Saltemos al vacío. Saltemos y asaltemos lo que queda, que no es nuestro, no lo poseemos ni controlamos pero nadie nos lo podrá negar jamás. Un salto que sepa a la antesala de la gloria, que coseche la sensación del éxito; pero sin gloria ni éxito, sin llegar a un fin ni justificar ningún medio. Hagámoslo desde la humildad, pero sin buenismos, con cinismo pero cínicamente mesurado, sin tabús pero con el tempismo propio de alguien que sabe donde está, pensemos en poco más allá de pasado mañana pero pensémoslo ya.
No miremos atrás, las distancias en el retrovisor pueden engañar, al igual que las dimensiones de lo que nos precede, no por quedar atrás fue peor o mejor, simplemente quedó atrás. Como atrás deben quedar las comodidades, un salto supone un riesgo, abandonemos la zona de confort, atrevámonos con lo desconocido, temamos lo cotidiano y adoremos las rupturas, aprendamos que también las hay positivas. Apreciemos lo que tenemos y de lo que adolecemos, tan nuestro como temporal y efímero, lo que permanece es la actitud: mantengámosla.
Todo salto tiene una caída, recordemos que un golpe no duele menos porque lo esperemos pero nos predispone a levantarnos valorando lo que hicimos mientras estábamos en pleno vuelo. Olvidemos parámetros de otros, en sentido amplio, de otros lugares, tiempos o individuos; reaprendamos sin llegar a reeducarnos, preparémonos para que cada salto sea si no más alto sí más agil, la técnica es importante pero solo con la marca se gana. No olvidemos que lo material tiene la importancia justa, el vacío lo compone todo, a pesar de la flagrante antítesis, por eso (entre otras infinitas razones) y porque otra opción no nos es relevante: Saltemos al vacío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario