Pienso luego existo, mas no existe lo pensado. Se manifiesta en el torrente incesante de la mente, como una luz, un vibrante punto que salta esperando ser visto por la ignorante y acomodada mente (acomodadamente ignorante) que, seducida por los títeres de lo que se debe ser y desear en sociedad, pocas veces encuentra tiempo y espacio para pensar. Pero pensar de verdad. De verdad.
Pensar en la esencia, en lo inherente, en lo real. Más allá de sombras y reflejos. Dejando atrás espejos rotos y espejismos romos, miopes y, en cierto modo, también sordos.
Y caminar y respirar y el amplio mar nos dirá a dónde se va. Eligiendo vivir cada minuto sin mirar adelante en demasía, pero obviamente sin mirar atrás.
Pensar es escribir. Escribir reconforta y reconecta cuerpo y alma. En esto hay empeño, en esto hay algo de verdad.
Pensar es escribir, repito. Escribir es libertad.