viernes
No se puede tener todo...¿¿Dónde lo meterías??
Amor, trabajo, salud y suerte. Los cuatro pilares básicos de esto que llamamos vida, o eso creen los acérrimos al esoterismo y pseudociencias como la astrología. No voy a entrar a juzgarlas (fea palabra) ni digo pseudociencias con sentido peyorativo; solo describo la realidad, dado que no siguen ningún tipo de método científico objetivo y verificable.
El ser humano tiene una obsesión por la separación y clasificación. Por dividir un todo en sus (supuestas) partes. Tanto es así, que nuestra visión de la vida solo puede ser reduccionista, aun cuando es holística o global, tan solo lo es en apariencia porque su fin será el de simplificar una realidad de un orden mayor, por tanto, no deja de ser reduccionista.
Es difícil elegir entre uno de esos cuatro “pilares”, y no podríamos basar toda la felicidad base a solo uno de ellos. No tienen porque ser cuatro, de hecho, no veo por qué haya que definir alguno. Mas, si se diera el caso, mi elección seria felicidad (propia y transmisible); a sabiendas de que la mayoría preferirían añadir la fortuna por aquello de su ambigüedad lingüística.
No quiero pintar un mundo de color de rosa, aunque sea tremendamente positivo, pero debo matizar mi elección. La felicidad en si no es el fin, sino el camino. La sensación de serlo y/o de poder hacer sentir de esta manera a alguien considerado como especial, independientemente de si lo merece en mayor o menor grado, funciona como un motor de vida; al menos desde mi punto de vista, siempre y cuando no se quiera vivir por simple inercia, algo que para mi es uno de los mayores castigos que puede haber. Lo demás no es, al menos directamente, dependiente de la felicidad, pero digamos que viene solo si se afronta bajo el paraguas de este paradigma. Y es que, tal y como se titula este post, no lo podemos tener todo, en parte, porque no lo necesitamos en absoluto.
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