Veo acercarse a tímidos y cortos pasos a mi madre, con la tez algo pálida, se le ve dolida y maldice algo en un tono tan bajo, que lo hace totalmente inaudible. Entrelazado, abrazándola, se encuentra Luis, su hermano. Luis fue su primer y único hermano, vivieron tiempos difíciles y convulsos, de muchos cambios. La época de la movida madrileña hizo mella en ellos, sobre todo en él: heroína y otras drogas hicieron de Luis un exconsumidor, o eso hace creer él; o lo que es peor, se llega a creer él.
Hay más gente en torno a mi madre, Lucía y el tío Luis. Aunque no consigo reconocerlos, son personajes secundarios de toda esta historia. Existe un nerviosismo en el aire que se puede mascar duramente y ser deglutido, dejando la sensación de ceniza en la garganta. Muchas horas llevan aquí y no me puedo comunicar con ellos. Ni siquiera creo posible que pudiera hacerlo con usted, mi querido lector. Me encuentro en un féretro a la edad de 20 años, una distracción al volante y una curva arrebataron lo poco que tenía. Y es por eso que, posiblemente, estas palabras nunca puedan ser comunicadas, o si, depende de las creencias de usted, mi querido lector.
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