Existe algo de mágico en el lenguaje. Me declaro un firme amante de las letras y las palabras, sobre todo en su versión escrita; y es que, escapar a las barreras del espacio y el tiempo para hacer llegar, de una manera atemporal y permanente, aquello que en un momento sólo estaba en la mente del escritor en el momento y lugar de ser escrito; y cuyas palabras están en la mente de todos y cada uno de sus lectores, es simplemente maravilloso.
No obstante, leer requiere un tiempo reservado del que no siempre se dispone, es por ello que, al menos en mi caso, me supone una gran angustia el saber decidir cosa leer y que dejar para otro momento, parafraseando una famosa frase acerca del cine y transformándola para la ocasión: “la vida es muy corta para leer libros malos”. Sabiendo que, no obstante existen tantos por leer, tan recomendados y que por distintas razones son adecuados a tu contexto actual, que como todo lo abundante en el humano; abruma y desconcierta desembocando en la procastinación mas absoluta y certera.
Es entonces, cuando entra la exigencia de leer algo que enriquezca y haga conocer algo nuevo, ya sea profesionalmente (en mi caso en el mundo publicitario, creatividad, diseño...) como en otros conocimientos que no estén directamente relacionados pero me resulten harto interesantes (psicologia, textos divulgacion cientifica...) Entonces, se llega al único problema de siempre elegir este tipo de lecturas: ¿Qué hay de la narrativa, las novelas, la ficción, aquellas historias que cautivan y embriagan desde el instante precedente a su apertura por vez primera?
Si existe algo que detesto es leer una novela cuya historia es totalmente predecible, de esas que piensas que incluso tu podrías haber escrito (e incluso imaginado mejor), no por ello son menos buenas pero sí menos interesantes, y leer sin interés enriquecerá menos tu mente y por supuesto, no resulta tan divertido. Es, entonces, la necesidad de sentir no perder el tiempo mientras se lee lo que mas preocupa, tiempo que se tiene en escasas dosis y que obviamente no volverá. Como una especie de conclusión no exhaustiva, podemos decretar que lo importante es no perder el habito de la lectura que hay que encontrarle espacio y lugar en nuestras vidas, porque independientemente de toda la tecnología que nos rodea (que para muchos no es sinónimo de progreso, no necesariamente), no existe placer paragonable al de leer un buen libro.
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