lunes

Por el mero placer de la divagación

Nos gusta categorizar. Empiezo con una aseveración severa (valga la aliteración) pero bastante fiel a lo que sucede en la realidad. El mismo hecho de escribir en un blog y organizarlo por etiquetas o temas, es una de las tantas demostraciones de que la realidad (concepto cuya noción se nos escapa y escapará siempre) necesita ser desgajada y sesgada para poder ser entendida en uno de sus aspectos, por supuesto ésta es múltiple por lo que al poner el foco solo en un aspecto de la misma estamos dejando escapar muchos otros. Ello explica este placer en clasificar atendiendo a criterios, pero como en casi todo y como humanos, tendemos a hacerlo en exceso, reduciendo hasta llegar al absurdo.

El hombre en sociedad busca acuerdos para crear cauces que convengan en mayor medida a la comunidad. Porque el ser humano es egoísta por naturaleza, suena mal dicho así, pero realmente en eso se basa el instinto, en la propia supervivencia de la forma mas satisfactoria posible, pero se categoriza en egoísmo cuando no son necesidades básicas u orgánicas las que se busca cubrir y ahí comienza su sentido peyorativo.
Sin salirnos del tema obviamente para seleccionar esa porción de realidad se debe tener algún criterio, es difícil acotar el campo de visión, pero quien sabe como hacerlo y lo hace con intencionalidad tiene algo aun mas fuerte que la información, y es el convertirse en lo que en las teorías de la comunicación se conoce como gatekeeper, tiene el poder de dar o no dar a conocer esta información, eligiendo a quien, como, en que momento y sobre todo de qué manera.

No voy a negar mi fascinación por ello y su traducción en el terreno estratégico, que posteriormente da a la luz tácticas que se adecuen a su objetivo, usando siempre la creatividad como motor y la palabra como herramienta; quizás una de las razones que justifican mi amor a la publicidad.
No existe conclusión plausible a esta entrada (tampoco es necesario), la importancia de la perspectiva puede ser una, la del desarrollo de la empatía para la convivencia social también; pero sobre todo ampliar miras, no obsesionarse con la categorización y la definición de las situaciones o los momentos porque no es eso lo importante, al menos desde mi punto de vista. Dicen que la inconsciencia es la felicidad, no creo que así sea, es mejor ser consciente pero tener la capacidad para establecer prioridades; dejemos de un lado los límites conceptuales y hagamos real esa gran frase de “yo tampoco sé vivir, estoy improvisando”

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