No me situéis al lado de quien se lamenta sin alzar nunca la vista, de quien no sabe decir gracias, de quien ya no sabe darse cuenta de que está atardeciendo. Cierro los ojos, doy un paso al lado. Soy otra cosa. Estoy en otro sitio. (Alda Merini)
Desde que estudié a Ortega y Gasset una frase me confirmó la profunda intuición que siempre tuve en mi haber. Yo soy yo y mi circunstancia. La personalidad, el ego, lo que soy hoy (como constante temporal del ahora) depende de mí y de mi circunstancia; de lo que me circunda, la realidad que me rodea. Espacial y temporal. No sólo las personas que me rodean, también el tiempo que me circunda. El pasado vivido determina mi toma de decisiones presente, que se declinarán en un determinado futuro.
Es, pues, importante influir en ese entorno si queremos que ese yo nos satisfaga. Desde que leí por primera vez las Coplas de Manrique hago mía la analogía de la vida como río que va al mar, que es el morir. En ese curso, la corriente es la vida misma, la energía que mueve todo. Como todo río depende del terreno y de las condiciones meteorológicas. Además de dejar a su paso sedimentos, por un lado y enriquecer tierras a su paso; por el otro.
Consecuencia de lo anterior son los afluentes, que influyen irremediablemente en el curso del río, sin formar (a priori) parte del mismo; aunque pasados unos metros sea fácil confundirlos con la corriente del río mismo. Siendo indivisibles afluentes y río, como las circunstancias y el yo.
Es aquí donde conecto con la cita perfecta de este post. Tan importante es la actitud como el ambiente en el que se desarrolla. Ten a tu lado un compañero de trabajo mediocre y tarde o temprano perderás el tiempo como él en la oficina. Rodéate de gente creativa y dinámica, y algo, por poco que sea, dinamizará en ti, activará en tu mente un espacio olvidado, te hará pasar a la acción.
De pequeños sabemos valorar el entorno, vivimos la vida sin límites. Mi hija cada noche busca la luna y al encontrarla siempre se sorprende y alegra, sonríe y salta; a pesar de ser algo que esperaba. Alza la vista y transmite una alegría al que esté a su lado. Acercarse a este estado es una meta que irremediablemente te acerca mucho a la felicidad plena.
Por ello no hay que darse por vencido, no situarse al lado del que se lamenta por llegar tarde al trabajo si ha sido por jugar con su hija; alejarse de aquellos que no saben agradecer la vida, el trabajo de los demás o devolver una sonrisa; ni intoxicarse de aquel que vive por una inercia meramente fisiológica. Yo no lo hago y espero no hacerlo nunca.
Como Alda Merini prefiero cerrar los ojos y dar un paso al lado. Prefiero imaginar. Viajar en el tiempo es posible solo hacia adelante y de segundo en segundo. Viajar en la mente. Es posible siempre. Si alguien os lo niega, alejáos de ese afluente, cread un meandro que se aleje, dejad sedimento a su paso. Soís otra cosa y estaréis en otro sitio.
Por ello, para este proyecto, yo me he rodeado de la persona más dinámica y creativa que conozco. Mi hermana María José. Podéis seguir su reflexión de esta misma cita en su blog. Hasta la próxima cita perfecta.
viernes
sábado
La cita perfecta
Leo poesía porque en ella encuentro mujeres y hombres que buscan el sentido de las cosas...y es de los poetas que espero aquello que quisiera hacer pero sin ser capaz de hacerlo
Feliz 2017. Año nuevo, retos nuevos. La cita anterior no es mía, sino de un compañero de trabajo que cada año nos regala, a mí y a otros compañeros, por Navidad algo muy especial, siempre bastante espiritual. Un verdadero regalo, de los mejores que recibo cada año. Más aun si tenemos en cuenta que durante el año no sabemos nada de él.
Este año nos ha dado un bloc de post-it ya escritos. Calculo que serán entre 60 y 100. Todos ellos contienen citas. Fragmentos de vida para regalar, como lo define la persona en el primero de ellos. El prólogo, el texto debajo del título, es la cita del inicio de este post.
Hace ya cinco años nacía este blog, en el que me gusta escribir sin más límite que el de mi imaginación y el escaso tiempo que le puedo dedicar. Aunque cada post sea un mundo, he de reconocer que todos abrevan de un manantial común, con un estilo marcado. Desde las reflexiones personales hasta las noticias de actualidad comentadas. Todas poseen un denominador común.
Esto me gusta y enorgullece, porque este era el fin de este proyecto y a día de hoy no sé que haría sin un espacio libre donde escribir como éste. No obstante, mi número de posts ha ido bajando año tras año; quizás por la dificultad de encontrar temas nuevos y frescos, quizás por encontrarlos y no encontrar tiempo para plasmarlos. Fuere como fuere, jamás por hastío o hartazgo. Brainsploiding sigue más vivo que nunca. Aunque no necesite justificarlo a nadie querìa dejarlo claro.
Mi intención es escribir más y añadirme un nuevo estímulo. Las próximas entradas tendrán una cita al inicio, un fragmento de vida, que os regalaré. Como hicieron conmigo. Tras la cita discurrirán palabras y pensamientos transcritos, reflexiones puras más o menos elaboradas. Es lo único que puedo anticipar porque no hay nada escrito, lo haré en ese momento.
No sé con que regularidad podré hacerlo, ni si se intercalarán otros posts antes de acabar la serie de post-it. Lo que sí creo, es que será un reto bonito. Un homenaje al pensamiento sin más, una manera de detenerse en este frenesí veloz de vida al que nos pretendemos habituar. Al fin y al cabo, una búsqueda (infructuosa) de la cita perfecta.
