jueves

Todo ser humano es corruptible hasta que se demuestre lo contrario

¿Hasta cuándo vamos a ser capaz de aguantar esta farsa? ¿Este desatinado y desafortunado sainete que ni tan siquiera llega a entremés? El partido en el cargo del ejecutivo, el Partido Popular ha quedado retratado por su extesorero que ha demostrado documentalmente entre otras cosas malversaciones, sobresueldos, financiación ilegal del partido durante algo más de veinte años...en otras palabras que lo corrupto, marchito y podrido predomina en su entramado. Mientras tanto, ¿cuál es la reacción política? UPyD en su línea se desmarca por la abstención, ni condena ni absuelve. IU permanece en su estado perpetúo de crítica pero con nula notoriedad para la opinión pública y el líder de la oposición, del Partido Socialista se aferra en, ojo al dato, la amenaza a proceder de manera oficial con una serie de medidas cuyos trámites desembocan en cuestionar la ideonidad del gobierno, que siendo aprobada por una mayoría, provocaría que el gobierno se plantease dimitir. Todo ello, claro está, se llevaría a cambio en tiempos prolongados y con la retórica por delante, como siempre.

Visto lo ridículo del mundo político, ¿es que no vamos a hacer nada como ciudadanos? La pasividad y resignación con la que el ciudadano medio recibe golpes día tras día sin apenas defenderse es apabullante, pero sobre todo es preocupante el escenario de indulgencia que nos inunda o pasividad en el mejor de los casos, dantesco.

Si algo define a los españoles es su solidariedad (como demuestra la Plataforma Stop Desahucios entre otras iniciativas) y su dinamismo social (aunque Mariano Rajoy elogie a su "supuesta mayoría que no se manifiesta"). No obstante somos un pueblo demasiado indulgente, ridículamente comprensivos con quien no merece esta referencia. Algo que todos podemos llegar a entender en época de bonanza, aunque no justificar; pero que en momentos como este, escapan a todo tipo de juicio racional posible.

Solo así se explica que, en un contexto de abdicaciones monárquicas y tras la corrupción demostrada por varios de sus miembros, la institución de los Borbones siga ahí en pie. Los Saboya tuvieron que huir de Italia porque los ciudadanos los mataban a palos y en Francia ahorcaron a este estamento elitista y represor, de otro tiempo, literalmente medieval. Parece ser que, a pesar del cabreo que mostramos en cada conversación de bar, preferimos seguir con lo que tenemos, nos da un cierto confort. Si se va la monarquía, alguien deberá ocupar el puesto de presidente de la república. Alguien que seguramente chupa del bote. Por lo que concluimos en aplicar el refrán convertido máxima en este país (solo así se explican algunos resultados electorales): "Más vale malo conocido que bueno por conocer"

Es entonces cuando uno se da cuenta de que existe un principio que todo español reconoce en todo personaje que accede a una cierta parcela de poder. Una presunción cuya aceptación está en la base de la resignación con la que cada día nos vemos desalentados. Esta presunción es la de que "todo ser humano es corrupto (o mejor dicho corruptible) hasta que no se demuestre lo contrario" Un asunto del que cabría más de una reflexión por nuestra parte pero sobre todo, una reacción. Porque nuestro tanque de gasolina ya está llena, no nos faltan razones para arrancar, para explotar, simplemente falta la chispa que produzca el incendio, y en este caso, parece ser que la toma de contacto aun se encuentra en manos equivocadas, o lo que es peor, en nuestras propias manos pero nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de cambiar las cosas.

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