miércoles

El deseo compartido de ser eternos como respuesta a la angustia existencial

Se produce la noticia, una muerte de un personaje notorio e influyente en la historia reciente. Y llegan las recapitulaciones y valoraciones de una vida y actos por unos y otros, hasta rozar lo absurdo. Muerto el hombre, nace la leyenda. Era de esperar que tras la muerte de Carrillo, mas de uno se acordara del recientemente fallecido Fraga. También, que la gente hablara de Paracuellos cuando; sí, murió mucha gente, aunque no olvidemos que fue un capítulo mas dentro de la barbarie de la Guerra Civil, mucha gente pereció; de ambos bandos, y la única que perdió fue España entera. Como en casi todas las guerras civiles, quien se frota las manos es quien no lucha en ella. Veánse ejemplos en países de toda Africa y algunos de Oriente Próximo, donde por cierto, lo siguiente pasa por Irán.

Dejando de un lado esa doble moral correspondiente a defender los principios de un bando u otro según convenga: con recuentos de víctimas y parangones, cuanto menos inmorales e irrespetuosos, lo que me llama la atención es el anhelo continuo en la raza humana por querer ser recordado, aun después de haber muerto. Permanecer, ser recordado, en definitiva aferrarse a la vida aunque sea en el recuerdo de terceras personas; todo esto no es mas que un derivado de la muerte y el temor humano hacia ella. Paradójicamente, la muerte (y sobre todo la incertidumbre que genera) influye en nuestras vidas, mas aun que la propia vida.

La inmortalidad, como tal, no existe. En el sentido mas estricto, si existe una cierta permanencia o constancia de nuestra esencia. Somos materia (células formadas por atomos) y energía (electromagnética como la neuronal, nuclear fuerte para unir nuestros núcleos atómicos...). Tanto una como la otra, vuelven a formar parte de la naturaleza y en ese sentido siempre se mantiene, transformándose. Respecto la espiritualidad, es un tema del que hablar extensamente en otro post, porque varias ideas como el ser simples "células" de un "tejido" (el humano) que pertenece a un "cuerpo" superior para el que funcionamos como debemos, siendo esta la función de la mente y la inteligencia; u otras como la conciencia final de que, al morir, la única luz que se ve al final del túnel sea la de un nuevo nacimiento; entre otras, me parecen tan apasionantes como subjetivas y por ello difíciles de consensuar. Es aquí donde nacen los consensos sociales usados por el hombre para explicar esa espiritualidad y por qué no, lucrarse con ello. Si, me refiero a las religiones y a la fe en algo que maneja todo, un todo tan complicado que prefiere dejar a los humanos con la incertidumbre y manejarlo todo solo, como una deidad.

Retornando a la reflexion principal, derivada de una noticia de actualidad. Desde tiempos prehistóricos, en el antiguo Egipto y así un largo etcétera hasta llegar a la actualidad; el ser humano ha querido dejar constancia de su paso por la Tierra, en muchas ocasiones de su angustia existencial. En la sociedad moderna, hemos creado todo tipo de instrumentos y herramientas para evitar pensarlo en exceso, pero ello no quiere decir que no la tengamos. Si hay algo que nos une a todos es esa angustia existencial y la incertidumbre, el no conocimiento, o mejor dicho, no entendimiento. Y es que no todo se puede aprehender ni aprender, es algo que hay que asumir antes de comenzar, como ya dijo Descartes en su tiempo "sólo sé que no se nada". El "Cogito ergo sum", absolutamente siempre aplicable, porque cuando hablamos de una constante humana de estas dimensiones; incluso el espacio y el tiempo se vuelven simples variables poco relevantes, lo que hace que la vida sólo sea una circunstancia más para ella misma. 

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