Me encanta desayunar fuera de casa, es un hecho; siempre y cuando disponga de cierto tiempo. El miércoles era un día de esos, en que, antes de una importante entrevista de trabajo, dispuse de una hora completa. Esto no es más que el contexto en el cual, tras mi café espresso y mi cornetto di Nutella me imbuí, mientras vaciaba a pequeños sorbos lo que quedaba de café y el posterior "chupito" de agua, en la lectura de un conocido periódico italiano. En el mismo, para mi sorpresa, entre noticias de políticas económicas o economistas disfrazados de políticos y politólogos; encontré un artículo tan breve como interesante sobre el mundo publicitario, cuya autora era una de las más destacadas creativas y copywritter de Italia, y profesora en la actualidad de la Universidad Bocconi: Anna Maria Testa. Que pradójicamente comparte apellido con Armando Testa (publicista de relieve internacional y con importante agencia publicitaria homónima) sin ser ni hija ni pariente de éste.
En el artículo, hablaba de cómo la publicidad ha ido evolucionando a lo largo de las décadas: pasando de presentar escenarios de ensueño en los 80 a intentar mostrar modelos de conducta a los potenciales consumidores durante los 90. Para llegar a esta década y en especial desde 2008, en la que el receptor de la publicidad rechaza toda clase de mundo onírico en una época difícil y convulsa como la actual; y es aquí cuándo escribía la frase que, para mí, resumía el concepto de todo el artículo: "Estamos creando publicidad que va dirigida a un modelo de consumidor (de la misma) que ya no existe en la actualidad y que rechaza la publicidad aspiracional. Hace más falta publicidad inspiracional, esto es, mayor creatividad"
Obviamente, no soy nadie para juzgar y ni mucho menos tachar estas palabras. No obstante, sí quiero matizar mi opinión sobre ellas. Según creo, nuestro concepto de receptor es lo que ha quedado anquilosado. Es algo, a todas luces, tan patente como lógico: en muy poco tiempo ha cambiado la manera de comunicarse y sobre todo, el uso de los medios de comunicación. Sé que suena a rancio y repetitivo, pero es que es así. Hoy día, más que nunca, el boca a boca es la mayor herramienta publicitaria y para ello no basta sólo con estar presente con el consumidor a través del medio predominante, actualmente Internet; sino tener la creatividad para interactuar con él sin resultar un intruso o una molestia. Y en esto, como pasaba y pasa en televisión, sigue siendo necesario un buen estratega de comunicación, la repetición excesiva o demasiada presencia de nuestro anuncio genera siempre rechazo hacia el anunciante.
Estoy de acuerdo con que una publicidad que nos muestre un escenario idílico no identifica al consumidor, sin embargo, otra en la que se muestre un modelo de conducta, por así decirlo "austero", tampoco. Por ejemplo, nadie se siente identificado con los anuncios de compresas con sus escenarios de ensueño, ni tampoco lo hacen con los anuncios de quitamanchas para la ropa, a pesar de mostrar un contexto más realista. A pesar de lo que pueda parecer, esto no es mala sino buena noticia. Si la publicidad fuera perfecta, este oficio no tendría más futuro.
Con esto quiero decir que, aunque las nuevas generaciones cada vez exijan más para ser sorprendidos por una acción publicitaria, eso no quiere decir que no se siga necesitando a auténticos profesionales de la comunicación. Porque sí, hoy día cualquiera hace un blog y una fanpage en Facebook, y su sobrino que sabe Photoshop (algo que se está convirtiendo en el mínimo en las nuevas generaciones, como imagino que sería para mi generación el manejo de pack office o mecanografía para las anteriores) le hace un cartel genial; todo a coste cero. Hace unos años, si querías aparecer en un medio nacional debías comprar el espacio, en Internet el espacio existe desde antes y ya es gratis, la comunicación continúa y el boca a boca lo hace todo, y no hace falta más.
Como decía, este escenario no es desolador sino todo lo contrario. Que una persona haga lo antes mencionado a coste cero, no lo convierte en una campaña ni en comunicación, y ni mucho menos, en una comunicación eficaz. Porque más importante en una campaña que la idea, su alcance y que la propia creatividad es aún la eficacia. Sin ella, pierde su razón de ser. Ese es el valor añadido de un profesional de la comunicación o el diseño.
En fin, después de este largo análisis sólo puedo concluir que lo que muestre cada publicidad se deberá a los objetivos de comunicación, target e insights de la marca anunciante, porque como siempre, no se puede generalizar en un tipo de comunicación a la que aspirar para llegar a la perfección, sencillamente no existe de forma absoluta. Y en suma, debemos amoldarnos a lo que caracteriza nuestra época: la desaparición de la comunicación de masas tal y como venía concebido en el anterior siglo; para poder anticiparnos a lo siguiente. En cuanto al futuro de la publicidad, es difícil profetizarlo, cuando apenas no sabemos que decir acerca del propio presente.
viernes
jueves
Observando la lluvia de madrugada tras la ventana
Que no muera el deseo, ni cesen las fuerzas. No falte el ahínco ni se ausenten en la mente las esperanzas. Que luchar sea una constante, no en el sentido de competir, sino en el de aprovechar cada oportunidad; que procrastinar no sea más que otro vocablo conocido, pero no definitorio.
Que llegue el punto en que la probabilidad cambie estos deseos del subjuntivo al futuro, y que sea el presente quien decida cual cumplir y en qué grado. Que no es la peor situación, ni en las peores condiciones, que el contexto externo no ayuda pero tampoco dificulta. Que el mundo es vasto, como vastas son sus oportunidades; pero no existe ningún imán para las mismas.
Que de ésta se sale, que existen buenas intenciones y calibrados objetivos, que el apoyo y cariño de los tuyos es manifiesto y superlativo. Que sí, es cierto, no tienes trabajo, y que, a pesar de las horas invertidas en buscarlo y el empleo del tiempo en seguir estudiando la lengua; siempre parece ser insuficiente o al menos, poco para el ideal. Porque su aprovechamiento no nos hace exentos al fluir del tiempo, fugándose antes nuestra certera impotencia. Porque nunca dejaste de ser positivo, pero los días fríos y lluviosos, como hoy; te confieren ese especial y traicionero estado de melancolía.
Que llegue el punto en que la probabilidad cambie estos deseos del subjuntivo al futuro, y que sea el presente quien decida cual cumplir y en qué grado. Que no es la peor situación, ni en las peores condiciones, que el contexto externo no ayuda pero tampoco dificulta. Que el mundo es vasto, como vastas son sus oportunidades; pero no existe ningún imán para las mismas.
Que de ésta se sale, que existen buenas intenciones y calibrados objetivos, que el apoyo y cariño de los tuyos es manifiesto y superlativo. Que sí, es cierto, no tienes trabajo, y que, a pesar de las horas invertidas en buscarlo y el empleo del tiempo en seguir estudiando la lengua; siempre parece ser insuficiente o al menos, poco para el ideal. Porque su aprovechamiento no nos hace exentos al fluir del tiempo, fugándose antes nuestra certera impotencia. Porque nunca dejaste de ser positivo, pero los días fríos y lluviosos, como hoy; te confieren ese especial y traicionero estado de melancolía.
lunes
Buenas Noches
Existen dos tipos de persona a la hora de dormir: los que no soportan el frío rodeando sus pies mientras duermen, y por ello, tienen la imperiosa necesidad de tenerlos cubiertos; y los que, como yo, preferimos la sensación de libertad, manteniendo los pies nudos entre las sábanas. Puede que, por mi desliz al olvidar quitar mis calcetines, o probablemente no. Pero aquella noche parecía especial. Nunca fui insomne, ni me preocupó lo más mínimo ese asunto. No obstante, por alguna desconocida razón, prefería mantener los ojos abiertos, la consciencia despierta, y mi piel alejada del suave y cálido tacto de la franela.
Giré con la, en ese momento, menor torpeza posible la manilla de la puerta. Abriéndola con el sigilo y cautela de quien arropa en su cuna a un neo-nato, que por fin ha caído en una somnolienta tranquilidad. Mientras atravesaba el pasillo, inmerso en la oscuridad, millones de pensamientos aparecían y se esfumaban con la inmediatez de lo efímero; algunos lógicos, otros no tanto. Aunque todos parecían ser tomados en consideración por alguna parte de mi mente. Era extraño estar en esa sala de estar en la que, a la luz del día, es lógico permanecer horas enteras; pero ahora todos duermen, y yo seguía allí, pensativo; preguntándome si al encender la tele el ruido sería demasiado excesivo o lo que pensarían todos si se despertaran y me encontraran aquí en medio, en la sombra y ensimismado en mi propia indecisión.
Después de unos minutos en los que decidí, con la más que notable parsimonia que da un contexto tan raramente silencioso, cual sería la luz más conveniente para encender y no molestar a quien duerme plácidamente y es ajeno a toda esta historia.Veo un bolígrafo al borde de la mesilla y a su lado una pieza de papel. Con total seguridad, habría mil cosas más urgentes que hacer en aquel momento y que había dejado lastradas con el angustioso devenir de los días, sobretodo en este periodo; pero esto era lo que necesitaba hacer. Y ahí estaba. Con la perplejidad con la que se admira algo que siempre se ha deseado, pero que, por una razón u otra, es de lo que más se adolece. Era el momento, en tiempo y lugar perfectos (al menos para mí), para encontrarme nuevamente con el placer inmenso de la escritura nocturna.
Y así sucedió, uno de tantos momentos de este tipo. Aquel que recuerdo por su peculiaridad y que desencadenó una serie de noches en vela en pos de la escritura nocturna, con tiempos diversos y un silencio sepulcral que llama a la concentración más absoluta; la perfecta intimidad entre quien escribe y la hoja en blanco, donde la mente se desliza con las graciosas punciones de la tinta sobre el papel. La auténtica libertad, la mejor manera de volver después a la cama pensando: "...¡y buenas noches!"
Giré con la, en ese momento, menor torpeza posible la manilla de la puerta. Abriéndola con el sigilo y cautela de quien arropa en su cuna a un neo-nato, que por fin ha caído en una somnolienta tranquilidad. Mientras atravesaba el pasillo, inmerso en la oscuridad, millones de pensamientos aparecían y se esfumaban con la inmediatez de lo efímero; algunos lógicos, otros no tanto. Aunque todos parecían ser tomados en consideración por alguna parte de mi mente. Era extraño estar en esa sala de estar en la que, a la luz del día, es lógico permanecer horas enteras; pero ahora todos duermen, y yo seguía allí, pensativo; preguntándome si al encender la tele el ruido sería demasiado excesivo o lo que pensarían todos si se despertaran y me encontraran aquí en medio, en la sombra y ensimismado en mi propia indecisión.
Después de unos minutos en los que decidí, con la más que notable parsimonia que da un contexto tan raramente silencioso, cual sería la luz más conveniente para encender y no molestar a quien duerme plácidamente y es ajeno a toda esta historia.Veo un bolígrafo al borde de la mesilla y a su lado una pieza de papel. Con total seguridad, habría mil cosas más urgentes que hacer en aquel momento y que había dejado lastradas con el angustioso devenir de los días, sobretodo en este periodo; pero esto era lo que necesitaba hacer. Y ahí estaba. Con la perplejidad con la que se admira algo que siempre se ha deseado, pero que, por una razón u otra, es de lo que más se adolece. Era el momento, en tiempo y lugar perfectos (al menos para mí), para encontrarme nuevamente con el placer inmenso de la escritura nocturna.
Y así sucedió, uno de tantos momentos de este tipo. Aquel que recuerdo por su peculiaridad y que desencadenó una serie de noches en vela en pos de la escritura nocturna, con tiempos diversos y un silencio sepulcral que llama a la concentración más absoluta; la perfecta intimidad entre quien escribe y la hoja en blanco, donde la mente se desliza con las graciosas punciones de la tinta sobre el papel. La auténtica libertad, la mejor manera de volver después a la cama pensando: "...¡y buenas noches!"
miércoles
Debe ser lo que toca. Con la navidad como pretexto...
Luces centelleantes, buenismo generalizado, propósitos por doquier y frío exacerbado que cala hasta los huesos haciendo aflorar la sensación de que se deshacen cual terrón de azúcar. Sí, debe ser diciembre, cierto, ya debe ser navidad. Digo navidad y no Navidad, porque este año parece que todo se escriba o deba escribir en minúscula y con la esperanza de no ser demasiado trascendentes. Existe un sentimiento general de planicie mental y visión obcecada, no queremos ver más perspectivas ni prospectivas que el tiempo presente. La inmediatez se ha transformado en dogma, esto no es algo positivo. Ni mucho menos.
Estamos inmersos en una crisis: moral y de autoestima, hasta tal punto que la propia crisis individual se mezcla con la colectiva y viceversa. Es de tal calibre, que incluso ha hecho perder virulencia al propio término crisis. Cada día, observamos con cierta resignación más y más abusos, somos como el protagonista de La Naranja Mecánica: obligados a ver pasar atrocidades ante nuestros ojos y a sentir impotencia, por todo lo que se quisiera hacer para cambiarlo.
La violencia usada por el pueblo llano desligitima (otro asunto es la policial, que "mantiene el orden"), respetar la Constitución (esta sí, con mayúsculas) es respetar el estado de derecho, la monarquía es una institución necesaria porque es la mejor de las embajadas, las promesas electorales no son de obligado cumplimiento y otras idioteces, que se aceptan como tal; sin ser analizadas como si fuesen obviedades.
Es la doctrina del shock, existe tanta rabia e indignación que todo nos parecerá insuficiente. Es difícil tener un mensaje claro o dar un feedback como receptor, si el emisor te ametralla a mensajes y hay mil razones para hacer, no uno, sino mil discursos concretos y no se pueden explicar en la inmediatez, el dogma del que hablaba antes. Y aquí llegamos a lo que viene, ya no es pesimismo, sino algo peor: es indiferencia; es dejarse llevar por la inercia de la vida, por la corriente del río que te lleva al mar que es el morir (en el más puro sentido "Manriquiano") aceptar y resignarse, es olvidar que es lo que te hacia feliz.
Estas navidades, pasarán sin pena ni gloria para mucha gente, como un trámite más; como un meandro más por el que pasar. No queremos nada en específico, porque lo necesitamos todo. Es repugnante ver lo pueril del comportamiento político, ayer observaba un debate político en la televisión pública italiana, donde se echaba en cara a los políticos presentes en el programa, el hecho de cobrar pensión vitalicia de 3.000 euros al mes con la única premisa de haber trabajado dos meses como diputado. Sus respuestas eran del tipo, "es la ley que existe" y cuando le decían pues cambiénla o rechacen la pensión por ser injusta; ellos respondían "la generación anterior a mí también debería rechazarla y aquellos que son posteriores y también la perciben, también" es un juego de patio de colegio, es el "Y tu más". Lo de pan y circo del Imperio Romano actualizado a nuestros días.
Como digo, debe ser navidad o estar cercana. Una época que se presume, pasará con igual trascendencia como la absurda fecha del 21 de diciembre para la gran mayoría. Apáticos y sin perspectivas, pero ultraconectados al mundo y al tiempo, no tanto presente de la realidad física, aunque sí inmediato de la realidad mediada. La teoría de la comunicación de usos y gratificaciones cobra una vigencia extraordinaria. Debe ser navidad, se intuye, aunque sólo por las luces centelleantes, buenismo generalizado, propósitos por doquier...
lunes
Orden del día para un creativo publicitario (personal-mente)
Deductivo e inductivo. Ambos se basan en la intuición. De lo general a lo particular o viceversa, no es esto lo relevante sino que se basen en ese mismo principio. Ese control de lo que se hace, pero sobre todo de cómo se hace, en qué tiempos y espacios y que reacción cabe esperar. Es necesario investigar, labor de documentación, buscar y buscar, la web es un gran compendio pero no es un fin, sino una herramienta. El papel sigue siendo importante y las experiencias vitales de gente mas o menos cercana, pueden ayudar a encender la mecha.
Al mismo tiempo, todo debe ser apuntado. Nada se desprecia, nada se evalúa, todo es derivable. Aqui existen tantos métodos como personas, puede ayudar un texto, unas palabras o puede hacerlo un dibujo o hacer un pequeño esbozo. De aquí la necesidad del trabajo colaborativo, de la necesidad de reunirse y colaborar.
Llega el momento de llevarlo a cabo, una de las ideas es demasiado simple, dices: "eso lo podría haber pensado cualquiera" le das mil vueltas, aunque la dejas. Ahí algunas más, no puedes evitar sentir afinidad por alguna en particular y confías en que sea aquella que "gane", mientras llevas adelante lo que en tu mente son alternativas. Confrontaciones y mas confrontaciones, las ideas no son adaptadas a quien debe usarlas, vueltas y vueltas, y nuevos briefing llegan...
