lunes

Deslizando palabras

La fascinación de lo que nos circunda, con los monstruos que incumben sobre nosotros, paralizan. Paralizan nuestras cabezas, nuestras ideas; paralizan los sueños e impiden pensar. Desistencia en el producir, insistencia en absorber. 

Estos meses han sido la barbarie de la precatástrofe, la nefasta expectativa y aun así en lo personal, en el nicho mínimo, todo avanza, todo procede, con sonrisas y lágrimas como es natural, pero sin parálisis de ningún tipo.

Es más la mente que se apatiza cuando lo real nos apaliza. Es la pereza la que grita cuando las palabras escritas marchitan. Es otro intento más por seguir con esto, que me hace feliz. Por demostrar que escribir es un placer y este blog su razón de ser. Y demostrar que no es fruto de un simple periodo de mi vida; sino que esto sigue siendo un proyecto y no un desliz.

martes

Rapsodia sin más

Cuando el tiempo pasa sin prisa, cada segundo de cada minuto pesa. Más y más. Pesa y pasa pesado sin prisa.

Plúmbeos minutos de horas etéreas en semanas eternas que en su conjunto vuelan. El todo más veloz que cada una de las partes. Una centrípeta contradicción. Trompeteos que se salen de la partitura.

Posan los momentos por poco, poco dura lo que feliz resulta. Y se olvida enseguida. Y si sigue, la transición entre un fotograma vivido y el siguiente es un silencio asordante. Un interludio eterno, entre bailes de deleite. 

Subjetividades sin más, escritura libre, ni más ni menos. Pasa el tiempo que pesa y nos pisa mientras pensamos en el recuerdo de buenos tiempos pretéritos; que dejaron su poso, mas pasaron, haciéndonos maldecir a quien (o que) del paso de un segundo al otro nos puso.