martes

Las letras y la vida. Gracias María José.

Mi relación con la escritura es paradigmática de mi relación con la vida social en general. Anecdótico pero cierto. La literatura de pequeño y, no sin vergüenza, de menos pequeño; era para mí una desconocida. Más allá de los cómics de Mortadelo y Filemón, de algún Manolito Gafotas o Superlópez, la literatura existía sólo en la escuela. Aun gustándome, como me gustó, obras como La casa de Bernarda Alba o El Lazarillo de Tormes; me costaba impregnarme en lecturas y por tanto, no llegaba a embriagarme como ahora.

Mi relación con las letras tiene un nombre y dos apellidos. Mi primera vez con un folio en blanco tiene nombre de programa educativo de La 2. Son María José Carmona López, mi hermana; y nuestro Club de Escritores. En mayúscula.

A ella siempre le ha sobrado talento, a mí siempre me ha faltado constancia. La escritura es un paradigma de mi vida porque la perseverancia no es un adjetivo que nos describa, tampoco el sustantivo perfección, pues no la busco, ni la quiero. Desde aquel juego, escribir desapareció de mi día a día. Apareciendo quizás en algún concurso literario o como manera de obtener puntos extra en los exámenes de lengua y literatura o filosofía.

Tuvo que ser la vida la que incitara a la escritura. En un periodo algo movido en lo personal, empecé a escribir sobre un cuaderno, que después fueron dos y que hoy en día he perdido la cuenta. Escribía reflexiones cortas de apenas una página, autoconclusivas. Y descubrí algo: escribir como válvula de escape. Escribía para mí mismo y esos textos siguen siendo personales, alojados en un blog cuya dirección no es pública.

Después de aquella etapa, ya en Italia, echaba de menos las letras. En este caso, no necesitaba escribir para desahogarme. Y ahí vino el cambio principal: escribir por el mero placer de hacerlo. Sin duda una de las mejores cosas que hacer sobre todo en viajes en tren, aeropuertos y lugares de tránsito; pero también en casa, evitando las mil tentaciones que tenemos para estar con nosotros mismos. Con papel y boli como únicas armas.

Y fue entonces que nació Brainsploiding, con la vocación de ser un espacio libre de pensamientos y palabras, pero esta vez sí, público. Entonces, cuando parecía que las letras se alejaban de la vida, el destino me demostró que nunca fue así. Vino a la luz, vino La Luz, llegó ella. Nacía Nerea y bajo el brazo traía la felicidad, bajo los párpados toneladas de amor.

Ya durante el embarazo no podía parar de escribir. Escribir por la emoción. Y una vez que nació, durante los dos primeros años de vida y todavía hoy (aunque menos) encontré la mayor inspiración que he tenido nunca. Sin perfección y sin constancia, pero la supe utilizar. Todo lo que salía de mis manos rimaba, empecé a escribir en verso aun sin haberla, de nuevo no sin vergüenza, leído demasiado en mi vida (la poesía). Descubrí otro uso de la escritura: Escribir por la belleza.

Esas rimas formarán parte de un regalo para mi ninfa cuando será una mujer. No son perfectos, no soy un poeta, ni siquiera escritor; eso son palabras mayores. Pero al menos serán sólo suyos, y de alguna manera nuestros.

Sin embargo, mi inspiración se estanca, se vacía. En parte por la banalidad, en parte por estar muy ocupado. Por el trabajo, por el tiempo en familia. Es un bendito problema, lo sé. Nunca fui constante, ahora parezco incapaz. Ahí vino una idea: #lacitaperfecta y de nuevo estaba ella. Mi hermana. Como en la infancia ella me ayuda a ser mejor persona, me enseña la belleza, la escritura periodística. Yo intento aprender de ella, admirando su grandeza. No existe mente más inmensa ni emociones más intensas que las que sus textos expresan. 