Feliz 2017. Año nuevo, retos nuevos. La cita anterior no es mía, sino de un compañero de trabajo que cada año nos regala, a mí y a otros compañeros, por Navidad algo muy especial, siempre bastante espiritual. Un verdadero regalo, de los mejores que recibo cada año. Más aun si tenemos en cuenta que durante el año no sabemos nada de él.
Este año nos ha dado un bloc de post-it ya escritos. Calculo que serán entre 60 y 100. Todos ellos contienen citas. Fragmentos de vida para regalar, como lo define la persona en el primero de ellos. El prólogo, el texto debajo del título, es la cita del inicio de este post.
Hace ya cinco años nacía este blog, en el que me gusta escribir sin más límite que el de mi imaginación y el escaso tiempo que le puedo dedicar. Aunque cada post sea un mundo, he de reconocer que todos abrevan de un manantial común, con un estilo marcado. Desde las reflexiones personales hasta las noticias de actualidad comentadas. Todas poseen un denominador común.
Esto me gusta y enorgullece, porque este era el fin de este proyecto y a día de hoy no sé que haría sin un espacio libre donde escribir como éste. No obstante, mi número de posts ha ido bajando año tras año; quizás por la dificultad de encontrar temas nuevos y frescos, quizás por encontrarlos y no encontrar tiempo para plasmarlos. Fuere como fuere, jamás por hastío o hartazgo. Brainsploiding sigue más vivo que nunca. Aunque no necesite justificarlo a nadie querìa dejarlo claro.
Mi intención es escribir más y añadirme un nuevo estímulo. Las próximas entradas tendrán una cita al inicio, un fragmento de vida, que os regalaré. Como hicieron conmigo. Tras la cita discurrirán palabras y pensamientos transcritos, reflexiones puras más o menos elaboradas. Es lo único que puedo anticipar porque no hay nada escrito, lo haré en ese momento.
No sé con que regularidad podré hacerlo, ni si se intercalarán otros posts antes de acabar la serie de post-it. Lo que sí creo, es que será un reto bonito. Un homenaje al pensamiento sin más, una manera de detenerse en este frenesí veloz de vida al que nos pretendemos habituar. Al fin y al cabo, una búsqueda (infructuosa) de la cita perfecta.
jueves
Feliz 2016 (fue) y 2017 (deseo). Os quiero.
Sigan cantando, sigan bailando, sigan disfrutando. La vida sigue, sigue siempre; con o sin nosotros. Pero los que por ahora estamos que no parezca que dejamos de estarlo. Que no te mate la vida. Que no te acribillen los pormenores de la escuela o del trabajo. Que no te humille la apatía o se apodere de ti el rechazo.
Vive, vive el año que se va y este otro año. Vive y sonríe, también ahora, no solo en primavera y verano. Sal a la calle y conjuga verbos mundanos. Bebe, baila, calla, charla. Disfruta de los tuyos y de los míos, hagamósnos nuestros, los dos juntos en uno solo. Tu familia son tus cimientos, un día fueron tu andamio, cuídate de mantenerlos fuertes, no escatimes en besos y abrazos.
Hay más de un amor en esta vida, pero el amor verdadero es el único edulcorado. Eternamente, por encima de decepciones, peleas o llantos. Si accedes a él, cultívalo, es el jardín de tu casa. Admíralo desde el tejado, la fragancia llega hasta lo más alto.
Si al lado de tu casa estás haciendo vecindario y los cimientos de una nueva vida estás levantando. Enhorabuena. Pues la vida es eso. Sin hijos el mundo es siniestro y vago, oscuro y nostálgico, banal y acelerado. Sin hijos la vida es camino hacia la muerte. Los hijos nos conceden un pequeño descanso. Nos hospedan en sus sonrisas, acomodan en sus ojos y necesitan en sus llantos.
Por todo ésto y mucho más os deseo un feliz año. Que vuestra casa siga en pie, que construyáis un vecindario. Que las guerras son sólo dolor de almas que han escapado, creyendo no tener retorno, y por ello impiden el cante, baile y disfrute de otros.
Vivir es un regalo y el tiempo un modo de mesurarlo. Aprovecha cada décima de segundo como si no volviera, que no lo hace. No lo pierdas en tonterías y regálalo a quien lo merezca. Camina y aprende. Entiende y enciende la luz de tu mente.
Yo por mi lado, me siento afortunado. De mis cimientos, de mi jardín y los otros cimientos que estamos montando. María del Carmen, Jose Luís, María José, Claudia y Nerea. Sois mi vida.
FELIZ AÑO.
Vive, vive el año que se va y este otro año. Vive y sonríe, también ahora, no solo en primavera y verano. Sal a la calle y conjuga verbos mundanos. Bebe, baila, calla, charla. Disfruta de los tuyos y de los míos, hagamósnos nuestros, los dos juntos en uno solo. Tu familia son tus cimientos, un día fueron tu andamio, cuídate de mantenerlos fuertes, no escatimes en besos y abrazos.
Hay más de un amor en esta vida, pero el amor verdadero es el único edulcorado. Eternamente, por encima de decepciones, peleas o llantos. Si accedes a él, cultívalo, es el jardín de tu casa. Admíralo desde el tejado, la fragancia llega hasta lo más alto.
