lunes

El iluminismo nublado

Vivimos en años de lo irracional. Años en los que el nacionalismo arrasa y el individualismo, más. Con poblaciones que se quejan más por la cancelación de una serie en Netflix que por las bombas en Idlib, las chabolas de jornaleros en Murcia, Huelva o Almería o las muertes en el mar.

Lo hemos conseguido, hemos llegado y posiblemente superado el máximo nivel humano de inhumanidad. Asustados por un virus e ignorando el resto del mundo, y así nos va. Diez años, han pasado desde la irrupción más mediática de fascistas violentos en la política europea reciente. Amanecer Dorado, fue el partido, ahora casi desaparecido y judicialmente culpable de muchos delitos. Pero cuya inhumanidad al prójimo debió calar hondo, los derechos humanos están bajo mínimos en todo el mundo.

Como la máquina de fango de Umberto Eco, personas y partidos pasan pero las ideas, como el fango, se quedan. A mancha de leopardo, por desgracia, prosperan. Nada de esto explica, lo que se vivió ayer en Lesbos. Personas que amenazan a voluntarios, que aguardan y apalean a personas que escapan de la guerra. Sobrevivieron a una precaria travesía en el mar y ahora se enfrentan a la tiranía de la violencia ignorante europea. Violencia casi organizada, que a las mafias libias nos recuerda.

Es terrible y temible, que odisea tras odisea, siempre pierdan los mismos. Y aunque la reacción de buenas personas no cesan, desfallece nuestra fe en la tierra y en las personas que lo pueblan. Nos creemos libres por poder elegir nuestro diversivo, en que modo ignorar el sufrimiento ajeno las próximas 24 horas. Es un error y un horror. Un peligroso desierto con una tempesta en calma. Y por desgracia, esta vez, dicen más unas pocas imágenes que 293 palabras.

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