Guerra sobre guerra la historia se repite. No hay guerra buena ni necesaria. No se puede hacer guerra por la paz. No se puede dignificar un asesinato, a nadie se le ocurriría; entonces, por qué un asesinato de masas debería ser algo digno. No se gana una guerra porque no es un juego, no existen héroes sólo asesinos a sueldo; ni trofeos de guerra sólo conciencias manchadas de sangre, de crimen, de horror, de la falta absoluta de piedad, de humanidad y cerrando el círculo, de respeto.
No existe espacio, ni físico ni mental, para resguardar todo el miedo generado, todo el odio que están alimentando, sin dar posibilidad a una legítima defensa; no asegurará nada más que penurias, hambrunas, venganza y atrocidades. Una vez alguien dijo que quien no protesta de frente a las injusticias, automáticamente pasa al bando opresor. Es cierto, se peca por acción y omisión. El colonialismo no acabó nunca. Europa abrió el camino, América lo sufrió en sus propias venas, sangrantes como nos recuerda Galeano, y continua en Medio Oriente. La espiral de violencia no para. Hablo de Israel pero también de las miles de guerras silenciosas en el mundo.
El exceso de ruido ensordece, como siempre los extremos se tocan paradójicamente. La atención mediática elige el pan de cada día, la indignación de cada día, al más puro estilo del Minuto de Odio Orwelliano. Hablo de Nigeria, Centroafrica o Tailandia, pero también de Ucrania, Siria o Libia. También de estados convertidos en campos de trabajo "legales" con nuestra tácita connivencia , con ciudadanos sometidos, en las regiones del Sudeste asiático, este de Europa y China.
Empecé hablando de belleza y el discurso parece haber derivado hacia todo lo contrario. Precisamente ese es el valor de apreciar la belleza de la pequeñas cosas, en un mundo con grandes monstruosidades, lo que hace la vida todavía merecedora de ser vivida. Quizás la unica evolución humana respecto al valle de lágrimas que representaba el vivir en plena Edad Media.
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