Si al lado de tu casa estás haciendo vecindario y los cimientos de una nueva vida estás levantando. Enhorabuena. Pues la vida es eso. Sin hijos el mundo es siniestro y vago, oscuro y nostálgico, banal y acelerado. Sin hijos la vida es camino hacia la muerte. Los hijos nos conceden un pequeño descanso. Nos hospedan en sus sonrisas, acomodan en sus ojos y necesitan en sus llantos.
Por todo ésto y mucho más os deseo un feliz año. Que vuestra casa siga en pie, que construyáis un vecindario. Que las guerras son sólo dolor de almas que han escapado, creyendo no tener retorno, y por ello impiden el cante, baile y disfrute de otros.
Vivir es un regalo y el tiempo un modo de mesurarlo. Aprovecha cada décima de segundo como si no volviera, que no lo hace. No lo pierdas en tonterías y regálalo a quien lo merezca. Camina y aprende. Entiende y enciende la luz de tu mente.
Yo por mi lado, me siento afortunado. De mis cimientos, de mi jardín y los otros cimientos que estamos montando. María del Carmen, Jose Luís, María José, Claudia y Nerea. Sois mi vida.
FELIZ AÑO.
martes
Reinserción entre rejas
Vaya usted a la cárcel y espere dos turnos, no cobre 200$ si pasa por la casilla de salida. Seguro que a muchos nos suenan estas palabras; nos recuerda al Monopoly, juego que representa (a veces con demasiada exactitud) el sistema capitalista en el que vivimos y forman parte de nuestra cultura compartida. También lo es la noción de cárcel, que no ha cambiado prácticamente a lo largo de los siglos y se da como algo asumido,para lo que no hay alternativa. Si cometes un delito debes ir a la cárcel, llevarte lejos de la sociedad, que nadie te vea hacer vida social de manera libre. Todo esto chirría cuando el objetivo es, paradójicamente, la reinserción en sociedad.
Si te portas mal a tu cuarto castigado ¡y sin postre! Parece ser el concepto moral de base, muy enraizado con el cristianismo y su idea de penitencia. Puedo entender que los ciudadanos queramos tener a un criminal lo más lejos posible y quitar la libertad a alguien nos hace pensar que está pagando por lo que hizo. No dudo esto. Dudo que de esta manera se pueda hablar de reinserción social y laboral tras cumplir la condena.
Puede ser un hecho cultural que cambie con el tiempo. Al fin y al cabo es una situación análoga a lo sucedido entre 1866 y 1969 en la tristemente célebre isla de Molokai donde aislaban a los enfermos de lepra. Algo impensable hoy, aunque sigue habiendo cierto estigma con enfermedades como el sida, obviamente no comparables con la situación anterior. Sin embargo, nos recuerda la idea de aislamiento como prevención de algo negativo, de sacar de la cotidianidad colectiva a una persona, como supuesta solución del problema. Un asesino encerrado no podrá matar a nadie hoy. Pero la pregunta es ¿qué sucederá cuando lo deje de estar?
No obstante, cada país tiene sus matices en cuanto a su sistema penitenciario. Entre los más duros se encuentra Estados Unidos donde sigue vigente la pena de muerte y los presos pierden incluso el derecho al voto (la negación democrática de la existencia como ciudadano). Equilibrando la balanza y como suele suceder en otros aspectos socieconómicos y culturales, son los países escandinavos el mejor ejemplo de sistema alternativo.
Me centraré concretamente en Noruega y en la prisión de la isla de Bastoey, al sur de Oslo. Esta cárcel da especial libertad a sus presos. En ella pueden esquiar, cocinar, jugar a tenis o a las cartas. Tienen su propia playa e incluso trabajan en los ferrys que trasladan a los turistas a la isla. Además, los prisioneros llevan adelante su propia granja de animales. En resumen, una cárcel utópica.
Puede argumentarse un lujo excesivo para alguien que ha cometido un delito y por tanto que pueda acarrear, si no un efecto llamada, si una menor premura a la hora de saltarse la ley. Sin embargo, con los números en la mano, vemos que esto no sucede así. De hecho, la tasa de reincidencia de los expresidiarios es sólo del 20% (de las más bajas del mundo) en comparación con otras como Gran Bretaña (45%), España (en torno al 55%) o Estados Unidos (76%).
Puede que el modelo no sea replicable, pero es, cuanto menos, digno de estudio. Sobre todo por ser el primer modelo carcelario que se centra, no tanto en el castigo o penitencia del que se ha cometido un delito, sino en su reinserción en la sociedad. Que en teoría es el objetivo de la cárcel, aunque en la práctica se nos olvide.
Si te portas mal a tu cuarto castigado ¡y sin postre! Parece ser el concepto moral de base, muy enraizado con el cristianismo y su idea de penitencia. Puedo entender que los ciudadanos queramos tener a un criminal lo más lejos posible y quitar la libertad a alguien nos hace pensar que está pagando por lo que hizo. No dudo esto. Dudo que de esta manera se pueda hablar de reinserción social y laboral tras cumplir la condena.
Puede ser un hecho cultural que cambie con el tiempo. Al fin y al cabo es una situación análoga a lo sucedido entre 1866 y 1969 en la tristemente célebre isla de Molokai donde aislaban a los enfermos de lepra. Algo impensable hoy, aunque sigue habiendo cierto estigma con enfermedades como el sida, obviamente no comparables con la situación anterior. Sin embargo, nos recuerda la idea de aislamiento como prevención de algo negativo, de sacar de la cotidianidad colectiva a una persona, como supuesta solución del problema. Un asesino encerrado no podrá matar a nadie hoy. Pero la pregunta es ¿qué sucederá cuando lo deje de estar?