Cuando quiero animarme pienso en ella. Porque las letras me acompañan en mi vida y son arquetipo de ésta. Pero mi modelo inalcanzable es ella. Un homenaje a mi hermana, por el placer de hacerlo. Porque te echo de menos. Un homenaje porque te quiero

lunes

La vida en(tre) sueños

La vida es demasiado corta para malgastarla viviendo el sueño de otra persona (Oscar Wilde)

No sueñes tu vida, vive tus sueños. Esta frase ñoña, sobre todo, por la autosuficiencia moral que rezuma, destestable; puede ser un resumen contemporáneo de lo que queda del tempus fugit y el carpe diem en la memoria colectiva. Quizás no sea del todo así y este sea un razonamiento simplista; pero si algo caracteriza el tiempo en que vivimos son dos polos, dos vértices de segmento en el que transcurre nuestro día a día: la superficialidad y lo políticamente correcto

Por ello, hablar de sueños, llega a parecer algo infantil. No es lo que toca. Pues no veo que en la actualidad vivamos el sueño de otro y por tanto no exista este pavor, ya que el peligro es que sea la totalidad de la vida, entendida como el presente, la que esté cautiva en la de otros

Me explico mejor. Uno de los últimos libros que he terminado (Il desiderio di essere come tutti) me ha encantado por dos cosas: una tiene que ver con el tema y la otra no. La primera es la sublime crítica a la izquierda política occidental en su conjunto aunque desde un método inductivo, partiendo desde el ejemplo italiano. Y esta no nos sirve para el tema. 

La segunda, es la manera en la que el escritor, en este caso Francesco Piccolo, nos relata como nacemos dos veces. La primera es obvia. La segunda es el devenir como ser público, social o menos. Es decir, en la infancia uno está en el mundo, en su mundo, vive su vida en el sentido más estricto, sin que nada externo a ella lo toque. Lo que dicen los medios de comunicación son algo externo a la vida pueril. 

Ni la inflación, ni la corrupción, ni el ùltimo gol de Messi tienen nada que ver con nuestra vida, en este sentido. Pero llega un momento de despertar, de renacimiento (en el sentido literal y quizás no el más positivo) donde nos damos cuenta de formar parte del mundo. Nos afecta la inflación, la corrupción y el último gol de Messi y lo aceptamos como parte de nuestro día a día. En mayor o en menor grado. 

No se me ocurre un mejor ejemplo de superficialidad que el anteriormente escrito. Pues la vida no sería esto, pero temo que a muchos nos sea familiar. 

Pero hoy quería escribir de sueños. Los sueños entendidos como anhelos, deseos oníricos desde lo más profundo de nosotros. Parece obvio que debieran ser incompatibles con la vida hipermediada antes relatada¿ sin embargo, la complejidad del ser humano pondera de tal manera que lo hace posible. 

Y si ya es difícil lidiar con los propios sueños (y más aun con las expectativas que generaren) aún se hace más arduo acontentar los sueños de otro; y en esto, como padres, tenemos todos una gran responsabilidad. 

Es inevitable crecer como lo es hacerlo sin acumular sueños frustrados, no cumplidos o negados. Se tiende errróneamente a proyectarlos en una nueva vida, como aceptando que en la propia no se cumplirán. Es ese estudia y haz una carrera como yo no pude hacer o aprende a tocar un instrumento, ahora que por suerte, tus padres pueden permitirse comprártelo.

Como padre quiero evitar esto, quiero evitar que mis sueños, anhelos o maneras de vivir influyan en la vida de mi hija. No quiero entrometerme en lo que debiera querer. no quiero infiltrarme en como debiera vivir

Su existencia es paralela a la mía, secante solo en determinados puntos, y por tanto tan ajena como la tuya, querido lector. Creo que existe una manera diferente de educar. Creo que existe un mundo donde alguien es abogado por vocación y no porque mi padre siempre quiso que estudiara derecho. Creo que existen los sueños, creo que hay que defenderlos y que hay que vivirlos, siempre y cuando no sean incompatibles con la convivencia social. 

Creo además que sólo una generación de personas libres pueden sacar al mundo de la superficialidad. No hay que tener prisa por formar parte del mundo, por sentir que te afecta lo que escuchaste en la tele o viste en tu timeline de Facebook. Necesitamos niños que se aburran y sueñen con qué quieren divertirse. Necesitamos frustrarnos y aceptar la frustración. Sólo así tendremos una mínima certeza de no estar viviendo los sueños de otro. A no ser que como intuía Calderón de la Barca la vida sea en sí un sueño. Y los sueños, ya se sabe, sueños son.    

viernes

El río y sus afluentes en la corriente de la vida

No me situéis al lado de quien se lamenta sin alzar nunca la vista, de quien no sabe decir gracias, de quien ya no sabe darse cuenta de que está atardeciendo. Cierro los ojos, doy un paso al lado. Soy otra cosa. Estoy en otro sitio. (Alda Merini)

Desde que estudié a Ortega y Gasset una frase me confirmó la profunda intuición que siempre tuve en mi haber. Yo soy yo y mi circunstancia. La personalidad, el ego, lo que soy hoy (como constante temporal del ahora) depende de mí y de mi circunstancia; de lo que me circunda, la realidad que me rodea. Espacial y temporal. No sólo las personas que me rodean, también el tiempo que me circunda. El pasado vivido determina mi toma de decisiones presente, que se declinarán en un determinado futuro.

Es, pues, importante influir en ese entorno si queremos que ese yo nos satisfaga. Desde que leí por primera vez las Coplas de Manrique hago mía la analogía de la vida como río que va al mar, que es el morir. En ese curso, la corriente es la vida misma, la energía que mueve todo. Como todo río depende del terreno y de las condiciones meteorológicas. Además de dejar a su paso sedimentos, por un lado y enriquecer tierras a su paso; por el otro.

Consecuencia de lo anterior son los afluentes, que influyen irremediablemente en el curso del río, sin formar (a priori) parte del mismo; aunque pasados unos metros sea fácil confundirlos con la corriente del río mismo. Siendo indivisibles afluentes y río, como las circunstancias y el yo.

Es aquí donde conecto con la cita perfecta de este post. Tan importante es la actitud como el ambiente en el que se desarrolla. Ten a tu lado un compañero de trabajo mediocre y tarde o temprano perderás el tiempo como él en la oficina. Rodéate de gente creativa y dinámica, y algo, por poco que sea, dinamizará en ti, activará en tu mente un espacio olvidado, te hará pasar a la acción.

De pequeños sabemos valorar el entorno, vivimos la vida sin límites. Mi hija cada noche busca la luna y al encontrarla siempre se sorprende y alegra, sonríe y salta; a pesar de ser algo que esperaba. Alza la vista y transmite una alegría al que esté a su lado. Acercarse a este estado es una meta que irremediablemente te acerca mucho a la felicidad plena.

Por ello no hay que darse por vencido, no situarse al lado del que se lamenta por llegar tarde al trabajo si ha sido por jugar con su hija; alejarse de aquellos que no saben agradecer la vida, el trabajo de los demás o devolver una sonrisa; ni intoxicarse de aquel que vive por una inercia meramente fisiológica. Yo no lo hago y espero no hacerlo nunca.

Como Alda Merini prefiero cerrar los ojos y dar un paso al lado. Prefiero imaginar. Viajar en el tiempo es posible solo hacia adelante y de segundo en segundo. Viajar en la mente. Es posible siempre. Si alguien os lo niega, alejáos de ese afluente, cread un meandro que se aleje, dejad sedimento a su paso. Soís otra cosa y estaréis en otro sitio.

Por ello, para este proyecto, yo me he rodeado de la persona más dinámica y creativa que conozco. Mi hermana María José. Podéis seguir su reflexión de esta misma cita en su blog. Hasta la próxima cita perfecta.

sábado

La cita perfecta

Leo poesía porque en ella encuentro mujeres y hombres que buscan el sentido de las cosas...y es de los poetas que espero aquello que quisiera hacer pero sin ser capaz de hacerlo

Feliz 2017. Año nuevo, retos nuevos. La cita anterior no es mía, sino de un compañero de trabajo que cada año nos regala, a mí y a otros compañeros, por Navidad algo muy especial, siempre bastante espiritual. Un verdadero regalo, de los mejores que recibo cada año. Más aun si tenemos en cuenta que durante el año no sabemos nada de él.

Este año nos ha dado un bloc de post-it ya escritos. Calculo que serán entre 60 y 100. Todos ellos contienen citas. Fragmentos de vida para regalar, como lo define la persona en el primero de ellos. El prólogo, el texto debajo del título, es la cita del inicio de este post.

Hace ya cinco años nacía este blog, en el que me gusta escribir sin más límite que el de mi imaginación y el escaso tiempo que le puedo dedicar. Aunque cada post sea un mundo, he de reconocer que todos abrevan de un manantial común, con un estilo marcado. Desde las reflexiones personales hasta las noticias de actualidad comentadas. Todas poseen un denominador común.

