Que si es comercial, que si yo me acuerdo siempre de mi pareja y no solo ese día o aquel otro argumento de, como me acuerdo de mi pareja todos los días porque no regalar hoy que es un día como otro cualquiera. Simples clichés, pero no voy a criticar desde el cliché del anti-todo, parece absurdo criticar un elemento, usándolo en sentido opuesto, aunque en publicidad funcione.
Obviamente, desde mi punto de vista, estos esfuerzos son interesantes desde un punto de vista sociológico y antropológico. Hablo de algo tan biológico como buscar pareja. Nuestras propias células dedican cantidades ingentes de ATP y ADP (su “gasolina”) en reproducirse; si no fuera así no se multiplicarían formando tejidos y nosotros no existiriamos tal y como somos.
Lejos del hedonismo o el placer corporal de darse a la lujuria, aunque sea difícil alejarse de ello, creedme; estamos biológicamente programados a perpetuar nuestra especie y la misma invención humana de los apellidos da bena cuenta de ello. Pero se requiere una cantidad de energía y una ruta de casualidades impresionantes para lograrlo, aunque a veces no seamos conscientes.
Es obvio lo falso de la creencia de que necesitamos encontrar a nuestra otra mitad, a alguien que nos complete. No es completar, sino complementar el concepto; el ser plenos debería ser un punto de partida y no un fin. No obstante, a lo largo de nuestras vidas pasamos por distintos momentos, puesto que, queramos o no, el contexto nos influye. Puedes haberte cruzado no con uno, sino con más de una docena de personas que podrían ser la justa para ti; solo que en momentos inadecuados, ni mejores ni peores, simplemente no era el momento. Respecto a eso, mejor olvidarlo, en este terreno no existen segundas oportunidades, o al menos; no con final feliz.
Entonces, ¿qué es el amor?. ¿Lo reducimos al hecho natural de reproducción, a la necesidad de crear una familia, parafraseamos una frase de hip hop y decimos que es el hecho de abandonar a tu madre para hacer madre a otra mujer o le damos un sentido metafórico a todo?. Las metáforas embellecen todo, correctamente formuladas, pueden hacer olvidar incluso el ente al que se refieren, casi por yuxtaposición. Así pues, hablemos de amor, convirtamos detalles amistosos y de cariño en actos de amor y por consiguiente, los propios regalos en detalles de esa complicidad. Conectemos al máximo con las miradas y la sonrisa y olvidemos nuestro lado más animal, o al menos reservémoslo. Separemos amor de sexo, es más, distingamos entre sexo y hacer el amor.
Sé que esta entrada es extraña, en estructuración y contenido, pero es difícil poner en orden concepciones que no entiendes como lo es entender algo que apenas concibes. En cualquier caso, asumo la responsabilidad, podéis llamarme Postromántico.
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