lunes

So lonely, so lonely, so lonely...

Creo que jamas entenderé como funciona mi mente a la hora de gestionar los recuerdos, algo divertido y a la vez inquietante, y es que, sin motivo alguno; hoy me ha venido a la cabeza una conversación mantenida allá por diciembre con un amigo en la que comentábamos nuestra opinión acerca de desentrañar de esa condición de rareza o ese aura como de algo extraño, al hecho de ver a una persona, por ejemplo comiendo en un restaurante, sola.

Desde el punto de vista lógico hay que naturalizar esta percepción, si nuestra sociedad parece evolucionar hacia algo, es hacia el individualismo mas puro. Poco son los pilares o las relaciones realmente personales, el yo personal antepuesto al yo social. Paradójicamente, la tecnología, tan endiosada en estos tiempos, concentra gran parte de sus esfuerzos en aumentar esa comunicación entre personas sin barreras espacio-temporales, aunque realmente el efecto que provoque sea el contrario y haya incluso quien prefiera comunicarse mediante estos medios tecnológicos aun sin existir las citadas barreras. Por tanto, algo que nos debería llevar un paso mas adelante en nuestra esencia de animal social, nos evoca al individualismo mas absoluto. No es nada extraño ni nuevo, al ser humano siempre le ha abrumado la abundancia y multiplicidad de opciones, sirva como paralelismo el hecho de vivir con el mayor volumen de información a nuestro alcance de la historia y ello no significa que estemos todos mas informados, de hecho suele suceder lo inverso...y es que como dice la sabiduría popular el que mucho quiere abarcar...

Pero retornemos al leitmotiv del post: la soledad y sobre todo el rol que juega en la dimensión social. Sea elegida esta condición o no, aunque haya cambios de percepción si se percibe a un ejecutivo solo a ver a alguien en situación de exclusión o marginalidad social, es algo que nos asombra, porque esta socialmente aceptado ir a pasear solo pero hacer un almuerzo en un restaurante solo se ve como algo triste, quizás sea por el hecho de asociar la comida a motivos de celebración o reunión tan arraigado culturalmente en nosotros.

Antes de caer en lo banal, he de matizar que no hablo de la soledad como únicamente estar físicamente sin compañía, también se puede sentir soledad estando rodeado de gente, lo cual si tiene cierto carácter desalentador acerca de la sociedad, que parece que nos obliga a mirarnos el ombligo continuamente a través de la cultura del capitalismo, del poseer mas es igual a ser mas feliz, haciéndonos entrar en competiciones absurdas, que poco tienen de humano mas que la avaricia y egoísmo que nos aflora. Sin embargo, se pierden valores como la comunicación, el sentido y satisfacción de compartir y, en definitiva, si aceptamos la definición de hombre como animal social, sale perdiendo la propia esencia del ser humano.

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