Esto me gusta y enorgullece, porque este era el fin de este proyecto y a día de hoy no sé que haría sin un espacio libre donde escribir como éste. No obstante, mi número de posts ha ido bajando año tras año; quizás por la dificultad de encontrar temas nuevos y frescos, quizás por encontrarlos y no encontrar tiempo para plasmarlos. Fuere como fuere, jamás por hastío o hartazgo. Brainsploiding sigue más vivo que nunca. Aunque no necesite justificarlo a nadie querìa dejarlo claro.

Mi intención es escribir más y añadirme un nuevo estímulo. Las próximas entradas tendrán una cita al inicio, un fragmento de vida, que os regalaré. Como hicieron conmigo. Tras la cita discurrirán palabras y pensamientos transcritos, reflexiones puras más o menos elaboradas. Es lo único que puedo anticipar porque no hay nada escrito, lo haré en ese momento.

No sé con que regularidad podré hacerlo, ni si se intercalarán otros posts antes de acabar la serie de post-it. Lo que sí creo, es que será un reto bonito. Un homenaje al pensamiento sin más, una manera de detenerse en este frenesí veloz de vida al que nos pretendemos habituar. Al fin y al cabo, una búsqueda (infructuosa) de la cita perfecta.

jueves

Feliz 2016 (fue) y 2017 (deseo). Os quiero.

Sigan cantando, sigan bailando, sigan disfrutando. La vida sigue, sigue siempre; con o sin nosotros. Pero los que por ahora estamos que no parezca que dejamos de estarlo. Que no te mate la vida. Que no te acribillen los pormenores de la escuela o del trabajo. Que no te humille la apatía o se apodere de ti el rechazo.

Vive, vive el año que se va y este otro año. Vive y sonríe, también ahora, no solo en primavera y verano. Sal a la calle y conjuga verbos mundanos. Bebe, baila, calla, charla. Disfruta de los tuyos y de los míos, hagamósnos nuestros, los dos juntos en uno solo. Tu familia son tus cimientos, un día fueron tu andamio, cuídate de mantenerlos fuertes, no escatimes en besos y abrazos.

Hay más de un amor en esta vida, pero el amor verdadero es el único edulcorado. Eternamente, por encima de decepciones, peleas o llantos. Si accedes a él, cultívalo, es el jardín de tu casa. Admíralo desde el tejado, la fragancia llega hasta lo más alto.

Si al lado de tu casa estás haciendo vecindario y los cimientos de una nueva vida estás levantando. Enhorabuena. Pues la vida es eso. Sin hijos el mundo es siniestro y vago, oscuro y nostálgico, banal y acelerado. Sin hijos la vida es camino hacia la muerte. Los hijos nos conceden un pequeño descanso. Nos hospedan en sus sonrisas, acomodan en sus ojos y necesitan en sus llantos.

Por todo ésto y mucho más os deseo un feliz año. Que vuestra casa siga en pie, que construyáis un vecindario. Que las guerras son sólo dolor de almas que han escapado, creyendo no tener retorno, y por ello impiden el cante, baile y disfrute de otros.

Vivir es un regalo y el tiempo un modo de mesurarlo. Aprovecha cada décima de segundo como si no volviera, que no lo hace. No lo pierdas en tonterías y regálalo a quien lo merezca. Camina y aprende. Entiende y enciende la luz de tu mente.

Yo por mi lado, me siento afortunado. De mis cimientos, de mi jardín y los otros cimientos que estamos montando. María del Carmen, Jose Luís, María José, Claudia y Nerea. Sois mi vida.
FELIZ AÑO.

martes

Reinserción entre rejas

Vaya usted a la cárcel y espere dos turnos, no cobre 200$ si pasa por la casilla de salida. Seguro que a muchos nos suenan estas palabras; nos recuerda al Monopoly, juego que representa (a veces con demasiada exactitud) el sistema capitalista en el que vivimos y forman parte de nuestra cultura compartida. También lo es la noción de cárcel, que no ha cambiado prácticamente a lo largo de los siglos y se da como algo asumido,para lo que no hay alternativa. Si cometes un delito debes ir a la cárcel, llevarte lejos de la sociedad, que nadie te vea hacer vida social de manera libre. Todo esto chirría cuando el objetivo es, paradójicamente, la reinserción en sociedad.

Si te portas mal a tu cuarto castigado ¡y sin postre! Parece ser el concepto moral de base, muy enraizado con el cristianismo y su idea de penitencia. Puedo entender que los ciudadanos queramos tener a un criminal lo más lejos posible y quitar la libertad a alguien nos hace pensar que está pagando por lo que hizo. No dudo esto. Dudo que de esta manera se pueda hablar de reinserción social y laboral tras cumplir la condena.

Puede ser un hecho cultural que cambie con el tiempo. Al fin y al cabo es una situación análoga a lo sucedido entre 1866 y 1969 en la tristemente célebre isla de Molokai donde aislaban a los enfermos de lepra. Algo impensable hoy, aunque sigue habiendo cierto estigma con enfermedades como el sida, obviamente no comparables con la situación anterior. Sin embargo, nos recuerda la idea de aislamiento como prevención de algo negativo, de sacar de la cotidianidad colectiva a una persona, como supuesta solución del problema. Un asesino encerrado no podrá matar a nadie hoy. Pero la pregunta es ¿qué sucederá cuando lo deje de estar?

No obstante, cada país tiene sus matices en cuanto a su sistema penitenciario. Entre los más duros se encuentra Estados Unidos donde sigue vigente la pena de muerte y los presos pierden incluso el derecho al voto (la negación democrática de la existencia como ciudadano). Equilibrando la balanza y como suele suceder en otros aspectos socieconómicos y culturales, son los países escandinavos el mejor ejemplo de sistema alternativo. 

Me centraré concretamente en Noruega y en la prisión de la isla de Bastoey, al sur de Oslo. Esta cárcel da especial libertad a sus presos. En ella pueden esquiar, cocinar, jugar a tenis o a las cartas. Tienen su propia playa e incluso trabajan en los ferrys que trasladan a los turistas a la isla. Además, los prisioneros llevan adelante su propia granja de animales. En resumen, una cárcel utópica

Puede argumentarse un lujo excesivo para alguien que ha cometido un delito y por tanto que pueda acarrear, si no un efecto llamada, si una menor premura a la hora de saltarse la ley. Sin embargo, con los números en la mano, vemos que esto no sucede así. De hecho, la tasa de reincidencia de los expresidiarios es sólo del 20% (de las más bajas del mundo) en comparación con otras como Gran Bretaña (45%), España (en torno al 55%) o Estados Unidos (76%)

Puede que el modelo no sea replicable, pero es, cuanto menos, digno de estudio. Sobre todo por ser el primer modelo carcelario que se centra, no tanto en el castigo o penitencia del que se ha cometido un delito, sino en su reinserción en la sociedad. Que en teoría es el objetivo de la cárcel, aunque en la práctica se nos olvide.  

miércoles

Make the world afraid again

Últimamente escribo menos y noto que solo tengo palabras para mi ninfa, palabras que guardo para ella con recelo, que no comparto y esperan pacientemente a ser deshilachadas por mi pequeña cuando ya no lo será tanto. Pero la mañana de hoy me llama a escribir, a posicionarme, a pensar y plasmar en bits el frugor de la explosión neuronal que se produce. Para quien lo olvidase en algún momento (y me incluyo en dicha lista), esta es la esencia de Brainsploiding.

Amanece, que no es poco, con Trump ganando las elecciones de Estados Unidos; que ya es demasiado. No apoyo tampoco a Clinton, además creo que es el sistema electoral en sí de ese país que apesta de obsoleto, pero es imposible no tener una opinión ante el ascenso del nazismo en una de las potencias mundiales en los tiempos en que vivimos.

Uno, que es de naturaleza nostálgica, no puede no echar la vista atrás. Hace ocho años, un candidato prometía el cambio, la ilusión, derechos sociales y humanos (aunque de todo ello cumplió poco, hablo de Obama). Ahora gana un candidato cuyo mayor punto fuerte es ser millonario, haber pagado su campaña y culpar de todo a las minorías étnicas.

Trump no es tan estúpido como parece, pero no creo equivocarme cuando afirmo que la ignorancia reina en su electorado. Sus votantes son los perdedores, hombres blancos cabreados que sienten haber perdido, que el sistema los ha marginado. Sensaciones que pueden ser ciertas, aunque probablemente no sean los únicos en este capitalismo salvaje, pero el fascismo, como nos ha demostrado la historia, no es la solución. Nunca. Trump ha sabido evocar un supuesto pasado de grandeza y liderazgo ensalzado con tintes patrióticos que harían vomitar hasta al más nacionalista. El resto no importa a su electorado: Trump es distinto, rompe con todo, habla por los descontentos y fracasados y es un triunfador; y puede decir lo que quiera de quien quiera porque es multimillonario.

A partir de ahí, cualquier cosa que se sepa de él como su expolio de un Parque Natural en Escocia en 2011, sus corrupciones, su negativa a mostrar su declaración de la renta, el trato vejatorio a las mujeres y su tremendo discurso fascista (muro en México y culpabilización de la comunidad musulmana de todo mal, incluidos) son meros detalles.

E incluso pueden reforzar el voto. Hace pocos días escuchaba en la Ser que la corrupción no pasa factura e incluso da votos al PP en España. En parte porque existe en sus votantes la sensación de "si yo pudiera y nadie se entera también lo haría" combinado con el dicho brasileño "es corrupto pero hace cosas" con un poco de aliño del miedo al oponente. Por ello, sus votantes por más incorrecto y moralmente deplorable fuere votarle, con mayor ahínco lo harán, reforzando su postura en algo que parece prohibido.

Algo análago parece ocurrir con Trump. Él mismo dijo que estas elecciones iban a ser como el voto que llevó al Brexit. Se refería al éxito del resultado inesperado, pero tenía razón porque en ambos casos la campaña ha sido difamatoria y populista, pero nunca informativa y porque el resultado demuestra una vez más algo con lo que hemos de convivir en una democracia: existe una mayoría de ciudadanos ignorantes.

Como conclusión, la elección de Trump culmina uno de los vaticinios de crisis más graves, la crisis moral que recorre nuestro planeta. Da igual lo que haya hecho o las barbaridades que prometa, como si se quiere tatuar una esvástica en el pecho, nuestro nivel de inmoralidad ha rebasado cada límite y Estados Unidos es hoy el mejor ejemplo de ello. Ya no es cuestión de izquierda o derecha sino de memoria. El fascismo del siglo XX ocurrió y si lo olvidamos con tanta facilidad, nadie puede asegurar que no pueda volver a ocurrir.

jueves

Turista en casa

A veces el orden de los factores sí altera el producto. No es lo mismo una familia grande que una gran familia. Y yo, por suerte, poseo ambas. Si la vida es un regalo, éste mío posee un envoltorio precioso, majestuoso, cercano, radiante y eterno.

Como cada año, el retorno de vacaciones da que pensar y también pesar. Pasar horas recordando lo que fue, pensando que puede ser o soñando que será; conjugando el verbo volver en diversos tiempos: en subjuntivo pocas veces, en condicional algunas más y en futuro casi siempre.

Este año vuelvo a la rutina con el corazón más lleno que nunca. De emociones, abrazos, cariño, familares y amigos. He sido capaz de dar sorpresas a mis tres referentes vitales en forma de album fotográfico, con textos que transmiten toda emoción, toda vida. Retales de unas vidas, que son las suyas, pero confluyen en la mía para desembocar en una misma mar, que es Nerea. Los sedimentos acumulados en curso nos hacen volar juntos y aterrizar en sincronía.

Siempre fui de la opinión de que hace falta volar para poder echar raíces. Yo empecé a volar solo, de un tiempo a esta parte me di cuenta de hacerlo en manada. Para mí volver a España de vacaciones siempre fue una sensación anómala (y de hecho la libreta en la que escribo mis reflexiones en tales periodos tiene el título de este post) porque me hace sentir como un turista en casa. Porque turista soy esos días al fin y al cabo, mi día a día es distinto al que haría viviendo allí. Por otro lado estoy en casa, que es la casa de la gente que más quiero: mi padre, mi madre y mi hermana.

Sin embargo, algo cambió este septiembre. He sido menos turista y he estado más en casa que nunca. Han sido semanas perfectas, tanto que crean elevadas expectativas para cualquier otro periodo vacacional futuro y además coronada con una velada preciosa y mágica, que la palabra matrimonio aún con toda su magneficiencia, es capaz incluso de banalizar.

He sido feliz de estar con tanta familia (una gran familia grande) y de volver a ver tantos amigos, muy buenos, que casi me olvidaba de haber dejado tan lejos de mi día a día.
Las alas siguen haciéndonos volar, pero serán las raíces las que nos harán volver. Volver: esta vez sí, en infinitivo.