es absurdo, es como si considerásemos que querer mantenerse en salud y acudir regularmente a hacerse chequeos médicos fuera algo ideológico. Sin embargo, más que criticar, quisiera conciliar ideas, porque creo que por un motivo o por el otro, independientemente de la ideología política, todos pueden defender esta lucha. Empecemos:
  • La izquierda debe denfender esta lucha. En primer lugar, por mera moral ecologista. La empatía que se presupone a la izquierda no puede quedarse quieta mientras se destruyen ecosistemas y pierde biodiversidad a causa de la actividad (y avidez) del hombre. En segundo lugar, por la histórica lucha de clases y por estar en el lugar del más débil. No olvidemos que loa mayoría de refugiados climáticos proceden de países en vías de desarrollo.
  • La derecha, e incluso la derecha ultranacionalista, debería también sostenerla. Si algo caracteriza a la derecha es la defensa a ultranza del territorio nacional y sus fronteras. Defienden el orgullo de obtener recursos de sus tierras y depender menos de importaciones de países que, por otra parte, podrían estar en las antípodas ideológicas. España podría vivir en una autarquía energética si apostase por las renovables (o casi, se estima que un 95% de la energía sí), sin depender del petróleo de países árabes (algo que agrada también a la derecha, por su fariseo contacto con la iglesia católica) El sueño de todo nacionalista, por supuesto. Además, se generarían puestos de empleo y bajarían las tasas. Por no hablar de las posibles exportaciones. Nada mal, ¿verdad?
  • Los neoliberales, defensores de Friedman y la Escuela de Chicago o, los mal llamados, partidos de centro también deberían enfrascarse en esta lucha. En parte, ya lo hacen. No escapa a nadie que la preocupación por la ecología y sostenibilidad genera una gran cantidad de oportunidades de mercado. Desde la venta de productos ecológicos hasta la producción de envases biodegradables. Además no hay que olvidar el enorme negocio de los monopolios que se dedican al reciclaje. No voy a llegar al punto del fantástico y provocatorio Ignatius (diciendo que reciclar es de derechas porque ayuda a mantener el sistema dando rendimiento económico a monopolios como Ecoembes) dado que no es otra cosa que una provocación satírica, pero es evidente que el nicho de mercado existe, y no para de crecer. 
Así pues, todos y cada uno de los personajes del espectro ideológico debería luchar por el cambio climático. Y si te consideras apolítico, bueno, creo que hacer esta lucha trasversal lo convierte en una responsibilidad social, por tanto, no te escapas. No nos engañemos, el cambio climático no se puede frenar, pero sí mitigar alguna de sus consecuencias más graves. Intentemos por una vez, dejar de embutir el mausoleo de la estupidez humana.

martes

Triste adivinanza

Imaginad vivir en una ciudad, en principio en algún lugar de un gran país avanzado, y un médico os diagnostica diabetes, enfermedad gravemente preocupante por su creciente y epidémica expansión. Porque si hace un tiempo el pobre comía menos que el rico; ahora come incluso más cantidad, pero de comida basura, que le acerca a enfermedades legadas a la obesidad, excesos de azúcar y consumo de alimentos procesados en exceso. Por todo ello, imaginad que os toca a vosotros.

Pensad ahora que os cueste la mitad de vuestro sueldo tratar vuestra dolencia, o en el peor de los casos, imaginad que sois desempleados o (algo más frecuente en el país) trabajáis de sol a sol por un sueldo de miseria. La famosa precariedad laboral.

En cualquiera de las dos situaciones actuales, dependes económicamente de otra persona, un familiar por ejemplo, cuya situación económica no es la mejor. Es tu salud la que está en juego, pero es tu dinero lo único que cuenta en este país para curarte. Las farmaceúticas suben a su antojo el precio de una medicina que salva la vida a ti y millones de enfermos crónicos. Ganancias aseguradas, todos pagan por vivir. Pero, ¿y si no pagan?

Diré solo iniciales, para que el lector intente adivinar el lugar del que hablo. ASH, con 26 años, murió este año por racionalizar y autoreducirse las dosis de insulina, para ahorrar ese gasto en este caso a su madre...porque en ese país, su salud era un privilegio privado.

Lo preocupante de todo esto es que no es un caso aislado, en un país que tiene un problema con los opiáceos y su consumo excesivo. Un país en el que, al 1 de septiembre de 2019, ha contado 9.930 víctimas mortales, de entre las cuales 2.521 menores de 17 años, con un total de 37.651 incidentes con armas de fuego. Números de país en guerra...

Este país además, tiene un despiadado líder que nega la evidencia climática y cabalga sobre eslóganes populistas dejando caos y crispación a su paso. Un oligarca creador de desigualdad con ademanes de dictador. Y lo que es peor, modelo para muchos de sistema económico y social (el país en sí, no así, espero, su líder actual). ¿Adivináis el país?

En algún lugar de un gran país, olvidaron construir... como decían los Duncan Dhu a finales de los años ochenta. Ese lugar es Estados Unidos, y es que, en este lugar prefirieron dedicarse a destruir.

miércoles

Cuentos de la lechera del siglo XXI

El ser humano es maravilloso. Éste era el eslogan de una maravillosa campaña de bebidas isotónicas. Lo es casi siempre, pero también colectivamente maleable e imprevisible. Ya no es que seamos el único animal que tropieza dos o más veces con la misma piedra, es que al tropezar, agradecemos a la piedra hacernos tropezar por librarnos de un hipotético y ficticio terraplén que se encuentra al final del sendero por el que discurrimos.

