lunes

Posesiones obsesivas (con Gamoral como punto de partida para una reflexión más amplia)

Un aperitivo de actualidad, de aquella que escasea, una noticia de nota positiva: las obras en el burgalés barrio de Gamoral se paralizan, así como el ya archiconocido proyecto del bulevar. Todo gracias a la presión popular y sin ayuda de agentes externos que han intentado desestabilizar el movimiento ciudadano. Lejos de sacar a relucir que las razones para oponerse a dicha obra eran más que justas o buscar una cierta correlación con el despertar turco por el parque Gezi de Estambul, y a pesar de que mantengan semejanzas; voy a comentar como este acontecimiento me ha hecho reflexionar dentro de un paradigma algo más amplio en lo difícil que es catalogar a algo como de progreso o modernización y lo arduo de aunar diferentes puntos de vista en una época en la que el divario entre extremadamente ricos y mayoritariamente pobres es cada vez más hiriente, como la actual.

El caso de Burgos y las empresas asociadas al señor Méndez Pozo, suenan bastante extrapolables a todos y es que las grandes obras de todo el país aunque aparentemente son realizadas por diferentes empresas o a través de concursos garantes de una libre competencia que nunca es tal; los beneficios de dichas obras recaen casi siempre en pocas manos. Es una constante, una corrupción tan encubierta como legal, pero no legítima.

Desde la aparición de la noción de la propiedad privada, el ser humano ha tenido que elegir como organizarse, como conjugar libertades, derechos y obligaciones con la misma y el papel que el colectivo, personado en el concepto de Estado, tiene frente a la misma. Así hemos pasado por sistemas de intervecionismo en que cada país tenía su empresa de todo: gasolinera, transportes, de telecomunicaciones... con un único problema: la situación de claro monopolio y la falta de competitividad.

Así pues, surgieron dos alternativas: el comunismo (o bien, la abolición de dicha propiedad privada) y el liberalismo, la libre competencia, base del capitalismo actual, que acababa con el intervencionismo y de partida con los monopolios. Competitividad es un concepto entendido como positivo. En realidad no lo debería ser, no necesariamente. Para grandes obras existen concursos públicos a los que cualquier empresa podría presentarse ¿entonces por qué siempre ganan los mismos?

Para responder a la pregunta anterior basta con que las condiciones para participar en dicho concurso se hagan a medida de quien se pretende ganar, es decir, convocar un concurso cuyos requisitos sólo puedan pasar unos pocos y que ¡voilà! cuyos beneficios irán siempre a los mismos bolsillos.

No digo que esto sea una norma, ni que el sistema entero sea corrupto, es una consecuencia negativa del consabido "hecha la ley, hecha la trampa" y es inherente al ser humano, tanto como la codicia o el egoísmo. La pregunta llegados a este punto es obvia ¿Cuál es la alternativa?

Reformular el sistema económico-social no tendría sentido sin una renovación moral. Mientras nos parezca legítimo que una persona pueda percibir al mes un dinero con el que vivirían familias enteras durante un año cualquier cambio que hagamos o pidamos es inútil. Por ello, un primer (aunque no el único) paso útil en esta dirección sería el plantearnos la necesidad o no de imponer un sueldo máximo, algo que ya mencioné en una anterior entrada.

En cuanto a sistemas, alternativas hay, todos con sus pros y contras; depende de como los interpretemos. Un sistema bastante justo (en mi opinión) respecto a la propiedad privada parece el basado en el Procomún que no se debe confundir con el comunismo o ideologías de izquierdas, sobre el que se han basado civilizaciones como la griega (que debido a su carácter tirano, oligárquico y esclavista dudo pueda ser calificada como de izquierdas) aunque dicho sistema se pervirtió, como le sucede al nuestro. Simplemente da una respuesta diferente; ni todo es propiedad privada ni niega dicha posibilidad, simplemente hay cosas que deben ser propiedad colectiva, pública y universal para mejorar la convivencia entre humanos. Y este es el punto donde quería llegar, porque por encima de ideologías o demagogias debería primar ésto, lo humano, la convivencia con nosotros mismos y con nuestro entorno. Pero no es precisamente en lo que el debate político o la crónica socio-económica pretenden que nos centremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario