Debió ser alguien muy importante e influyente, o agraciado con el gran don de la palabra, la primera persona que comenzase a usar el símil (posteriormente popularizado) de echar raíces como establecer tu espacio vital en un lugar confortable, un hogar, un punto de inicio, donde realmente tu esencia se encuentra y se desarrolla a su debido tiempo. Tu espacio en el que el tiempo no es más que una variable absurda.
No es algo nuevo el uso de este tipo de metáforas, basta recordar como grandes autores como Manrique han preferido metaforizar la vida humana con un río en curso que inevitablemente va a desembocar al mar, que es el morir.
Volviendo a lo planteado en el primer párrafo, el concepto de echar raíces he de decir que no me identifico en absoluto con lo que representa esta línea de pensamiento. En mi opinión personal, es cada contexto e instante de tu vida y la forma de interpretarlo y afrontarlo, el plantearse unos objetivos y no otros y el cumplirlos...todo esto determinan el modo y grado en que tu esencia se desarrolla. Sin estar necesariamente en el mismo espacio vital, ni te reporte la misma sensación. El contexto cambia, pero la esencia es inmutable. A la vez que dinámica, como lo infinito.
No por mucho viajar a distintos lugares puedes comenzar a sentirte que perteneces a ellos en el sentido político literal; pero tampoco calificarte como alguien desarraigado por el mismo hecho. Probablemente, en cada una de las situaciones e interpretaciones de lo real de los distintos espacios, desarrollas ciertos límites y pones coto al desarrollo de tu ego, en el sentido más etimológico: tu yo personal y tu yo social. Es decir, soy siempre la misma persona, no es un discurso sobre la hipocresía, el aparentar o la falsedad del querer ser; no obstante, muestro diversas dimensiones de lo que soy, de lo que mi esencia representa en cada uno de mis gestos como reflejo de las correspondientes sinapsis cerebrales que los coordinan. Estas dimensiones que muestro, serán obviamente percibidas de diferente manera por distintas personas, con sus propios filtros o criterios, con las que cruce la mirada, charle, conviva o me enamore.
Es por ello que concluyo mi reflexión con un símil con el que me siento más identificado personalmente. En mi caso prefiero hablar de esquejes ,dependiendo del ambiente en que se inserten proliferan de diferente forma o ni tan siquiera lo hacen. Pero si lo hacen, mejor o peor, siempre mantienen la misma esencia, creciendo del mismo modo que si hubieran nacido en ese lugar, como expelidos por una semilla plantada. Así que basta de hablar de echar raíces o no hacerlo en distintos espacios, en mi caso, siguiendo con el símil botánico, prefiero ser un esqueje.
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