Así pues, llegamos a creernos que los populismos ultranacionalistas pueden resolver nuestros problemas reales de clase media-baja o nos agarramos con ridículo optimismo a la visión antropocéntrica de que, una vez aceptada la irreversibilidad del cambio climático y sus consecuencias para la vida terrestre, será el capital privado de un multimillonario filantrópico quien nos salvará creando colonias por el espacio sideral.

Los ejemplos no son tantos pero son preocupantemente relevantes: Elon Musk y su proyecto para colonizar y establecer una base en Marte son el primer caso. Un hombre multibillonario, enfrascado en su propia carrera espacial (proyecto SpaceX) nos dice que creará una base estable en Marte para, según sus propias palabras "empezar de nuevo" antes de que "ocurra una Tercera Guerra Mundial".

He aquí la primera piedra con que tropezamos. ¿Cómo es posible que haya aún quien crea que un exitoso empresario con sed de enriquecerse y pasar a la historia nos salvará de nosotros mismos? En el caso de crear una colonia en Marte, ¿con qué garantías vivirían los colonos?, ¿Bajo una dictadura de Musk? Probablemente.

La segunda piedra provoca aún mayor pavor. El protagonista es Jeff Brezos fundador y CEO del coloso Amazon. Tristemente conocido por las paupérrimas condiciones laborales a las que somete a sus trabajadores y, probablemente, dado el alto número de envíos de paquetes mundialmente, uno de los responsables del aumento del dióxido de carbono atmosférico.

Éste multimillonario se erige como salvador con un plan de civilización flotante que vaga por el Sistema Solar. ¿Os suena de algo? Exacto, la película Wall-E iniciaba con una premisa análoga. Quien haya visto la película creo que no necesita saber más para ver la locura que representa. Hace años que vemos como la distopía presentada por Orwell en 1984 se abre paso poco a poco y ésta podría ser la siguente distopía.

En ambos casos, millones de personas mantienen absurdas expectativas en estos millonarios salvadores. Tropezando mil veces con piedras como éstas y sin darse cuenta de que precisamente por empresas como las mencionadas y la tremenda desigualdad que provocan, nuestros problemas no paran de crecer. El ser humano es maravilloso (a veces) pero maleable e imprevisible casi siempre...

domingo

Vómito de realidad ilustrada

Quiero ser optimista, quiero ser idealista y creer en el género humano. Pensar que seguiremos evolucionando, que recordaremos lo que realmente vale y dejaremos de pensar que vivimos en un puto reality show o dentro de una serie de Netflix. Que estamos jodiéndonos la vida, y la estamos negando a otros seres humanos. Por omisión en muchos caso, inacción en la mayoría.

Y no, no me refiere al aborto. Estamos negando la vida a seres ya nacidos a los que negamos la existencia. He observado demasiadas veces el insulto e indignación de ignorantes orgullosos de su propia condición a los que da rabia ver subsaharianos celebrar que saltaron la valla, con esa euforia humana de haber escapado (de momento) a la muerte. Negando a estas personas la oportunidad de ser libres, de sonreir, de simplemente vivir como podemos hacerlo nosotros.

De manera análoga observo estos días en Italia a la misma raza de seres patriotéticos (valga el neologismo) defendiendo que se deje a la deriva un barco lleno de personas que escapan de una guerra, que han dejado todo, que han atravesado el desierto y han sido encarcelados en un campo de concentración en Libia. Incluyendo mujeres que antes de partir ante mortal travesía, toman la píldora abortiva, sabiendo que serán violadas durante tal ruta del suplicio; evitando al menos traer al mundo un niño inocentemente culpable a causa de la maldad de otros. Porque el discurso fascista ha calado, lo ha vuelto a hacer, y criticamos a los que vienen por supuestamente quitarnos lo que ya no queremos y defendemos al fascista condenado por robar millones de dinero público. Pero robar teniendo poder es un pecado con el que nos identificamos...

Estamos en el punto en que se acusa y culpa al débil por el mero hecho de serlo, mientras seguimos marginándolo. Veo indiferencia, e incluso un cierto deseo a que desaparezcan estas personas porque así desaparece el problema. La misma falta de humanidad que tenemos con el planeta lo tenemos con sus habitantes.

Veo una sociedad ansiosa por ser entretenida, por tener su pocilguita de placer y recelar de su condición humana. Veo odio, indiferencia y falta de ética. Observo neolenguajes orwellianos, se califica como extremo defender al refugiado de guerra o al vapuleado por neonazis, mientras se normaliza a la extrema derecha y sus continuas alusiones veladas (y no tanto) al nazismo.

Los que creemos que el antifascismo no es una meta, sino el punto de partida para cualquier pensamiento democrático, nos sentimos como el Caballero de la Triste Figura luchando contra gigantes, reales y monstruosos, pero que parecen invisibles al resto de la sociedad.

Parece que clasificar a las personas por su etnia o lugar de nacimiento no sea ya xenofobia para muchos, parece que la humanidad sea algo opcional. Buenismo, dicen con voz acusatoria, como si fuera negativo buscar el bien común.

Parece complicado ser optimista en los tiempos que corren. Pero basta salir un poco y buscar información, sólo el asociacionismo y el trabajo en cooperativa nos puede ayudar a salvar lo poco que nos queda tras esta enorme crisis moral. Transmitiendo estos valores a las generaciones venideras, que en mi caso, ya están aquí.

Don Quijote no era especialmente optimista, aunque sí idealista. Se sentía designado de manera cuasi divina para la tarea que se autocomendaba. Ciertos autores establecen ciertos paralelismos con Jesuscristo; el mismo Miguel de Unamuno defendió esta tesis en varios ensayos. Precisamente, el mismo Jesucristo con el que se llenan la boca estos fascistas, que de existir, los echaría del templo a latigazos y mandarían recorrer todos y cada uno de los girones (círculos) del infierno de Dante.