No obstante, cada país tiene sus matices en cuanto a su sistema penitenciario. Entre los más duros se encuentra Estados Unidos donde sigue vigente la pena de muerte y los presos pierden incluso el derecho al voto (la negación democrática de la existencia como ciudadano). Equilibrando la balanza y como suele suceder en otros aspectos socieconómicos y culturales, son los países escandinavos el mejor ejemplo de sistema alternativo.
Me centraré concretamente en Noruega y en la prisión de la isla de Bastoey, al sur de Oslo. Esta cárcel da especial libertad a sus presos. En ella pueden esquiar, cocinar, jugar a tenis o a las cartas. Tienen su propia playa e incluso trabajan en los ferrys que trasladan a los turistas a la isla. Además, los prisioneros llevan adelante su propia granja de animales. En resumen, una cárcel utópica.
Puede argumentarse un lujo excesivo para alguien que ha cometido un delito y por tanto que pueda acarrear, si no un efecto llamada, si una menor premura a la hora de saltarse la ley. Sin embargo, con los números en la mano, vemos que esto no sucede así. De hecho, la tasa de reincidencia de los expresidiarios es sólo del 20% (de las más bajas del mundo) en comparación con otras como Gran Bretaña (45%), España (en torno al 55%) o Estados Unidos (76%).
Puede que el modelo no sea replicable, pero es, cuanto menos, digno de estudio. Sobre todo por ser el primer modelo carcelario que se centra, no tanto en el castigo o penitencia del que se ha cometido un delito, sino en su reinserción en la sociedad. Que en teoría es el objetivo de la cárcel, aunque en la práctica se nos olvide.
miércoles
Make the world afraid again
Últimamente escribo menos y noto que solo tengo palabras para mi ninfa, palabras que guardo para ella con recelo, que no comparto y esperan pacientemente a ser deshilachadas por mi pequeña cuando ya no lo será tanto. Pero la mañana de hoy me llama a escribir, a posicionarme, a pensar y plasmar en bits el frugor de la explosión neuronal que se produce. Para quien lo olvidase en algún momento (y me incluyo en dicha lista), esta es la esencia de Brainsploiding.
Amanece, que no es poco, con Trump ganando las elecciones de Estados Unidos; que ya es demasiado. No apoyo tampoco a Clinton, además creo que es el sistema electoral en sí de ese país que apesta de obsoleto, pero es imposible no tener una opinión ante el ascenso del nazismo en una de las potencias mundiales en los tiempos en que vivimos.
Uno, que es de naturaleza nostálgica, no puede no echar la vista atrás. Hace ocho años, un candidato prometía el cambio, la ilusión, derechos sociales y humanos (aunque de todo ello cumplió poco, hablo de Obama). Ahora gana un candidato cuyo mayor punto fuerte es ser millonario, haber pagado su campaña y culpar de todo a las minorías étnicas.
Trump no es tan estúpido como parece, pero no creo equivocarme cuando afirmo que la ignorancia reina en su electorado. Sus votantes son los perdedores, hombres blancos cabreados que sienten haber perdido, que el sistema los ha marginado. Sensaciones que pueden ser ciertas, aunque probablemente no sean los únicos en este capitalismo salvaje, pero el fascismo, como nos ha demostrado la historia, no es la solución. Nunca. Trump ha sabido evocar un supuesto pasado de grandeza y liderazgo ensalzado con tintes patrióticos que harían vomitar hasta al más nacionalista. El resto no importa a su electorado: Trump es distinto, rompe con todo, habla por los descontentos y fracasados y es un triunfador; y puede decir lo que quiera de quien quiera porque es multimillonario.
A partir de ahí, cualquier cosa que se sepa de él como su expolio de un Parque Natural en Escocia en 2011, sus corrupciones, su negativa a mostrar su declaración de la renta, el trato vejatorio a las mujeres y su tremendo discurso fascista (muro en México y culpabilización de la comunidad musulmana de todo mal, incluidos) son meros detalles.
E incluso pueden reforzar el voto. Hace pocos días escuchaba en la Ser que la corrupción no pasa factura e incluso da votos al PP en España. En parte porque existe en sus votantes la sensación de "si yo pudiera y nadie se entera también lo haría" combinado con el dicho brasileño "es corrupto pero hace cosas" con un poco de aliño del miedo al oponente. Por ello, sus votantes por más incorrecto y moralmente deplorable fuere votarle, con mayor ahínco lo harán, reforzando su postura en algo que parece prohibido.
Algo análago parece ocurrir con Trump. Él mismo dijo que estas elecciones iban a ser como el voto que llevó al Brexit. Se refería al éxito del resultado inesperado, pero tenía razón porque en ambos casos la campaña ha sido difamatoria y populista, pero nunca informativa y porque el resultado demuestra una vez más algo con lo que hemos de convivir en una democracia: existe una mayoría de ciudadanos ignorantes.
Como conclusión, la elección de Trump culmina uno de los vaticinios de crisis más graves, la crisis moral que recorre nuestro planeta. Da igual lo que haya hecho o las barbaridades que prometa, como si se quiere tatuar una esvástica en el pecho, nuestro nivel de inmoralidad ha rebasado cada límite y Estados Unidos es hoy el mejor ejemplo de ello. Ya no es cuestión de izquierda o derecha sino de memoria. El fascismo del siglo XX ocurrió y si lo olvidamos con tanta facilidad, nadie puede asegurar que no pueda volver a ocurrir.
Amanece, que no es poco, con Trump ganando las elecciones de Estados Unidos; que ya es demasiado. No apoyo tampoco a Clinton, además creo que es el sistema electoral en sí de ese país que apesta de obsoleto, pero es imposible no tener una opinión ante el ascenso del nazismo en una de las potencias mundiales en los tiempos en que vivimos.
Uno, que es de naturaleza nostálgica, no puede no echar la vista atrás. Hace ocho años, un candidato prometía el cambio, la ilusión, derechos sociales y humanos (aunque de todo ello cumplió poco, hablo de Obama). Ahora gana un candidato cuyo mayor punto fuerte es ser millonario, haber pagado su campaña y culpar de todo a las minorías étnicas.
Trump no es tan estúpido como parece, pero no creo equivocarme cuando afirmo que la ignorancia reina en su electorado. Sus votantes son los perdedores, hombres blancos cabreados que sienten haber perdido, que el sistema los ha marginado. Sensaciones que pueden ser ciertas, aunque probablemente no sean los únicos en este capitalismo salvaje, pero el fascismo, como nos ha demostrado la historia, no es la solución. Nunca. Trump ha sabido evocar un supuesto pasado de grandeza y liderazgo ensalzado con tintes patrióticos que harían vomitar hasta al más nacionalista. El resto no importa a su electorado: Trump es distinto, rompe con todo, habla por los descontentos y fracasados y es un triunfador; y puede decir lo que quiera de quien quiera porque es multimillonario.
A partir de ahí, cualquier cosa que se sepa de él como su expolio de un Parque Natural en Escocia en 2011, sus corrupciones, su negativa a mostrar su declaración de la renta, el trato vejatorio a las mujeres y su tremendo discurso fascista (muro en México y culpabilización de la comunidad musulmana de todo mal, incluidos) son meros detalles.
E incluso pueden reforzar el voto. Hace pocos días escuchaba en la Ser que la corrupción no pasa factura e incluso da votos al PP en España. En parte porque existe en sus votantes la sensación de "si yo pudiera y nadie se entera también lo haría" combinado con el dicho brasileño "es corrupto pero hace cosas" con un poco de aliño del miedo al oponente. Por ello, sus votantes por más incorrecto y moralmente deplorable fuere votarle, con mayor ahínco lo harán, reforzando su postura en algo que parece prohibido.
Algo análago parece ocurrir con Trump. Él mismo dijo que estas elecciones iban a ser como el voto que llevó al Brexit. Se refería al éxito del resultado inesperado, pero tenía razón porque en ambos casos la campaña ha sido difamatoria y populista, pero nunca informativa y porque el resultado demuestra una vez más algo con lo que hemos de convivir en una democracia: existe una mayoría de ciudadanos ignorantes.
Como conclusión, la elección de Trump culmina uno de los vaticinios de crisis más graves, la crisis moral que recorre nuestro planeta. Da igual lo que haya hecho o las barbaridades que prometa, como si se quiere tatuar una esvástica en el pecho, nuestro nivel de inmoralidad ha rebasado cada límite y Estados Unidos es hoy el mejor ejemplo de ello. Ya no es cuestión de izquierda o derecha sino de memoria. El fascismo del siglo XX ocurrió y si lo olvidamos con tanta facilidad, nadie puede asegurar que no pueda volver a ocurrir.
jueves
Turista en casa
A veces el orden de los factores sí altera el producto. No es lo mismo una familia grande que una gran familia. Y yo, por suerte, poseo ambas. Si la vida es un regalo, éste mío posee un envoltorio precioso, majestuoso, cercano, radiante y eterno.
Como cada año, el retorno de vacaciones da que pensar y también pesar. Pasar horas recordando lo que fue, pensando que puede ser o soñando que será; conjugando el verbo volver en diversos tiempos: en subjuntivo pocas veces, en condicional algunas más y en futuro casi siempre.
Este año vuelvo a la rutina con el corazón más lleno que nunca. De emociones, abrazos, cariño, familares y amigos. He sido capaz de dar sorpresas a mis tres referentes vitales en forma de album fotográfico, con textos que transmiten toda emoción, toda vida. Retales de unas vidas, que son las suyas, pero confluyen en la mía para desembocar en una misma mar, que es Nerea. Los sedimentos acumulados en curso nos hacen volar juntos y aterrizar en sincronía.
Siempre fui de la opinión de que hace falta volar para poder echar raíces. Yo empecé a volar solo, de un tiempo a esta parte me di cuenta de hacerlo en manada. Para mí volver a España de vacaciones siempre fue una sensación anómala (y de hecho la libreta en la que escribo mis reflexiones en tales periodos tiene el título de este post) porque me hace sentir como un turista en casa. Porque turista soy esos días al fin y al cabo, mi día a día es distinto al que haría viviendo allí. Por otro lado estoy en casa, que es la casa de la gente que más quiero: mi padre, mi madre y mi hermana.
Sin embargo, algo cambió este septiembre. He sido menos turista y he estado más en casa que nunca. Han sido semanas perfectas, tanto que crean elevadas expectativas para cualquier otro periodo vacacional futuro y además coronada con una velada preciosa y mágica, que la palabra matrimonio aún con toda su magneficiencia, es capaz incluso de banalizar.
He sido feliz de estar con tanta familia (una gran familia grande) y de volver a ver tantos amigos, muy buenos, que casi me olvidaba de haber dejado tan lejos de mi día a día.
