La comunicación es maravillosa, no solo como concepto, sino como aplicación a cualquier ámbito de la vida. Lo que en términos comunicativos se llama código (conocido por emisor y receptor en el momento comunicativo) me resulta maravilloso, no solo lo que se comunica sino todo lo que se puede transmitir con él.
No es el hecho de transmitir un mensaje, ni siquiera de su carácter conversacional por el hecho de obtener un continuo feedback; mi amor por las palabras viene por lo que va más allá, por la calidez o frialdad que transmiten; cercanía o lejanía, en suma, el cúmulo de sensaciones que pueden hacer percibir unos simples trazos.
Hablo de trazos porque el lenguaje verbal escrito es, sin duda, el que me resulta más apasionante. No deja de parecerme mágico que el lector de este texto, por ejemplo, viaje hacia los pensamientos escritos por mi en otro momento distinto al actual, sin barreras de índole temporal o espacial, y no solo logre entender y comprender, sino sentir aquellas ideas de fondo sobre lo que escribo.
Para mi la escritura es un paso, un tránsito en ocasiones obligado de aquello que esta dentro de ti y debe salir o simplemente emana, no tiene por qué haber un destinatario, de ahí que ame la comunicación, no solo por lo que es por si misma, sino por el hecho de necesitar palabras para llevarlas acabo, darle sentido y aprehender la totalidad de su significado. Pocas cosas existen en el mundo con tanta fuerza como la palabra, la retórica puede ser usada como arma o escudo, todo depende de quien la use, pero independientemente de ello es una de las pocas cosas capaces de crear magia en este mundo.
Así, puede haber palabras que transmitan elegancia, como la propia palabra “elegancia” o bellísimas como la palabra “efímero”, incluso desagradables u onomatopéyicas como estropear o rimbombante, respectivamente. Si usted no sufre de esta (enferma) pasión por estas pequeñas unidades de significante y significado puede pensar que estoy loco, pero aun así, no tiene la mayor importancia ya que, todo esto no son mas que trazos arbitrarios codificados por nuestras computadoras y su sistema binario, aunque a través de algo tan frío o al menos mecánico como lo parece esto, pueda transmitir mas de lo que realmente soy que por otros medios. Permitan destacar que por ello, las palabras, son algo sencillamente mágico.
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