Si algo recuerdo de los tiempos en los que estudiaba ciencias puras como la física, es que para que ocurra un movimiento, una transformación de energía potencial en cinética, es necesario tener una dirección y también un sentido, indicando: la dirección el plano o eje en que nos movemos, y el sentido hacia donde lo hacemos.
Es en esta disyuntiva, la de la dirección y sentido, en la que entramos en todo momento en nuestras decisiones diarias, a nivel casi inconsciente. La proactividad puede ser una virtud, por aquello de adelantarse a los acontecimientos, lo conocido siempre da seguridad; pero tiene su lado negativo cuando sabemos de sobra que no es solo seguridad lo que aporta, en exceso llega a provocar hastío y desidia que poco tienen que ver con lo positivo.
Llegados a este punto, diremos que es la autorrealización y la visión del yo las coordenadas que ayudan a ajustar este vector de movimiento (vector porque tiene dirección y sentido) y éste lo establecemos en base a lo que queremos ser, es decir, las cualidades que se desprenden de mí mismo al tomar una u otra decisión. Claro está que ésto no es fácil, ni tan siquiera es una constante duradera de por vida, en ningún momento dije que lo fuera, de hecho hay personas que se basan toda una vida buscándolo y acaban delegando en la dependencia de algo, de naturaleza humana o no.
No obstante, tan importante y en algunos caso incluso mas (por su carácter esclarecedor y fático) es saber a quien no se quiere parecer, el modelo o arquetipo al que no querrías asemejarte jamás, suponiendo incluso un freno en ocasiones para lo que quieres; porque es verdad que la vida te otorga lo que realmente quieres en cada momento, pero los humanos no estamos preparados para aprehenderlo todo, no con la suficiente madurez o integridad. Es, por tanto, así como contribuimos a elegir la dirección y el sentido vectorial de nuestras pequeñas decisiones diarias que desembocan sin duda en grandes consecuencias y en el devenir del yo personal, que tras pasar varios filtros y contextos, denota en el yo social. La pendiente (siguiendo el símil matemático) de la decisión puede provocar cambios en la naturaleza del movimiento y la motivación que lo mueva, pero es una energía, y como toda energía al menos en la realidad conocida, se transforma siempre en otra, sea o no de la misma naturaleza.
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