Las alas siguen haciéndonos volar, pero serán las raíces las que nos harán volver. Volver: esta vez sí, en infinitivo.
Como cada año, el retorno de vacaciones da que pensar y también pesar. Pasar horas recordando lo que fue, pensando que puede ser o soñando que será; conjugando el verbo volver en diversos tiempos: en subjuntivo pocas veces, en condicional algunas más y en futuro casi siempre.
Este año vuelvo a la rutina con el corazón más lleno que nunca. De emociones, abrazos, cariño, familares y amigos. He sido capaz de dar sorpresas a mis tres referentes vitales en forma de album fotográfico, con textos que transmiten toda emoción, toda vida. Retales de unas vidas, que son las suyas, pero confluyen en la mía para desembocar en una misma mar, que es Nerea. Los sedimentos acumulados en curso nos hacen volar juntos y aterrizar en sincronía.
Siempre fui de la opinión de que hace falta volar para poder echar raíces. Yo empecé a volar solo, de un tiempo a esta parte me di cuenta de hacerlo en manada. Para mí volver a España de vacaciones siempre fue una sensación anómala (y de hecho la libreta en la que escribo mis reflexiones en tales periodos tiene el título de este post) porque me hace sentir como un turista en casa. Porque turista soy esos días al fin y al cabo, mi día a día es distinto al que haría viviendo allí. Por otro lado estoy en casa, que es la casa de la gente que más quiero: mi padre, mi madre y mi hermana.
Sin embargo, algo cambió este septiembre. He sido menos turista y he estado más en casa que nunca. Han sido semanas perfectas, tanto que crean elevadas expectativas para cualquier otro periodo vacacional futuro y además coronada con una velada preciosa y mágica, que la palabra matrimonio aún con toda su magneficiencia, es capaz incluso de banalizar.
He sido feliz de estar con tanta familia (una gran familia grande) y de volver a ver tantos amigos, muy buenos, que casi me olvidaba de haber dejado tan lejos de mi día a día.
Las alas siguen haciéndonos volar, pero serán las raíces las que nos harán volver. Volver: esta vez sí, en infinitivo.
lunes
El demos que hay en la kratos de cada día
El humano es un ser racional, a veces, y social, por necesidad autoimpuesta. Así pues, bajo estas premisas, inicia nuestra designación como seres sociales. Ya en el neolítico, vimos (plural mayeustático permitiendo) que un asentamiento necesita de una organización, que no todos somos igualmente fuertes para sobrevivir por nuestros propios medios; y que, por tanto, al débil y al fuerte debía corresponder atenciones equitativas, sino iguales. Nace así la mera noción de justicia social.
Es obvio que el párrafo anterior no es más que un ejercicio de imaginación, no soy antropólogo ni arqueólogo (ni lo pretendiere), pero me vale de trampolín para el párrafo siguiente, que es éste, las líneas que estáis recorriendo ahora. Pues bien, metalingüísticas aparte, esa justicia social es aceptada por todos hoy día, al menos de boquilla. "Es justo que tengamos iguales oportunidades y que exista una igualdad ante la ley" es una frase que podríamos atribuirnos todos, aun a riesgo de parecer bienpensantes o bienquedas, pero el hecho es que teóricamente todos lo aceptamos y compartimos, en gran medida.
Pero vayamos a la práctica, descarguemos a tierra toda esta lluvia teórica. Dejemos de un lado el olimpo volcánico de la política institucional, que bastante hemos tratado ya. Quisiera guiarme por dos lugares colectivos, protosociedades si se quiere, en los que todos hemos cohabitado. Me centraré en la escuela y el trabajo, dos mundos (el escolar y el laboral) en los que analizaré la (no) presencia de democracia, en el sentido en que la entendemos y compartimos según lo ya escrito.
Es obvio que una escuela no es un lugar democrático, más bien noocrático, donde los sabios gobiernan, el poder está de la parte de quien ostenta los conocimientos. Aunque para Platón fuese la mejor forma de gobierno no es democrático. Y es que los criterios para ser considerado sabio o parte de la plebe son bastante subjetivos, llegando a ser casi arbitrarios. En segundo lugar, es un sistema basado en no considerar preparados a los que no cupan la cúspide y por tanto no escucharlos. Dar la espalda a la mayoría, se parece en este caso más a una oligarquía (cambiando criterios económicos por culturales para llegar a la cima de la pirámide) que a una democracia.
Entiendo que los alumnos son menores, que los profesores son educadores y están preparados para ello, que existen consejos de clase y algunos elementos de participación estudiantil (o ciudadana si continuamos con el símil). No pretendo criticar nuestro sistema educativo, solo dejar claro que no es democrático. Y así lo aceptamos, no pasa nada por decirlo.
Sigamos adelante, crezcamos. Ahora ya somos mayores de edad y tenemos la suerte de ser remunerados por ocupar nuestro tiempo y capacidades para un fin más o menos ajeno a nosotros. Entramos en el mundo laboral. Creo que nadie se lleva las manos a la cabeza si digo que en el mundo laboral la jerarquía piramidal es el sistema.
Aceptamos que el salario incremente en base a la ascensión en dicha pirámide o de la antigüedad, presuponemos una cierta meritocracia, una cierta igualdad de oportunidades para subir en la jerarquía. Mi experiencia me dice que ésta en casi todos los casos brilla por su ausencia, y aun existiendo, siendo su finalidad subir en la pirámide para mandar sobre el resto, se parece en más a la tiranía que a una democracia. En conclusión, en el mundo laboral tampoco practicamos la democracia, lo aceptamos con mayor reparo, luchamos con nuestras armas, pero el sistema es el que es.
Cabría preguntarse por qué pretendemos que todo un sistema social sea democrático cuando aceptamos que no lo sea en microsistemas más cercanos como la escuela o el trabajo. Y sobre todo, y no menos importante, ¿existen alternativas al menos en el mundo laboral, donde ya somos adultos todos, para cambiar esto?
Yo creo que sí, que pueden existir, y que hay casos alentadores, viajemos juntos a Argentina. Hace 15 años, el BCE y FMI provocaron una crisis muy parecida a la vivida en el resto del mundo en estos últimos años desembocando en el conocido corralito, algo que merece ser estudiada con mayor detenimiento. Os aconsejo para ello este libro de Naomi Klein.
En el contexto de aquella argentina y sobre todo como consecuencia de ello, muchos trabajadores cuyas empresas declaraban bancarrota, decidieron organizarse constituirse en cooperativas y seguir trabajando. Todos con igual salario, todos con horarios más libres; es obvio que no sin dificultades, pero todos haciendo de su lugar de trabajo algo más democrático. El Hotel Bauen de Buenos Aires es uno de entre cientos de casos de estas empresas recuperadas, como se ha llamado al fenómeno.También en la región en la que vivo: Emilia-Romagna tiene muchos ejemplos de estas cooperativas.
Como conclusión, el trabajo cooperativo aun no siendo la solución al problema de la falta de democracia en el ámbito laboral, es un paso adelante. No es la panacea y requiere de atención contínua, pero con esfuerzo es una bocanada de aire democrático (he trabajado dos años en una y os aseguro que es totalmente distinto al resto de trabajos que he conocido).
¿Y haciendo más democrático nuestro lugar de trabajo consiguiremos una democracia real? Pues quizás no directamente, pero es un primer paso. Porque parafraseando una cita atribuida a Einstein (una de tantas) la locura sería pretender resultados diferentes haciendo siempre las mismas cosas.
Es obvio que el párrafo anterior no es más que un ejercicio de imaginación, no soy antropólogo ni arqueólogo (ni lo pretendiere), pero me vale de trampolín para el párrafo siguiente, que es éste, las líneas que estáis recorriendo ahora. Pues bien, metalingüísticas aparte, esa justicia social es aceptada por todos hoy día, al menos de boquilla. "Es justo que tengamos iguales oportunidades y que exista una igualdad ante la ley" es una frase que podríamos atribuirnos todos, aun a riesgo de parecer bienpensantes o bienquedas, pero el hecho es que teóricamente todos lo aceptamos y compartimos, en gran medida.
Pero vayamos a la práctica, descarguemos a tierra toda esta lluvia teórica. Dejemos de un lado el olimpo volcánico de la política institucional, que bastante hemos tratado ya. Quisiera guiarme por dos lugares colectivos, protosociedades si se quiere, en los que todos hemos cohabitado. Me centraré en la escuela y el trabajo, dos mundos (el escolar y el laboral) en los que analizaré la (no) presencia de democracia, en el sentido en que la entendemos y compartimos según lo ya escrito.
Es obvio que una escuela no es un lugar democrático, más bien noocrático, donde los sabios gobiernan, el poder está de la parte de quien ostenta los conocimientos. Aunque para Platón fuese la mejor forma de gobierno no es democrático. Y es que los criterios para ser considerado sabio o parte de la plebe son bastante subjetivos, llegando a ser casi arbitrarios. En segundo lugar, es un sistema basado en no considerar preparados a los que no cupan la cúspide y por tanto no escucharlos. Dar la espalda a la mayoría, se parece en este caso más a una oligarquía (cambiando criterios económicos por culturales para llegar a la cima de la pirámide) que a una democracia.
Entiendo que los alumnos son menores, que los profesores son educadores y están preparados para ello, que existen consejos de clase y algunos elementos de participación estudiantil (o ciudadana si continuamos con el símil). No pretendo criticar nuestro sistema educativo, solo dejar claro que no es democrático. Y así lo aceptamos, no pasa nada por decirlo.
Sigamos adelante, crezcamos. Ahora ya somos mayores de edad y tenemos la suerte de ser remunerados por ocupar nuestro tiempo y capacidades para un fin más o menos ajeno a nosotros. Entramos en el mundo laboral. Creo que nadie se lleva las manos a la cabeza si digo que en el mundo laboral la jerarquía piramidal es el sistema.
Aceptamos que el salario incremente en base a la ascensión en dicha pirámide o de la antigüedad, presuponemos una cierta meritocracia, una cierta igualdad de oportunidades para subir en la jerarquía. Mi experiencia me dice que ésta en casi todos los casos brilla por su ausencia, y aun existiendo, siendo su finalidad subir en la pirámide para mandar sobre el resto, se parece en más a la tiranía que a una democracia. En conclusión, en el mundo laboral tampoco practicamos la democracia, lo aceptamos con mayor reparo, luchamos con nuestras armas, pero el sistema es el que es.
Cabría preguntarse por qué pretendemos que todo un sistema social sea democrático cuando aceptamos que no lo sea en microsistemas más cercanos como la escuela o el trabajo. Y sobre todo, y no menos importante, ¿existen alternativas al menos en el mundo laboral, donde ya somos adultos todos, para cambiar esto?
Yo creo que sí, que pueden existir, y que hay casos alentadores, viajemos juntos a Argentina. Hace 15 años, el BCE y FMI provocaron una crisis muy parecida a la vivida en el resto del mundo en estos últimos años desembocando en el conocido corralito, algo que merece ser estudiada con mayor detenimiento. Os aconsejo para ello este libro de Naomi Klein.
En el contexto de aquella argentina y sobre todo como consecuencia de ello, muchos trabajadores cuyas empresas declaraban bancarrota, decidieron organizarse constituirse en cooperativas y seguir trabajando. Todos con igual salario, todos con horarios más libres; es obvio que no sin dificultades, pero todos haciendo de su lugar de trabajo algo más democrático. El Hotel Bauen de Buenos Aires es uno de entre cientos de casos de estas empresas recuperadas, como se ha llamado al fenómeno.También en la región en la que vivo: Emilia-Romagna tiene muchos ejemplos de estas cooperativas.
Como conclusión, el trabajo cooperativo aun no siendo la solución al problema de la falta de democracia en el ámbito laboral, es un paso adelante. No es la panacea y requiere de atención contínua, pero con esfuerzo es una bocanada de aire democrático (he trabajado dos años en una y os aseguro que es totalmente distinto al resto de trabajos que he conocido).
¿Y haciendo más democrático nuestro lugar de trabajo consiguiremos una democracia real? Pues quizás no directamente, pero es un primer paso. Porque parafraseando una cita atribuida a Einstein (una de tantas) la locura sería pretender resultados diferentes haciendo siempre las mismas cosas.
martes
La parábola gramatical
Dos preposiciones distintas: una propone, la otra presupone. Por y para. Para y por. Traen de cabeza a cualquier aspirante de hispanohablante, con toda razón. Y es que el español está para hablarlo, pero como toda lengua viva, también para vivirlo y conducirlo. Ni el for inglés ni el per italiano pueden competir; por y para son dos conceptos, que se parecen en forma y difieren en contenido, siendo en ocasiones incluso antónimos.
La gramática y la semiología a veces son caras distintas de un mismo dado, donde se encuentran también vocabulario, fonética y semántica. El lenguaje es artificio del hombre, entendido como humanidad, nuestro triunfo, nuestro asalto al tiempo, modulando sus vibraciones contraponiendo las nuestras. Por y para son preposiciones distintas, causa y destino de nuestros días. Y un ejemplo de como la lengua y sus reglas inciden cotidianamente en nosotros.
Por es causa y pertenencia, por es el mundo real, lo racional y razonable (que no siempre coinciden), lo tangible, es un origen o procedencia, es justificación.
Para es finalidad, es un objetivo, para es un mundo en anhelo o un potencial deseo, un destinatario, es subjetivo, no necesita especificar más, y aun cuando se refiere a algo del mundo físico, en el momento de ser pronunciado aprehende siempre algo intangible.
He aquí la conclusión. La clásica diatriba desde que el mundo es mundo. Ideas y mundo físico, imaginación y razonamiento dogmático, pasión y trabajo (aunque a veces coinciden).
Cultivad los para, que los por vienen por sí solos, como por inercia. Cultivad las ideas, la imaginación y la pasión. El mundo físico, razonamiento dogmático y trabajo (en su acepción más genérica, entiéndase como obligaciones) ya forman parte del bosque.
Haced crecer aquello que os hace feliz, siendo precisamente la felicidad la respuesta a la pregunta ¿Por qué?
Dedicad lo más valioso que tenéis, vuestro tiempo, a cosas que no puedan responder un ¿Para qué?
¿Entendéis ahora el concepto que esconde este texto? Una pasión es una pasión mientras no tenga respuesta a la pregunta ¿para qué? En el momento en que esto cambia, deja de serlo automáticamente.
Por eso me encanta escribir. Y para eso no hay más respuesta que ésta.
La gramática y la semiología a veces son caras distintas de un mismo dado, donde se encuentran también vocabulario, fonética y semántica. El lenguaje es artificio del hombre, entendido como humanidad, nuestro triunfo, nuestro asalto al tiempo, modulando sus vibraciones contraponiendo las nuestras. Por y para son preposiciones distintas, causa y destino de nuestros días. Y un ejemplo de como la lengua y sus reglas inciden cotidianamente en nosotros.
Por es causa y pertenencia, por es el mundo real, lo racional y razonable (que no siempre coinciden), lo tangible, es un origen o procedencia, es justificación.
Para es finalidad, es un objetivo, para es un mundo en anhelo o un potencial deseo, un destinatario, es subjetivo, no necesita especificar más, y aun cuando se refiere a algo del mundo físico, en el momento de ser pronunciado aprehende siempre algo intangible.
He aquí la conclusión. La clásica diatriba desde que el mundo es mundo. Ideas y mundo físico, imaginación y razonamiento dogmático, pasión y trabajo (aunque a veces coinciden).
Cultivad los para, que los por vienen por sí solos, como por inercia. Cultivad las ideas, la imaginación y la pasión. El mundo físico, razonamiento dogmático y trabajo (en su acepción más genérica, entiéndase como obligaciones) ya forman parte del bosque.
Haced crecer aquello que os hace feliz, siendo precisamente la felicidad la respuesta a la pregunta ¿Por qué?
Dedicad lo más valioso que tenéis, vuestro tiempo, a cosas que no puedan responder un ¿Para qué?
¿Entendéis ahora el concepto que esconde este texto? Una pasión es una pasión mientras no tenga respuesta a la pregunta ¿para qué? En el momento en que esto cambia, deja de serlo automáticamente.
Por eso me encanta escribir. Y para eso no hay más respuesta que ésta.
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