sábado

Musa errante

Su estética es abstracta, su aura luminosa. Como el atardecer sobre el mar o relajarse sobre una cama, exhausto, tras momentos de placer sexual. La sonrisa tonta, el divagar constante sobre el todo y la nada. Eso es ella: la musa errante.

La inspiración en forma y emotividad, en energía; pero yerma y desnuda en contenido. El ser, sin haber sido más que lo que podría llegar a ser. La potencia, cada uno de los meandros del caudal de este río. No sus sedimentos, no su verdadera razón de ser.

Te veo, te admiro, te acojo y me alegro. Pues desnuda ante mí, musa errante, tras la más bonita sonrisa me abandonas para fundirte con las nubes, para encomiarte con la luna, para dejarnos tras la noche, entre ramas de centeno, amanecer en ayunas.

Gracias, musa errante. Vuelve cuando te plazca; cuando la marea parezca inocua, cuando la brisa se enrarezca y decaiga, cuando el maizal despeluche sobre el mármol y la vida, ya sin ti, apática y vulgar nos parezca. Vuelve sin avisar, y llena de fulgor aquéllas, noches sin estrellas.

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