Al borde de la locura, tu sales por esa puerta y es tiempo de ocio, pero tu mente no entiende de horarios. Es un estado obsesivo-adictivo, no tan placentero cuando llegan las llamadas crisis creativas (meritorias de todo un escrito aparte). Pero llegará el alumbramiento, ese click, eso que se suele revestir de mágico y que siempre parecerá fabuloso en el primer momento y solo un mero esbozo inacabado cuando toque defenderla ante la realidad de las cosas. Obviamente, ese alumbramiento no es el fin, sino el comienzo de nuevas fases, más y más trabajo...
Llegas al día de la presentación, conoces los conceptos mejor que los nombres de tus primos. Sigues teniendo cierto afecto a esa idea tuya revolucionaria, aun así existe otra que piensas que cogerían, otras ideas mas irrealizables y aquella que pensaste en descartar por simple, pero te aconsejaron incluir. Una o dos semanas después, comprenderás lo frustrante de la profesión, el porqué debes interiorizar el trabajo pero sin involucrarte emocionalmente, ganó la idea simple. "Esa que la podría haber pensado cualquiera", precisamente por ello.
A todo esto sigue la materialización del proyecto para su ejecución: storyboards, esbozos, banca imágenes, copys, castings y sobre todo cambios, muchos cambios. Hasta que la obra pasa a producción. Se acabó, trabajo realizado. Trabajo que se interioriza; que tiene algo, sino de artista, sí de artesano, pero que no deja de ser un trabajo, una obligación, no merece unas gracias porque es tu deber. Debes empezar una y otra vez este proceso, mientras corriges textos o ayudas a redactar presentaciones y comunicados de prensa.
Esto es solo una aproximación a lo que se hace en creatividad publicitaria según mi propia experiencia, eludiendo la parte de reuniones con el cliente que también se hacen, aunque teoricamente corresponda a los ejecutivos y directores de cuentas. Concretamente, la de un copy, que hace labores también creativas propiamente dichas. Imaginad esto compatibilizado con la labor de organizador de eventos y en una lengua que no es la tuya. Esto es lo que me ocupa desde hace año y medio en Italia. Y, aunque alguno piense que esté loco, lo que me encantaría seguir haciendo el resto de mi vida laboral...
miércoles
¿Por qué no sucede lo mismo con las agencias de rating? Sobre la condena de los científicos italianos
Es una noticia que ha pasado medianamente desapercibida entre elecciones norteamericanas y luchas, tan absurdas como deliberadamente mediadas, entre catalanistas, centralistas y convencidos del sistema actual. Pero no por ello es menos importante, y supone un duro golpe de desprestigio a toda la comunidad científica mundial. En realidad son dos, en primer lugar y tras el paso del huracán Sandy por Nueva York (aunque los mayores daños han sido en Haití o Cuba) es la absurda persistencia de negacionistas, porque la ciencia nos da mas razones para asegurar la existencia de un cambio climático que para no probarlo, y porque está más que demostrado que la acción del ser humano lo acelera. El segundo, ha ocurrido en el país en que habito, y es la condena a cárcel de científicos italianos por, cito textualmente, "haber infravalorado el peligro y dado informaciones imprecisas e incompletas a la población" durante los terremotos de la regione de L'Aquila de 2009, donde 309 personas murieron.
Para comenzar, el riesgo sismológico y por tanto las probabilidades de predecir un terremoto son bastante limitadas,en su mayor parte. O lo que es lo mismo, es imposible predecirlo con exactitud y/o saber su alcance o intensidad antes de que suceda. Por mucha información que tuvieran estos científicos, y suponiendo que la dieran incompleta por razones de no crear alarma social u otras, aun así, no sabría si llegar tan lejos como a esta condena.
Murió mucha gente, cierto; pero no seamos demagogos. Esas muertes derivan de una catástrofe natural, y como tal, no es responsabilidad de nadie. Si algo se les puede achacar, es no haber realizado bien sus previsiones, algo que creo que por el camino civil y con suspensión total de empleo y sueldo estaría más que castigado. La cárcel me parece algo excesivo.
Sin embargo, pongámonos en la piel de la gente que defiende dicho veredicto, tomémoslo como una especie de negligencia, cuyas consecuencias provocaron el fallecimiento de mucha gente, como en el ámbito médico; convirtiendo a estos científicos en responsables indirectos. Entonces, me permito hacer un símil con otro ente más que conocido: las agencias de calificación. Ya sea S&P o Moody's o cualquier otra, ninguna de ellas supo o quiso comunicar sus predicciones acerca de la caída del sistema económico mundial, y ahora continua a especular con las deudas de países, provocando recortes sociales y una ola de suicidios debido al incremento de la pobreza, sobre todo en el sur de Europa. ¿No sería esto también punible bajo el mismo criterio? Pero aun hay más, estas agencias, ni siquiera son independientes como lo puede ser un científico. Esto es, su personal también puede especular, comprar y vender acciones sin ningún problema legal (y visto está que tampoco moral). Son juez y parte. Pueden calificar de bono basura o triple A, conforme a sus intereses, especulando con países y provocando consecuencias para sus habitantes de carácter funesto.
Según este criterio, son responsables indirectamente de esta precariedad, cuando valoraban muy alto a países como España, sabiendo que ningún banco tenía las cuentas saneadas y continuaban a conceder hipotecas subprime.
En mi opinión, en el caso de las agencias de calificación sus errores son tan punibles como los de los científicos italianos, con la salvedad es que un terremoto lo origina la naturaleza y no así, el sistema especulativo neoliberal. Aun así, me parecería excesiva la pena de cárcel en un caso y en el otro. Pero es sólo una comparación y planteamiento personal, aunque cuando se trata de justicia debería ser comparable, porque todos los seres humanos debemos ser iguales ante la ley; o eso nos hicieron creer...
jueves
La generación obligada al cambio como dogma. Un parado más...
Todo es veloz y frenético, efímero, en esta vida y más en estos tiempos de crisis planeada. La promoción y publicitación de objetos apenas se diferencian con la de los servicios meramente humanos, si hace un tiempo se hablaba del peligro de llegar a una "cosificación" de las personas, esto ha llegado desde hace mucho. Existen personas que se enriquecen a base de especular con alimentos básicos como el trigo, haciendo imposible su consumo en países pobres cuya población muere de hambre (basta ya del eufemismo "en vías de desarrollo")
En el mundo laboral sucede así, con los jóvenes aun más, forma parte de ese plan el no tener expectativas. El ser una generación obligada a no echar raíces en ninguna parte y al mismo tiempo en todas. A la inestabilidad laboral y falta de prospectivas, a no saber a qué lugar corresponde tu futuro, contar el tiempo en meses, semanas, horas y minutos; pero con la prohibición moral de no contarla en años, sería pretencioso en el contexto actual.
Es, ahora, cuando recuerdo una conversación casual un día como cualquier otro con la mujer que sentó ante mi en el Cercanías en Madrid. Me pregunto qué leía (y era un libro de diseño) luego que qué estudiaba, le dije publicidad. Acto seguido me contó una simpática historia de una prima suya que también hizo dicha carrera y que, previo revoloteo en varias agencias, acabó quemada, montó una agencia de viajes y "ahora le va muy bien" según me comentaba. Al llegar a mi estación, me deseó que tuviera tanta suerte como su prima y pudiera montar yo también mi agencia de viajes.
Dejando a un lado que esa persona no sabía que hacía un publicista o un creativo publicitario en su tiempo de trabajo (ni falta que le hacía), a causa, en parte al hermetismo existente en sus procesos productivos, me resultó algo curioso esa conversación peculiar que hoy me vuelve a la cabeza. Pues bien, a partir de enero formo parte de este "juego" en el que se encuentra inmerso uno de cada cuatro españoles. La nueva ley laboral de Mario Monti hace insostenible la empresa, donde lo verdaderamente ineficaz es tener 4 socios directivos incompetentes cobrando un pastón, por lo que van a despedir mucha gente para enero y yo formo parte de esa gente, obviamente no ser italiano de nacimiento ha facilitado esta decisión.
Lejos de apreciaciones personales, la publicidad es un mundo extraño donde el talento sólo se valora si va acompañado de números y rentabilidad, que en realidad es mas al medio plazo pero que los de arriba, esencialmente cortoplacistas, querrán en la inmediatez. En este mundillo, o trabajas compartiendo almuerzos y copas con auténticos capullos (con perdón) también llamados clientes; o te viene esa persona que trata con ellos (normalmente con caracter agriado) a trasladarse sus deseos u órdenes. Yo soy de los segundos, cumplo órdenes, pero soy feliz como creativo, lo prefiero mil veces a tratar con jefazos de empresas que me repugnan. O al menos lo era, ahora busco trabajo; desde el mes de enero, esta vez en todos los ámbitos y no solo el creativo publicitario. Lo único claro que sé es que sigo en Italia. Que desde luego es mucho. Más de lo que podría imaginar en una situación del género.
lunes
Lo difícil de todo esto. La búsqueda de soluciones a una época históricamente complicada
Es fácil indagar y criticar. Ver los fallos aun cuando haya quien busque velarlos, pero siempre ,más por evidentes que por proximidad o alcance; son descubiertos. A la luz de la opinión pública está, que este sistema llamado "capitalismo neoliberal" agoniza, está herido de muerte, hablo con conocimiento de causa, tanto en España como en Italia son cada vez más los que lo tienen claro. Las revoluciones posiblemente nacen de entre las capas de la población mas jóvenes pero no finalizan ahí, en este punto creo que no existe estrato en la población que no sea consciente de esto o no se encuentre indignado por ello.
Se disfraza de libre competencia pero son relaciones monopolizadas y tratos de favor de los gobiernos a según que empresas, lo llaman inversiones por no decir especulaciones y apuestas, nacionalización de banca por no decir sufragar sus pérdidas con dinero público porque la clase política les debe más de un favor (esos mismos bancos que paradójicamente, usando ese dinero público desahucian a familias arruinadas que no pueden pagar, pero perdona deudas a grandes inmobiliarias)
Es un baile de eufemismos, una especie de fango en el que todo el que entra tiene difícil salir. No se diferencia mucho su funcionamiento con el de las grandes familias de la mafia, al fin y al cabo, solo usan herramientas diferentes, pero llegando a los mismos fines. Pero tal y como decía al comienzo del post, es fácil decir esto, desenmascarar lo que es mas que obvio, dar voz a un pensamiento que puedo definir de colectivo. Lo difícil es ofrecer soluciones.
El ser humano es corruptible, ambicioso y egoista por naturaleza, solo escapa en parte a esta naturaleza en pequeñas comunidades, donde convive y se cumple la ley de "no hagas a otros lo que no quisieras que te hicieran a ti" o lo que es lo mismo se llega a un pleno consenso social. Como sucede en pisos de estudiantes, pandillas de amigos y familias. Conforme ampliamos el círculo, más difícil se hace. Véase el ejemplo del comunismo que funciona solo en pequeñas comunidades o la democracia realmente participativa (con referendos semanales sobre temas que conciernen a la población) de Suiza.
Es entonces, en el contexto actual en el que se tilda la Secesión de algo perverso cuando me pregunto: ¿No pasa por ahí el camino a la solución? La obsesión por globalizar (otro eufemismo, ya que lo único globalizado es el capital de grandes empresas) nos ha llevado al camino erróneo, una federación de microestados en territorio ibérico sinceramente no me parece tan descabellado. Porque se suele hablar de que no se mantendrían por si solos económicamente, algo que es cierto sólo usando parámetros actuales; pero no los que se darían en la nueva situación. Una vez independiente, cada región sabría buscar su propia riqueza y estabilidad.
No digo, reitero, que esta sea la solución, sino un camino interesante por el que pasar. En grupos reducidos las cosas funcionan mejor, no veo porque no probarlo dejando a un lado las connotaciones negativas que conceptualmente nos pueda dar la palabra secesión, independencia o federalismo. No me considero ni de derechas, ni de izquierdas, ni tampoco apolítico; es mas, este problema no es sólo político, es puramente antropológico y sociológico, hemos equivocado el modelo de sociedad en la que vivir, pero como en toda pirámide es más fácil ser reconstruida si al derribarla, se comienza primero por la cúspide. Puedo tener mas o menos razón, pero como he dicho pensar en soluciones a este desastre del que somos testigos, es una ardua tarea; verdaderamente, lo difícil de todo esto.
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