Y ella, mi perla, juega con las piedrecitas del mar, llenando una y otra vez su cubo. Con el vaivén del mar como banda sonora y el eco de gaviotas como efecto añadido.
Si alzo la vista, una ninfa y mi niña nadan divertidas, en el fundido turquesa del mar ligure. Interrumpido apenas por el verde intenso de la vegetación de la Palmaria, que llega a la infinitud del mar. Se baña en su infinito y se alza dignamente. Paisaje que llena el alma de afinidad hacia la esperanza. Pues si tanta belleza existe aún, aún nos queda por descubrir más.
Describo solo un instante, en familia, en el mar; que nada parece guardar de especial. Precisamente que pueda ser normal es nuestra pequeña victoria. El mar venció al mal. Respiremos cada ola, llenemenos de su sal y con la pilas bien cargadas será más fácil recomenzar.
El post de hoy no tiene tema. Es simplemente una postal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario